De morondangas, demagogias y demas historias (Julio 2012)

Reflexiones de a veces, cuando pienso



Morondangas, o inutilidades, ¡cuántas hay en la vida! Cuantas inutilidades surgen en el día a día de la cotidianidad más generalizada y normal del vivir humano sobre la tierra. La mayor parte de los pensamientos humanos, ideas, conceptos y hechos, son simplemente, morondangas; inútiles “cosas” que entorpecen la mente, saturan los sentidos y hacen absurdas muchas acciones que debieran ser cabales y razonables, por provenir de unas mentes de la más alta capacidad de todo el reino animal terrestre.

Y entre las morondangas más “eficientes”, se halla siempre la demagogia, esa manera de buscarse y ganarse favores mediante halagos, discursos y concesiones, (aunque sean de palabra, simplemente, que es como más se hacen y practican las concesiones), sin mediar prendas, excepto, normalmente, repromisiones sin cuento, que, de ello, al parecer, se vive, y se vive bien. (Según salen las cuentas, si alguien las echa).

¿Y quiénes, en cualquier país, usan más las morondangas, que los políticos? ¿Quiénes “fabrican” los mejores discursos de todos los discursos habidos? ¿Quiénes proliferan en otorgar repromisiones cada vez más repetidas hasta la saciedad? ¿Quiénes son los mejores demagogos de todos los que usan esta táctica de ganar capítulos? ¿Quiénes… ¡¡¡Uuffff…!!! ¡Si vamos a contar… ¿Y cuántas morondangas no hacen o permiten también los políticos, bien sea por compromisos, por cabildeos, por sobrinazgos, por connivencias o por otros cualesquiera “isos”, “eos”, “azgos o “encias” que puedan surgir según las circunstancias, ya que todo en política es, simplemente, una pura y dura contingencia tal como está armada, compuesta y “cuidada”…?

En un país de morondangas, como el nuestro, (país morondanguero donde los haya), tenemos morondangas para dar y tomar todos los días. Y para saber de ello, solo basta con leer el periódico diario, y se verán morondangas en muchísimas, muchísimas actividades institucionales, sean estas sociales, religiosas, políticas sindicalistas, laborales, técnicas, comerciales, bancarias, y, no veamos ya, a estas alturas, lo sucedido en la cosa “constructiva” del país, donde el ladrillo, ya cansado de ser usado y reusado en morondangas especulativas de todo tipo, al final, y luego de tanto reúso por parte de todos (bancos, constructoras, albañiles, etc., etc.) fue mismo rehusado también de tanto uso y reúso, de tanto sobeo y mangoneo, para “acabar sus días” en el desprecio laboral, en el “descrédito” total (bancario, social, europeo, mundial, casi, casi espacial, y más cosas aún) con masivos “ladrillazos” donde más duele en el asunto de desalojos o desahucios, de impagados, de estafados, de viviendas vacías, de viviendas abandonadas, de “ocupas en acción”; de edificios inacabados e inacabables, al parecer; de ciudades dormitorios para las ratas; de residencias sin residentes,; de proyectos sin proyectar; de cementos sin cimientos o sin cementar… y, también al parecer, de cementerios “urbanos” sin urbanizar por que el “cantazo” dado por el ladrillo, llamado impune e incorrectamente “ladrillazo” en vez de “estadazo” (estacazo del Estado, por haber permitido llegar a ello por falta de control sobre los bancos y sus ventas a segundos, terceros, cuartos, -y no de baño, en este caso- quintos y demás sumandos…) ha llevado a las Economías de Estado (ahora llamadas “soberanas”, porque la cosa fue soberbia en todos los aspectos) en todo el globo (usando aquí lo de globo porque la cosa se había “hinchado” desde no se sabe que bocas sopladoras), a la verdadera ruina económica… Decidme, pues, ¿no es esto precisamente la morondanga padre, o mejor dicho, la morondanga padre y madre de todas las morondangas habidas y por haber; es decir de nuevo, de todas las inutilidades intelectivas, psíquicas y racionales de los seres que se dicen ídem y que manejan cualquier país, aunque a nosotros el único que nos importa, es realmente el nuestro…

¿Y cuánta demagogia no se ha vertido en el asunto¿ ¿Cuánta palabrería vana no hemos escuchado? ¿Cuántas repromisiones no hemos oído hasta mismo cansarnos de oírlas, y todavía se nos siguen “vendiendo” repromisiones, pero ahora con añadidos de que “debemos sacrificarnos por el país”? Pero en este caso, la pregunta es: ¿Sacrificarse, quiénes? En un país en que algunos han llegado a una alcaldía y se han subido el sueldo a dedo y no hubo ley que lo impidiera; en un país en que se pide al pueblo que sufran congelaciones salariales y no se bajan los sueldos los que más ganan en las instituciones; en un país que mantiene más políticos que cualquier país europeo, no sólo con sueldazos, sino con escandalosas pensiones vitalicias; en un país que se cierran las minas para importar carbón de otros países, que se cierran granjas lecheras para importar de otros países la leche, que se cierra la agricultura para importar frutas y hortalizas y que se nos acuse a las nuestras de llevar la misma peste a los mercados europeos; en un país que… Vamos, ¿qué esperar de un país así? ¿Qué esperas tú, amigo lector? ¿Qué esto se solucione dentro de cinco años? ¿De diez, acaso? Si ya tienes 70 años, ¿crees de verdad que lo verás? ¿Crees que tus hijos cobrarán pensión de jubilados? ¿Crees que los que posiblemente ahora vivan de tu pensión, oprque están parados, podrán vivir, cuando tú te mueras?¿Crees que… ¡¡¡Bah; para que seguir!!!

¿Qué otras historias hay que, en el mundo de la política, por ejemplo, sean creíbles, y que no incluyan demagogias sin cuento, morondangas conniventes, como ha pasado en todo el mundo con la cosa del ladrillo y los bancos, y como lo que está pasando todavía ahora con la Deuda Soberana, y el dominio de los gobiernos mundiales de parte de los capitalistas especulativos que tienen a todos los Gobiernos o Estados del mundo cogidos por…¡por donde sea! y que pueden retorcérselos (referido, claro está, a lo de los intereses de la “Soberana”) cuando les venga en gana si los Estados o los que los representan no se bajan lo que haya que bajar, (sueldos, por ejemplo) aun a pesar de que suban el IVA y demás impuestos; de que se peguen medicamentazos, se legislen copagazos, se legislen también recargos a artículos de primerísima necesidad, y se congelen sueldos a los pobres, a los funcionarios de la ley, de la sanidad, de la educación y otros, y no se bajen los sueldos los banqueros y los políticos en grado suficiente, y sobre todo, por honradez y justicia no se limite a un cierto tiempo las escandalosas pensiones vitalicias de los diputados, por ejemplo…? ¿Justicia? ¿Dónde, pues?...

¿Y dónde en esta activísima época de desahucios, está la equidad de la promesa de la Constitución de que cada español es digno, por ejemplo, de una vivienda digna, cuando a los desahuciados, o a la inmensa mayoría de ellos, ni siquiera les dejan una vivienda prestada y tienen que vivir días, y meses en la calle? ¿No debiera decir mejor, pues, la Constitución, para no hacerse inconstitucional en casos así, que “cada español es digno de una vivienda digna, si puede costeársela”? ¿No se debiera cambiar la Constitución para concordar estas cosas, así como se ha cambiado para concordar otras?

Y si buscáramos en la Constitución más ejemplos de estos, puede haber montón: Un montón y su madre. (“Y su madre”, porque donde hay madre, normalmente hay reproducción). Y, para casos como estos, puede surgir la pregunta de uno que quiere saber más del asunto:

- ¿Y para qué sirve la Constitución a efectos de lo que dice de los españoles y sus viviendas dignas, si no se cumple, ni nadie con poder para ello lo hace cumplir?

- ¡Ah!, (dirá algún otro), sirve para decir que tenemos una Constitución, lo cual es muy bonito, y sobre todo, cuando hay motivos demagógicos para recurrir a ella, que es para lo que, normalmente se utiliza, y no para lo otro aquello en que no se utiliza como el ejemplo comentado…

-¡Ah, claro! Es comprensible. Así nos parecemos a Estados Unidos, que también la tiene… Además, ahora también nos vamos a parecer en eso de la Seguridad Bi-Social.

-¿Seguridad Bi-Social? ¿…? ¿Y qué es eso?

-Pues la doble Seguridad Social: Una para ricos, y otra para pobres…

-¡Ah! ¿Y cuál será la de los ricos?

-¡Pues, “má o meno” como hasta ahora, dado el sueldo que los ricos tienen y sus privilegios, canonjías y prebendas, que seguro que todo esto lo seguirá habiendo!

-¿Y la de los pobres?

-“¡Lo sentimos! ¡No hay dinero para las ambulancias, a menos que la pague usted mismo!”...

-¡¡Aaahh!!

¿Y cuál es o va a ser entonces el futuro?

-Pues mire usted, dado que nos están cerrando las minas, no hay peligro de que acabe siendo tan negro como el carbón…

-¡Ah, bueno! ¡¡Es un consuelo!!....

¡¡Y que lo diga!!

Bueno, la cosa podría ir para largo aquí, hablando de esta sola cosa; pero, ¿para qué, si ya va para largo en la misma realidad de cada día? ¡Dejémoslo quedar!...

-¿Morondangas?

-¿Cuántas quiere?

-¿Demagogias?

-¿Frescas, o congeladas?...


Gago.
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