Irritar y abirritar, dos ciencias para empezar... Julio 2012)

Cosas que se me ocurren cuando pienso sobre la vida.




Irritar ya todos sabemos lo que es. Y cosas que nos irritan hay un montón: El humo del tabaco del otro (el de nuestro tabaco, no); el hijo pequeño de la vecina de al lado que llorando, llorando, no nos deja dormir de noche; el perro del vecino del tercero que no se calla tampoco en toda la noche y es tan fatal como el hijo de la vecina, ya que no puede ser peor, siendo humano… (Si no lo fuera, otro gallo cantaría). Y hablando de gallos, también el gallo del patán del pueblo que despierta a uno a eso de las seis de la mañana por muy profundamente dormido que uno esté, lo que enfada un rato largo; el gato de nadie que vive y vive en la calle pero que “canta” de noche desde el tejado del chalet del vecino, que es bajito (el chalet, no el vecino que es holandés y muy alto); el tren que pasa cerca de casa y que siempre pita al pasar porque hay cerca un paso a nivel sin guarda; etc., etc., etc.… etc.

¿Qué que hay más cosas que esas que también irritan? ¡¡¡Pues claro que sí!!! Pero, ¿para qué vamos a nombrarlas y escribirlas, ocupando espacio, cuando ya todos sabemos cuáles son? Además, pudiera resultar ofensivo para muchos el mencionarlas, así que, mejor, ¡¡chitón!! (El que quiera decirlas, que allá él o ella se las entienda…)

Respecto a la palabra abirritar, esta es un término técnico empleado en medicina, y su significado es precisamente el antónimo o contrario de la irritación, pues significa aquello de hacer cesar una irritación. Normalmente, los médicos se refieren a calmar una irritación en el cuerpo; pero nosotros podemos llevar la susodicha palabra a calmar, curar o suprimir cualquier tipo de irritación, sea de cuerpo, o bien moral, mental, o etc., etc.,… suponiendo que haya más tipos de irritaciones que las cutáneas o corporales internas, las morales y las mentales, cuyas estas últimas pueden estar relacionadas de alguna manera.

Pues bien: Tanto lo de irritar, como lo de abirritar, son dos ciencias “comunes”, muy comunes, a las que los hombres no podemos abstraernos, pues forman parte de la vida misma en el quehacer diario de nuestras vivencias más habituales. Una prueba de ello es a nivel político internacional, en donde unos irritan, provocan, incita, excitan, pinchan, encrespan y soliviantan, y otros, diplomáticamente, abirritan, calman, apagan, eliminan o suavizan tales irritaciones. Y la cosa esta es todos y cada uno de los días de la vida, y si no, basta con dar una ojeada a los periódicos diarios por las noticias internacionales para ver cómo van los conflictos de bien o de mal, según a quién le toque a manejar su parte ese día concreto.

Si le toca al irritador, veremos peligro en lo que la irritación puede provocar como “sarpullido” si el irritador lograra mantener la irritación por largo tiempo. Pero al otro día, o como mucho, dos días después, cuando le toca el turno del día al abirritador diplomático, vemos que la cosa se calma y parece tomar buen camino hasta los dos o tres días después cuando de nuevo le toque turno al irritador… ¡Y así, sucesivamente, es como se desarrolla la política internacional en los medios de comunicación, porque, además de los periódicos y revistas, la televisión se hace eco de los mismos problemas y de los mismos turnos!... Y esto es así todos los días de la vida porque, en los “intermedios” de un conflicto, los medios de comunicación se hacen eco de otros conflictos internacionales a los cuales les toca el turno en los descansos de los otros, por eso es que tenemos todos los días, y uno por uno, una irritación internacional y luego otra abirritación, también internacional, para compensar, hasta los próximos turnos, a quien le toque…

Mismo en nuestro país, la política interna en el Senado, el Congreso o donde sea, se compone de las mismas formas de irritaciones y abirritaciones pertinentes a cada plazo de entrega de unos u otros partidos políticos, cuando se trata de cosas de partidos, o de senadores contra senadores, por ejemplo. Cosa esta que, aunque parezca personal, no lo es en tanto grado y más bien es la pantomima de turno, pues luego a los tales se les puede ver de vez en cuando saludándose afectuosamente, y teniendo juntos comilonas, festejos y otras “templadas” camaraderías que desmientes las destempladas irritaciones y las templadas abirritaciones que permiten así modular la cosa en el día a día de la “batallita” irrita-abirritante nacional…

Lo que yo no sabía hasta que me puse a investigar la cosa, es que tanto lo de irritar, como lo de abirritar, son dos ciencias políticas, (en este último caso) que no requieren poco estudio ni poca inteligencia, sino todo lo contrario: Hay que ser muy, muy inteligente para hacer la cosa de esa misma manera en cómo lo hacen, y que el público en general no se entere de que va la cosa.

Lo que me parece increíble, fastidioso e irritante, es que, tan grandes mentes no se usen en cosa de mejor provecho para la humanidad… ¡¡¡Al fin, pues, no deben de ser tan inteligentes como la cosa nos pudiera parecer!!! ¿Será entonces que, como dice la portera, hortera ella y patana, que son tontos del culo? (Y que conste que, con esto, la portera no quiere decir que sean maricones, no…)



Xosé Gago
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