De embudos, leyes y preceptos, correctos o incorrectos. (Agosto 2012)

De cuando pensar, filosofando, es un riesgo...




De embudos no podemos decir que esté la vida llena. Al menos, no totalmente llena. Sin embargo, en la industria, tanto vinera, como vinagrera, como aceitera y otras industrias “era”, los embudos son la misma cotidianidad en persona, pasando todo a través de sus interioridades hacia los “habitáculos” en donde reposar y “madurar” luego de la infundibulación pertinente.

De leyes, tampoco nos libramos mucho en nuestra cotidianidad, pues todo son normas, preceptos, (sin contar los apostólicos y romanos, que hay que sumar a todo ello) y reglas, que tenemos que seguir con cierta rigidez y mesura si queremos librarnos de sanciones, filípicas y responsos, que de todo se tercia dar o merecer, por los que legislan, reglan, “preceptan” y norman…

De hecho, y por cualquier ley, regla, canon, norma o precepto, debiéramos ser correctos si queremos ser morales, justos y cabales, pero ¿y si las leyes, los preceptos, normas, reglas, cánones o estatutos, no son morales en sí? ¿Y si quedan a medio camino entre la moralidad y la ausencia de ella? ¿Y si se hacen de aquella cierta manera ya denunciada por los ancestros de que quien hace la ley la hace con trampa? ¿Y si las leyes se hacen para adaptar normas y conveniencias a las exigencias de los mandos que mandan y ordenan, gobiernan y exigen? Pues, ¿todas las leyes, preceptos y normas, son correctos, son justos, son cabales, como para tener que respetarlos por moralidad y justicia?

Si observamos atentamente el mundo a nuestro alrededor y dirigimos nuestra atención a lo que sucede cotidianamente en muchísimos de los campos de la vida y su acontecer diario, podremos ver que se hacen cosas que no tienen signos de ser justas ni cabales en ninguna de sus manifestaciones. Cosas que, por poco que las meditemos en una reflexión ligera, pero madura y honrada, no les hallaremos pies ni cabeza de su ser así cómo son, ni de ser así cómo se hacen, ni de ser así cómo las leyes, o muchas de las leyes, las defienden, amparan y juzgan… ¿Es que acaso la justicia no tiene que ser justa, cabal y coherente? ¿No ha de ser racional, congruente y lógica? Entonces, ¿por qué a muchas leyes no les encontramos ni lógica, ni razón, ni coherencia, ni cabalidad, ni justicia, aún por mucho que reflexionemos para hallar tales cosas en ellas, que no tienen? ¿Por qué no las tienen, pues? ¿Por qué si uno reflexiona sobre ello no halla la congruencia, la cabalidad y la razón razonable, por ninguna parte? ¿Es que quien hace las leyes no es lo suficientemente maduro para hallar por reflexión y análisis lo que es justo de una ley, o lo que no lo es? Porque, que una cosa sea ley hecha por los hombres, no le da carácter de justa, ni de cabal, ni de coherente, ni de razonable, ni de ser lógica. Simplemente es una imposición, ¡y punto! ¿Puede ser así una ley que sea justa y cabal? ¡¡¡¿…?!!!

Cuando se dan preceptos, normas, leyes y mandatos, se hace bajo razones que pueden ser múltiples y de variadas tendencias. Pero el que se usen razones para hacer leyes, preceptos y normas, no implica que tales razones sean razonables. Y bien pueden ser irrazonables en buen grado, o en grado sumo, que, no por ello dejarán de ser normas, leyes y preceptos, toda vez que son impuestas por fuerza y sin posible réplica sobre ello. Y aunque a veces se permiten réplicas, las tales normas, reglas o preceptos dados no se cambian aunque se haya demostrado su injusta naturaleza, su nulidad razonable, y su incoherencia intrínseca…. ¿Es que acaso conviene que los preceptos humanos, las normas, las reglas, las leyes y los mandatos, sean irrazonables, incoherentes, descabalados incongruos e ilógicos, para poder gobernar la vida y los pueblos? Y, si fuera así, ¿para la vida de quién? ¡¡¡¿…?!!!

¿Por qué muchas leyes, mandatos preceptos y normas, son incorrectos? ¿Por qué no se corrigen cuando se ven las incorrecciones, cuando saltan a la luz por las causas que fueren, y sin embargo se mantienen a través de los años, luchando cada vez contra su misma incorrección y descabalamiento irrazonable? ¿Por qué las leyes que se hacen y que enseguida se muestran injustas, parciales e interesadas siguen en vigor año tras año, durante generaciones sin que ningún legislador las vete, las rechace y las “excomulgue”, siendo incorrectas y descabaladas a todas luces? ¿Qué extraño poder tienen tales “leyes” para que sigan siendo leyes, cuando en realidad sólo son abusos de poder y autoridad, y no hay lógica ni justicia que las apoye, excepto la negligencia o el interés de los poderes que las sustentan? ¿Y por qué, no siendo ni justas ni cabales, aquellos que juzgan las usan sabiendo que solo se pueden usar para mal juzgar? ¿Por qué siempre lo poderes hacen, promulgan y mantienen leyes que, siendo incorrectas, son puramente injusticias, unas veces encubiertas y otras veces descaradamente manifiestas? ¿Por qué las cambian, sin embargo, cuando, aun no favoreciendo a ningún pueblo, pueden favorecer la gobernabilidad de un país por aquellos que para eso las cambian? ¿Por qué no hay posibilidades de que el pueblo pueda exigir el cambio, y se haga a tiempo antes de cometer más injusticias bajo las mismas leyes que son injustas, crueles y onerosas, y en su lugar se promulgan leyes sensatas, honestas y correctas? ¿Y por qué los que tienen que usar las leyes, no protestan contra ellas cuando están mal, y se niegan a ejercerla hasta que se corrijan? ¿Tiene esto, algún nombre técnico? ¡¡Seguro que si!! (Pero mejor no decirlo)

El juicio, la capacidad de la cordura humana mediante la sindéresis del correcto razonamiento en base a la cabalidad, la congruencia y la honestidad que corresponde a un ser cerebrado hasta el infinito como el hombre en su capacidad intelectiva consciente, falta casi siempre entre los poderes que gobiernan el mundo, (¿cómo tal pérdida de juicio puede promulgar leyes, cómo?) y todos los mandamases de todos los países consideran aberrantes las normas, leyes costumbres y actos idealistas, de los otros países, pero nunca del suyo, gobernado por ellos mismos a su manera, legislados según sus criterios, y explotando a gentes y recursos con fines nunca conocidos con claridad, aunque “explicados” (¡¡qué sarcasmo!!) como "para el bien común". Pero, para el bien común, ¿de quienes? ¡¡¡¿…?!!! (Dar un repaso a las naciones y su vida interna, y veréis ejemplos de esto por un tubo, o por varios tubos, incluso, desde los tiempos casi del olvido…)

Y aquí entra la cuestión de la cuestión en cuestión, mismamente, al cuestionarse uno las leyes humanas; y si no todas, una muy buena parte de ellas que, al igual que el vino, el aceite, el vinagre y otras “esencias”, tienen que ser “embotelladas” para su uso y distribución, mediante el pasar, forzosamente, por el ingenioso y simple aparato cónico-abierto-invertido (y lo de invertido puede también tener su significación especial en la cosa esta de las leyes y los que las imponen y los que las ejercen), que es el infundíbulo, invento humano también y de imprescindible uso para “empaquetar” sustancias líquidas, cuáles sean, sin derrames, ni pérdidas que manchen, ni otros males que hubieran de notarse sin su uso específico y proficuo….

Pues bien, el infundíbulo, normalmente, también parece ser el aparato que sirve para infundibular convenientemente las leyes, normas, preceptos, pautas, reglas y cánones, (aunque todo es lo mismo) a su través, con el fin de “embotellar” la vida de los ciudadanos (la vida también es como un líquido que se adapta forzosamente al recipiente, sin otra opción de poder ser) en el plano moral, social, político, religioso, además de todos los otros demás planos de su existencia, a fin de que no puedan salir de la botella sus pareceres, sus opiniones y sus ideas lógicas y razonables, y acaben por manchar, entorpecer y envilecer, las vidas mismas de los que promulgan, apoyan, usan y legislan de esta particular deshonesta y poco sensata manera, la vida de los demás.

Y como dentro de la botella, por no funcionar estas como las lámparas de los genios (caso de Aladino, por ejemplo) por mucho que se frote no hay posibilidad de libertad del genio razonable para denunciar, demostrar y establecer racionalmente las incongruencias de muchas leyes, normas y preceptos establecidos a la manera caprichosa de no sabemos qué poderes, la cosa queda así hasta que cambian los tiempos y haya que adaptar las leyes a nuevos principios de acción y reacción, sin que ello libre a estas de seguir pasando a las gentes por el dichoso infundíbulo para su “embotellamiento” y estanqueidad denunciante e informativa… ¡¡Es lo que se conoce como la ley del infundíbulo, presente en todos los países, reinos, repúblicas y estados, sean de gracia, sin gracia, o de democracia, como ahora se llaman algunos y que tampoco dejan de infundibular, como los otros que no lo son….!!

¿Y sabéis qué?: Tal y como van las cosas, en el mundo, ¡¡¡tenemos infundíbulo, para rato!!!

Xosé Gago.
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