Efodo, efluvio y efugio. (Todas las salidas como refugio) 18 Agosto 2012.

Los inenarrables recursos del idioma. (Conclusiones a las que llegué, pensando, yo solito)




Efodo, si bien es palabra que no consta en el DRAE, viene del griego éphodos, vía, y significa ano, lugar o punto de salida, como ya todos sabemos, de toda la sustancia excrementicia del cuerpo, tras la concocción; es decir una vez que se ha terminado el proceso de digestión, y es necesario “hacer sitio” para nuevas digestiones, luego de un cierto límite “natural” de acumulación estercórea corporal…

Dado que efodo es realmente una palabra desconocida por la gran mayoría de la gente, y dado que es palabra muchísimo más discreta (quizás por falta de uso, o, simplemente, por fonética natural) incluso podía ser usada como eufemismo, (sin serlo realmente) para acceder a una forma casi, casi, privilegiada (por lo exclusiva, en este caso) de medio insultar, o insultar claramente, si fuere el caso, a otras personas que nos molesten, importunen o causen hastío, por el motivo que fuere. Así, en vez de mandar a uno de manera vulgar y “sucia”, como se hace, a lugares indecorosos y obscenos mediante expresiones como “vete al culo”, o “vete al ano”, (que resultan un tanto escandalosos en ciertas bocas de gentes finas, honestas y castas), empleando la palabra efodo y diciendo igualmente “vete al efodo”, se tendría exactamente el mismo resultado significativo, pero dicho de manera singularmente distinta a como lo dice casi la totalidad de la gente.

Así mismo, cuando haya que llamarle a uno, por la razón que fuere, “tonto del culo”, se podrá recurrir entonces a la expresión sintáctica “tonto del efodo”, que puede encajar muchísimo mejor con todo lo que se haya expresado antes, a este efecto, e incluso con lo que haya que expresar luego de haberlo dicho… Y en el caso exclamativo de desahogarse de un pesado y fastidioso adulador “verbórreo” llamándole “¡lameculos!”, se puede recurrir igualmente al inapreciable vocablo susodicho, y soltarle de mejor y más “educada” manera aquello de “¡lameefodos!”…

De esta manera tan “elegante” y “limpia”, y tanto en el primer caso, como en este segundo dado, se cumpliría perfectamente el anhelante deseo de darse uno un alivio expresivo de jocosidad interna muy terapéutico y “curativo” espiritualmente, y con refocilación deleitosa de gran alivio para los nervios tensos y crispados, que pasarían inmediatamente al relajo sedativo y atenuante… (Esta es una alternativa que el lector no debe de olvidar, para cierta situaciones especiales…)

Como se ve, el recurso expresivo de esta palabra “tiernamente” ofensiva, es de agradecido uso, además de tener un carácter mucho más intelectual y serio, no teniendo precisamente tampoco aquel sonido fonético de vulgaridad y ordinariez que ostentan las palabras comunes de la misma significación lingüística…

Siguiendo ahora con la explicación de la siguiente palabra del encabezado de este artículo, que es efluvio, diré que efluvio viene del lat. effluvĭum y es una emisión de partículas muy sutiles, que llenan un ambiente cualquiera. Pueden ser gaseosas, como las partículas de un olor o un hedor, o bien de tipo electromagnético, como sutiles trazas de electricidad ambiental por razones de atmosferas cargadas de alguna forma, de electricidad. También, donde trabajan máquinas eléctricas, puede haber efluvios de ozono, y percibirse su peculiar olor, como puede suceder, por ejemplo, en algunas copisterías, o en algunas oficinas donde se ponen ozonizadores para desinfectar el ambiente…

Por supuesto, en nuestros ambientes biológicos humanos, el efluvio por antonomasia, es el pedo; emisión “efluvia”, esta, de “olorosos” gases intestinales que, acumulándose en la tripa en momentos dados de la vida y “obras” de uno, (y con lo de “obras de uno” no nos queremos referir a sus trabajos o hechos dinámicos en la vida, sino al “obrar” de vientre) por su condición gaseosa y volátil, se salen de suyo muchas veces, y sin consentimiento previo, y otras tantas y muchas veces con pleno consentimiento, para servir de alivio y relax, tras a veces silenciosas “descargas”, pero en otras ocasiones con sonorosas y rugientes demostraciones de poder altamente vibrante y fonal… (¡Aunque poco canoro, eso sí!…).

La tercera de las palabras que constituyen el encabezado de este artículo, es efugio. La palabra efugio significa, literalmente, evasión, salida, escapatoria, y lleva en sí el sentido figurado de ser recurso intelectual para sortear una dificultad mediante rodeos retóricos, también por esto llamados subterfugios, por cuanto esta última palabra incluye al efugio en su formación expresiva…

En estas tres palabras “estudiadas”, tenemos, pues, una relación intima sorprendentemente dinámica y efectiva entre ellas, pues la relación va más allá de una relación simple y esporádica, y resulta ser, por el contrario, una correlación múltiple, irrefragable, compleja, intrincada, infracta e inconcusa.

El efodo es una salida. Salida corporal, como corresponde a su significación lingüística, sintáctica o semántica, como se prefiera decir. La expresividad semieufemística de esta palabra, es, de forma circunscrita (porque se trata de una salida “circular”; es decir, del “circulo del culo”) limitada solo a su propio ámbito, pero de enorme importancia en su circuición de salida, por ser concreta, (perfectamente localizada) discreta, (normalmente siempre se halla oculta bajo algo: calzoncillos, bragas, taparrabos, etc.) y “correcta” (entre la gente civilizada, al menos, se usa con “sabiduría” y, normalmente, con honestidad…) y su función es precisamente la de dar salida más o menos honrosa (dependiendo de cómo) a los efluvios corporales (“hedentinos” unos, y neutros otros) y a las “coacervaciones” pertinentes de materia escatológica, según la segunda acepción del DRAE… (Véalo el lector en el DRAE, si no entiende la cosa escatológica dicha, de qué va…).

El efluvio, tal como se ha dicho, es lo que, siendo gaseoso y buscando salida, al final la halla y se extiende por el ambiente, perfumándolo, (según sea su “idiosincrasia”) de una manera o de otra, de las dos principales formas en que normalmente todo efluvio de este tipo gaseoso tiende a hacerlo,(o bien en forma de fragancia de gran fililí, o de hedentina más o menos hiriente) y lo hace siempre saliendo de algún lugar que, incluso siendo impermeable, pueda tener una conveniente salida para ello, bien sea poro natural, alfilerazo de herrumbre,(corroído por oxido) fisura por presión excesiva, o pinchazo accidental del contenedor o conducto de circuito cerrado, por ejemplo… En el caso del efodo, por supuesto, es una salida natural, singular (y plural, porque hay muchas en el mundo), y, además, valvulada; es decir, provista de una válvula anular o esfínter estanco que se puede abrir según necesidades conscientes y voluntarias, para “efluviar” y aliviar, o bien, (más accidentalmente) por causas de presiones irreprimibles que accionan la válvula a contravoluntad mismo del biológico organismo poseedor de la tal…

El efugio, (para finalizar la terna alternativa de explicaciones, funciones y acciones de todo ello) además de otros posibles “ones” que podrían añadirse, (y que no se hace por mor de la brevedad necesaria para el artículo)es aquella otra salida no “efódica” que tiene como poder o virtud, no el dar escape a esas sutiles partículas gaseosas que estando encerradas y sometidas a presión de alguna manera, (todos los gases tiene presión propia, porque son autopresionables de suyo, por idiosincrasia natural) normalmente constituyen los efluvios, sino el dar salida intelectual a problemas humanos de diversa índole, mediante excusas, pretextos, evasivas, coartadas y otras formas "efugiadas", usando la palabra hablada o escrita como medio pertinente de escape a fin de librase de una crítica, un compromiso, o cualquier otro débito, responsabilidad u obligación.

Efugios o salidas para ello, en este caso, no tratándose de salidas realmente físicas, sino intelectuales, no son, como para los efluvios, los ya dichos “alfilerazos de herrumbre”, las fisuras, los pinchazos, los poros, las grietas (fisuras, al fin) y otras posibles y diversas formas de dar salida a todo aquello que, (pudiendo) ose libre o forzadamente salir por tales sitios de disposición dispuesta para ello, de cualquier manera que se preste al asunto… No; efugios, repetimos, son salidas de la inteligencia humana, son escapes o medios de evasión intelectual para librase de obligaciones, compromisos, deberes y responsabilidades. Pero, aunque intelectual, el efugio es una salida, no cabe duda, para situaciones comprometidas, y puede ser de enorme importancia en el devenir de la vida si se sabe aprovechar su ocasión de manera “científica” y adecuada a cada ocasión que se tercie darle uso… Por ser una salida metafísica, y no de tipo material, el efugio es de muy distinto usar científico al uso del efodo para los gases. Pero no cabe duda de que es tan efectiva, en este terreno intelecto-filosófico, como el manejar bien el efodo puede ser toda una ciencia en reuniones, ceremonias, solemnidades y otras situaciones comprometidas que requieran su buen uso y manejo cuando los gases “llaman” a la puerta…

Y así como el dominio del efugio permite al hombre inteligente y ágil de recursos salir airoso en cuestiones sociales, políticas, religiosas, militares etc., etc., también el dominio del efodo, al hombre avezado le permite, en situaciones comprometidas, tras largas digestiones por comidas de trabajo, cenas de ídem, cuestiones de bodas o banquetes suculentos con eminencias de todo tipo (sociales, políticas, religiosas, militares, etc.) evitar peligrosas y ruidosas salidas de los efluvios digestivos, mediante la modulación delicada y sutil del efodo (o de la válvula efódica correspondiente) para que ni haya olor ni ruido, por saber dosificar “científicamente” la cantidad gaseosa a desalojar en pequeñas “estrepadas” de brevísima emisión, con lo cual consigue su alivio inmediato sin llamar en absoluto la atención de nadie sobre el asunto. ¡Ciencia pura sobre el dominio del efodo!...

Por otra parte, también el mismo dominio efódico le permite al hombre avezado en el caso de tener que despachar a alguien con enfado y mala manera, y además tomándose una dulce venganza interior intelecto-refocilante, luego de darle una retahíla de palabras hirientes, bien en términos pseudoeufemisticos-blasfemos (o de alguna manera convenientemente parecida, según la finura y fililí con que se desee hacer la cosa) como término final y despedida, o despachada, (forma de despachar o echar fuera, despectiva) tras un gesto significativo de cierta “lectura” obscena, si cabe, y añadiendo la expresión enfático-interjectiva (porque en este caso es usada como tal) ¡¡Toma!!, va y abriendo el efodo totalmente, tras un controlado esfuerzo perfectamente calculado al efecto, suelta un tremendo arcabuzazo efodal, que deja peor que abucheado al “enemigo”… Y este (el “enemigo”), sin más reacción posible de su parte por el estupor y el asombro de tal efodazo expeditivo, se marcha de prisa y corriendo, no sea que haya más… Esta es otra forma del dominio “científico” del efodo, muy usada en ciertos ambientes, (incluso muy finos y elegantes) cuando las cosas, por la razón que sea, se salen de madre y llegan a límites exasperantes. Quizás sea feo, no lo niego, ¡¡pero que eso es tener verdadero dominio del efodo, con base científica, eso no hay quien lo ponga en duda!!...

Ambas salidas, pues, el efugio, y el efodo, requieren ciencia y sabiduría en su aplicación y manejo; requieren dominio de la “técnica” para usarlas consecuentemente; requieren frialdad de mente para su aplicación precisa, e inmutabilidad espiritual y emocional para que los nervios se hallen bajo total control de la mente, y se mantenga así, incólume, el dominio técnico que sobre ello el hombre adiestrado posee por capacidad natural o aprendida… Así, tal dominio es necesario, utilísimo e imprescindible, para saber estar; para saber portarse con prestancia y para tener bajo control estricto ciertas cosas del devenir diario: Para lograr el dominio de situaciones difíciles; para tener también bajo control desde las conversaciones en un caso, hasta las grandes digestiones en otro, en lugares de gran concurrencia: fiestas, solemnidades, silencios conmemorativos (muy, muy, peligrosos ellos en este contexto, por cierto) y demás situaciones que la vida nos hace sentir, pasar y participar, que no son pocas a lo largo de la vida y los años…

Resumiendo y para acabar: Efodo es una salida natural, propia de cuerpos biológicos, usada para liberar al medioambiente materia escatológica conveniente procesada anteriormente para llegar a ello, y también salida para efluvios gaseosos sobrantes o excesivos. El control “científico” del mismo requiere disciplina, práctica y férrea voluntad, así con frialdad de mente, y capacidad de mantener los nervios bajo control…

En otro orden de cosas, efugio en un recurso lingüístico, de características semieufemistas propias del inteligente uso por el hombre capaz de expresarse con elegancia aún en sus más profundas iras y fastidios. Usar el efugio de manera “científica” es cuestión, asimismo, de mente clara y lúcida; de frialdad pensante, y de dominio absoluto de los nervios… Y efugio, tal y como se ha detallado antes, es también ese tipo de salida usado como talanquera en multitud de ocasiones comprometidas, sólo que en este caso, de tipo intelectual. Salida para escapar o huir de responsabilidades, para salir de apuros comerciales, sociales, políticos, religiosos, etc., mediante el socorrido y oportuno recurso bien administrado de la palabra hablada o escrita.

Y en el otro orden siguiente de cosas, efluvio, también es una salida, pero no un lugar para salir, como el efodo, ni tampoco una salida intelectual del hombre consulto y cordato, sino una salida en forma de emanación vaporosa que sale o brota de algún sitio donde estaba encerrada. De hecho, es una salida de algo, de un lugar, por una abertura física en un contenedor, lo cual es otra salida, (la abertura, el poro o la fisura) por lo cual se puede decir que efluvio es la salida, por una salida, de algo que sale, en nuestro caso, en forma de gas o vapor, por ejemplo.

Como vemos, en la naturaleza y en la vida intelectual (naturaleza al fin, pero de otro “natural”), hay salidas para todo, lo que sea, que busca salida por algún sitio o lugar adecuado para salir. Eso es la fuga, la escapatoria, la salida para huir, por un lado, y el lugar de escape o salida del encierro, por otro. Normalmente, y aunque no hay salidas para todo, lo realmente hermético y sin salida es muy poco en el Universo conocido. Es como si la mater Naturaleza supiera de las necesidades más generales de todas las cosas creadas a efectos de hallar salidas para poder ser, existir y haber, de manera dinámica, cosa que no sería posible si no hubiera salidas para huir y evolucionar. Porque la dinámica, el dinamismo, es, simplemente, acción, y, para ser acción, la cosa quiere salida para serlo, sino, no lo sería…

Me gustaría llevar todo esto al terreno de lo filosófico-intelectual para que supiéramos de qué otras formas y maneras esto se puede aplicar, por extensión, (como dicen los diccionarios de algunos significados semánticos aplicados sintácticamente en el terreno coloquial) a las humanas andanzas y a sus digresiones, a sus creencias, a sus emociones y a sus sensaciones todas, pues lo poco dicho, es, ciertamente, poco y escaso para el caso. Pero ello, el explicar todas estas cosas que se quedan en el tintero, nos sobrepasaría el espacio calculado para el tácito contenido de las explicaciones mínimas exigidas para dar a entender las relaciones ya dadas, de manera breve, concisa, inteligente, contundente y conveniente sin necesidad de cualquier otro “ente”, excepto el que pueda aparecer al decir que es para que tenga cabida en cualquier mente…”Ente” este que debemos cuidar, cuidadosamente. (“Ente” también este último, él de cuidadosa-mente, de cuidado…)

Pues bien, cuando en el encabezado completábamos lo de: “Efodo, efluvio y efugio”, con lo de: “todas las salidas como refugio”, la referencia era a que tales cosas, las tres, son salidas, recursos, talanqueras y medios convenientes, en ocasiones, a los cuales recurrir como refugio para librase de otras cosas, las que sean, (unas molestas, otras hirientes, otras jocosas y otras expeditivas) y de una vez por todas, como suele decirse, en función misma de qué tipo de asunto haya que afrontar y darle salida oportuna en base a ciencia, sabiduría y, ¡cómo no!, a veteranía. Por eso, el hombre avezado, el hombre cursado y ducho en estas cuestiones, las sabe manejar con soltura, con excelente disposición de ánimo, y, además, muchas veces, como jugando, divirtiéndose y usando de retrancas, y, sobre todo, también muchas veces, con tremenda refocilación intelectual. ¡¡Mejor terapia para el alma, imposible!!... ¡¡Aprende, lector, aprende!!...


Xosé Gago.
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