De terratinazgos y celestinazgos, y otros hallazgos (11 Septiembre 2012)

Nuevas reflexiones en el espejo de la vida sobre aspectos de diversos y poderosos "azgos"





Si el celestinazgo es cosa de celestinear, el terranazgo es cosa de terranear, se diga lo que se diga. Sí, ya bien sé que celestinazgo es cosa de hacer la Celestina y no cosa de cosa celeste; pero lo de Celestina también viene de cosa del cielo, y el tal nombre, quien lo puso lo hizo como si quien lo recibió fuera cosa del cielo en aquel momento que, no cabe duda, fue emocionante en todas sus consecuencias… Claro que, cuando una hija nace, se le pone el nombre con carácter de adjetivo para que la suerte acompañante de cada mortal, (la que fuere) sea como una prolongación del nombre. Np se sabe estadísticamente como este deseo, normalmente paterno, de que la suerte acompañe al ser recién nacido, es o no es efectivo, ya que no se han realizado estudios sobre ello en ningún país del mundo, a pesar de que esto se hace y realiza en todos ellos de manera continua y hasta, diríamos, impenitente, si bien, en este caso de la Celestina “histórica” el adjetivo funcionó mejor que el nombre en la cosa del futuro de las acciones de la interfecta y su extensión adjetival a otras y otras mujeres…

Pero así como se usó el nombre de Celestina, (nombre al que su dueña hizo mal honor sin embargo, como sabemos), por las leyes humanas también se pudo haber usado en caso parecido el nombre de Terratina, o Terrana, como si la cosa fuera un don especial de la Tierra, con lo que, de haberse dado las circunstancias que concurrieron con la Celestina, ahora también estaríamos hablando de terranazgos, terraninazgos o terratinazgos, de la misma y fecunda manera…

Y lo de decir de “fecunda manera” es que, los celestinazgos se han dado siempre, y por libre, a montones en este planeta, desde que la Celestina ejerció esa profesión de alcahuetería consumada convirtiéndola en oficio y profesión rentable, para lo cual la tal mujer demostró, además, una vocación irrenunciable, irresistible y imponderable, bien o mal que nos pese.

Todo lo que tenga que ver con celestinazgos y sus connotaciones implícitas, normalmente está representado por gentes anchas de conciencia que pasan olímpicamente de mandamientos, preceptos, leyes y moralidades, y que vadean constantemente las profundas aguas de procelosas causas, las que fueren, que necesitan de tan frías almas para su desarrollo, su concernencia a lo que se busca y espera del asunto, y su libertad de atentar a solapo contra todo decoro, pudor o moral para alcanzar los logros propuestos o demandados por quien paga y requiere sus servicios..

Los celestinazgos, pues, son cosas que solamente buscan ciertas gentes con poca o insuficiente moral, y son, a la vez, cosas que ejercen con ancha conciencia otras gentes que saben de alcahueterías y lenocinios y otros tratos deshonestos e indecentes, bien sean en cosas de amores, como el caso de la Celestina, o en casos no de amores, pero de conciertos políticos, sociales o religiosos, por ejemplo, pero deshonestos, injustos y amorales por completo……

Porque, si bien los celestinazgos se miran más como cosas de intervenciones en asuntos de amoríos, y en cosas de brebajes, potingues y suertes, por un lado, por el otro lado también se ejercen en asuntos de otras leyes o índoles comerciales; por ejemplo, para conseguir que se alcahueteen gestiones para lograr comisiones, o para obtener favores conniventes y otros avatares de dudosa legalidad dentro de entidades estatales, financieras o religiosas entre otras de todas cuantas hay o pueda haber. El celestinazgo bien ejercido, es rentable, no cabe duda, para quien lo busca, (si no, no se buscaría) y, si la cosa sale bien, también es rentable para el que lo ejerce, (si no, no lo ejercería) aunque en tales casos no de amores, no se le llame de esta manera tan desacreditada por los muchos hablares de la historia sobre este tipo de acciones de alcahuetería amorosa consumada y se prefieran nombres o adjetivos más “técnicos” y consecuentes con los tiempos actuales, las dinámicas alcahueteriles no amorosas, y los conocimientos disponibles. Así, por ejemplo, cuando se trata de alcahuetear la consecución de obras oficiales como pueden ser concursos de edificaciones, autopistas, tendidos de ferrocarriles, y otras cuestiones de interés financiero, se recurre a los sobrinazgos, compadrazgos, cabildeos, enchufeos y otros “azgos” y “feos”. Recursos todos ellos que rondan por las instituciones y otros entes con poder de conceder, habilitar y favorecer, precisamente, las alcahuéticas solicitaciones…

Normalmente, y no sé por qué, cuando se trata de “celestinazgos” masculinos se usa más bien, como calificativo, el nombre o adjetivo (cosa que se las trae, no crean), de echacuervos, solo que en este caso nunca parecen intervenir cosas de amores, pues, las cosas de amores se buscan más bien en los celestinazgos; es decir, en el regazo de las celestinas, que saben mucho de dar consuelos, de procurar alivios y de insuflar alientos, e incluso recomendar pócimas para personas decumbentes por causas amorosas, cosas todas estas que no parecen estar nunca en manos masculinas; es decir, de hombres, sino casi siempre de mujeres. (Desconozco, estadísticamente, que suele pasar en el caso de los maricones, pues la sodomía parece ser asunto muy disímil a pesar de su similitud aparente…). ¡Y es que las mujeres tienen una mano especial, tanto para todo lo antes dicho (dar consuelos, alivios, pócimas y alientos, entre otras cosas que también pueden dar, bien a hombres como a mujeres, en casos de amoríos) como para saber cobrar sin que las minutas suelan parecer excesivas! ¡¡Esto último no sé como lo hacen; pero lo consiguen, oigan!!...

Pero hablando de los echacuervos o alcahuetes masculinos; es decir, de los que practican la echacorvería como parte importante de sus cargos o profesiones casi siempre a cargo del Estado; es decir, de los contribuyentes; es decir de nuevo, (y van tres) de nosotros, los pardillos que contribuimos, debemos entender que estos se sirven de sus altos cargos y comisiones para lograr así otros cargos y comisiones de diferente índole, pero no menos importantes de cara a los intereses por el cargo y su ejecución adjudicativa… En todos estos casos, (que los hay, y muchos, aunque no se sepan hasta que salta alguna liebre por el monte donde todo es orégano a falta de otras hierbas, lo que puede ser a causa de la sequía en otras latitudes, aunque en la actualidad la sequía es económica en todos los lugares de la nación); pues en todos estos casos, como íbamos diciendo, la práctica de echacorvear es un eficiente coeficiente o generador de dividendos y otras prebendas que tanto priman la labor del echacuervos en cosas de políticas varias, como de las celestinas en los casos de amoríos o de celestinazgos también políticos y sociales, que haberlos haylos, según como lo dicen los gallegos que entienden de la cosa. (Que también, haberlos haylos, como está mandado…).

También, en determinados casos, al alcahuete, sea de amores, social, sindical, político o religioso, (que de todo hay en la viña en tiempos de vendimia), se le llama enflautador. No sé bien el porqué de esto, pero posiblemente sea al efecto de meter en la flauta el aire con el que se sopla para que suene, siendo el aire mismo, por su “aérea” e insustancial sustancia (al menos en apariencia), sinónimo de espíritu o fuerza que da el sonido surgiendo desde el interior hacia el exterior donde puede ser oído a falta de ser poder visto por su incorpóreo ser etéreo y evanescente… No cabe duda de que, el enflautador, el ser que tiene el don “espiritual” de enflautar a otros, es un ente de espirituales virtudes y por lo tanto sus afanes debieran también ser afanes espirituales. Pero no; por alguna razón (no sé si transgénico-aberrativa o metafísico-mutativa) el enflautador, incluso el más espiritual de ellos, de forma general resulta ser un ente que ama mucho “en espíritu”, pero que necesita, para vivir, gozar de las mismas o mayores cuotas de materialidad en euros, que cualquier mortal muchísimo menos virtuoso, creyente y espiritual que ellos mismos… Las razones “científicas de esta anomalía congénito-místico-metafísica, es cosa que ni siquiera los psiquiatras más avezados y estudiosos pueden dilucidar con sus estudios experiencias, pero la cosa es así, y así parece que va a seguir, según decía ya los antiguos sabios predecesores, ad calendas graecas…

También hallamos, sobre la cosa esta de la alcahuetería en general, pero en este caso de nuevo asociada a la cosa de los amores la palabra Galeoto, como nombre que describe, también con relación a un “celestino” en vez de a una mujer, (la Celestina) a un personaje literario que hacía, poco más o menos, lo mismo en las cosas de intervenir en amores y sus desarrollos en el tiempo y en el espacio terrenal, o de la Tierra. El DRAE nos lo describe con su magistral sabiduría en abreviar espacio, de la siguiente y erudita manera: Galeoto. (Del it. Galeotto, personaje y libro mencionados por Dante). m. alcahuete (ǁ hombre que concierta una relación amorosa). Por lo cual, siendo el asunto realizado totalmente en el ámbito de la Tierra, como único planeta en que habitamos los seres humanos, (únicos, que sepamos, que podemos hacer tales cosas) al igual que hablamos de terranazgos o terratinazgos, también, por la relación que de ello se desprende, y, a la vez, por la relación que también conlleva sobre las actuaciones mismas de la misma Celestina, la cosa de las alcahueterías todas, bien de amores como estas del Galeotto o de la Celestina, o bien de los otros demás tipos ya dichos, bien podrían ser calificados tales tejemanejes pues, con las mismas bases teórico-práctico-lingüísticas dadas ya anteriormente y dejadas caer para que nuestra cultura palábrico-idiomática se acreciente con nuevos y casi lujuriosos vocablos que amplíen las significaciones y abran nuevas y más modernas tendencias para el entendimiento vulgar y el académico-parlante de todos los patrios hablantes y opinantes…

De esta manera, podríamos usar igualmente, y con toda propiedad, la palabra galeoto, además de como adjetivo general para calificar a los alcahuetes de cualquier cosa, como raíz para derivar la palabra galeotazgo (como ya hemos hecho con celestinazgo de Celestina, o terranazgo y terratinazgo, de Tierra) para denotar y enunciar con precisión, llenura y fehaciente poder expresivo, (al igual que esas otra palabras ya antes dichas) la dinámica misma de la alcahuetería o el hecho (si en singular, galeotazgo) o en plural (galeotazgos) de los haberes y haceres de su misma actividad… (Iba a decir lícita o ilícita, pero no lo digo por un prurito de honestidad que aún me queda en este mundo de corrupción de todo tipo. Al menos, no lo diré, hasta que los jueces algún día se pronuncien sobre la cosa; pero habrá que esperar a que se enteren de que la cosa existe…)

Más volviendo al principio o encabezamiento de este artículo, allí comentábamos, como cosa seria, el hecho de que pudiera haber terranazgos o terratinazgos, además de los celestinazgos, (a lo que ahora tendremos que añadir también lo de galeotazgos) ya que estando en la Tierra, (aunque muchas veces se tengan los pies en el aire, ya que en el cielo mismo es difícil), lo normal es que los terranazgos y terratinazgos (y ahora también los galeotazgos, como es de rigor) tuvieran carta de ser más abundantes y casi hasta lógicos, por mayoría abrumadora… Y en efecto, si buscamos, (indagando lo suficientemente sobre la cosa) hallaremos que, desde sobre los terrones propiamente físicos y materiales del campo agrícola o ejido más infructífero, (es decir, estéril) hasta cualquier otro campo también material y físico, pero más “productivo”, (de deportes, de juegos etc.…) o incluso del más productivo y proficuo ámbito metafísico-psiquico (sentimental, emocional, etc.) y aquellos todavía más abundantes otros, más productivos, lucrativos (y no menos conspicuos, por ser “espiritual-metafísicos”) como son los campos sociales-comerciales, sociales-políticos- sociales-laborales, sociales-religiosos, sociales-religioso-políticos, etc., etc., y etc., hallaremos que todos ellos, incluso los más “etéreos” y realmente espirituales, son a la verdad, de alguna misteriosa manera, (y no sé si averna también, en el fondo) campos “mixto-místicos”; es decir, campos de espiritualidad terrena, o llevándolos al tema sobre el asunto que tratamos, campos completamente espiritual-terranazgos, o epiritual-terratinazgos, (o ahora espiritual-galeotazgos) en todos los sentidos en los que se quieran contemplar, sin que tengan en absoluto nada de espiritual-celestinazgos, a pesar de que están tremendamente relacionados con las cosas “celestes”, por la parte de la unión terra-mutante que les haya acontecido…

Y dado que tales palabras terranazgo o terratinazgo, no solo parecen tener raíz en la Tierra (como los pinos y los eucaliptos gallegos, por ejemplo) sino que la tienen en contraposición a celestinazgo, que, como hemos visto tiene su raíz en el Cielo, todas estas formas de alcahueterías sociales y políticas (y religiosas, que también las hay, repetimos), los terranazgos o terratinazgos, (y ahora, repetimos, galeotazgos) son, al fin, mismo entes formando sociedades anónimas que todo el mundo sabe de ellas y sin embargo nadie las conoce como para poder denunciarlas, ni hay ningún poder judicial que se entere que existen, ni algún cargo político (o religiosos en su correspondiente lugar) que sepa algo del asunto, ni ningún posible poder judicial al que pueda interesarle su inicua existencia ni ninguna otra entidad nacional de interés recaudatorio (como Hacienda, por ejemplo, que siempre anda buscando victimas y dineros, menos en estos casos mismos), que quieran moral, económica y justicieramente poner en su verdadero lugar (verdadero lugar que, según el ente terreno; es decir, social, político, judicial, etc., o religioso; es decir ahora, eclesiástico, monástico, beatónico (de beato) etc., también), a tales estas otras entidades terrenazgas posibles….

Porque no se qué oculto y poderoso poder tienen todas estas terranazgas instituciones o entes, que mismo el estado y el Poder Judicial, entre otros poderes sociales y estatales, les tienen miedo; verdadero miedo, y no se mete nadie con tales potestades terratínicas o terratenázticas, ni por asomo… Ni siquiera para reclamar impuestos en tiempos de crisis como los de ahora mismo, tiempos en que los tales impuestos ayudarían un montón a sanear las Arcas Públicas, teniendo buen criterio de saber que con ello; es decir, con lo de “públicas”, no nos estamos refiriendo a las arcas de la prostitución constitucional, (lo de “constitucional” de la prostitución, viene dado porque la prostitución está instituida-constituida, en todos los países, pese a que no se quiere considerar así por el gran fracaso político en no poder desterrarla o enterrarla…) sino a Hacienda Pública, que somos todos los que somos y parte de aquellos que, también siendo, no lo son…

Con esto último me quiero referir a aquellos que también siendo Hacienda, en alguna manera, pero siendo en lo cardinal más que nosotros, (en poder, no en cantidad numeral) siendo pues, más en aquello, son menos de Hacienda que todos los demás nosotros, que somos más Hacienda porque, en realidad, somos menos: Menos ricos; menos poderosos; menos todo, excepto más pagotes, más paganos, (en ambos sentidos; es decir no creyentes y pagadores, a la vez, la mayoría) más esquilmados, más pobres cada vez, más con menos pagas extras, y, por encima más con menores sueldos, más con mayores recortes, más con copagos, más con menores ayudas sociales, más con… (Bueno, teniendo tantos más (+) a favor, ¿qué importan tener esos algunos menos (-) con que ahora el Estado, o el Gobierno nos colma para nuestro bien, o, como ahora dicen ellos, “para el bien de todos”, (incluidos ellos, claro) dados los aires que corren…?).

Pues nada: Creyendo que ya he cumplido mi labor de dar cumplida cuenta de la descripción más o menos detallada de lo implícito en el encabezamiento de este artículo según reza clara y conspicuamente su enunciado, dejo aquí la cosa sabiendo que el inteligente lector ya deducirá con excelente lucidez e indagatoria, las verdades y las diestras (de derechas) y siniestras (de izquierdas) “virtudes” todas de los derivados activos que se desprenden “literariamente” del entendimiento e inteligencia de las significaciones gramaticales vertidas sobre la cosa esta de las alcahueterías en general, se nombren o califiquen de cualquiera de las maneras antes dichas, o de otras posibles maneras eufemísticamente camufladas bajo otros vocablos de significaciones más difusas, “evanescentes” o, ambiláteras, que de todo puede haber, ser y existir en esta tierra donde parece que casi todo puede ser posible, dotándolo de la palabra significativa adecuada a los propósitos de las necesidades de uno, el que fuere que tenga interés en hacer la cosa, también esta la que fuere para el caso…

Y, como todos los terrenos, (y nunca mejor dicho, tratándose de cosas que son de la Tierra, aunque se llamen Celestinas, si así se quieren presentar para mayor “gloria” del asunto) aunque fueren físicamente estériles para producir vegetación de cualquier tipo, se pueden reconvertir (terrenalmente, claro) en otros terrenos más espirituales (aunque también de la Tierra) que se doten de virtudes físico-metafísico-intelectuales adecuadas, el caso es que se pueden producir cantidades viables y variables de variables económico-metafísico-materiales, donde este tipo de terrenidades descritas como terranazgos, terratinazgos, y los otros “azgos” como los galeotazgos, (e incluso los “celestiales” celestinazgos) pueden ser y dar de por sí, (luego de la reconversión adecuada) tremebundas recuas de prebendas, sinecuras, momios, dotes, rentas y ventajas, entre otras cosas, que ciertamente hacen que el asunto dure y perdure largamente en todos los pagos terrenos (donde aquí, lo de pagos vuelven a ser cosa de tener doble sentido: de pagar el uno, (y cobrar el otro) y de distrito, lugar o región) ignorado por todas las otras esferas, dentro de la esfera terrestre, (de donde la cosa esta se llama “armilar”, como la esfera del mismo nombre, pues es donde más se lucen los anillos o poderes, incluso algunos, eclesiásticos, que hasta se besan…) y otras morondangas incluidas…

Si; ya sé que el lector atento, perspicaz y alerto dirá: “Pero es que las morondangas son cosas inútiles e inservibles; estorbos, tropiezos, engorros. Verdaderamente, no son las ventajas que pareces describir más arriba para los que practican esas terrenidades que señalas productivas en esos otros campos metafísico-transgénico-aberrativos o metafísico-intelecto-mutativos que dices”…

Eso es cierto, amigo lector; pero si hubieras estado bien atento a la lectura “interna” del artículo, a su significación metafísico-intelectual “entreletras”, “entrerrenglones” y “entrepárrafos”, como suele hacerse con los escritos técnicos en los que se encriptan los verdaderos significados para el lector vulgar, pero donde el iniciado y el experto captan su esencia célico-metafísico-intelectual-informativa, te hubieras dado cuenta, (sin tener que preguntar) que, normalmente, en todas las cosechas, (de las cuales todas siempre se ejemplarizan con las del trigo, como en la Sagrada Escritura,) incluso en las más fértiles y abundantes, siempre hay una cantidad importante (aunque pueda no serlo en términos estadísticos) de cizaña o material inútil; material de estorbo y de fastidio; material verdaderamente fútil, baladí, insustancial, huero…Pues bien, eso mismo son las futesas o pueriles materias vanas, llamadas morondangas que se entremezclan, porque así es la vida, entre las cosas productivas y más o menos útiles proficuas y deseadas… (Aunque sean las del “lado oscuro”, que buscan también, como tenebrícolas impenitentes, tales oscuros seres o entidades terrenales…).

Pero, ¿Qué sucede, al final? ¿Qué hace el ser inteligente y eficaz “cosechero de la cosa, lo que sea? En esto mismo, también la Sagrada Escritura es la que nos da el ejemplo puro, preclaro y sabio del mejor obrar y aprovechar la cosa sin pedida de tiempo baldío en otras actividades selectoras de mayor ineficacia técnica, laboral, y temporal. La solución, pues, bíblicamente propuesta para dar la cosa zanjada es por ende, tal como la Escritura lo pone, (y donde yo resalto, en mayúsculas, lo que considero importante del asunto) así:

“Recoged PRIMERO la cizaña y ATADLA en gavillas, para QUEMARLA”, y el trigo RECOGEDLO en…el GRANERO”. (Mateo13:30, Biblia de Jerusalén)

Acerca pues, de todo lo dicho anteriormente a través de todo el artículo, para el saber y prevenir de la cosa, terminaré por tanto, ya que hemos acabando dando de bruces con el Sagrado Libro, con sus mismas palabras, aunque allí referidas a otros asuntos no de menor importancia terrenal y celestial pues de ello también iba allí la cosa:

“El que tenga oídos para oír, que oiga”… (Lucas 8:8, Biblia de Jerusalén)

Pero dado que nosotros estamos leyendo, que no hablando, (aunque la cosa se reciba intelectualmente lo mismo, en el cerebro) lo podemos traducir por “El que tenga ojos para leer que lea”… ¡y entienda!

Y aquí, mismo ya, dejo la cosa…



Xosé Gago.
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