De lilailas, maturrangas y fritangas. (12 Septiembre 2012)

Cogitaciones y excogitaciones sobre la vida, alternativas vivenciales, y "la cuestión del mango"...






Lilailas hay muchas en la vida, porque las lilailas son mismo parte de ella, si las entendemos como astucias, tretas o ardides. Las maturrangas, como su misma fonética parece indicar, vienen a ser equivalentes totales de las lilailas, y se pueden, además de confundir libremente (pues para eso son lilailas y maturrangas) intercambiar en igualdad de condiciones, o bien mantener a todas ellas por separado con su específica significación, aunque se confundan unas con otras en libre promiscuidad…

En cuanto a las fritangas, esto ya es otra cosa, y se trata de asuntos comestibles; en concreto, de gastronómicos bocados untuosos y pasados por la sartén.

-¿Y que tendrán que ver las lilailas y las maturrangas, con las fritangas?, se preguntará uno.

-¡Pues la cosa es muy sencilla!: ¡Se trata de tener siempre, (¡¡siempre!!), la sartén por el mango! ¡Y aquí reside la cosa!: El dueño del argamandijo siempre lo será, en el caso de las lilailas, maturrangas y otras versiones de lo mismo que tengan “ailas” y “angas”, el que tenga la sartén por el mango, como es de suponer…

-Sí, pero, (dirá otro), ¿qué relación puede tener lo de las lilailas, maturrangas y otras versiones de lo mismo con el tener la sartén por el mango?

¡¡Buena pregunta esta última, sí señor, buena pregunta!! Trataré de explicarlo de la mejor manera posible:

Las lilailas son martingalas, por un lado, es decir, artíficos o astucias para engañar a alguien, y, por otro lado, (y en esto las lilailas son binarias, porque tiene dos lados, como estamos viendo) son bellaquerías consumadas; es decir, bajezas, ruindades, perversidades, y que conllevan también en sí astucia y artificio engañador intrínseco. Todo ello simultaneo en el tiempo y en el espacio, como corresponde a una cosa dupla; a un estado binario, donde, como en la luz, la cosa puede ser onda y partícula a la vez, sin que haya desacuerdo por ello en su manera de ser, aunque haya distinta forma de actuar según qué circunstancias… La lilaila, pues, aplicada en unos casos como martingala, o astucia, es provechosa para muchas cosas. Y en otras circunstancias en que bajo este uso no sería de utilidad porque la cosa podría ser ciertamente captada, si entonces se usa bajo la forma de perversidad disimulada; es decir, bajo la suficiencia de un eficiente eufemismo, la cosa puede ser de entera satisfacción dinámica, además de ser útil, proficua y fructífera para el lilaidador eficiente…

Con respecto a las maturrangas, si intentamos verlas “por dentro”, nos hallaremos que consisten, al igual que las lilailas, en “cosas” igualmente duplas, o duales, pues se pueden utilizar de dos maneras, ciertamente distintas, pero igualmente eficaces en conseguir resultados finales idénticos... La maturranga, en sí, no es otra cosa que la treta, la marrullería; es decir el artificio o engaño sutil, hecho con ingenio, o la astucia puesta al servicio de mal hacer, pero con buen hacer la cosa para que no se note y descubra el asunto objeto de la misma… La maturranga unas veces se puede usar simplemente como treta técnica de una forma de ser o actuar que es capaz de convencer y ganarse la confianza de otro, y en otras ocasiones es también simplemente, una forma de actuar distinta en sus externas manifestaciones, pero sin distingos internos en la intencionalidad de conseguir los mismos e impúdicos fines, los que fueren. Al fin, al igual que las maniganzas y las mandilandingas, cosas todas ellas que empiezan por eme (m) al igual que otras cosas relacionadas, como magancería, magaña y manganilla, las maturrangas implican segundas y ocultas intenciones de interesados fines poco honestos, propios de los pícaros, pillos y, en el fondo, rateros, si bien algunos o todos ellos lo hacen con maestría y disimulo increíblemente creíble como para pasar por personas honestas, justas e incluso solidarias y altruistas…

Las lilailas y las maturrangas, pues, tanto se pueden utilizar por separado con las mismas prerrogativas de eficacia martingaloide (permítaseme el palabro, derivado de martingala), como descarada bellaquería de alta eficacia, o bien usarlas en conjunto y simultáneamente, pues, no sólo se integran y colman a las mil maravillas, sino que incluso se autopotencian, como en una sinérgica y recíproca complementación que las hace de una eficacia tremenda en su acción subrepticia y sigilosa, propia de su también propia conmistura y promiscuidad, ya que siempre andan, no sólo juntas, sino revueltas, que es lo suyo…

Normalmente, donde haya lilailas, también habrá maturrangas, o viceversa, siendo muchas veces imposible saber quién era primero en ser de las dos en cualquier situación dada en que aparezcan ambas intrincadas, mixturadas y enzarzadas en ser lo mismo, pero bajo otros nombres distintos cada cual, pues en ello radica su lilailez, por un lado, y su maturrangación por otro lado, sabiendo que por un lado es referirse a la lilaila, y por otro lado es referirse simplemente, a la maturranga, aunque por ambos lados nos refiramos a la misma cosa, (dupla ella) y a su acción o reacción, cosa esta última que, como toda cosa habida, (incluso las duplas) registran y sufren las cosas que sienten la acción de otras cosas sobre ellas… (Porque nunca hay reacción, si no hay acción primero que la porvoque…)

Porque la reacción, es la acción de la acción sobre lo que actúe, de tal manera que siempre hay que esperar que toda dinámica interactiva desarrolle una contra-acción, de alguna manera, que es la misma reacción a la acción provocadora de esta última, de suerte que no puede haber reacción si no hay acción que la provoque y la promueva. Habiéndola pues, (la acción), la reacción o contra-acción está asegurada, ya que las leyes del Universo, aunque promulgadas por los hombres como descubridores de ellas, son realmente cosas “naturales” de suyo como producto intrínseco mismo del Universo, y suelen ser todas apodícticas, acuciantes la mayor parte de las veces, y nunca ambagiosas ni antilógicas. Por eso que, habiendo habido una acción, lo normal, lógico y contundente es esperar como respuesta la reacción, ya que así lo dicen las leyes del Universo, y así sucede de manera inevitablemente inevitable, casa ves que una acción, la que sea, sucede…….

Y la reacción se da siempre, poco o mucho. Algunas reacciones se pueden amenguar o apaciguar; otras no son dables a dejarse hacer de cualquier manera, y aún otras pueden negarse a ceder y amenguar, una vez comenzadas sus dinámicas transferencias moleculares o atómicas pertinentes…

Y aquí, en la cosa de la acción y la reacción, es donde mismo entra la importancia indubitable y poderosa de la sartén, siempre y cuando se tenga por el mango. Porque, para freír algo, por ejemplo, no se puede tener la sartén por otro lado distinto de mismo mago, sino el que la use saldrá quemado, chamuscado de alguna manera en su ser, a la vez que está dejando disponible la posibilidad de que algún otro, viendo el mango libre, se abalance sobre él y obtenga así el mando de la sartén y todo lo que ello conlleva, tal como el poder servirse de la mismo para freír un huevo, para freírle alguna cosa a un posible contrario o enemigo, (lo que sea, lo que fuere la cosa, porque, por ejemplo, de intentar cogerla el contrario con la mano por cualquier otro sitio, estando caliente del fuego, se la chamuscaría bien chamuscada…) o para mismo darle con ella en la cabeza usándola como porra o arma defensiva y ofensiva, que las dos cosas lo es también, pues resulta ser igualmente, la sartén (y no es coincidencia simple, sino compleja) una cosa dual en dos sentidos a la vez, lo que la convierte, por suma aritmética, en instrumento cuatridual o tetradual; es decir, con capacidad para cuatro funciones, (al menos, pues aún puede tener más), pues por un lado sirve para freír y sofreír, (dos funciones) como instrumento del arte culinario, y por otro lado mismo sirve para atizar y chamuscar (otras dos funciones) a enemigos y re-enemigos, como instrumento del arte defensivo, lo cual no es poco, ni mucho menos, sabiendo de la humildad de tan casero instrumento, pero de tan altivas prestaciones en campos y artes tan dispares como la cocina y la marcial “arte tormentaria”, como se dice del arte de las armas de guerra…

Y, hablando de esto de artes, como la “tormentaria”, o arte de las armas de guerra, (derivada de un arma llamada “tormento”, para disparar proyectiles) debemos tener en cuenta también y de paso, (ya que viene perfecta y adecuadamente al caso al hablar de ello), que tanto las lilailas como las maturrangas, así mismo como las también mencionadas otras “artes” colusorias, astúcicas, (de astucia) o socaliñeras, bajo las palabras de afinidades lingüísticas significantes de parecidas prestaciones “técnicas” y psicológicas, (palabras estas que son al menos magancería, magaña y manganilla ya dichas) sobre todas ellas debemos tener en cuenta, repito, que pertenecen, y no por casualidad precisamente, al grupo “técnico” de “las malas artes” término este que el DRAE describe como: “ Malas artes. f. pl. Medios o procedimientos reprobables de los que se vale alguien para conseguir algún fin”. Pues tengamos esto en cuenta, pero no olvidemos que, quien mandará sobre la cosa que sea, bien honestamente o bien deshonestamente; bien con culinario poder convincente o bien con tormentario arte marcial, será precisamente aquel que pueda tener la sartén por el mango en cualquier lugar, situación y compromiso, el que sea…

Y, para terminar, ya que en el encabezamiento de este artículo se habla de “fritangas”, debemos dar debida cuenta y referencia de lo mismo, cosa que haremos de inmediato: Las fritangas son, ni nada más ni nada menos, las buenas y abundantes comidas sartenadas, propias de banquetes caseros entre colegas y compañeros de confianza, de pingüe y lardoso contenido, si bien muchas veces de manera familiarmente comprensible la cosa se reduce a una buena comida de churrasco asado a la brasa y no en la sartén, por mor del mayor volumen y espacio que se dispone en esta otra manera de hacer. Pero lo cierto es que, de alguna manera, sea física, si se hace la cosa en la sartén, o sea metafísica si la cosa se hace en el brasero del churrasco, el caso es que siempre, en todas estas reuniones de amistad y “concordia”, hay alguno que es el único que tiene la sartén por el mango, y es , por lo tanto, el que manda y ordena, dirige y distribuye; el que construye ideas o planes y dirige todo el cotarro tanto en la versión material y terrena de las cosas, como en la versión metafísica y espiritual de las mismas… ¡¡Y es que, la sartén, sea física, metafísica, o como quiera que sea, siempre tiene mango, si ha de ser sartén! Si no tiene mango, ya es otra cosa distinta, y, además no se podrá coger por mango alguno para usarla con los valores propios de una sartén que se precie y se haga valer en sus sentidos reflejados lingüísticamente, tanto físicos, repetimos, como figurados o metafísicos…

Verdaderamente, las fritangas solo son una escusa para que, el que tiene la sartén por el mango, la haga ver por todos los concurrentes y sepan también de paso todos, lo bien que la maneja y esgrime quien por el mango la tiene…

Y ahora, habiendo cumplido la misión de llevaros a dar un repaso por el mundo este de las “lilailas, maturrangas, y fritangas”, y habiendo dejado más o menos claras las cosas a este efecto de funciones de todo ello, acciones y reacciones pertinentemente asociadas, y dejando la idea de todo lo que significa, finalmente, manejar la sartén teniéndola por el mango en todas estas cuestiones, solo me resta ahora desearos suerte, y que el mango de la sartén os sea propicio y benévolo.

¡Ah!, y sin olvidar que la sartén, al fin, es un arma de “doble filo”; es decir, un arma dual, al menos, por lo que toca a su uso en la cocina (siempre por el mango) y también en el marcial campo del “arte tormentaria”. Arte este último que ya hemos dicho que es el arte de las armas de guerra… Y en esto de ser dual, se halla precisamente la conexión y relación de las unas cosas con las otras cosas, pues todas, sean al fin lilailas, sean maturrangas, sean solercias, sean socaliñas, magancerías, magañas, o manganillas, o sean mismo sartenes por el mango, todas estas cosas, por ser duales de naturaleza, tienen dos usos, dos filos, dos formas practicas de utilización… ¡¡Todas ellas, son armas de cuidado!! Que sean aplicadas al mal, o al bien, ya es cosa de quien lo haga y por qué lo haga y de cuando lo haga; pero la relación está ahí, que es a donde, al fin, nos lleva la cosa de este pequeño estudio-reflexión-filosófico-conectivo… (Y no por la conexión-cósmico-metafísica del asunto, no; sino por la otra relación que hemos estado tratando…)



Xosé Gago.
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