Del machismo y epopeyas, de ilustres gentes, (y plebeyas) y donde en el DRAE... ¡¡ni huellas!!... (18 Septiembre 2012)

Evocaciones reflexivas sobre la igualdad no igual, cuando se trata de cosas no aritméticas...




En España, desde hace algún tiempo, tenemos, en esto del leguaje “técnico”, cosas muy, pero que muy especiales, de tal manera que ahora tenemos, políticamente, miembros y miembras, señorías y señoríos, barones y “baronas”, soldados y soldadas… ¡y etc.!

Miembros, todos sabemos lo que son: Órganos, piezas, segmentos, tramos, partes, porciones, secciones… Esto, por un lado, y como sinónimos.

Por otro lado el DRAE, técnicamente nos lo pone, con estricta regulación, con mayor especificidad, y conforme al canon de la Academia, así:

Miembro.
(Del lat. membrum). m. Cada una de las extremidades del hombre o de los animales articuladas con el tronco.
2. pene.
3. Parte de un todo unida con él.
4. Parte o pedazo de una cosa separada de ella.
5. Arq. Cada una de las partes principales de un orden arquitectónico o de un edificio.
6. Mat. Cada una de las dos expresiones de una ecuación separadas por el signo de igualdad o de desigualdad.
7. com. Individuo que forma parte de un conjunto, comunidad o cuerpo moral.
Miembro podrido. m. Sujeto separado de una comunidad o indigno de ella por sus culpas.
Miembro viril. m. Pene del hombre.

Con respecto a todas estas acepciones, de la 1 al 7, si nos paramos un momento en la dos y en la tres, nos daremos cuenta de que, al decir, literalmente lo de: “2. Pene; 3. Parte de un todo unida con él”, no sabemos si la cosa de la acepción tres quiere decir: “Parte de un todo unida a un todo”, o bien “parte de un todo unida al pene”… Claro que, por lógica, y considerando que cada acepción es única en su significación numeral, quiera más bien decir lo primero; es decir: “parte de un todo unida con el todo”. Pero se entiende, que, sin decir primero que el todo está formado por partes juntas de algo separado que luego se unieron, gramaticalmente debemos interpretar, como normal, que un todo es algo enterizo, en origen, hasta que algo o alguien lo divida en trozos… ¡y los vuela a juntar! ¿O no?

No tiene sentido, ni gramatical, ni lógico, ni de otro tipo cualquiera, que un todo sean cosas separadas de origen. Pues, si lo es de origen, la cosa ya sería un todo entonces. Y si es de juntar partes aisladas del mismo, antes alguien hubo de separarlas primero, porque, de no haberlo hecho, aunque se pudiera hacer un todo nuevo de lo que sea, al juntarle una parte separada de algo, lo que fuere, (por esa unión) antes de ello la parte separada, la que fuere, o bien formaba parte integra e inseparable del todo, o bien el todo se hizo juntando el trozo de algo a otro todo de algo que ahora en más complejo por hacer un todo de esa parte no perteneciente al todo original pero que ahora hace un todo distinto por la “atodación” o juntura del todo anterior más el trozo juntado a él… No sé si se me entiende, pero lo que quiero decir, es lo que quiero decir; es decir: Que en esta descripción, a mi manera de ver la cosa, nuestros gramáticos de la RAE la han, como se dice vulgarmente, ca… ¡cargado, vamos!... Porque un todo que es un todo de origen, para ser un todo, no va a poder tener un trozo del mismo separado de sí, si alguien o algo no lo hizo separar primero… ¿Es que acaso los “todos” naturales de algo” son partidos y no enterizos para ser “todo” lo que son? ¿Es que acaso se puede, por ejemplo decir que una tabla de madera de equis medida, cortada así, de una forma concreta, no es un todo? Pues, si es un todo, para hacer un “miembro de ella, habría que separar primero una parte de ella, y luego, (que ya no sería un todo como tabla de equis medidas) para que volviese a ser el “todo” de esas medidas, es cuando habría que añadir el trozo a la misma, para que la acepción de marras del DRAE, la tres, tuviese sentido, ¡pues así no lo tiene!...

Respecto a esta palabra, miembra, que, a pesar de su uso en los Congresos, por ejemplo, todavía no se ha llevado al diccionario, cuando se lleve, por fin, simplemente sólo habrá que “femenizar” todas las acepciones dadas para miembro, y nada más, con lo cual veremos que el DRAE de ese entonces futuro, (cuando sea que la agregue, si llega el día, que no creo sea pronto) lo pondrá exactamente de esta clara y contundente manera:


Miembra.
(Del lat. membrum). m. Cada una de las extremidades de la mujer o de los animales hembras articuladas con el tronco.
2. pene femenino; es decir, clítoris
3. Parte de una toda unida con ella.
4. Parte o pedazo de una cosa separada de ella.
5. Arq. Cada una de las partes principales de una orden arquitectónica o de una edificia.
6. Mat. Cada una de las dos expresiones de una ecuación (si para entonces no se dice “ecuaciona”) separadas por el signo de igualdad o de desigualdad.
7. com. Individua que forma parte de un conjunto, comunidad o cuerpo moral.
Miembra podrida. m. Sujeta separada de una comunidad o indigna de ella por sus culpas.
Miembra viril. m. Pene femenino de la mujer; es decir pena de la mujer.

Como se puede ver, comparando las dos listas de las acepciones masculinas y femeninas, de miembro, los cambios son mínimos, pero muy importantes para realzar la feminidad de las varonas españolas, o hembras del varón patrio…

Yendo por el mismo camino, o si queremos decirlo en femenino, por la misma senda, las variantes para señoría y señorío serán mismo por el estilo de los cambios anteriormente considerados, y tendremos así según la RAE:

Señoría.
1.(De señor). f. Tratamiento que se da a las personas a quienes compete por su dignidad.
2. Persona a quien se da este tratamiento.
3. Dominio sobre una cosa.
4. Soberanía de ciertos Estados particulares que se gobernaban como repúblicas. Ejemplo: La señoría de Venecia, de Génova.
5. Senado que gobernaba ciertos Estados independientes.

Señorío.
1.(De señor). m. Dominio o mando sobre algo.
2. Territorio perteneciente al señor.
3. Dignidad de señor.
4. Gravedad y mesura en el porte o en las acciones.
5. Dominio y libertad en obrar, sujetando las pasiones a la razón.
6. Conjunto de señores o personas de distinción.

Aquí, en esta palabra señorío, se nota grandemente el machismo de los gramáticos de la Lengua, pues a la forma femenina de señorío (es decir a señoría) solo se le dan cinco acepciones contra seis de las que la forma masculina tiene. Pero es más: aplicadas a personas, señoría, el femenino de la palabra, solo tiene realmente las acepciones 1, 2, 4 y 5, (es decir, solo cuatro, porque la tercera (“dominio sobre una cosa”) la puede ejercer cualquier animal y no solo el hombre), contra la totalidad de las seis de señorío, que las seis son tocantes a seres humanos… ¡¡Machismo claramente identificado a la hora de “otorgar” poderes al masculino y al femenino!!...

Esto por un lado. Porque, por otro lado, vemos una discriminación aún mayor, por cuanto, para ser justos, cabales y consecuentes con esa igualdad entre hombre y mujeres que tanto se ha cacareado social y políticamente con esto de decir y hacer lo de establecer la democracia. Cosa que no se cumple bajo ninguna forma, ya que de ser cierto el asunto, tal y como se predica, a las acepciones dadas para señoría solo habría que modificarlas en volver los términos lingüistas en femeninos, sin otros cambios en ello, en las acepciones ya habidas. Así, concretamente:

Si para señorío las acepciones son estas:
1. (De señor). m. Dominio o mando sobre algo.
2. Territorio perteneciente al señor.
3. Dignidad de señor.
4. Gravedad y mesura en el porte o en las acciones.
5. Dominio y libertad en obrar, sujetando las pasiones a la razón.
6. Conjunto de señores o personas de distinción.

Para señoría debiera ser simplemente el “femenizar” los términos. Así:

1. (De señorA). m. Dominio o mando sobre algo.
2. Territorio perteneciente a lA señorA.
3. Dignidad de señorA.
4. Gravedad y mesura en el porte o en las acciones.
5. Dominio y libertad en obrar, sujetando las pasiones a la razón.
6. Conjunto de señorAs o personas de distinción.

¿Se cumple esta impepinable regla de igualdad de trato y valores de mando? ¡¡¡No; en ninguna manera!!! Entonces, ¿dónde está la democracia en esto? ¿Dónde la igualdad hombre-mujer? ¿Dónde el trato de equivalencia humana, social, laboral, política, religiosa y de todos los modos posibles en los que debiera la igualdad esa, “democrática”, ser visible y factible, y también operable?... ¡¡¡Mentira; mentira cochina todo ello!!!... Porque, comparen en el DRAE si se cumple esto que hemos establecido en como debiera ser la descripción de las acepciones masculina y femenina de señorío y señoría… ¡Comparen, comparen! ¿En qué se parecen? ¡¡Prácticamente, en nada!! ¡¡¡En nada de nada, de nada!!!...

No me extraña que, la ministra, cuando en el Congreso, habiéndose creído eso tan cacareado por todos de la igualdad masculino-femenina que ya era un hecho consumado (como si fuera un matrimonio ídem), dijo aquello de “miembros y miembras”, haya sido recibido, con el machismo al uso, con el inenarrable placer del regocijo de las risas de los concurrentes, luego el placer de difundirlo “etéreamente”, o “por las ondas” en las noticias de los telediarios todos, y de la radio, (incluso la “Nacional”) y seguidamente el jocoso y “literario” disfrute placentero del periodístico difundir de la prensa escrita y también de los ciudadanos todos, (es decir la plebe; por lo cual ya ni hablemos de cómo habrá disfrutado la nobleza; los ilustres de España) que, a base de tiro de cuchufleta, se estuvieron mofando y divirtiendo con esa salida “literaria” durante largo tiempo, y que aún dura y sale a relucir de vez en cuando… sin que en el Congreso no pase lo mismo, de nuevo…

Frase esta, la que estamos comentando, de “miembros y miembras” que, debiendo de ser “afortunada” por mor de la democracia tan cacareada también, no lo fue en absoluto; ¡no señor! Frase que fracasó estrepitosamente en su establecimiento “democrático” y de “legalidad” lingüística, no porque no tuviera que ser así realmente, (pues tenía que haberlo sido si la igualdad de tanto cacareo de “equivalencias macho-hembra fuera una realidad democrática) sino que ello nos ha revelado que la equivalencia macho-hembra; es decir la igualdad social-laboral-política y demás ser de la cosa del cacareo sobre la cosa de la igualdad, es una mentira de las peores que nos podemos tirar a la cara los seres humanos. Y, además, y para más cuchufleta todavía, tal machismo está apoyado total y plenamente, por las acepciones expresivas del “Libro Nacional del Idioma y el Buen Hablar Español”: El DRAE, donde se ignoran completa y terminantemente, tales acepciones de igualdad, o que debieran serlo, noble y democráticamente “hablando”. (O “escribiendo”, en el DRAE)… ¡¡¡De vergüenza, vergüenza, vamos!!!...

¡¡Y vergüenza debería darnos el jugar así con nuestras hembras nacionales, a las cuales solo usamos, (como en los tiempos atrás antes de la democracia que decimos tener, cuando eran inferiores en todo) eso sí, en darnos “placeres sexuales superiores”, (es decir, lo que se dice orgásmicos, en términos técnico-populares) a todos los machos ibéricos de pata negra, o de plata “blanda”, incluso!!…. (¡¡Y por cierto, los de bellota, muy abundantes, y patrios!!...)

¡¡Pues nada, nada!! Que la mujer todavía está lejos de haber adquirido su igualdad social, laboral, política y de todo, en España y en el extranjero, y sigue siendo la misma “cosa” de antes, solo que se la consuela, apacigua y amansa, diciéndole que sí; ¡que ya es igual a los hombres en todo!… ¡¡Y así les va claro, sea en el Congreso, en el Parlamento o en el Hemiciclo, en el ciclo entero (que lo siguen teniendo y quizás sea esto lo que impide la igualdad, ya que el hombre solo tiene Hemiciclos políticos, por ejemplo, pero no ciclos de ningún tipo) o en otros lugares como en el mundo social, laboral, político, religioso, sindical, y de todo aquello que sea o pueda ser de tipo humano y animal!!…

En el DRAE también hallamos curiosas “eficiencias” disimiles en igualdades teórico-prácticas de democráticas lides de igualdades humanas o equivalencias macho-hembra, tal como en las palabras barones y “baronas”, porque, si bien hay varones y hay barones, donde la transformación de la v en b tiene drásticos cambios de significación, nos hallamos sin embargo que tales cambios de significación para la cacareada igualdad de lo femenino no existen. Porque la palabra barona, por ejemplo, tampoco existe en el DRAE para hacer justicia a la fémina española. Al menos tal y como parece que se quiere decir socialmente al propugnar y alardear de la igualdad de sexos en España, tanto en lo social como en lo laboral como en lo político, etc., etc.…

Pues bien, no hallamos siquiera en el DRAE que haya igualdad alguna de manera cabal, justa y democráticamente demostrable en ninguna de las “capas” sociales (“capas”, dicho en similitud a la forma de capas como de cebolla en las que se divide la sociedad) entre los machos y las hembras; entre los hombres y las mujeres, pues en todas ellas predomina claramente el machismo, y el reflejo en el DRAE de este fenómeno, es totalmente claro y conciso. Tan claro y conciso como las mismas acepciones que constan para definir el idioma en toda su totalidad e integridad.

Y esta diferenciación machista (aunque abreviada y sucinta en las acepciones linguisticas) de discriminación macho-hembra, está totalmente en pleno vigor desde el DRAE, hasta en todas las entidades sociales, políticas religiosas y cuantas más pueda haber, y mantienen todavía en pleno vigor la segregación sexual en todas las clases sociales, pues, si examinamos y analizamos a fondo la cosa, vemos que la susodicha y cacareada igualdad no existe, aunque esté camuflada, y bastante disimulada. Porque, en la realidad de la cosa, la desigualdad es real y efectiva al cien por ciento en todos los niveles de la vida, partiendo ya mismo desde la base lingüística de la RAE. Y esa diferencia se halla fortísimamente anclada en todo lo que impregna la vida humana, partiendo mismo de los términos lingüísticos contenidos en el DRAE, y luego en el devenir diario de los humanos seres todos, sea entre la realeza, la nobleza, o la vulgar “plebeyeza”… (Y “plebeyeza”, porque, si se trata de hacer democracia, ¿no ha de ser de justicia también que la plebe tenga que acabar en “eza” al igual que lo hace la realeza, y la nobleza? ¡¡¡Pues claro que sí!! ¡¡Por justicia, por cabalidad, por honestidad, por deontología, por… bueno, para que seguir si no me van a hacer caso por mucho que predique y propugne sobre la cosa!!…

Y yendo a lo que íbamos: La entrada en lo político de la mujer, por lo que parece, es exactamente, exactamente lo mismo, que tener una mucama al servicio del Partido, el que sea, que todos ahora la o las tienen. (Porque, mejor que una solo, es mejor algunas más, aunque nunca muchas…) Y en este caso la mujer, (en la política) llena de la misma y exacta manera los intereses machistas nacionales, en aquello de que en política la mujer está haciendo, ahora mismo y para la eternidad, (si la hay, que en política también va a ser que no) de ser la que limpia la casa, lava la loza, friega el piso, hace las camas, y nos pone la comida en el plato, puntual y “cariñosamente” a la hora justa de nuestras necesidades digestivas cuando este órgano viril (viril el del macho, que, el de las mujeres, a pesar de la igualdad “orgánica” tan predicada hasta desde el Congreso, el Parlamento y el Hemiciclo, ya citados, no se da por ser igual en nada) llamado estómago, hace cosquillas y ruidos, pidiendo el también “orgánico” elemento alimenticio…(Y es que en esto de lo “orgánico”, sean comidas, bebidas o leyes, los masculinos hombres (porque hay los femeninos también) sí que entienden un rato, sí…)

Y, “¡¡jolines!!, (como dicen algunos) qué bien nos va en la política desde que tenemos criada para todo!!"... ¡¡Porque eso mismo es por lo que parece que se les ha dado plaza a las mujeres en la política!! ¡¡Porque “limpian” con gran habilidad (que es lo suyo) y “ternura” las cosas que los hombres, los “machos” esos (aunque sean afeminados) no son capaces de hacer por su torpedad ingénita y concurrente!!... (Y, habiéndolas convencido de que son iguales que los hombres, las mujeres han entrado de propia voluntad en la política, sin desconfiar de nada malo, y creyéndose que, en efecto, son ahora “igualicas”, “igualicas”, que los machos que las siguen considerando, en los adentros, “mujeres”, “hembras”; simplemente, “cosas” distintas, aunque con formas parecidas, incluso ayudadas a ser más parecidas aún, al dejarlas también socialmente llevar pantalones, pues así es precisamente como ellas llegaron a creérselo del todo…: ¡¡Porque ahora llevan pantalones…!! ¡¡¡Pobres!!!... (¡Siento conmiseración de solo pensar como han caído en la trampa machista, ellas solas y de propia voluntad! ¡¡Qué tontas son en el fondo, madre mía!!...)

Pues señores, el varón, simplemente, es el macho de la varona, nada más. No hay ni más secretos, ni hay más jaleos con esta cosa. ¡Ah!, pero en lo de barones y “baronas”, la cosa ya cambia un rato. Pero un rato largo, ¡eh!, no vayan a creerse ustedes que la cosa es de poca monta, no. Veamos.

De barón, nos dice el DRAE:
1. (Quizá del franco *baro, hombre libre). m. Título de dignidad, de más o menos preeminencia según los diferentes países.
2. Persona que tiene gran influencia y poder dentro de un partido político, una institución, una empresa, etc.
Corona de barón. f. Heráld. La de oro esmaltada y ceñida por un brazalete doble o por un hilo de perlas.

Los barones, pues, son gentes ilustres; pero gentes masculinas, del género macho. Gentes de preclaras dotes reconocidas socialmente y de otras muchas maneras, y que también el DRAE reconoce como tales lingüísticamente, y, por ello literal y literariamente… ¡¡Todo un honor!! Pero, ¿qué dice el DRAE de barona? ¡¡¡Nada!!! ¡¡¡Absolutamente nada!!! ¡¡¡La barona no existe; no es; no habe…!!! (“Habe” es la completitud de la forma verbal de tercera persona “ha”, del verbo haber). Ni siquiera se hace contar o constar entre las gentes plebeyas, lo cual es ya no poder caer más bajo en el panorama social, sin contar los otros “panoramas” humanos, como el político, por ejemplo… ¿Barona? ¡¡Bah!! ¿Y qué es “eso”? (¡¡¡Mayúsculo desprecio hacia la mujer española,la hembra ibérica, mismo desde las páginas del DRAE, el Libro Maestro del Idioma Español!!!)

Incluso, entre las coronas de la cosa esa de la nobleza; de la ilustrísima clase social de “lujo”, consta en el DRAE que hay “corona de barón”. Sin embargo, ni hay corona de baronesa, (que es la mujer, del barón también según el DRAE, y si quiere ponerse una no será de baronesa precisamente sino la de “hembra del barón”, que es cosa distinta) ni hay en absoluto, corona de barona… (Cosa esta, además, la de barona, que no podemos saber en realidad que es, porque el DRAE no nos da pie de poder saberlo al no hacerlo constar de ninguna de las maneras que pudiera haber para ello: ¡No existe tal acepción! ¿Por qué? Pues, porque va a ser: ¡¡Porque la barona no existe, no es , no ha…) ¡¡Que bajeza social, vuelvo a repetir!! Esto hasta nos hace sospechar que ni siquiera maneras hay en que pudiera ser la cosa de que la barona exista o pueda existir algún día con reconocimiento de la lingüística expresiva, académicamente asentada, lo cual ya es una discriminación vergonzosa y machista, del desprecio “baronero” hacia lo femenino de la cosa esta del barón… ¡¡Cuestión absolutamente reservada para “machos”, aunque sean afeminados y maricones ellos, siempre que sean “masculinos de facto!!… ¡¡Tremenda!! ¡¡¡Tremenda la segregación machista hacia lo femenino en este campo, luego de la tan publicitada igualdad “nacional” y política, de la mujer española!!!... (Con todo, y “técnicamente”, ¿cómo va a haber igualdad si ellas por naturaleza ya son disímiles de suyo, aunque sean marimandonas y amachadas; es decir, hombrunas?...)

Así que, por todo ello, esto mismo confirma lo antes dicho unos párrafos atrás: Que la mujer es la cocinera, la fregona, la criada de la limpieza; la mucama “espiritual”, de Congresos, Parlamentos, Hemiciclos y ciclos o cualquier otro lugar donde haga falta la presencia femenina para limpiar, pulir y “abrillantar”, desde los “muebles” espirituales de un partido, hasta los pavimentos políticos del “pisar” del “garbo” masculino, donde aquello de “pisa con garbo, pisa morena”, ya no es un piropo echado a la mujer, sino un piropo que la mucama de marras prodiga al político o políticos de turno: “Pisa moreno, pisa con garbo, que para ti he puesto el piso reluciente”… Claro que, aquí, “el piso” ya sabemos que es lo figuradamente referido al pisar en política, donde esto, lo del pisar, tiene, además muchas y amplias significaciones en divergentes campos asociados al político devenir…

¿Hay alguna barona a día de hoy, en política? ¡¡Pues sí!! Pero, realmente la única que hay y existe, está en un país extranjero. Y, no crean; manda lo suyo. Y en este caso, en ella se cumple lo dicho en la acepción dicha en el DRAE para el barón hispano (creo que solo el hispano, por que el DRAE es para las cosas de casa, no para cosas de Alemania, o de Francia, por ejemplo, por decir algunos países) donde al efecto, el DRAE en su segunda acepción dice, acerca del barón, aquello de: “Persona que tiene gran influencia y poder dentro de un partido político, una institución, una empresa, etc.”. Pero, a pesar de ello, para la hembra sigue sin haber acepción en el DRAE, aunque la barona exista en el extranjero… (¡¡Claro, al no haberla en territorio nacional, ¿para qué ponerlo en el DRAE si no va con nuestro idioma?!!..)

¿Y qué quién es la barona extranjera? ¡Ah!, “entren”, entren ustedes en el Parlamento Europeo, y vean. Si observan atentamente, verán “baronear” con gallardía y prestancia política a la tal. ¿Y que si la dejan “baronear”? ¡¡Pues claro!! ¿Para qué se van a “mojar” los barones en cuestiones de tal calibre y envergadura política, si la barona ya lo hace por ellos, y, además lo hace magníficamente bien? ¡¡Déjenla; déjenla baronear y que se lo crea, pues al país le va bien, y a ella, parece que también!... ¡¡Y de cuantos compromisos de tremenda responsabilidad ellas les libra a los verdaderos barones…!! ¡Además, así, y por encima, ello (es decir, el asunto de la barona en uso) les deja la excusa para el día de mañana, en que, si las cosas van mal o salen mal por la cosa que sea, podrán decir entonces, llenos de razón y de suficiencia “masculina (que no machista”, claro): “¿Y que querías si os habéis dejado gobernar por una barona?”... ¡¡¡….!!!

Todo esto, pues, nos pone de manifiesto que eso de la enésimamente dicha cacareada igualdad humana entre hombres y mujeres no existe en ningún nivel de los que se han establecido para dividir a la sociedad en valores de índoles y prestancias, pues ni hay igualdad en la realeza (lo máximo en valores institucionales) la nobleza subsiguiente, entre la que nunca hay baronas, por ejemplo, por mucho que haya baronesas (que no es lo mismo, ni mucho menos, en igualdad ni en otras cosas) y la plebeyez, en sus dos o tres divisiones también subsiguientes; es decir, la clase alta, la clase medio-alta, y la clase general, subdividida a la vez, en otras sub y subdivisiones, dependiendo, en este caso, ya no de la línea de descendencia, sino más bien de la posesión de tantos en dineros contantes y sonantes así como de otros capitales diversos e intendencias sobre ello…

Bueno; se podría, sobre este tema o cuestión de machismos, ilustrezas sociales, plebeyeces al cuarto, y justiprecios de valoraciones de igualdad, hablar largo y tendido. Pero luego de haber visto que ni siquiera el DRAE apoya esa cacareada igualdad nacional (al menos en España, que es lo que nos interesa a los españoles), es mejor dejar la cosa aasí y no calentar los ánimos de las féminas que nos puedan leer, no vayan ahora a hacernos un Alzamiento Nacional que nos haga, de cara al futuro, tener que prescindir de las mucamas y sus mucamadas, y tener que hacernos los “machos ibéricos”, bien de “parta negra”, de “pata blanda” o de otro tipo cualquiera de “pata nacional”, luego de “meter la pata” en esto, que hacernos todas las cosas “a solas”… incluso las de la política, donde, al parecer, nos va tan bien dejando que las “hembras ibéricas” se crean algo en ello, porque precisamente en ello están… (Claro que, de parte del” macho ibérico”, de eso mismo se trata, precisamente…)

Dejémoslo, pues, así, y no demos más pistas, no vaya a ser la cosa que…



Xosé Gago.
Derechos resevados.



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