De confulgencias, chirivitas, fuiscas y centellas. (Luces, al fin, todas ellas). 25 Septiembre 2012

Importantes reflexiones sobre nuestra moderna vida "civilizada" y nuestros métodos actuales de ser felices...




Son confulgencias los brillos simultáneos de muchas cosas, como podrían ser lumbres, luces, estrellas y etc. Y las chiribitas, son partículas encendidas que saltan del fuego; son chispas, fugaces destellos o fulgores huidizos. También se dice que son chiribitas una especie de “partículas” luminosas que, en ciertas circunstancias, vagan por el interior de los ojos y pueden ofuscar la vista. Las chiribitas de esta última clase se pueden ver si simplemente se aprietan los párpados con fuerza, y se frotan con la mano exteriormente, y luego se sueltan, aunque pueden también verse de otras formas.

Con respecto a las fuiscas son las mismas chiribitas del fuego, o de los ojos, pero en otra forma de decirlo. Y, las centellas, no son más que simples rayos o relámpagos de poca intensidad que por ello parecen de poquísima duración… Con esto creo que entenderemos mejor lo que prosigue y viene a cuento:

Hoy en día, dado el saber y conocimiento que profesamos, manejamos, mostramos y comparamos, (sin decir de otros “amos” que nos dejamos sin decir) la vida es como es, y no como debiera ser. Porque la vida debiera ser como le toca a ser por propia idiosincrasia de la misma naturaleza natural, sin tener que haber metido en ella la artificialidad aséptica y “lejiada” de unas constantes que nos dejan la cotidianidad reflexiva en una simple y vacía expresión de tipo automático. Porque, en efecto, nuestras vidas, en lo cotidiano, han sido “domesticadas” por la educación política y la comercial de la necesidad del consumismo desbocado para la “ciencia del bien vivir”, según los cánones modernos de definir el llamado “estado del bienestar”.

Y, de hecho, tal educación o domadura social, han impuesto en todos nosotros la impronta cerebral específica esperada, en la que cada impulso mental y corporal es simplemente un movimiento motor compulsivo y sintético que no guarda en sí sino una memoria de envite dinámico al consumo técnico y comercial de los actuales “medios” de vida. Y nuestros actuales impulsos psíquicos; nuestros sentimientos y emociones sociales y hormonales, ahora funcionan, por efecto de esta “civilizada” doma, bajo unas constantes que son iguales también que las de un animal domado que sólo responde a los impulsos impuestos como única respuesta que se le admite sin castigo, y, si acaso, teniendo algo de premio, o recompensa, (normalmente con “un terrón de azúcar”) aunque esta sea una pura burla de parte del domador impertérrito que sólo está para que le obedezcan ciegamente y sin posible alternativa de usar la conducta propia, natural y genética del individuo en cuestión…

Y aquí, el “individuo en cuestión”, somos todos los hombres. La sociedad del bienestar industrial y consumista, es un hecho irracional-artificial. Un hecho como hecho por cerebros-maquinas,y para las máquinas-cerebro; máquinas que sólo buscan ganancias en índices altos de cumquibus, y en niveles de producción cada vez más altos, y, a la vez, en distribuciones multitudinarias que generen nuevas distribuciones, nuevas ganancias y nuevos índices de mayor producción, y mayores ventas de nuevo. Y tras esto, de nuevo vuelta a empezar el círculo, mordiéndose así la cola de la pescadilla productora, recolectora y distribuidora de nuevo, y de nuevo en nuevos y nuevos círculos cada vez más amplios, más ambiciosos y de más y más producciones, recolecciones y distribuciones, y etcéteras y etcéteras de la misma clase condición y capacidad de extensión "ad infinitum"… Normalmente, a los hombres modernos, la industria y la tecnología nos han disparado con tandas de publicidades cada vez más sofisticadas y convertidas las cosas anunciadas en objetos de deseo, haciéndolas incluso ser mucho más deseadas de lo que su propia idiosincrasia presenta y representa a nuestros sentidos normales.

De hecho, la sociedad de consumo creada por expertos en tecnología y finanzas, ha promovido social y políticamente doctrinas de domesticación “civilizada” que acabaron hasta siendo impartidas desde los parvularios, escuelas y universidades, por el convencimiento que las campañas publicitarias han traído a nuestras almas y espíritus en especiales y secuenciales tandas de domesticación intelectual… Nos han manipulado, no genéticamente, pero sí psicológicamente, y nos han domesticado a su aire y a su voluntad, sin que nuestra voluntad se enterase, y hemos ido sucumbiendo gradualmente, pero sin pausa, a eso de ser cada vez más “civilizados; es decir, a ser cada vez más mansos y domesticados como mejor correspondería decir de la cosa. ¡¡Manipulados en vivo, en nuestras almas y espíritus, desde lo sentimental y lo emocional, hasta en los propios gustos y pasiones del soma, de nuestros cuerpos. Y tanto así, que ya nuestros cuerpos no quieren pasar sin tales “placeres" del alma…

¿Nos sentimos nosotros así manipulados? ¿No? ¡¡Pues esa es nuestra mayor demostración de que estamos domesticados!! ¡¡Y es la mayor demostración de nuestra domesticación, porque verdaderamente estamos siendo manipulados de manera subliminal, con “argumentos” metafísicos, y con psicológicas técnicas de control mental, y de ello ni siquiera tenemos conciencia!!...¡¡Ya no queda nada “salvaje” en nosotros a este respecto de naturalidad; de autenticidad “animal”, en el sentido de tener al menos alguna libertad de escoger sin que lo hagamos por inducciones publicitarias; por subliminales cuestiones inducidas psíquicamente, y no por necesidades fruto de la reflexión inherente a la propiedad intelectual de los naturales instintos. Instintos nativos de los cuales ya no nos quedan ni rastros allá en el fondo de nuestras ahora dóciles y mansas neuronas…

Porque normalmente “picamos” y compramos, incluso sin necesidad, cuando las grandes industrias anuncian alguna nueva innovación. Y esto de “nueva innovación" no se vea como una redundancia, pues, por lo común, la gran industria tecnológica actual está siempre girando hacia nuevas innovaciones, porque enseguida las más recientes se quedan obsoletas y hay que innovar de nuevo recién habiendo innovado, para que la innovación innovada siempre sea una nueva innovación, y no la innovación caduca de ayer o de hace escasamente cinco minutos antes de la todavía más nueva y reciente innovación innovada…

Y esto de anunciar nuevas innovaciones, sucede cada dos por tres, dado que es la estrategia para la cual nuestra educación social y ciudadana del progresar en la vida, se ha establecido en base a tener más cosas innovadas como los primeros en ello; como signo de modernidad, de civilización cultural, de alcurnia social, y otras artificiales virtudes que se parecen tener en comparación de quien llega más tarde a la adquisición de tales bienes de última generación tecnológica...

Y ello es así, en su suceder industrial y comercial, porque los domados ciudadanos del mundo actual, con sus improntas adquiridas (durante la doma) de la fruición protoadquirente de la nueva innovación innovada, sólo piensan en el godeo, en el placer lascivo e incontinente de poseer la cosa anunciada y puesta a la venta comercial. Hecho este, el de comprar impulsivamente lo recién salido al comercio, lo recién innovado y comercializado, para sentirse satisfechos y competentes de estar al día y sentirse importantes, vivos, capaces, y a la vez sentir ese otro godeo que es el placer de sentirse envidiados por los demás vecinos, convecinos y reconvecinos que puedan saberlo, conocerlo y verlo. Y si no, ya los mismos adquirentes harán lo posible por que esos vecinos, convecinos y reconvecinos se enteren, a ser posible, por sus propios labios o sus propios mostrares y enseñares paseándolos por delante mismo de las narices de los tales…

Los anuncios de las más nuevas novedades llevan en si tal confulgencia, tan despampanante brillo, esplendor y centelleo publicitario, que se convierten en objeto de deseo deseado, nada más ser puesta su publicidad a disposición del público. Y todo el público es susceptible de sugestión; y de sus ojos brotan chiribitas, fuiscas de encendido deseo, libidinosos brillos de afán poseedor de la cosa anunciada, y chorros de pensamientos como fucilazos placenteros dedicados a especular de qué forma o manera se puede alcanzar a obtener y disfrutar de tal maravilla de última moda y generación tecnológica, sea lo que fuere la cosa...

Claro que, muchas de estas cosas están fuera del alcance de los bolsillos de una gran parte de los mortales. Pero no por eso sus ojos dejan de fulgir ante el anuncio publicitario del mismo, ni por eso dejan sus pensamientos de buscar formas de cómo se pudiera uno hacer con la tal cosa, en fucilazos de “brillantes” ideas y proyectos… Por otro lado, pensando en lo que sería simplemente su posesión, aunque se sepa inalcanzable, a otras muchas gentes, no sólo les fulgirían sus ojos y chirivitarian de libidinoso placer, sino que también lo harían sus cerebros, sus neuronas, a través de todos los quereres, haceres y pensares que, sobre la cosa en cuestión, se habrían de imaginar, en cortos y etéreos fucilazos de resplandecientes ideas, para darles uso y sentir así el placer de sentirse envidiados, afortunados y respetados por sus amigos, vecinos y convecinos, cosa esta que a todos nos gusta y que igualmente nos pone chiribitas en los ojos y en la mente de pura fruición visual y emotiva, lo cual cuenta, y cuenta mucho, no cabe duda…

Pero las modas pasan. Y pasan también como centellas por la vida de uno. Cada cual apenas tiene tiempo de disfrutarlas si las ha podido conseguir en la forma del objeto o cosa de deseo que en su tiempo encendió chiribitas y produjo confulgencias en sus ojos y en su mente. Y las modas, pues, van y vienen porque en ellas se fundamenta mucha de la actividad comercial de la industria moderna. Y ello es porque nuevos objetos, nuevas tendencias y nuevas versiones, desplazan todo lo anterior, mismo del día de ayer, al publicitar una novísima cosa de más alta categoría y de más fruitivas condiciones emocionales, que produce, de nuevo, otro tipo de placer parecido al anterior, pero de más poderosa llamada y de mayor poder convincente para que el posible adquirente no tenga tiempo de reflexionar y vaya de inmediato a buscarla, pagarla y tenerla en disfrute. Y, no sé cómo lo consiguen, pero la publicidad surte efectos inmediatos, y la cosa funciona comercialmente, con gran eficacia y hasta esplendidez…

Y, de nuevo, en muy pocos días, o semanas, esta nueva moda, objeto o cosa, es reemplazada por otra de más reciente tecnología, y, con la velocidad del rayo y la centella pasajera, todo esto sucede en una continuación ininterrumpida en lo que lo último pasa a penúltimo, lo penúltimo a antepenúltimo y así en un etc.etc., continuo e interminable, de etcéteras y etcéteras subsiguientes…

Y las fuiscas del libidinoso anhelo de aquella posesión anhelante y anhelada del objeto de deseo anterior, se deshacen pronto en simple ceniza quemada, cuyo rastro no hace justicia a aquella intensidad ignífera de unos ojos ardientes de deseo que recibían confulgencias de también ignitas y múltiples fuiscas producto de la ilusión primero, luego de la felicidad posesiva, y algo más después de su disfrute harto placentero ante amigos, vecinos y convecinos, recibiendo parabienes y felicitaciones y viendo, (mientras sus ojos despedían chiribitas de lascivo placer y godeo mental) como algunos otros ojos vecinos también se encendían, pero de chispas de pura envidia, rabia y callados celos. Cosa esta, lo ver celos y envidias en el vecindario con respecto al poder y posición social de uno, la cual incita todavía más a que los ojos propios emitan nuevas fuiscas; nuevas confulgencias de placeres del alma y la consiguiente descarga hormonal de placer corporal en ello, ante tales expectativas de éxito y triunfo social, lo que excita nuevas chiribitas, confulgencias y las consecuentes y lógicas fuiscas ignívomas implicadas, lo que de nuevo excita…etc.…

Y esto es, pues, posiblemente, lo que es realmente el mecanismo de la compra convulsiva que mueve y conmueve al ciudadano de hoy, siendo el asunto una cosa de tal éxito comercial, que la fabricación masiva de la era tecnológica nunca ha sido tan masiva y poderosa como en la actualidad de ahora mismo, la que estamos viviendo. Y las gentes compran hoy, y tiran mañana, porque ante el nuevo invento, el nuevo artefacto tecnológico o la nueva moda, los ojos y el alma se apagan de sus libidinosas confulgencias, chiribitas y fuiscas que son su felicidad reflejada, y sólo se pueden recuperar tirando el objeto “obsoleto” y comprando el recién publicitado y novísimo sustituto, totalmente de moda y con todas sus “virtudes” sociales implicadas… ¡¡Y qué miradas de gozo, placer y felicidad tienen esos ojos que poseen tales cosas u objetos acabados mismo de llegar al mercado y aún muy poco poseídos por casi nadie!! ¡¡Ser de los primeros, además, coloca a uno es un escalafón más alto, de más prestigio, de mayor gloria social!!... Gloria social, la cual ilumina la mirada con más y mejores confulgencias de radiantes chispas de felicidad y de alegría. Alegría esta, pues, por sus goces y placeres asociados, de indescriptible signo, que avivan los ojos y las miradas de los agraciados, con coruscantes chiribitas de vivaces brillos, fulgores y centelleos, cosas estas que indican más alegría todavía, mas disfrute y placer supremo en la vivencia y disfrute de lo comprado y poseído!!...

Y es que, en una mirada así, todo el mundo ve felicidad, ve un buen llevar la vida, ve un éxito vivencial digno de la más sana envidia… Y esto tanto hace feliz a los “protagonistas”, como a los amigos y vecinos de nobles y puros sentimientos, aunque haga bastante infelices, o muy infelices, a aquellos otros posibles “amigos” y vecinos de sentimientos menos puros y más terrenalmente envidiosos, resentidos o celosos…

De todas formas, podemos ver u observar, cosa que ya se dijo, que todo esto es, en gran medida, fomentado por la publicidad; por la estudiada “ley del marketing” o mercado tecnológico, en donde la ayuda de psiquiatras, sociólogos y otros estudiosos del carácter y la conducta humana ponen sus conocimientos sobre los deseos anímicos y sentimentales del hombre, y se elaboran con ello planes de publicidad “espiritual” que finalmente devienen es una especie de religión, aceptada inconscientemente. “Religión” esta, moderna y “civilizada”, de la adoración, consciente o inconsciente, del objeto o aparato tecnológico publicitado como una imprescindible posesión del ser que quiere ser y estar más allá de los límites de lo rudo y arcaico, tanto en lo intelectual, como en lo social del devenir diario en el vivir y el convivir con todo aquello que a uno rodea en calidad y cualidades posesivas de bienestar y seguridad vivencial…

Así que, vemos que la vida moderna de la actualidad más rabiosa, se compone, a ciertos niveles, de confulgencias, chiribitas, fuiscas, coruscaciones, fulgores y centelleos, y otras luminancias abstractas cerebrales, y “oftálmicas”, y también se compone, de manera simultánea, de la obsolescencia inmediata y fulminante de aquello que ayer mismo llegó al mercado, y hoy deviene como caducado, obsoleto y arcaico. Y todo ello, a la velocidad del rayo, como quien dice, pasando de moda como una centella errante que va y no vuelve, porque otra centella publicitaria ya está en marcha para ser soltada en cuanto al último fulgor de la anterior se disipe en la difusa niebla del mercadeo tecno-psicológico o marketing comercial actualmente en uso.

Por lo tanto, y tal como hemos visto, en esta vida actual del vivir social, el vivir y el convivir es realmente más bien un asunto comercial-publicitario-mental-irreflexivo-carnal, y no precisamente un asunto reflexivo-intelectivo-espiritual, pues sin ello, las grandes empresas cesarían, y nosotros dejaríamos de tener esos objetos de deseo deseados, y no tendríamos, entonces, esos ojos chirivitantes, llenos de confulgencias, brillos y centelleos “dichosos”, ni mostraríamos tampoco fuiscas de felicidad en las miradas, ni otras flámeas cintilaciones en los ojos, producto todo ello exclusivo de la felicidad y el placer de algo, o por algo…

En fin: Que la vida está, sin lugar a dudas, llena de luces. ¿Y qué importa qué tipo de luces, si, al fin, somos felices con ellas? Naturales o artificiales, todo son luces. Y esto es lo importante, al parecer. Vista la vida de esta manera, pues, no se puede decir, precisamente, que seamos seres de pocas luces: ¡¡Más bien, tenemos de más!!


Xosé Gago.
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