De la pura realidad ficticia. (Aunque no sea noticia) 8 Octubre 2012

Reflexiones metafísico-reales.casi, casi,ponderables; es decir palpables...



La realidad de las cosas suele ser real, sin duda, pues de otra manera las cosas reales no lo serían, y simplemente serían cosas irreales. Y las cosas irreales deberíamos tenerlas en duda como cosas, pues, si no son reales, ¿cómo pueden ser cosas? Si no tienen realidad, ¿cómo pueden existir cosas que no tienen realidad de ser? De hecho, es como una contradicción el decir o simplemente pensar, que puede haber cosas irreales, puesto que, si son irreales no son reales, y lo no real no existe pues está fuera de la realidad de lo que es real, para poder existir como cosa, o lo que fuere, real.

Si lo irreal fuere real, lo sería; pero no sería irreal. Porque ser irreal es no ser real, como es lógico Y lo que no es real no lo es por ser irreal, siéndolo, simplemente. Claro que, si lo irreal pudiera ser real, sería real que lo irreal puede ser real; pero, no pudiéndolo ser, lo irreal seguirá siendo real, como irreal, aun siendo real que es irreal lo irreal.

Ahora bien, si lo real es ficticio, entonces no es real que sea real, y por lo tanto tiene que ser irreal que sea real, aunque sea real que lo real de marras es ficticio, lo cual nos confunde un poco de entrada al cotejar el concepto de lo real ficticio con lo no real verdadero, lo que, en esto último, sólo es real que no es verdadero, pero real que es ficticio, lo cual conlleva a demostrar fehacientemente que lo real ficticio, aun siendo real que es real ficticio, es ficticio real, con lo cual es verdadero en lo ficticio, y ficticio en lo real, lo que indica claramente que es realmente ficticio y por ello verdaderamente real en su descripción, y no falso ni mentiroso en su existencia. De esta manera, hallada la cosa como ni falsa ni mentirosa en su existencia, sólo cabe darla como real y verdadera, de verdad, aun siendo irreal que sea real, siéndolo, sin embargo…

Y es que la pura realidad ficticia, que parece simplemente una abstracción, no lo es en absoluto; pues, siendo realidad, aunque sea ficticia, no deja de ser real que lo es, lo cual siéndolo, no puede ser irrealidad, ni ser mentira, ni ser falsedad, con lo cual queda afirmada su identidad real como cosa verdaderamente real, aunque sea una realidad ficticia, porque es una realidad, al cabo.

Aparte de esto, si añadimos que además tal realidad ficticia es una pura realidad ficticia, tal como se deja sentado en el encabezamiento, tal pureza le otorga el don de la no mezcolanza, de la no impureza, de la no promiscuidad mestizadora que la podría falsear y hacerla una realidad dudosa; con lo cual, ante la duda, habría que dudar, sin lugar a dudas, sobre su verdadera realidad, cuando así, al especificar su pureza y su integridad, tal realidad no tiene duda en sí y se afirma, ciertamente, como realidad verdadera, y, por lo tanto, como realidad, aunque sea ficticia en cualquier grado o medida… Porque, ¿cómo puede ser una realidad, no verdadera, si es realidad? ¿Cómo puede lo ficticio no ser real, si es real que es ficticio? ¿Cómo puede lo real ficticio ser irreal, siendo real que es realmente ficticio, y no falso?

Porque, si lo realmente ficticio, fuera falso, entonces sería verdaderamente verdadero, puesto que no puede algo ser realmente ficticio siendo mentira que lo es, pues entonces sería, simplemente, irrealmente ficticio: ¡¡Pero esto de ser irrealmente ficticio, es ser verdaderamente verdadero, con lo cual, aun sería más verdadero todavía que siendo simplemente verdadero!! Porque, lo irrealmente ficticio, ¿qué cosa pudiera ser más que realmente verdadero, si es irreal que sea ficticio? ¿Puede acaso ser una cosa ficticia, si es verdadera? O, ¿puede una cosa ser verdadera, si es ficticia?

Claro que, según se digan las cosas, o según se presenten, o según se entiendan, hay cosas que pueden ser ambivalentes. Por ejemplo: Una cosa ficticia, no es verdadera, como cosa; pero es verdadera como cosa ficticia que es, aunque no sea. Porque, si es ficticia la cosa, ¿cómo va a ser, si no es? O, ¿cómo va a ser verdadera, no siéndolo? Sin embargo, si es cosa ficticia, sí es verdad que lo es, y, por lo tanto, no es mentira. Y si no es mentira, ¿qué puede ser, sino verdad? Y, llegados aquí, si es verdad, es cierta, y, por lo tanto, no mentira en absoluto… Y si no es mentira, ¡¡es que es verdad!!

Y es que el lenguaje, a veces, como las matemáticas, es ubicuo, anfibológico y ambagioso, pues la polisemia permite fácilmente dar discursos de doble significado que, según las circunstancias, se dejan caer con unas connotaciones o con otras en las subliminales y psicológicas insinuaciones que cada retórico o demagogo sienta con sus alusiones, sugerencias e indirectas, con lo cual da a entender lo que le interesa a él que entiendan los circunstantes, y se guarda, como as en la manga el tahúr, lo que verdaderamente quiere decir, para más tarde valerse de ello para su defensa y justificación, si fuere menester la cosa…

A veces, el demagogo es como el taumaturgo que obra milagrosos milagros (porque hay milagros que no son milagrosos, como los de Lourdes o Fátima comparados con los milagros que hacen algunos políticos, sobre todo en épocas de elecciones) y es capaz de alucinar a los circunstantes con sus consumadas frases, ideas y proyectos hasta tal punto que pueden llegar a ser defendidas con más vigor y convencimiento por ello, que la defensa que el mismo autor del discurso pone en ello para lograr arredilar a los oyentes y llevarlos a sus “pastos” eclécticos, donde intenta conjuntar sus propios intereses con los de los diversos asistentes para ganarse a todos ellos, unos por unas cosas, y otros por otras cosas, sin que haya demasiadas tensiones o suspicacias sobre los contenidos, las promesas y las proposiciones “milagrosas” que se manejan para ello…

El demagogo-taumaturgo es pues, un ser, normalmente hombre, (o también mujer, en tiempos modernos) que acomoda su discurso para que sea del agrado de todos los circunstantes y ganarse así las voluntades de los mismos para sus propios fines o intereses, los que fueren, de una manera magistral y emocionalmente efectiva, gracias a la psicología aplicada al alegato o arenga que, subliminalmente, y de manera prestante, transmite ilusiones y esperanzas de futuro sobre cuestiones anteriormente insatisfechas y que parece que ahora podrían ser conseguidas y disfrutadas si se les diera apoyo a las propuestas del demagogo-taumaturgo.

Así, el discurso desiderable de este consumado demagogo cala hondo, pues, en el ánimo anhelante de los oyentes, y así obtiene los parabienes y apoyos de las gentes que, esperanzadas y manifiestamente congratuladas con sus propuestas, les darán pues, sus votos, favores o apoyos, en todo cuanto les pida sin que se paren a pensar que, como siempre sucede en estas lides, todo ello quedará en simples y vanas promesas que, al fin nunca se cumplirán, como es de rigor, en toda discursiva ocasional que busca un apoyo rápido y efectivo, y que acabará por pretermitir luego de ese tiempo de lograr los apoyos y favores de necesidad para sus propósitos circunstanciales más perentorios…

Y es que la descabal idiosincrasia de las gentes modernas cuya educación y cultura se debe más a la televisión y al cotilleo que a la educación familiar lógica y prudente sacada de las consecuencias mismas de la vida, como sucedía en los hogares antiguos, y en las escuelas anteriores a esta época actual, (donde se enseñaba, en poco o mucho grado, algo de humanidades y otros valores deontológicos, morales y honestos), hacen que los sentimientos modernos sean egoístas y totalmente materialistas, dejando los sentimientos y emociones lógicamente humanos en un segundo plano y sólo para momentos de desgracias cercanas que afectan por hacer ver y mirar que la vida es breve y pasajera, como sucede en accidentes mortales, en desgracias como terremotos y cosas de esta índole en donde, por breves momento, o incluso días en los casos más terribles, nos hace ser seres solidarios y altruistas; pero dónde luego volvemos a la rutina diaria de nuestro ser como somos modernamente, y seguimos en la inconsciencia absurda de la vida tecnológica y comercial compulsiva y ambagiosa que nos impide ser verdaderamente humanos en todos nuestros haberes y deberes para con los demás, como seres pensantes e intelectuales que somos…

De las cosas reales que son noticia, debido casi siempre a la televisión, (desde su advenimiento, la radio perdió mucha capacidad persuasiva y educadora) la mayoría son siempre cosas de las llamadas, “del corazón”: Noticias y grandes programas dedicados a la charlatanería y al perder el tiempo entretenidos en cosas baladíes, desempolvando la vida y hechos pasados de artistas, cantantes, tonadilleras, y etc., desembanastando por esas boquitas lo que hay y lo que no hay sobre el asunto que concurra o le toque turno; y si hace falta, ir mismo al descuerno para crear polémica y levantar la audiencia adecuadamente, que en esto las televisiones todas andan en competencia impenitente…

Y la cosa de hablar descosidamente, como si fueran charlas de costureras “cultas” y haciendo a la vez “escardas” cual si fueran gentes de agro, es ya una “virtud” de los habituales en este tipo de programas donde se ponen al día entresijos, se mangonean datos de todo tipo, se conforman y desconforman opiniones, se prenuncian cosas, se endosan otras…pero como guión principal, se hacen verdaderas etopeyas sobre vidas, famosas hasta el punto de que haya verdaderos semi-falsiloquios (conversaciones mitad mentira y mitad verdad) con qué dar comidilla a los televidentes de turno, según la hora del día, el tipo de programa y según sean equipolentes o no los grupos de “invitados” femeninos y masculinos que han de darle caña al debate…

Lo cierto es que ahora, en los tiempos actuales, tiempos llamados pomposamente “modernos” por la cantidad de tecnología social y doméstica que poseemos y disfrutamos, la realidad real y la realidad ficticia se hallan tan entremezcladas en la cotidianidad vivencial de toda la sociedad, que es muy difícil diferenciar entre lo que verdaderamente es real y lo que es aparentemente real, pero no lo es, por no serlo, no siéndolo; aunque sí es real que lo aparentemente real es real, por serlo. Pero claro, si es aparentemente real, por mismo serlo, no puede ser real, siéndolo, pues no lo es, ya que si fuera real no sería aparente, y si es aparente no puede ser real aunque lo parezca, por no serlo, si bien es real lo aparente que lo es, por serlo. (Porque, si no lo fuera, si fuera real, ni siquiera lo aparente seria real que es aparente; porque seria, en vez de aparente, real, donde pues, lo aparente seria mentira; es decir, irreal…)

Política y económicamente, se está diciendo, en estos últimos tiempos, que en nuestras vidas todo o casi todo es aparente: Que todos aparentamos lo que no somos; que aparentamos tener lo que no tenemos; que aparentamos saber lo que no sabemos; que aparentamos vivir lo que no vivimos, y así sucesivamente. Esto parece que se ha descubierto muy recientemente. Parece ser también, que durante todos estos años pasados en los que la tecnología comercial se puso al alcance de la mayoría del pueblo llano y donde los bancos concedían créditos con muchas facilidades, que todos pudimos alcanzar un nivel social muy igualitario con solo proponérselo, una vez que, habiéndonos connaturalizado con todo aquello que tan buena y “generosamente” se nos otorgaba para poder disponer de dinero, comprar, crecer, disfrutar y demás cosas ya de todos conocidas, que la mayoría de la población acabó llevando vidas ficticias en parte de su vivir, hasta que, por costumbre de verlo así todos, y vernos también así unos a otros, acabamos creyendo que todo ello era verdad, y no ficción; que era real, y no irrealidad; que era cierto y no mentira…

Ahora, el “Gran Ladrillazo”, como debiéramos calificar a la crisis económica que recorre el mundo como una onda cuántica de incertidumbre tanto matemática, como de incertidumbre social, política, familiar, laboral y sindical y también religiosa (aunque muchos ahora acabaran por acudir de nuevo a la iglesia con velas, cirios, velos y rosarios) la situación real se está manifestando a nivel global como un derrumbamiento verdaderamente bestial de la apariencia económica que se estaba viviendo. Y el efecto mundial es que países que estaban codeándose con las grandes naciones europeas, tratándolas casi de tú a tú, ahora mismo están rozando el umbral de la pobreza general de la mayoría importante de su población que son los que mantienen verdaderamente al país con su pobre economía.

Pobre economía esta, la de las gentes humildes del país, pero de la que se sacan la mayoría indiscutible de los impuestos generales del Estado para la “gloria de la nación y el bienestar de sus habitantes”, incluyendo en lo del “bienestar de sus habitantes”, el mantenimiento de la grande y enorme “nube” de trepas o arribistas dadas por el enchufismo oficial, y el enriquecimiento poco honesto y moral de los más ricos, dueños, socios o participantes de grandes entidades que, pagando menos impuestos que los más pobres, e incluso menos retenciones de sus sueldos (muchos de ellos con sueldos “de Estado) tienen por encima mayores prebendas y canonjías, salarios inconfesables, pensiones vitalicias escandalosas, y jubilaciones millonarias por el ejercicio de la profesión…

Durante muchísimos años, nuestra pura realidad ficticia, en España, no fue noticia en ningún caso, y se la dejaba andar en el más silencioso silencio, sigilándola incluso con descaro y discreción (parece una contradicción, pero no lo es en este caso). Pero las cosas han cambiado, y posiblemente, a partir de ahora en un plazo más o menos corto, o más o menos largo, según vaya el asunto, todo quisque se tenga que adaptar a su verdadera realidad de las cosas. Pues el “desarreglo” que los bancos nos han traído; las exigencias de la “prima” esa (la de Riesgo, de la que todo el mundo oye hablar, pero en la calle nadie sabe quién es); la cuestión de la Deuda Soberana (porque, aunque no se sepa, esto de la Deuda Soberana es un Imperio) y otras cuestiones como el paro, la falta de industria nacional para exportar, la congelación de salarios, el “contener” las pagas extras, el tener que copagar el copago y otras “menudencias” regionales-autonómicas sumadas a todo el cotarro de medidas desmedidas y “comedidas” (que haberlas, haylas), nos habrán de dejar en franca decadencia del estado de bienestar, hasta cotas de pobreza insospechadas, a la gran mayoría de los españoles, nos guste la cosa o no...

¡Ah!, y acordémonos de que la política es facticia, como el arte; es decir, artificial, y, además, artificiosa (esto último lo hemos estado viendo estos últimos años) y se puede modular y cambiar según las necesidades de la gobernabilidad, y, sobre todo, si la mayoría del Congreso consensa en hacerlo así. Y es lógico que, si a ellos les favorece, el consenso para la cosa de sus conveniencias va a ser siempre una seguridad segura… Y, como toda cosa facticia, la política es voluble, (como las veletas que giran según soplen los vientos) voltaria, (que es lo mismo que voluble, pero como la política también es doble, por eso se repite, pero con palabra distinta) y en otro sentido, plástica; es decir, fácil de modelar bajo ciertas voluntades, intereses o argumentos… ¡¡Como el arte, vamos; como el arte…!!

En España se nos han hecho promesas electorales “maravillosas”, y el pueblo votó en función de las repromisiones recibidas durante una y otra vez durante la campaña expositiva de los programas de gobierno. Pero claro, el pueblo no tuvo en cuenta que una de las “virtudes” cardinales, ordinales y numerales de la política, es ser precisamente voluble, intrínsecamente hablando, y, además, plástica, modelable, adaptable a las circunstancias; extrínsecamente manejada, según el “artista” político vaya adquiriendo “visión” de la obra en su “buen hacer” como artista modelador, o como alfarero nacional como bien podríamos decir con cierta autoridad, (que en esto de la autoridad no le falta ni un ápice tampoco al político) basándonos en la labor de sus “manos” modeladoras… (Bueno, exceptuando a aquellos políticos que por su extraordinario “pico”, hacen como las gallinas, según el refrán que dice: “Lo que hacen con las manos, lo deshacen con el pico”…)

Dada la contingibilidad de la política en su poder o no poder ser sus cosas; dada su “veleteidad”, voltariedad y su plástica de modelado susodicha, en España, a partir de este momento actual, a aquellos a los que les congelan el sueldo, por ejemplo, les están aplicando aquella hasta ahora desconocida ley (desconocida para las gentes modernas y los más jóvenes, y que tal vez ahora tengan que empezar a conocer por fuerza) que antaño era aplicada por diversas razones que no vamos a tratar. Se trata de la “ley” antigua que decían nuestros abuelos de “trabajar para el obispo” (el que no sepa a qué se refiere la cosa, búsquelo en el DRAE bajo la palabra “obispo”), pues no parece ser que, al cabo del tiempo, la administración vaya a compensar tales pérdidas de poder adquisitivo, (por las congelaciones) y posiblemente tampoco haya compensación para las retenciones de las pagas extra de Navidad. De ahí que, no pudiendo dejar de trabajar como protesta por ello buscando compensaciones presentes o futuras, (y no referido esto último a lo eterno y espiritual) deviene lo de decir de “trabajar para el obispo”, de alguna manera… Pero bueno, ¡si todo es “por el bien del país”!…

¿No habrá forma alguna de que el Gobierno, por ley, pueda hacer que los ricos contribuyan más, por ser más ricos, y por tener favores fiscales como las recientes dadas amnistías para los negros dineros en paraísos fiscales, y deje de “atacar” a los más pobres con aquella letanía de que “es para el bien del país; para el bien de todos”? ¿Por qué el Gobierno no pone ni quiere poner su empeño en esto de obligar a los ricos a contribuir conforme a su grado de riqueza? ¿Qué es lo que se les atraganta a todos los del Gobierno para con los ricos, mientras que no tienen ningún reparo o inconveniente, sin embargo, para cargar a los pobres con todo ello? ¿No habrá, por ejemplo, manera justa y ecuánime de que los diputados (todos ricos) sean igual de españoles como lo es todo el mundo nacional, y se les retengan de sus nóminas también lo mismo que a todo el demás mundo español, y no solo les retengan un mísero 4,5%? ¿No habrá forma de obligar a los bancos a que devuelvan todo el dinero “sublimado” (evaporado, pasado directamente de sólido y visible a gas, invisible) en plazos más o menos aceptables para todos?

Bueno, ya todo se andará si los tiempos no vuelven a cambiar, que parece que no, y que la cosa todavía irá en declive largo y tendido tiempo… Al fin, la pura realidad real, (no la pura realidad ficticia), no tardará mucho tiempo en ir saliendo a luz. Y cada cual no tendrá más remedio que concienciarse de que la vida es así ahora, y lo único que se puede hacer es estar a la altura de las circunstancias, pero no a otras alturas de fastuosos lujos y presunciones desmedidas o de babilónicas demostraciones de prosperidad ficticia…

Y los políticos también posiblemente tengan que hacer renuncias. Pero ¿cuáles serán tales renuncias, y a qué renunciarán realmente? ¿Harán ellos algo positivo de verdad por amor al resto del pueblo pobre? ¿Tendrán los suficientes… ¡arrestos, vamos!, como para ayudar a la nación, y hacer lo mismo “por el bien del país”; es decir hacer también ellos mismos lo que les piden al resto del pueblo llano?... ¿…?


El Rey y el Príncipe se han bajado un 7% el sueldo, voluntariamente. No me parece bien, ya que, como dice mi amigo Ricardo Alcalde, “un rey debe de vivir como un rey, que para eso es rey y en eso tiene su real dignidad”. Y el Gobierno, no debiera permitir que el Rey y el Príncipe se bajaran sus sueldos para ayudar a la crisis del país, pues, ya que tenemos un Rey, debemos de mantenerlo con toda la dignidad y grandeza propias de su linaje y honor real, como le corresponde; y vergüenza debería darnos, como país, el no poder sustentar con todas sus glorias y magnificencias la vida de la Casa Real que tenemos como Reino de España que decimos ser…. Pues si no, ¿para qué queremos rey?

Por otro lado, nos hallamos también que los obreros de algunas entidades se bajan también ellos mismos los sueldos para evitar despidos, siendo gentes pobres; simples trabajadores con sueldos escasos para los tiempos que corren… Pero, ¿es que no les da vergüenza, ni tienen pudor, ni honor, ni conciencia, ni decencia los políticos todos, para permitir que el Rey y el Príncipe, el linaje real español, y también los humildes trabajadores se bajen sus sueldos para contribuir a la recuperación del país, y ellos, políticos que cobran desmedidos y deshonestos sueldazos, no solo se los mantienen sino que por encima aun les permitan al Rey y al Príncipe bajar sus sueldos, y piden a los más pobres que contribuyan “a levantar al país por el bien de todos” y les hacen ver que los recortes de sus sueldos o las congelaciones de los mismos o las retenciones de las pagas extras o su eliminación , el copago y otras medidas desmedidas por el estilo, es un “bien necesario e imprescindible para salir de la crisis”?... ¿Dónde se ha quedado aquella honesta caballerosidad que se dice de los españoles en los libros de caballería y de la cual todavía presumen muchos, aunque no sepan nada de caballos ni de caballeros ni de cosas afines a ellos y sus conductas?... ¡¡Como se ha cambiado, con el asunto de la política moderna, el dicho evangélico de “no solo de pan vivirá el hombre” por este otro de que, “por el sueldo se hace y se conoce la casta”!!…

Bueno, ahora, la pura realidad ficticia está saliendo a la luz, y “cosas veremos” a partir de aquí. La pura realidad ficticia, todavía no es noticia, (la noticia por ahora es solo la crisis) aunque ya la gente la siente y la presiente en sus interioridades de alma. Y en lo que toca a la noticia, sí lo es; pero todavía indirectamente al hablar de crisis, de Prima de Riesgo (“señora” esta que nos tiene de “primos” a todos, y que sospecho que es por ser puramente promiscua y sensual en aquello en lo que se arriesga), de la Deuda Soberana y cosas afines, de lo cual nunca antes habíamos tenido noticia de que pudieran existir, y que, sin embargo, ahora están ahí, en medio nuestro… ¿Serán todas estas cosas, alienígenas ellas? ¿Tendremos nosotros en la Tierra una invasión “moderna” de extraterrestres que nos dominan con tales cosas? ¿Habrá alguna base de OVNIS o una nave nodriza, oculta en alguna parte del planeta, de donde salen todas estas cosas?

Y en lo de “nodriza”, la cosa incluso puede significar otra ídem muchísimo más peligrosa que ande por ahí alimentando egos, fortunas, y muchos otros asuntos. Pues, lo que más o menos todos podemos percibir en el ambiente actual, es que alguien “está tirando de la teta” de forma descomunal, creciendo y engordando, puesto que ahora todas las leches todas están vitaminadas… ¿Será pues que, la “nave nodriza” sea un ente que sirva para alimentar a todos estos males que nos están sucediendo a todas las simples gentes trabajadoras de la llamada “Unión” Europea? (¡Si queremos saber dónde está la nave “nodriza”, solo hay que investigar y saber de dónde se tira de la teta! ¿Y qué para qué serviría? ¡¡¿…?!!).

Todo esto último, no es realidad ficticia, sino realidad real. Lo ficticio, cómo eran nuestras vidas hasta aquí, en parte ya se ha descubierto y en parte no tardará en descubrirse lo que falta, a medida que tengamos que vender cuanto tenemos para ir sobreviviendo... Tiempo al tiempo, que el tiempo siempre pone las cosas en su lugar. En cuanto a lo de alienígenas, la nave nodriza, y el chupar de la teta (¿teta europea acaso?) nuestros sentidos deberían estar alerta, porque, esto sí que podría ser una realidad real, (propia de la realidad ficticia, pero real) como realidad ficticia fue lo del ladrillo, pero que era real, porque, si no lo fuera, ahora no estaríamos en la contingencia actual que nos consume, empobrece y hasta envilece por la falta de moral, deontología, caballerosidad y sobre todo, la tremenda falta de altruismo cuando se pretende levantar al país, dejando al rico medio de lado, y cargando al más pobre con imposiciones, restricciones, congelaciones y otros “ones”…

¡Y es que en este país, para eso si que hay “…ones”, si, en vez de para cosas mejores!...




Xosé Gago
Derechos reservados.




































































































































Xosé Gago
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