Truques y retruques, retrancas y otros tutes. 1 Nov.1012.

Reflexiones sobre el devenir de la vida en el entorno humano de la intelectualidad y la "retrancosis"...




Son los truques los envites del juego de la vida, y los retruques otros nuevos envites, rebotados y repetidos hasta la saciedad, de las mismas características, pero que más pesadamente suelen caer precisamente cuando uno está más cansado, obnubilado y hasta hastiado de estar jugando a no se sabe qué, durante todos y cada uno de los días de la vida, para supervivir, luchando contra tampoco no se sabe qué fuerzas, qué adversidades, qué circunstancias, ni qué sucesivas secuencias de envites, sabiendo que no hay opciones, que no hay posibilidades ni hay expectativas, de superar tales retos o desafíos de buena manera y con resultados realmente favorables, siendo todo un fortunal azar impredecible y, sobre todo difuso y poco claro de ver.

De los truques de la vida y los retruques de la misma, del uso de las retrancas y de los demás tutes que el vivir encierra, obliga y conlleva, todos somos más o menos conscientes, y todos de alguna manera, pequeña o grande, los hemos practicado, servido y conllevado en nuestra cotidiana odisea del convivir rural o ciudadano.

Porque la vida da truques a mansalva. Y no bastándole a la vida con dar truques a mansalva, también da retruques luego de ello, para rematar la faena y acabar el juego con mayor gloria suya, en detrimento de la filautía humana que se ve derrotada, empañada y obnubilada por ese vapuleo asfíctico de tanto truque y retruque del vivir diario sin ver otro futuro más que nuevos truques y retruques de imparable contundencia obnubilante.

Y el hombre se intenta defender de los truques y retruques de la vida, y usa de la ironía para tener un poquito de alivio y satisfacción aunque sea por ínfimos instantes de placer, de godeo interior allá en lo profundo de sus neuronas donde quiera que habite su amor propio, su ego dolido por los meneos que la vida da; por los tutes que diariamente hay que soportar para vivir, convivir y sobrevivir en esta especie de selva ciudadana que son las urbes, las ciudades y los pueblos de la actualidad cotidiana del tiempo de la modernidad actual…

La retranca, esa poderosa arma mental que, aunque tiene poco juego en las avatares de la vida, (pues no es cosa de posible uso masivo, ya que no hay muchas posibilidades de poder ejercerla por causa de qué no todas las situaciones vivenciales son propicias para su aplicación), es sin embargo, usada de vez en cuando en alguna que otra ocasión propicia para ello, y da un cierto desahogo el practicarla, el llevarla a cabo, el darle oportunidad de ser ejercida con cabalidad y certera puntería en la ocasión en que las circunstancias y los circunstantes, por las razones que fuere, se prestan a ello de manera clara y precisa…

La retranca, que la RAE la califica simple y llanamente como “intención disimulada y oculta”, es todo esto y mucho más, pues conlleva en sí la ironía añadida, la mordacidad hiriente de un cierto tipo de retruque casi metafísico de godeo y regodeo mental para el que la usa, y con lo cual se burla uno de alguna manera también de alguien o de algo que la vida tiene, da o proporciona de cierta y singular manera. Porque la retranca se usa muchas veces como efecto de chanza disimulada, que es lo que dice la RAE, y que en ocasiones la vive y disfruta uno mismo, pero sólo, en sus adentros. Y otras veces si se halla suficiente confianza, puede hallarse también complicidad en otras personas que participan “retrancadamente” de la misma, en un ludibrio de interna refocilación e íntima complacencia no externamente mostrada excepto en cierta “sonrisa de conejo” o en cierta y casi imperceptible e irónica apariencia de dudosa certidumbre…

Así pues la salida de la retranca de la mente que la modula y la expresa, da un cierto godeo, un cierto regusto, un cierto y lúdico placer a las neuronas que lo expresan y lo ejecutan mediante ese estilar disimulado y vulpino de mofarse de algo o de alguien sin que ello alcance a poder ser detectado o entendido como tal, de forma clara y concisa, sino que deja con la duda de si lo era o no lo era. Y por ello, por esta forma difusa y metafísica de presentarse, la retranca bien retrancada deja sin poder replicar al otro, al posible enemigo, por no saberlo con certeza si lo era o no lo era, “retrancado”… Y es precisamente por esto, por esa “difusa” presentación que la retranca tiene y ofrece, que tiene que tragárselo el contrincante sin poder contraatacar, ni defenderse de ninguna otra forma posible civilizada y decente…

¡¡Que gusto, regusto y disgusto lleva la retranca en sí!!: Gusto y regusto para el que la ejerce, y, ¡cómo no! disgusto seguro para el que, aun captándola, no puede defenderse por no poder estar seguro de que lo era, y no puede replicar, sino guardar un fastidioso silencio… ¡¡Ah, la retranca!! ¡Cuántas satisfacciones da en un mundo de truques y retruques existenciales en que tampoco hay defensa posible, de otra forma! Porque la retranca, en sí, es un medio de dar salida, de alguna manera, a los impulsos contenidos en el alma, trayendo con ello relajación corporal, disfrute, y distensión mental, además de regodeo y lujurioso reírse para los adentros de uno, cuando el caso se da en buena forma y manera de hacerlo… ¡El refocilo que da la retranca elimina parcialmente el estrés y relaja el espíritu, aunque sea cosa de muy poco tiempo! ¡¡Pero cómo alivia!!...

¡Bendita retranca, pues, que alivia el alma de los rigores de los pensamientos no desahogados; de los sentimientos frustrados; de las emociones contenidas y no expulsadas; de las frases ahogadas en la boca; de las pasiones depuestas; de los ideales despedidos y de los sueños no cumplidos!... Porque, los truques de la vida nos hacen callar, guardar silencio, en muchos casos en los que uno quisiera gritar y exponer sus puntos de vista, sus ideas de libertad y holgura, sus pensamientos de paz y prosperidad. Y ese silencio impuesto estrangula la vida, los sentimientos, la felicidad y la esperanza…Luego, por encima, siempre llegan los retruques y acaban la labor de silenciar, de hacer callar, de comerse uno sus propios deseos, ilusiones y esperanzas, teniendo que masticarlos para poder ser tragados porque no hay opción siquiera a poder vomitarlos luego de digeridos, disgregados y absorbidos, y tan sólo queda descomer los restos hediondos de aquello que anteriormente fueron ideales y esperanzas que, de poder ponerlos en práctica, hubieran sido de gran provecho y utilidad, no sólo para uno mismo y los suyos, sino también para toda la sociedad que a uno rodea…

¡¡Pero la vida es así, y no de otra manera!! Y, aunque algunos pueden, otros no pueden. Pero aún los que pueden, sólo pueden si son obedientes, si comulgan con el “confesor”, por decirlo así; si hacen y dicen aquello que se les manda, pero no lo que uno mismo piensa y quiere decir. Los pusilánimes se rinden, y lo hacen, y luego dicen; pero no dicen ellos, sino los otros, los que mandan, a través de ellos, que es muy distinto… ¡¡Más la vida es así, que le vamos a hacer!!

¡Cuántos tutes da la vida! ¡Cuántos truques y retruques hay que pasar mientras se vive, para vivir! ¡Cuántas cosas hay que tragar en silencio porque no hay libertad ni verdadera justicia en el mundo, y los que mandan, a cualquier nivel, son interesados cómplices, adláteres y epígonos, de poderes superiores. Fácticos en alguna manera muchos de ellos dentro de la comunidad, nación o Estado. Pero otros muchos desde el extranjero, y que también mandan obligan y hacen saber desde otras lindes externas; desde afuera, desde el extranjero, como por ejemplo, la Banca, la Bolsa y el Vaticano, que, al fin, parecen ser los dueños del mundo. Unos por lo mucho que mandan en lo material y perecedero y los otros por lo mucho que mandan sobre lo espiritual y moral, que no sin embargo, (aunque lo parezca) sobre lo celestial y eterno…

Pero la cosa es así, y así lo seguirá siendo, posiblemente, a pesar de nuestros desengaños, perrengues y pataleos, que de nada sirven para cosa alguna excepto para desahogar nuestras furias internas y nuestras frustraciones contenidas, reconcomios y amarulencias, y, a lo más, para aliviar nuestras mentes y conciencias de esos reveses sin solución y sin otra salida que el libre pataleo y sanseacabó.

Oír, pues, los discursos de los políticos, las religiones, los banqueros y otros entes, estamentos y entelequias, sin tener una buena y lógica capacidad de sindéresis para analizar, reflexionar y juzgar tales arengas, alocuciones o peroratas, suele ser, no sólo una pérdida de tiempo considerable en el hecho mismo de vivir de mejor manera que esto, sino incluso un estorbo a la hora de vivir cabal y noblemente; pues tales demagogias, prédicas o proclamas resultan nefastas cuando uno se las cree como necesarias e imprescindibles para la vida según los dictámenes de los que llevan las riendas de la sociedad actual de consumo en todas sus vertientes o manifestaciones… Porque ni lo cultural es verdaderamente cultural, sino algo llevado como tal para convencer y fanatizar; ni lo religioso es verdaderamente moral, sino algo ajustado a unas ideas impuestas bajo el temor al infierno; ni lo político es realmente servicial para el pueblo, sino que es algo preparado para que los políticos tengas las mejores prerrogativas de puestos de trabajo, sueldos, cargos, prebendas, comisiones y otras fantásticas y vitalicias sinecuras y canonjías que, como improntas, se nos imponen desde la infancia en colegios, escuelas y universidades preparadas para ello, y de esta manera las consideramos “normales” y hasta lógicas de la vida civilizada…

Y como así vamos “preparados” desde infantes por nuestros tutores, mentores, profesores y otros muchos “ores” que nos manejan la vida desde los estamentos, (cuáles sean) por haberlo hecho desde la tierna edad y haberse asentado la cosa como improntas en nuestras disciplinadas y consintientes neuronas, a la postre acabamos todos por ser bichos mansuetos como si ello fuera cosa de naturaleza… ¡¡¿De naturaleza?!! ¡¡No; que va!! Lo que pasa es que las improntas nos hacen ser así al seguir viviendo siempre en la misma sociedad que repetidamente nos condiciona por la cultura mitiscente o mitigativa de nuestros impulsos ferósticos al no dar lugar a que nuestro cerebro de reptil, el que está escondido debajo mismo de la capa de neuronas del neocortex cerebral “moderno”, saque sus instintos ferinos a la luz… ¡¡Que nos dejen unos años en la selva, y verán cuando vengan a buscarnos (si es que hubiéramos sobrevivido) lo que el dichoso cerebro de reptil habría hecho de nosotros…!!

De todas formas, la vida da truques y retruques a mogollón. Y el devenir en la vida, viviendo, dejando vivir y, si es posible ayudando a vivir, no es ni cosa fácil en ningún caso, ni presenta a veces muchas alternativas para participar de mejor manera, con mejor talante y disposición de ánimo hacia los demás, que para uno mismo. Porque, ciertamente, en la vida actual se pasan muchas horas de enfado con uno mismo por no saber encaminar el devenir diario a mayores réditos en todas las cosas, tanto físicas como espirituales; palpables como impalpables; tanto “reales” como hiperfísicas…

Con todo, la mayoría de las cosas del hombre pertenecen, ¡cómo no!, al mundo de lo subliminal, de lo metafísico, de lo virtual; pues, normalmente, el hombre suele vivir más de sueños y ensueños, que de cosas verdaderamente sólidas y macizas. Y es que, tal como dice la Biblia, “no solo de pan vivirá el hombre”… Claro que, la Biblia, por ser un libro espiritual en todos sus sentidos, da otras connotaciones a ese mensaje sobre la comida y el alimento; sobre lo alible y nutriente, muy distinto a como el hombre desea realmente alimentarse de las cosas mismo no materiales, ya que lo inmaterial para el hombre común (y común, somos toda la humanidad, también por lo común) son otras cosas deseables, pero más terrenas o terrenales, que no aquellas mismas que el mensaje bíblico insinúa y propugna para alcanzar la vida eterna y la futura felicidad inconmensurable… ¡¡Pero claro!!: Esto es futuro; y a nosotros, verdaderamente, lo que nos interesa, es el presente mismo, y ni mismo (perdón por redundar, pero así queda muy bien) el pasado…

Porque, al hombre, en general, la única vida que le interesa es la terrenal; la de aquí abajo. Pero ahora mismo, si es posible, y no mañana. Claro que, esto, desde el punto de vista de que mañana se dirá lo mismo que se dice de hoy. Y del mañana, o día siguiente, cuando se llegue a él, se volverá a repetir el dicho; y así mientras el hoy exista para uno, y luego mientras también el mañana alcance a llegar para uno. Porque, para muchos, por desgracia, el hoy se le puede terminar este mismo día; y a otros, suponemos que también por desgracia, se les terminará el mañana. Y esto bien puede ser hoy, antes de mañana, o mañana mismo, antes mismo, también, de acabarse… con lo cual no habrá pasado mañana para el tal hombre, aunque él mismo entonces ya esté en el pasado... ¡Curioso, ¿no?! Curioso porque pasado mañana, es todavía futuro, mientras que el hombre de marras, (al que le toque a irse) se queda, simplemente en el pasado de pasado mañana, que es realmente pasado, y no futuro, como futuro es pasado mañana, antes de que pase y deje de serlo…

Y todo esto, acabado de decir, pertenece también al devenir de la vida, y forma parte de sus truques y retruques, y tiene ¡cómo no!, hasta su retranca…


Xosé Gago.
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