Lo, la, un... (Y más cosas aún...) 9 Noviembre 2012.

Reflexiones importantes sobre como articular la vida en base a la gramatica significativa...




"Lo", es un artículo de forma singular, neutro e indeterminado, pues no aclara el sexo de aquello a lo que se refiere a menos que lo determine el resto de la oración en aquello hacia lo cual se dirige… Sin embargo, en la moderna acepción del DRAE, se clasifica como artículo determinado. Pero esto, en cuanto al género sólo puede ser una vez puesto éste o referido, pues, sin embargo, por sí solo, “lo” es completamente indeterminado en si mismo mientras el género no se especifique.

Esto nos lleva a hacernos diversas consideraciones filosóficas de gran importancia ya que este diferendo o discrepancia entre ser determinado o indeterminado el significar de la palabra “lo”, nos obliga a pensar y a intentar aclarar aquello que pueda derivarse de la cosa en la mejor capacidad de discernimiento cabal que ello pueda representar en la vida expresiva de los seres humanos y en la comprensión del verdadero significar de sus ideas o pensares para que resulten correctos y conforme a la verdadera función explicativa lógica, moral y justa, de sus palabras, traduciendo sus pensamientos, sin que haya malentendidos ni falsas perspectivas sintácticas que puedan derivar en sentidos literales no sentidos, ni expresados, ni verdaderamente emitidos…

Y en esto, en lo de intentar aclarar la cuestión con justicia, cabalidad y buena moral deontológica y honorable, es donde conviene definir la realidad intrínseca del significar verdadero de la palabra “lo” en su ser sintáctico explicativo y significante sin que quede duda de ello. Porque, el artículo “lo”, así, sin más, no determina nada en cuanto al sexo de persona o cosa referida, por lo cual hay que adjetivarlo, o calificarlo, como de incierto o dudoso en su significar, mientras no haya palabra aclaratoria de ello en el curso hablado o escrito de su significar concreto…

Así que la palabra “lo”, como artículo determinado, según el DRAE, sólo puede serlo cuando el texto o el contexto, o incluso el pretexto, lo indiquen, mientras que en cualquier otro caso la ambigüedad y la indeterminación lo preceden, y por ello hay que considerarlo como artículo indefinido, indeterminado o incierto… Y es por esto por lo cual, en este último caso, por su implícita y explicita indeterminación, que un físico nos diría que es "un artículo cuántico", (sometido a la indeterminación o incertidumbre de Heisenberg) y un erudito nos diría que es un “artículo de género epiceno” por funcionar indistinta y “articularmente” con cualquier animal, macho o hembra, cuando se aplica. Así, “lo” puede ser usado, por su indeterminación y ambigüedad, en frases como esta, por ejemplo, de las siguientes maneras:

"Lo masculino, y lo femenino, son cualidades humanas de diferente sexo, pero humanas, al fin".

"Lo macho y lo hembra son de diferentes sexos, y de diferentes “telas” o géneros, pero “complementos directos o indirectos” lo uno de lo otro…"


Lo único malo de la cosa, en este caso, es que “femenino”, que es perteneciente al género hembra, es, sin embargo, palabra masculina, lo que no entiendo por qué, si se refiere precisamente a las hembras y no a los machos…

Aquí algo falla. Y esto nos hace ver que, ciertamente, los gramáticos de la Lengua Española, deben de ser todos ellos machistas, pues ninguno quiso arreglar la cuestión para que esta palabra (femenino) que indica el sexo hembra de alguna manera, tenga que decirse en masculino, y no “en hembra”, precisamente, como le corresponde… Porque, podemos decir, “el femenino”, o incluso, decir “un femenino”. Pero esto, sin embargo, es decirlo “en masculino” por cuanto lleva el articulo “el” en el primer caso y el indeterminado “un” (también artículo) en el otro caso segundo; artículos estos que definen la cosa como masculina, pues “un” en este contexto, adquiere, gramaticalmente, según del DRAE, la misma significación masculina que “uno”, en vez de “una”…

O bien si queremos expresar “femenino” en “neutro” podemos decir “lo femenino”, lo cual hasta cierto punto estaría mejor que decirlo “en masculino” como cuando va precedido por el articulo “él”. Pero no podemos decir “la femenino”, o “una femenino”, aunque se nos permita decir, “la fémina”, o “una fémina”…. Ahora bien, esta última palabra (fémina) no es tan eufónica como la otra, (femenino) aunque venga a significar lo mismo. Y por otro lado, lo de fémina, tiene algo así como una connotación que parece, en ciertas maneras de decirlo, como que lleva una cierta ironía, sorna o sarcasmo intencionado, y conlleva, por ello, una “ligera” connotación de desprecio hacia quien se dirige la frase que la incluye, bien de forma hablada, o bien de manera escrita…: (“La fémina esa, nos complica la vida”, por ejemplo…)

Así, de un hombre afeminado, o mejor dicho aún, de un “hembro” completo o maricón, (por usar el término vulgar) se puede hablar de él (o de “ella”, ya que tal cosa ahora es posible en el tecnológico mundo moderno cambiasexos) como de “el femenino”. O referirse a cualquiera de ellos, como “un femenino”. Y tanto de una como de otra manera, seria “correcto” hacerlo, según las leyes de la gramática, aunque no lo fuere según las leyes de la religión oficial (por estar en España, entiéndase lo de “religión oficial”, como, religión “española”). Pero, sin embargo, no sería nada, nada correcto, llamarle a cualquiera de estos entes, “la femenina” o “una femenina”, pues ello, al parecer, atenta flagrantemente contra la “moral” de la gramática patria, de manera contundente y en función misma de ser "casus belli" gramatical…

De la palabra “la”, se nos dice que es un artículo determinado. Es decir, que distingue o discierne; que aclara el sexo de aquello (también aquello, pronombre demostrativo, es un significante ambiguo o indeterminado) a lo cual precede, sea animal o cosa que de femenino pueda calificarse… La palabra “la”, palabra “articular” ella, definitoria del sexo femenino en todo aquello que se aplica, es la “ella” de “él”; es la hembra del macho; es la palabra femenina del masculino; es la complementariedad sexual del definir el sexo, junto con “los” y “las” como plurales de lo mismo…

Pero “lo”, ni es macho, ni es hembra; ni es masculino, ni es femenino. Es simplemente género neutro; la indefinición del sexo. Es la incertidumbre por si sola en tanto en cuanto no se añada otra palabra definitoria de su significar, estando este (el definido significar) neutralizado por su propia e irresoluta significación fonética o escrita. Porque, a ver: Si uno dice “lo”, y se queda en ello solo, añadido de puntos suspensivos, así: “Lo….” ¿quién es el “sabio” que puede saber a qué diantres se va a referir uno luego de ello, para significar algo?: ¿Se va a referir a masculino, o a femenino? ¿Se va a referir a macho, o a hembra, en lo que sea? ¿Se va a decantar por aludir a un sexo, o al otro?...

La ambigüedad, por lo tanto, del artículo “lo”, así como aquello otro de “ello”, o la ambigüedad contenida en otras palabras significantes solas, como “un”, “algo” y “alguien”, al menos, nos deja, en principio, y a falta de más términos en la oración que lo expliquen, en la incertidumbre inicial de no poder saber a qué género va a ser aplicado tal vocablo. De esta manera, en un concurso en que hubiera que adivinar, tras oír una frase ambigua como si nos preguntaran, por ejemplo: “¿Qué habría de singular en lo…”. En esta pregunta abierta en donde deba de terminarla el concursante u oyente, se deja en vilo el sexo de lo que sea, ya que “lo”, en este caso, no explica para nada la posibilidad de que en la terminación de la frase se vaya a incluir un masculino, un femenino o un neutro. Y la terminación, bien podría ser: “plural”, (“¿Qué habría de singular en lo plural?”) o bien “masculino” (“¿Qué habría de singular, en lo masculino?”) o bien “femenino” (“¿Qué habría de singular en lo femenino?”). Pero si bien la cosa podría decirse que va (casi) siempre “en masculino”, en ciertos casos “la cosa” del sexo resulta que puede ir “en fémina”, tal como la cosa de la pregunta formulada y acabada “en hembra”, como la ya dicha: (“¿Qué habrá de singular en lo femenino?”) donde el vocablo femenino “es macho”, (“lo femenino” o “el femenino”), pero nunca hembra, pues no se puede decir, sin alterar las leyes gramaticales, “la femenino”, sabiendo todos, también por ley, que “femenino”, es hembra y no macho ni masculino… Es más, para definir al maricón, (que parece ser que ni es macho ni es hembra por ello, sino “neutro”; es decir, ni una cosa ni otra, sino una ambigüedad biológica, un equívoco de la evolución), ni se usa la palabra macho, “masculino”, ni la palabra hembra “femenino”, sino simplemente, una palabra también ambigua, aunque “masculina” en la cosa del artículo, pues se le llama “afeminado” que permite igualmente definirlo con los artículos “él” y “lo”, pero nunca con el artículo “la”, aún considerándolos hembra, en términos generales… Está visto que las cosas ambiguas, en esto del idioma, son realmente ambiguas también en la naturaleza intrínseca de las mismas, aunque luego se la intente “girar” hacia el “otro” sexo…

Sin embargo, cuando se juntan lo ambiguo con lo definido, en cosa de artículos gramaticales, curiosamente, en algunos casos “singulares”, se obtienen nombres propios, y en otros algunos casos plurales se obtienen nombres comunes o incluso, adjetivos. Lo cual, esto, por sus posibilidades, virtudes y poderes, nos debiera llevar de nuevo a considerar los grandes dominios de la gramática para que el hombre obtenga todo un mundo creativo donde dejar jugar su imaginación más alocada en una infinita y sublime libertad de crear y crear para saber, explicar, y dar a conocer cosas todavía desconocidas y maravillosas que el leguaje hablado y escrito puede aportar, tanto como cuantificación de ideas de todo tipo, (maravillosas o no) como “artísticas” expresiones o significativas palabras que se puedan necesitar para explicar abreviadamente términos de largo describir, que así se pueden resumir, concretar y hasta entender mejor, técnica y hasta poéticamente…

Por ejemplo, del articulo indeterminado, cuando va solo, “lo”, y el articulo determinado “la”, si se juntan en uno ambos, en vez de dar un artículo “unisex” (que podría serlo, si así se conviniera en hacerlo, pero que no se ha convenido, todavía, al menos) se ha llegado a formar el nombre propio Lola, y el común, lolas, los cuales también se pueden aplicar como adjetivos con carácter despectivo, como cuando se dice que: “es una lola” o “son unas lolas” para referirse a las mujeres (e incluso a los hombres afeminados) que se dedican a criticar a cuanto vecino tienen, entre ellas, bien por envidias o bien sólo por tener tema de que hablar en sus mañanas o aburridas tardes de ocio en los pueblos y villas nacionales…

También, en algunos lugares, se le llama “la lola” al órgano viril, masculino, no se sabe muy bien si por ser cosa amiga de promiscuidades, o por ser de cualidades ambiguo-femeninas en los seres hermafroditas, o por aquello otro de que también es algo que siempre anda, por lo común, buscando andar entre las mujeres, como mismo hacen las chismorreadoras de pueblo, buscando y rebuscando en aquello de saber y conocer más, de los demás…

Y es verdaderamente curioso lo que puede hacer la fusión de dos artículos, siendo el uno indeterminado e incoherente por sí solo, y el otro completamente determinado, coherente y cabal también por sí solo, pero, donde juntos, pueden dar lugar a un nombre femenino como el de Lola, con todas sus significancias inherentes reales y figuradas, que de ambas ya vemos que tiene; pues, si por tener la cosa es, tiene su buena significación física y su no menos buena y proficua significación metafísica…

Y, ¿qué más puedo decir sobre el asunto? Cualquier otra derivación docta y erudita puede, sin duda alguna, buscarla el amigo lector por sí mismo, que seguro que halla más que suficientes motivos de ampliar sus saberes y conoceres, dándole juego intelectual a sus neuronas y poniendo a prueba sus capacidades bio-evolutivas a través de sus finas apreciaciones cerebrales, jugando son sus ideas entre sus dendritas, axones y demás sistemas de conexiones metafísicas posibles…

¡¡Pues ahí queda la cosa, amigo lector!! ¡¡El resto es cosa tuya!!...



Xosé Gago.
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