Propender, propedéutica y propincuidad. Tres cosas de singular singularidad. 28 Dic. 2012.

La triple cosa de reflexionar en términos tríduos de filosofaciones terciarias...



Propender es tener inclinación natural hacia alguna cosa, mediante deseos corporales o “espirituales” que tiran de uno hacia esa cosa particular, la que sea, hacia la cual va la tendencia anímica por inercia propia y deseo vehemente… Realmente, nunca se puede decir de uno que puede o no puede propender, porque, según nos enseña la vida, uno siempre propende, (quiera o no quiera), a propender, como un requisito ineludible de vivir la vida; es decir que, si uno no propende, o no tiene tendencia a propender, es que no está vivo, puesto que sólo los muertos, luego de haber propendido hacia la muerte toda su vida, dejan, ¡por fin!, de propender hacia ello para nunca más propender de esta manera, excepto que, también como cadáveres tienen entonces la propensión de propender hacia la descomposición orgánica propendiendo de nuevo, hasta en esto, a ser propensos a ser polvo… (Y es que el polvo, en todas las cosas de la vida y de la muerte, tiene una importancia singular e íntima que no comentaremos, pero que se relaciona con todo, todo, lo de vivir y morir: A uno lo empolvan de pequeño con talco; luego de jóvenes, los hombres se hacen polvo buscando trabajo, y las mujeres se empolvan para estar guapas. Luego de muertos, suelen empolvar a unos y otras para evitar la “demacrez” funeraria, y aún luego de enterrados, todos nos volvemos polvo de nuevo, en todo… ¡¡El polvo!! ¡¡Oh el polvo!! Universal elemento constitutivo-desconstitutivo de importancia capital en la vida o en la muerte!...)

Propender, por supuesto, es singular. Pero se puede propender en plural fácilmente, si esto se hace en compañía, y los demás también propenden a lo mismo. ¿Qué a qué se puede propender, pues, para pluralizar en la cosa? ¡¡Pues en todo lo que uno, o mejor dicho, unos, quieran!!… Porque si la cosa ha de ser plural, no se debe de hacer en singular, sino es esto de ser singular, lo plural. Porque simplemente, si son muchos lo que lo hacen en singular, ya también es plural, por serlo. Más propender, en singular, es esto de hacerlo a solas. Pero en este caso no es lo otro, lo anterior, lo complejo o plural, por propender en masa o varios a la vez, siendo plural entonces la cosa, por serlo por esta causa, pero no precisamente por resultar complejo, que no tiene, sin embargo, porque serlo… (No se si se me entiende, pero da igual; porque al fin, la cosa también ha de ser o resultar igual, como sea…)

Propedéutica, (palabra que no se deriva de propender) es la enseñanza preparatoria para el estudio de una ciencia; es decir es la introducción iniciadora que marcará las pautas iniciales de la ciencia a la que se va a proceder como estudio de la misma, entendiendo de entrada sus principios o fundamentos, los cuales serán luego inexcusablemente necesarios para profundizar, analizar y sacar conclusiones con autonomía y prudencia… La propedeútica, también expresada la cosa así, es siempre singular. Pero, cuando la propedéutica se aplica, a la vez, a muchos que van a propedeuticar, o a recibir propedeuticación, la cosa ya cambia a plural, y deja de ser, por ser, singular, de esta singular manera. Manera que, por como parece ser la cosa si meditamos lo dicho en este párrafo, parece que es compleja, incluso si se hace en singular… Y el intento mismo de hacer en singular la propedéutica, es cosa realmente compleja, o, vista de otro ángulo, plural…

La propedéutica en la vida del hombre sobre la tierra, es una necesidad educativa y tecnológica de extremada importancia, hasta para vivirla. Pues, aunque la propedéutica “casera”; es decir la educación familiar, no lo es, considerado así académicamente, sin embargo esta primera educación, cuando somos niños antes de ir al parvulario, por ejemplo, es ya una “propedéutica vital” para luego saber comportarnos regularmente; para hacer contactos sociales con los demás niños sin parecer gatitos salvajes diciendo “¡¡fu, fu!!”; para aprender a convivir compartiendo las cosas de la vida,...etc. Luego viene la propedéutica de la enseñanza primaria, (tampoco académica, pero no menos propedéutica por ello) y, seguidamente, si seguimos como propedeuticandos en la vida escolar, tendremos que pasar por la propedéutica del bachiller, la universidad… Etc.,…

La palabra propincuidad, no tiene nada que ver con las dos anteriores; es decir, no está ligada “genéticamente” ni a propensión ni a propedéutica. Propincuidad es la calidad de propincuo; es decir, allegado, cercano, vecino, próximo a algo o a alguien. Y uno, en la vida, es propincuo de sus propincuos; es decir, de sus cercanos, allegados, próximos, vecinos… La propincuidad, también es cosa singular, vista desde la perspectiva de uno mismo; pero sin embargo es plural si se ve desde la perspectiva de todos los demás propincuos a la vez. Pues nosotros, (es decir, cada uno, como yo) somos uno solo como propincuo a los demás (singular); pero los demás, todos juntos, son la tira de gente propincua, lo cual es ciertamente, una pluralidad. Y tengamos en cuenta que, en algunos lugares, como en los altos edificios de las grandes ciudades, por ejemplo, esta propincuidad plural, es muchísimo más plural que en los pequeños edificios de las aldeas y pueblos, en donde la propincuidad mutua es de pequeño alcance en el espacio… (Es que, el alcance en el tiempo, puede tener sesgos de pluripluralidad, dado que uno puede cambiarse de domicilio incluso muchas veces en el devenir cotidiano de la vida, y llegar a vivir tanto en edificios de pocos pisos, en la ciudad, pero de más que en el pueblo o en la aldea, o mismo en edificios de muchos pisos en estos últimos lugares…)

La propincuidad, sin embargo, y curiosamente, es una virtud que no se tiene en el cuerpo, ni se lleva encima, ya que no es una propiedad corporal misma. Pero no obstante, siempre va con uno a donde quiera que uno vaya. (Y se ejerza o no ejerza, pues, por ejemplo, si uno se va al polo, es muy posible que no la ejerza con allegados, ni cercanos o vecinos humanos; pero no dejara de hacerlo, quiera o no quiera, con el hielo, las gaviotas, los pingüinos, la noche polar, alguna que otra aurora boreal, etc., etc.). Y esto es así, porque la propincuidad nunca se puede desubicar de encima de uno, pues es quizás una de las pocas propiedades universales que se ejerce sobre la vida toda, en general, y sin que haya jamás desacople posible de ello…¡¡Es ubicua, ubicua; tremendamente ubicua!!... ¡¡Es como la fuerza de la gravedad misma!!: Sea de poca o de mucha cuantía, la gravedad se acopla a todo, y nada se libra en el Universo de su idiosincrasia y pegajosa presencia…

La gravedad, como todas las cosas graves, es pesada cuando ejerce su propiedad sobre las grandes cosas, y es menos grave cuando se ejerce (mejor decir se auto-ejerce) sobre las minusculidades de lo que sea, ya que siempre ha sido así la cosa de que las cosas pequeñas son menos graves que las cosas grandes. Es decir, que la mayusculidad de las cosas grandes, también las hace mucho más graves, por su pesadez misma, donde podemos llegar a pensar y entender la cosa mismo por nosotros solos, sin ayuda de los físicos teóricos o de los prácticos de que la gravedad más grave, es siempre la mayusculidad de todas las cosas mayúsculas, y no precisamente de las minúsculas, que, por su minusculeza, siempre son menos graves, y cuanto más minúsculas, menos graves son… Por otro lado, y llevado esto al mundo de las letras, también se puede decir que la gravedad, cuando es mucha, es capital, por mayúscula, como lo son algunas letras mayúsculas que son capitales, aunque no se llamen Madrid, por ejemplo, simplemente porque son grandes y de capítulo… Y en esto, cuando la gravedad es de capítulo, ¡no veamos nosotros lo grave que es!…

Sin embargo, la gravedad, que es singular (y singular en todo, pues siempre atrae en singular, es decir, a cada cosa en concreto, por si sola, aunque luego las junte en pluralidad) en su simple ser acaba por ser compleja en su múltiple atraerlo todo, y paradójicamente, acaba siendo una pluralidad de atracciones simples, lo que la convierte en pluralidad atractiva, pero, eso sí, con gran simpleza a pesar de su complejidad en atraer complejamente en su simplicidad… De esta manera, podemos, pues, hablar de gravedades. Porque, aunque nos parezca que hay una sola gravedad universal, la cosa del asunto es que hay cosas más graves que otras, lo cual, si planteáramos un silogismo simple, nos daría a entender, bajo su premisa, que esto acabado de decir es cierto en plenitud.

Y también nos demostraría el silogismo complejo, con varias premisas lógicas, que la pluralidad de premisas hacen más preciso el rotundo e impepinable conocer que la gravedad es compleja y que existen muchas gravedades, unas universales (plurales ellas, si son universales) y otras locales (también plurales si son locales) y a las que muchas veces recurrimos en nuestro lenguaje para expresar lo gordo o pesado (grave) de un asunto o cosa, (singular y simple), o lo liviano y fútil (poco grave, o casi nada grave) de otro asunto o cosa. (Singular y simple, también)… Y es que, simplemente recurriendo a cómo usamos en la palabra nuestra vivencial experiencia, expresada en la comunicación del asunto, el que sea, ya no hace ni falta plantearse el silogismo simple o el complejo, para tener la absoluta seguridad de que hay gravedades múltiples, plurales, y hasta mixtas, de las cuales podemos usar, como una miscelánea gravitacional, una de aquí, otra de allá y otra de más allá, para dar a conocer qué tipo concreto de gravedad puede tener un asunto, o incluso una cosa… ¡Si gravedad, simple, plural, o mixta!... ¡¡Claro que, también caeremos en la cuenta que, la gravedad mixta, es plural, por ser mixta, pero, a la vez, es también compleja, por ser plural!!...

Y las gravedades, sean del tipo que sean, así como las gravedumbres y las graveduras, además de las gravedádicas y las gravesíndicas, gravesindáticas y gravesindéticas, que también las hay, así como las gravisonadas y las gravisónicas, son todas ellas, ateniéndonos a las significaciones morfológicas de las mismas, (aunque todo esto no se halle constado en el DRAE por ser cosa de físicos y no de gramáticos) cosas todas ellas normales de la vida, en cuyo devenir, como seres que la viven, nos hallamos todos inmersos, nos guste la cosa o no, y también, sepámoslo o no. ¡Porque lo que es, es! Incluso en contra de nuestra voluntad, si es cosa que está ahí en el Universo… ¿Y quién es capaz de negar que la gravedad y las gravedades (lo simple y lo complejo; lo singular y lo plural del asunto) no son cosa de todos los días que vivimos? ¿Alguien lo puede negar científicamente, aunque pudiera ser negado gramaticalmente por usar términos expresivos que no han sido inventados por los Reales Académicos de la Lengua, (es decir, los RAL) como los términos anteriormente mencionados en este párrafo?... ¿Alguien puede?...

Bueno: Creo que al amigo lector, con estas tres cosas, o palabras, (propender, propedéutica y propincuidad) ya le he dejado tema de reflexión y excogitación profunda, si quiere darle a la neurona indagadora de más cosas sobre el asunto y sus derivaciones filosóficas. Que son tres cosas de singular singularidad, queda ello bien expreso en el texto. Y, por mi parte, creo que, dado el cacumen elevado y preclaro del amigo lector, no son necesarias más explicaciones sobre el asunto…

¡Ahí queda, pues, la cosa!...


Xosé Gago
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