Etocracia, etografía y etología... ( ¡Y, tonto, el que no se fía!...) 21 de junio de 2013)

Reflexiones que, derivando, derivando, llevan a otras reflexiones... (Cosas de los reflejos y su física)


ETOCRACIA,
ETOGRAFÍA Y ETOLOGÍA...
(¡Y TONTO EL QUE NO SE FÍA!...)

La etocracia (del gr. ethos, uso, costumbre, y kratos, poder, fuerza) es un teórico sistema ético de gobierno fundado exclusivamente en los principios de la moral. Claro que, esto, es en realidad una utopía. Utopía, porque, desde luego, no podemos esperar que este tipo de gobierno sea, algún día futuro, el tipo de Gobierno de España, ya que los españoles, por pura y dura idiosincrasia nacional y patria, de lo que es ética, moral y deontología profesional, sólo tenemos las palabras que esto definen, metidas en algunos diccionarios; pero nada más.. Y digo “en algunos”, porque en cuanto a la palabra etocracia, esta no consta, por ejemplo, en el DRAE. Y no sé porque será; pero me parece algo tremendamente sospechoso este hecho omisivo de la cosa, en nuestro Libro Nacional de las Palabras del Idioma, constando, sin embargo, en otros diccionarios y enciclopedias... Y, desde luego si ya la etocracia ni en teoría la conocemos, porque no consta en el DRAE, en lo que toca a lo de su realización práctica de esto precisamente de la etocracia, ya ni la sombra existe en todo el territorio nacional patrio…¡¡Ni la sombra siquiera, de ello!!...

Claro que, dirá alguno, que tampoco la etocracia existe en ningún otro país de Europa. Puede ser. Pero, a nosotros, los españoles, lo que más nos incumbe, por incumbirnos, al ser incumbentes, es lo nuestro: lo nacional y patrio; lo que tenemos en nuestra Nación y de lo cual tenemos que lidiar con la vida para sobrevivir, y nunca mejor dicho en los tiempos que corren y barren también Europa…

En cuanto a la a etografía, (del gr. ethos, costumbre y graphó, describir) esto es la descripción de las costumbres, carácter y pasiones del hombre. Y “el hombre”, en sentido genérico, somos todos. En España, por supuesto, todos los que estamos; que somos más que los que somos por raza, casta o estirpe…

Por último, la etología (del gr. ethos, costumbre, y logos, tratado) es la ciencia o tratado de las costumbres, carácter y comportamiento humano a nivel general, si bien a nivel general, en España, hay pocos mandos de ese tipo; si bien también es posible que haya muchos más de los que hay en otras naciones europeas con mayores ejércitos que mandar… Con todo, el nivel general en España es bastante basto y ordinario. Pero esto, al igual que otras cosas, también es la idiosincrasia propia del español por las atávicas vinculaciones genéticas heredadas de los ancestros durante aquella inmensa mescolanza patria de íberos, celtas y finalmente celtíberos, que se fueron mezclando en promiscuas y putescentes fiestas locales, regionales y nacionales, como correspondía a la movilidad aventurera del antecesor patrio y sus devaneos soma-espirituales-conquistadores… (Y lo de “conquistadores” va por las dos partes: por la de lograr mayores y ricos territorios, y por su irresistible guapura y atractivo viril incuestionable…)

De aquellos devaneos, por supuesto, salió, como era de esperar, el “patrio elemento humano” que ahora conforma la nación. El "patrio elemento humano", que somos nosotros, los nacidos de la Patria España en todo su amplio sentido. Y del “amplio sentido”, va por aquello de que, una Patria con sentido corto, es una patria deficiente, minusválida, poco dada a poder dar ensalzamientos ni a proporcionar atávicas costumbres que conlleven glorias y efemérides futuras para sus nacionales seres…Además, una patria así, deficiente y minusválida, nunca se escribe con mayúscula, lo cual es una desgracia…

Y nosotros, como “patrio elemento humano”, como se dijo antes, también somos el resultado de tantas y tantas mezclas difusas y a veces hasta “etéreas” de personajes “rodantes” (“rodantes”, como los celtas, por ejemplo, que andaban de acá para allá en viviendas de carromatos de enllantadas ruedas de hierro, en lo que fueron famosos por ello…) que por aquí pasaron y que no hallaron, sin embargo, a diferencias de otros, aquellos placeres “místicos” extáticos y arrebatados de los que posiblemente hacían publicidad los aventureros nacionales. Aventureros nacionales que iban haciendo más de lo mismo, pero por otras naciones, sin por ello perder el amor al terruño patrio y proclamando esas susodichas glorias para logar a cambio, tal vez, accesos a otros placeres extranjeros, no menos sofisticados, aunque posiblemente mucho menos, eso sí (casi seguro) místicos y espirituales en todo…

Pero ya en aquellos antiguos tiempos, la etocracia, (aunque aún estaba por inventar) ya no gustaba nada de nada, ni palmaria ni patriamente insinuada, siquiera, porque iba mismo contra la idiosincrasia libertina y promiscua del espíritu nativo del autóctono habitante de estas tierras peninsulares tan acogedoras y llenas de encantos naturales de todo tipo, bien fueren de tipo humano, o de otros tipos, (que también los había entonces) pues nuestras querida tierra autóctona y patria, a la vez, siempre tuvo multiplicidad de tipos donde apoyar sus publicidades… (Publicidades que no se hacían en vano como ahora, en donde hay muchísimo engaño y hasta perversión; cosas estas que antaño, antaño, o incluso mucho antes que antaño, nunca hubo en los patrios lares, cuando lo eran)…

La etocracia, pues, es una utopía como otras muchas que también tenemos en el país, como por ejemplo lo de tener trabajo justo y justamente retribuido, y lo de tener vivienda digna, como “reza” la Constitución (he dicho “reza”, porque, al igual que los rezos, sean con velas o sin velas, no van a ninguna parte por muy constitucionales que sean y devengan) y nunca la utopía se podrá ver, pues, convertida en desutopía; es decir en realidad siquiera teórica, puesto que ya hablar de imposibilidad práctica con respecto a ello, es lo que los filósofos que hilan más fino llaman o conocen como utopía uto-utópica, o super-superlativa, lo cual ya es el colmo utópico de cualquier utopía que se precie de serlo y de mantenerlo…

Por otro lado, la etografía o la descripción de las costumbres, carácter y pasiones del hombre, es un tema que implica meter siempre por medio a los psiquiatras, psicólogos y sociólogos. De algunos de estos, el Estado parece que tiene bastante acopio, pues siempre saben, (políticamente) darnos los argumentos que estamos ansiosos de oír aunque luego nunca podamos verlos cuantificados en esas obras que nos dicen que van a hacer “por amor al pueblo y a los valores democráticos”.... Esto es más patente en épocas de elecciones, que es donde más se hacen,(demagógicamente “controlados”) tales usos de estos conocimientos “nacionales” de la idiosincrasia patria personal y general, de los españoles…

También el Estado, conociendo nuestras pasiones de tendencia corrupta por atavismo genético implícito en nuestros neuronales centros cerebrales y en nuestras instilaciones hormonales, además de nuestras nocibles tendencias al malgasto y a la compulsión comercial, ha sabido darnos todo cuanto ello ha favorecido nuestro trabajar diario para comprar más y renovar lo comprado (tirándolo) poco tiempo después, y volver a hacerlo de nuevo en un menor plazo incluso, en una carrera tecnológica de concesiones y canonjías de tremendas prestancias nacionales para las farmacéuticas, las constructoras (casi todas desaparecidas como si fueran humo de carozos) los bancazos de la Banca Nacional y sus nigrescentes horizontes (para los “navegantes”, no para ellos). Y así un amplio etcétera de otros argumentos que ya no me molesto en ir desgranando, porque, ¡¿para qué?!... Y ahora, luego de darnos opción a todo ello de manera fácil y atractiva, de pronto, nos lo quitan también todo de golpe, luego de haberse enriquecido no sabemos quién, con tales capitales por los que hemos trabajado… Y ahora, por lo que sea, ya no nos dan las mismas facilidades que antes para que no alcancemos aquellas comodidades que casi nos hacían a todos iguales y en donde la escala de valores sociales ya casi no tenía escalones… ¡¡Pues ahora sí!! ¡¡Ahora ya vuelve a haber escalones; y lo que te rondaré morena, como dice el dicho popular!!...

Con respecto a la etología, que es la ciencia o tratado de las costumbres, carácter y comportamiento humano a nivel general, la cosa es casi igual que lo de la etografía, pues, normalmente sólo difiere en que aquella (la etografía) es aplicada en singular, a cada persona en particular, y esta otra, la etología es aplicada de manera global a toda la población nacional (en nuestro caso) como un todo único que funciona en grupo. Es lo mismo que, en un caso, conocer el comportamiento de un burro aislado, y en el otro caso, conocer el comportamiento de una gran recua de burros en conjunto, lo que también se llama asnada... Se trata, ciertamente y en todo caso, siempre de jumentos; pero los jumentos se portan de distinta manera en solitario, que en manada… Pues bien, a los humanos nos pasa como a los burros; y, en la mayoría de las veces, (por burros, mismo) nos sucede lo que nos sucede, (por serlo) como a los jumentos, y no por ser como los humanos, cuando la verdad es que lo somos…

Todas estas cosas, pues, son las que saben los psicólogos, los sociólogos y los psiquiatras, y con las que suelen aconsejar a las grandes comerciales, a las farmacéuticas, a las magnas industrias tecnológicas de lo que sea, y asimismo a los bancos y hasta, y sobre todo, al mismo Estado…

Y los psicólogos y los sociólogos, en vez de estar para servir a las gentes a ser más cuerdas y sensatas (que debiera ser la labor de los psicólogos, además de ganarse la vida) y en vez de ayudar a las gentes a ser más sociales, democráticas, justas y cabales, en sus tratos y acciones generales, (cosa que el sociólogo también debiera hacer, además de vivir de ello para comer), ¡pues no!: Lo que hacen es meterse en política para “asesorar” a los poderes y mandatarios a saber cómo mejor fastidiar al pueblo para sacarles todo el jugo posible, con formas de exprimir de carácter físico-moral-psíquico-eufemístico. (Que, por cierto, ello existe aunque no se crea, y se puede oír en los discursos políticos anunciando medidas de mejora, o “recortes”, como también se llaman, desde el púlpito del Gobierno mediante sus portavoces que lo usan…)

Y esto acabado de presentar o decir, en el párrafo anterior, es deplorable, lamentable, imponderable, infumable, indeseable, insoportable, intolerable, y hasta “sanfranciable” (digno de hacer una sanfrancia o trifulca, por ello) y otros muchos “able”, porque, por su saber sobre psicología y sociología humana, saben marear la perdiz, profesionalmente, y revelan y dan claves al Gobierno para manipularnos y adoctrinarnos moral y deontológicamente. (por cierto que, la moral es referido a la nuestra, y no a la de ellos, que no la tienen; y la deontología, también). Y así, luego de aplicarnos tales pautas psicológicas y sociológicas de conducta, nosotros, “adoctrinados” y obedientes como jumentos, asnos, o burros domésticos (“de casa”, vamos) y amaestrados, (enseñados para hacer “acrobacias” con muy pocos dineros; referido, claro, a los nuestros), hacemos lo que ellos nos piden “humildemente”, bajo el lema de que hay que levantar la economía de la nación, con aquello de: “…sacrificarnos para que nuestros hijos tengan un futuro mejor”; “el sacrificio de hoy, es pan para mañana”; “los aprietos actuales nos permitirán un mañana con más libertades y mejor estado de bienestar”, y cosas por el estilo, aunque dichas con otras palabras, muchas veces, más rimbombantes y eufemísticas… Y, para acabar de completar la cosa, en aquello de “adoctrinarnos”, de lo cual gobiernos anteriores casi habían echado de la política española a la Iglesia Romana (Católica ella en eso de mandar en todo el mundo cuando se tercia), estos últimos Gobiernos, la han vuelto a introducir, y, finalmente, parece que ahora hasta van a adoctrinar a nuestros hijos, nietos, y lo que se tenga, (digo esto, porque, cada vez, se tienen menos hijos, y, visto esto, hasta a muchos no les apetecerá ir a por ellos para que luego se los “adoctrinen” de semejante manera…) desde las mismas aulas magisteriales de guarderías, colegios, y demás centros docentes…

Esto, añadido a que la economía va muy mal, y que el paro no decrecerá hasta que se cree trabajo, (como es normal, sino, algo olería a podrido en el patrio suelo), y que ya la clase media no lo es, nos muestra un panorama nacional bastante oscuro, sucio (porque parte de la oscuridad puede ser roña, como parece ser que es, según lo que va apareciendo) y de muy precario equilibrio de todo tipo… Ahora, la gente, que había casi toda abandonado el campo, el plantar berzas, tomates, lechugas y otras hortalizas, está volviendo a desempolvar su finquita y a ponerla a producir de todo eso que puede dar de comer a precios asequibles a las finanzas de los que se volvieron, de pronto, pobres, (los pocos pobres que había, ya lo estaban haciendo) y de aquellos que ya poco les falta para serlo y que se están así acostumbrado a serlo paulatinamente, sin traumas drásticos en ello, al haber una transición gradual, mientras la haya… Por otro lado, ahora muchísimas familias también están en aquello de volver a los viejos tiempos del rural, cuando en la casa paterna se hacía caldo del bueno, con la gallina del corral propio, (algunos, como siempre, con la del corral ajeno; pero ello siempre fue así, en parte) y donde también, en la casa paterna, se mataba el cerdo por san Martin y se preparaban jamones, lacones, riñones y otros “ones” cerderos; ¡y, sobre todo, chorizos! ¡¡Muchos chorizos!! Porque, en la España rural, siempre se criaron muchos cerdos, y siempre hubo muchos chorizos. ¡Los mejores del mundo! Pero no se les daba publicidad, porque, era cosa tan común, que nadie hacía importante tal cosa de ancestral industria casera… Además, aunque se hacían muchos chorizos, ¡tampoco eran tantos, ¡vaya!. O, al menos, no lo parecía

Y España, que según decimos era un país de chorizos, por sus muchos cerdos habidos (y parece que, por haber, tal como van las cosas), y que también era el país de los jamones, por ídem circunstancia (jamones que siempre fueron muy “persuasivos” en el nacional buen hacer) ahora resulta que se descubre que, en realidad, siempre tuvimos más cerdos y chorizos, de aquellos que el censo agropecuario español (esto de “agropecuario” va por los cerdos Ibéricos de pata negra y las bellotas, cultivo este decisivo en el mantenimiento y engorde de tales patrios puercos) daba como estadística nacional de ello… La producción de cerdos, chorizos, y todo lo derivado de los puercos patrios de pata negra, (parece ser que, los puercos, no pueden ser de guante blanco, porque siempre lo empuercan, y acaban por ser de pata negra todos, al fin), ahora mismo, y sin necesidad del último censo oficial estadístico de la cámara correspondiente, (no; la cámara oscura, no, que esa es sólo oscura, y la de los puercos es la cámara sucia, también llamada agropecuaria porcuna) ha sido hecho un censo paraoficial, (estadístico, claro, pero no del Estado) que ha revelado que, España, es el país donde más cerdos o puercos hay, del mundo, y donde también hay más chorizos, (y de los buenos; los “parta negra”) por metro cuadrado de población residente, autóctona y extranjera…

¡Pues bien!: Basados en este censo estadístico paraoficial, y dado que los cerdos, y los chorizos son nuestra gran industria desconocida para el mundo (nosotros, más o menos, aunque inconscientes de su patria “grandeza”, ya teníamos una idea) ahora resulta que todo la Unión Europea, y hasta todo el demás mundo habitado, acaban de enterarse de la “poderosa Industria nacional” que somos en esto de poseer cerdos y chorizos a mogollón…¡Por fín; Europa y el mundo, se enteran de nuestro potencial: Cerdero, jamonero, y, ¡sobre todo!, choricero…

Bueno, pues, a esperar si levantamos cabeza, con tal industria que ahora el mundo sabe que tenemos. Esperamos que, del extranjero, muchos acaben viniendo a España para aprender “el arte de los chorizos”. Porque, si bien la mayor producción mundial de cerdos está, ¡cómo no!, en España, lo que es cerdos, los hay por todo el mundo… Y, aunque en todo el resto del mundo hay menos chorizos que en España, se espera que, si dekl extranjero vienen a prepararse aquí para el “arte de chorizar”; es decir “el arte de los chorizos”, acabemos por levantar la nación. O eso, o hundirla de todo, que también todo, puede suceder… (Y es que, la vida, es una contingencia…)

Pues bien; ya acabo: Hemos empezado hablando de etocracia, (utópico sistema de gobierno fundado en los principios de la moral), luego hemos seguido con lo de la etografía, (la descripción de las costumbres, carácter y pasiones del hombre), y seguidamente, hemos hablado de la etología (la ciencia o tratado de las costumbres, carácter y comportamiento humano a nivel general), para acabar, ¡curioso!, hablando de cerdos y chorizos…

¡Hay que ver cómo, derivando, derivando, en un escrito o en una conversación, las cosas se van a otros temas que, viniendo al caso de manera secundaria, (o “colateral”, como suelen decir los médicos) acaban por integrarse con gran importancia, en la descripción de algo, o, como en nuestro caso, aunque no lo vamos a explicar ahora, en mantener y hasta “demostrar” una relación directa con el tema. La relación directa (e indirecta, también) con todo lo dicho anteriormente, de la etocracia, etografía y etología, ya no la vamos a explicar ahora; pero la tiene. ¡¡Y mucha!! Y sé que, el lector, que es muy inteligente, (sino no estaría leyendo esto hasta aquí) verá fácil y rápidamente esa relación…

Pues, aquí acabo, amigo lector. Tú puedes ampliar el tema, si quieres, a tu aire, ya que el tema aún puede dar muchísimo de si. Recuerda, sobre todo, que, del cerdo, del puerco, del marrano común (o del “pata negra, que es menos común), se puede aprovechar todo. ¡¡Todo!!
¡Ya lo sabes!



Xosé Gago.

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