De fractos, infractos, tactos y contactos. (Y otros muchos posibles "actos") 13 septiembre 2013.

Reflexiones que explican relaciones. (Sin otras pretensiones...)


Parece ser que nadie sabe lo que es el fracto, o un fracto. Y en el Diccionario de la RAE tampoco consta este posible “artilugio”, virtud, o lo que fuere en su esencia, presencia o ausencia, si bien más bien es esta última la que nos lo hace ser desconocido, anónimo e ignorado, cosas estas tres que llevan al mismo resultado final de no tener idea de lo que es el fracto o un fracto, y cómo es y para qué sirve, en general.

Sin embargo, existe el infracto. O lo infracto, para ser más correctos con la cosa, sintácticamente. Y lo infracto es, precisamente, aquello que es firme, imperturbable, intransigente, constante, inconmovible e inquebrantable. En definitiva, no roto; no hecho fracciones; no hecho pedazos, entre otras posibles cosas que puede ser, por ser todo eso y más sobre lo mismo…

Por lo tanto, si existe el infracto, (o lo infracto), lo fracto tiene que, por fuerza, ser aquello mismo que significa lo infracto pero sin la partícula “in”, lo cual deviene en ser, de esta manera, (sin la tal triza silábica concreta) concretamente lo movedizo, perturbable, transigente, inconstante, conmovible, quebrantable y rompible; es decir, todo lo contrario mismo de infracto. De esta manera, y aunque el Diccionario de la RAE no lo contemple por olvido, error o negligencia, queda aclarado de esta manera, y por lo explicado, lo que es lo fracto, por, no sólo deducción lógica impepinable, sino también por la naturaleza misma de la descomposición analítica del término, que no es menos impepinable y rotunda en dar el mismo y exacto resultado.

Ciertamente, en la palabra infracto, la partícula “in” es un “agente impeditivo” sintáctico, (porque coordina y une la palabra en su expresividad), e incluso mejor, semántico, porque la hace significar lo contrario de lo que significa con ella cuando está enraizada a la misma palabra fracto cuyo significado acabamos de aclarar en el párrafo anterior de manera clara, apodíctica e irrefutable. Este “agente impeditivo” “in”, soldado solidariamente con la palabra fracto para formar la palabra infracto, implica, simplemente el hecho de negarle a la palabra el sentido contrario al que realmente tiene cuando tal partícula particular (es decir, propia y exclusiva de infracto) se halla literalmente y con fuerte soldadura semántica, unida íntimamente (intrínsecamente, diría un científico) a este último término significante…

Así, y de esta manera, dejamos sentado que la palabra fracto debería existir en el lenguaje cotidiano sin falta y con urgencia, para significar expresamente aquello que mismo significa por propia naturalidad de su propia intrinsiqueza, (fracturado, roto, despedazado, etc) y que nos permitiría, además, explicar, expresar, representar y apreciar, una virtud especial, por decirlo así, con una sola palabra,sucinta y corta, de cosas, objetos y conceptos que de hecho son, según la semántica intrínseca significante, lo movedizo, perturbable, transigente, inconstante, conmovible y quebrantable o fracturable según ya se ha expresado anteriormente en los párrafos precedentes, y cosa contraria exactamente a lo que significa la misma palabra añadida de la triza silábica “in”; es decir, infracto. El que la RAE luego considere o no incluirla en el Diccionario de la Lengua, es problema suyo y de sus apreciaciones, sus controles y sus demandas documentales, pero esto último creo que ya no será excusa para no incluirla luego de haberlo aclarado en este texto de manera tan clara fehaciente y apodíctica como se ha hecho…

Más, sigamos con la cosa, que la cosa tiene miga, como suele decirse:

El tacto es esa cosa que, como sentido corporal, tienen los animales todos, (unos mejor y otros peor desarrollado), para sentir, percibir, explorar y analizar, (en dos palabras, tocar o palpar), mediante contacto físico, presión y temperatura. El tacto es un sentido mayoritario en el sentido mismo de qué está extendido a todas las partes físicas del cuerpo, aunque hay regiones o porciones del mismo que poseen mejor virtud de captar, examinar y analizar, que otras, tras el contacto pertinente.

Pero tacto, también, según la cuarta acepción de la palabra, en el DRAE, es asimismo obrar con cautela, precaución y miramientos en muchos y complejos asuntos de la vida que nos rodea, para valernos en mejor forma de sopesar, valorar o conseguir manejar asuntos, situaciones y contextos que de otra manera serían difíciles de someterse a las voluntades y deseos concretos de uno que los persigue…

Y, si hasta aquí llega lo del tacto para todas estas cosas que acabamos de decir en el párrafo precedente, la cosa del contacto va algo más allá en el asunto, y ya no supone solamente un valorar, manejar asuntos a mano, calibrar situaciones, voluntades y deseos, sino que, ¡zas!, viene a ser mismo la acción de choque, impacto, conexión o manera de hacer la conexión, la unión, el vínculo directo, lo cual va, ciertamente, más allá del tacto, porque, además del tacto, hay el con-tacto, que es el tacto permanente, mientras dure el tacto, “tactando” aquello del contacto, lo que quiera que ello sea, contactado por lo que dure la cosa…

De todo lo que se ha dicho antes, se entiende que el contacto siempre es infracto, puesto que infracto significa constante, firme, imperturbable, entre otras cosas, y eso mismo es lo que normalmente es el contacto, mientras dura. Luego, cuando el contacto se rompe, o se deja, abandona o finaliza, entonces es cuando deviene, en realidad el fracto, o lo fracto, lo roto, lo fracturado: El abandono del contacto, su quiebra, su rotura, fractura, o cualquier otra “ura” por el estilo…

Cada uno de todas estas acciones o “actos”, todos ellos, de alguna manera contenidos en estas mismas palabras (fractos, infractos, contactos) están, como vemos, muy relacionados entre sí, en las cosas de la vida, pues, en la vida, los tactos (acariciar, tocar, palpar, frotar, rozar, manosear, sobar, restregar, rascar, etc.) son cosa cotidiana y necesaria para el examen “táctico” de todo cuanto nos rodea y que queremos, además, apreciar, calcular, ponderar, sopesar, tantear y cuantos más “ar” fueren necesarios para el reconocimiento, investigación, exploración y comparación, y también todos los demás “on” necesarios, para las elecciones vivenciales del diario ir, venir y devenir que la vida pide, lleva y conlleva, para vivirla, sintiéndola, sobre todo, transcurrir en su actividad; es decir, en sus “actos”, que es lo que estamos considerando…

¡El tacto! ¡Oh el tacto! ¡Hermoso y poderoso sentido corporal, este, porque nos permite, verdaderamente, tener contactos con todo; con todo lo que la vida tiene, obtiene, sostiene, y mantiene!... Porque, cuando el tacto es infracto, es continuo el contacto, y cuando el tacto es fracto, el contacto es roto, interrumpido, pero nada impide (al menos en teoría) retomar el contacto para volver al tacto infracto… ¡Y así sucesivamente, si la vida lo permite, el tacto lo admite, y si lo fracto y lo infracto permiten, o no, el tacto!...

Con todo, y para terminar, quiero dejarle al amigo lector una reflexión importante sobre el tacto, que puede ser conveniente tener en cuenta para ciertas circunstancias de la vida en general. Y es que, el tacto, puede tener varias tendencias laterales y colaterales, pues hay quien siente de izquierdas y hay quien siente de derechas; es decir, unos tienen mano izquierda, para sentir (se supone) y otros mano derecha para lo ídem... ¿Qué qué es mejor? ¡Pues eso, dependerá de cuánto tacto sea el de cada mano; es decir, de la capacidad de sentir por nanómetro cuadrado, o algo así, aunque en verdad no sé como científicamente este tipo de tacto, se mide… Las más modernas investigaciones sobre el asunto, llevadas a cabo en plan estadístico, dan como límite de sensibilidad táctil, “en fino”, que el hombre puede percibir al tacto una rugosidad de tan sólo 760 nanómetros y apenas 13 nanómetros de amplitud. ¡¡Qué capacidad de sentir, tocando!!...

Yo no sé cómo se mide el tacto en la ciencia, pero sé que en política se hace, aunque, sin embargo ignoro por completo como se lleva a cabo la medida y como se elige la mano del político para ello…

Pero está visto que, el tacto, y el contacto, en la vida lo son todo, en combinación alternante con el fracto, y el infracto. ¡Es importante saberlo! ¡¡Muy, muy, importante!!...


Xosé Gago.

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