De llorar, mamar, crecer y tener afán. ("El que no llora no mama", que dice el refrán) (14 Nov de 2013)

Reflexiones que reflejan lo que es la vida misma en el día de hoy, y, posiblemente, en el de mañana...



Llorar es verter lágrimas por los ojos a causa de un dolor muy fuerte o una emoción desmedida, o por otra causa cualquiera que obligue al ánimo a sentirse herido hasta el punto de que tal suceso suceda, al suceder, como de ordinario sucede cuando ocurre, o también sucede… Por extensión, también se dice, de forma figurada, que llorar es sentir muy profundamente un dolor psíquico, allá en los adentros del alma; en los recónditos y endógenos sentires que se decuplan sin deflexión, por subjuntivas causas, a veces, de emociones acumuladas e imposibles de contener…

En el dedálico laberinto de las interioridades humanas, hay muchas y diversas formas figurativas de llorar. Pero llorar, a la postre, es sólo eso: O bien derramar lágrimas (sean sentidas o no), o bien sentir dolor moral, compasión, piedad, misericordia o incluso altruismo tremendamente superbo y sustantivo… Llorar pues, es simplemente verter lágrimas, bien de forma rala y escasa, breve, escueta, en unos casos, o verterlas mismo a pasto, o, dicho en términos médicos esto último, es tener dacriorrea profunda y sustancial…

Lo de mamar, sin embargo, es chupar; tirar de la teta; alimentarse el niño de los pechos de su madre, como principio normal y natural del vivir de la criatura recién nacida, por instinto genético mismo de la especie animal mamífera... También se dice lactar, o amamantar, cuando se habla de la madre que da el pecho al pequeño para alimentarle y nutrirle con el lácteo y alible líquido o “infusión” natural de probadas y milagrosas virtudes, no sólo alimenticias, sino también profilácticas para el niño que mama…

Mamar, si nos atenemos a lo que la naturaleza nos muestra observando las criaturas que “tiran” de la teta, es siempre un placer; un reconfortante placer; un gusto interior que da paz, tranquilidad, sosiego, reposo, y… ¡hasta sueño! La gran mayoría de los que maman, sean mamantes pequeños o mamones grandes, todos acaban dormidos mientras lo hacen… ¿Qué tendrá el arte de mamar y sus derivados, como, por ejemplo, la mamandurria, entre otros, que hace que todos los que en ello se enzarzan acaben dormidos?... ¡¡Hasta muchos que se duermen en los laureles, lo hacen tirando de la teta!!...

Y en el asunto de crecer, crecer, aunque tal cosa puede tener varias formas de significar, lo más natural es que sea la consecuencia lógica y misteriosa de que el niño aumente de tamaño y de volumen corporal a causa mismo de mamar en presente, y de haber mamado con anterioridad; es decir, en pasado, y, sobre todo, si este fue pretérito “perfecto”... Y, en caso de seguir mamando, también en futuro, la cosa se complementa, y la “crecida”, es, entonces, comparable a la de los ríos que tienen afluentes, lo que los hace más “llenos”, pletóricos y grandes, pues incluso cuando el niño ya toma alimentos sólidos, la cosa del seguir mamando o tirando de la teta, suele ser de un beneficio de tremenda ayuda corporal e incluso psíquica por lo que representa, además, emocionalmente, el sentir la cercanía de la madre protectora y el calor corporal de su soma; además, de paso, también, de sentir el ritmo mismo de su corazón, y en ello, de todas aquellas emociones que la rítmica musicalidad cardíaca refleja en su marcha más o menos acompasada… “Crecer al ritmo de la mamada”, es, realmente, una gozada para el niño: Es felicidad; es salud; es progresión (geométrica y espiritual); es coacervar proteínas, vitaminas, emociones, sentimientos y táctiles dulzuras… ¡Una delicia de vida, en concreto!...

Y en aquello otro, lo de tener afán, esto significa, el tener deseo imperioso, viveza, prontitud en conseguir algo. Significa solicitud, empeño, pretensión de algo querido y deseado; prisa en lograr algo que se añora; premura en disfrutarlo; diligencia en buscarlo y adquirirlo… Por otro lado, afán también es, o significa, trabajo. Unas veces físico, y otras veces, anímico o espiritual; pero trabajo al cabo. Y ello puede ser fatigoso o placentero. El primero de ellos menos deseado por cuanto significa esfuerzo superior al apetecido; pero incluso así, aquello que reclama nuestro afán, puede tener este precio a pagar que, a pesar del esfuerzo, resulta igualmente apetecible, deseado y buscado para conseguirlo al precio que fuere…

El afán placentero, normalmente, aunque conlleve también trabajo, este no se siente ni se tiene en cuenta a causa de que el placer es tanto en ello que psíquicamente ni se nota ni se siente ni se resiente uno del esfuerzo; incluso aunque fuere considerable, ya que las neuronas, absortas en ese placer deleitoso, no sentirán otra cosa más que el deleite mismo, pasando el resto por alto y sin hacer caso de ello en absoluto… Algunos afanes, por supuesto, dan más placeres que otros porque también dan más beneficios al soma, al espíritu y hasta al bolsillo; y aquellos que cumplen en dar las tres cosas, estos ya son de indescriptible “placeridad”…

Y yendo ahora al asunto que nos ocupa, diré que, por suerte y por desgracia (por suerte para unos y por desgracia, para otros) el mundo está lleno de mamones. Y mamones, no son solamente los niños de pecho, los niños recién nacidos o con muy pocos años, los cuales es lógico y típico de que lo sean. No; me estoy refiriendo a que en el mundo hay muchos, muchísimos adultos que, habiendo dejado de mamar de la teta de su madre hace ya muchos, muchos años, se han aficionado, luego ya de adultos, quizá por atavismos prisioneros de sus almas, o por el trauma de haber sido destetados a destiempo u otras causas, a buscar otras “tetas” o ubres de las que “tirar” para seguir “chupando” y sentir saciada esa comezón, ese afán que les impulsa a buscar “chupaderas” que les sirvan de chupete, ya que, al ser mayorcitos ya, el otro chupete, el de goma, el de los niños pequeños, ni les sienta bien en la boca, ni saben ya siquiera manejarlo para quitarle “sustancia psicológica” como bien sabían hacer cuando realmente eran niños pequeños y desvalidos…

Claro que, siendo entonces desvalidos, lo de tirar del chupete les daba seguridad entre horas, en aquellos lapsos temporales entre chupar de la teta alternativamente unas veces y del chupete el resto del tiempo… Pero ahora no; ahora eso no cuenta. Y no cuenta, por dos razones: Una porque ya de desvalidos, los tales, ¡nada de nada! Ahora, normalmente, son validos, son gentes preferidas, privilegiadas; gentes protegidas por otras gentes que ostentan poder y que les dan y mantienen en cargos también de poder bajo sus órdenes. La otra razón es que ahora tienen seguridad en sí mismos una vez accedidos a esos cargos de favoritismos del poder que alguien con el ídem máximo les ha otorgado y puesto bajo sus auspicios y tenores… (“Tenores”, en este caso, viene del lat. tenor, -ōris, de tenēre, tener, y significa poseer ordenes de poder, firmeza y estabilidad de ley, autoridad o mando, y no aquello de poseer una lírica voz de cantor de ópera o así, aunque la cosa “cante”, y lo haga a plena voz, teniendo, además voto…)

Estos seres, actualmente ya mayorcitos o mayores, ahora ya no lloran con lágrimas en los ojos, ni nadie normalmente les ha visto llorar lágrima alguna; porque ya las lágrimas físicas, aquellas que constan de líquido elemento que los ojos guardan en sus adentros para derramarlas hacia sus afueras en las ocasiones que lo requieran, a estas edades ya no se llevan, y hasta resultan mal vistas por los demás congéneres del gremio (porque la cosa va por gremios, como otras muchas cosas de la vida)… Lo que si se lleva ahora, y para esto hay que saber un rato, es del derrame “externo” de lloreras figuradas, también llamadas “lloreras retóricas” o bien “lloreras demagógicas”, las cuales así se simbolizan por extensión significante de las lloreras físicas verdaderas, pero siendo estas otras lloreras metafísicas, virtuales, y muchas veces expuestas subliminalmente ante el resto de las gentes para comunicar cierto tipo de “dolores” que, si bien los sienten de alguna manera, nunca tales seres los sienten en sus carnes, sino que parecen “sentirlos” en las carnes de los demás, y “lloran con ellos” para que tales males sean soportables de esta manera por esos otros, y los sigan soportando estoicamente, creyendo que también ellos los soportan con el mismo altruismo y “degustación” obligada por unas circunstancias dadas, las que sean…

Normalmente, en el asunto de llorar, cuando se hace físicamente, se vierten lágrimas: Gotas del precioso líquido que las glándulas lagrimales de los ojos humanos derraman por motivos diversos, pero, sobre todo, por los motivos ya anteriormente expuestos de dolores, sufrimientos y pasiones brutales, bien del cuerpo o del alma, que de todo ello se puede hacer y tener como causa de llanto y lagrimeo copioso… Cuando el asunto de llorar en más bien hiperfísico; es decir, metafísico o subliminal, la cosa puede quedar tan sólo en aquello que se suele definir como “lagrimas de cocodrilo”, si bien este tipo de lágrimas también pueden derramarse físicamente mediante la toma reversible de colocarse uno como actor de fingimientos de lloreras para convencimientos y demostraciones de afectos no sentidos, pero tenidos por necesarios para estrategias de todo tipo, de las cuales uno va a encontrar beneficios físicos, y, sobre todo con respecto a lo económico, que es donde realmente interesa la cosa… Que aquello de que “el que no llora, no mama”, no sólo es demagogia discursiva, sino una realidad, que, bien por activa o por pasiva, siempre es efectiva, y otros muchos “iva” que por ahí, por el mundo, andan… (Como se ve, en la cosa del “iva” final, no sólo Hacienda se aprovecha de ello, sino que el lenguaje, también…)

Ahora bien: si nos vamos a las acciones del niño pequeño, del niño de teta, del subúber (del latín sububer, de sub, bajo, y uber, mama, teta). que permanece bajo la teta de su madre por indefenso y desvalido, del infante que todavía sólo mama, éste, no teniendo otro mecanismo de “defensa y ataque” que su “invalidez” total en asuntos vitales, sólo tiene como arma convencional la del llanto y pataleo para hacerse notar. Y no sólo para hacerse notar en presencia, sino también para hacer notar su hambre; para dar a conocer que necesita en ese mismo instante, y a toda instancia, instar para que le den de comer, ya que tiene hambre y ansia de saciarla; es decir, afán. Mucho afán en conseguir ponerse a la teta y chupar de aquella natural fuente de vida, la misma sustancia alible y propia para satisfacer el cuerpo y el alma del niño, y dejarlo calmo, satisfecho, lleno y deleitosamente complacido en sus instintos vitales, una vez satisfechos tras las pertinentes y múltiples chupadas que su aparato succionador bucal busca con fruición inconsciente, tal vez, pero que satisfacen a la tal, hasta el límite de quedarse dormido mientras le da fruiciosas chupadas, al pezón, con ganas…

De este tipo de comportamiento infantil, de llorar para hacerse notar en cuerpo y alma y para dar a conocer las necesidades más perentorias de la vida y el crecimiento “acoplado” a la cosa, es de donde el pueblo ha sacado y hecho célebre la frase familiar ya antes dicha de que “el que no llora, no mama” que luego, por los avatares de la vida y por causa de los otros mamones, (los ya mayorcitos, de los cuales vamos a hablar ahora) acabó por usarse de manera figurada para hacer saber de una estrategia común de muchísimas gentes que se sirven de la retórica y la demagogia para tirar “de la teta”, siendo también, en este caso, “la teta”, una glándula imaginaria, metafísicamente “exprimible” o succionable, de la cual quitar abundancia de alibles “chupadas” espirituales, pero de enormes rendimientos físicos, que no metafísicos, (aunque también) a pesar de sin embargo, la cosa, serlo…

En el mundo, (como ya hemos dicho anteriormente, al principio de este artículo) hay multitud de mamones: gentes que se dedican a tirar de la ubre; a mamar del manantío lácteo, el cual, de manera figurada y espiritual, puede ser cualquier manantío que provea de alimento físico, sonante y contante, como puedan ser dineros, prebendas y canonjías diversas, cosas todas estas físicas, si bien proviniendo de fuentes metafísicas en algunos casos… Los mamones, normalmente, en este caso, son una casta de seres que nunca supieron afrontar la pérdida del pecho materno al crecer y hacerse mayores, ni han podido superar psíquicamente el que se les haya quitado el chupete en edad infantil; y esto lo han llevado como una cruz durante muchos años, hasta que, ya de mayores, aprendieron, con mucho afán también, como volver a las “chupadas” fruiciosas, mediante otros métodos “chupadores”, pero ya cosa de adultos…

Lo curioso de todo esto, es que tales seres frustrados por haberles retirado la teta en edad temprana, por las causas que fueren, no llegaron nunca a superar el trauma “destetarial”, y tuvieron que soportar el mismo y sus consecuencias, conservando en sus vidas tales secuelas frustratorias hasta la edad, cuando menos, juvenil, en que ya empezaron a emanciparse en la vida y a buscar trabajo, o, al menos, a hacer que lo buscaban… Y mira por donde, si hacemos un estudio estadístico (para el cual sobran datos en todos los estamentos) se halla fácilmente, de tal estadística, que la gran mayoría de estos destetados, por la causa que fuere, han acabado todos metidos en la política….¡¡Todos!! ¡¡La gran mayoría mayoritaria, están metidos en harina en la política, de una forma o de otra!!....¡¡Todos tuvieron afán de hacerse políticos!! ¡¡Todos, al fin, se afanaron por llegar, políticamente, a los puestos de mayor altura posible!! ¡¡Qué afán!! ¡¡Cuánto afán!!...¿Por qué será? ¿Qué pudieron hallar en la política para que todos ellos acabaran, con tanto afán, siendo personajes públicos (sin que lo de “públicos” aquí, como se sabe, quiera decir que sean putos o prostituidos, o maricones, no; que no es eso la cosa…) con mayor o menor relevancia dentro de tal actividad “laboral"?... ¿…?. ¡¡Curioso, ¿no?!!... (Algún psiquiatra debiera de hacer un estudio sobre la cosa, ya que seguro que, a más de poder hallar y darnos las razones de esta masiva politicidad laboral de parte de tales “destetados” que lo fueron de infantes, también sabríamos a ciencia cierta qué pintan los tales ahora precisamente en la política, todos juntos, como si se hubieran mismo conocido de entonces…)

De todas formas, dados los últimos acontecimientos políticos en España; a saber, los “destapados” casos Gurtel, Bárcenas, Blesa, Nóos los ERE de Andalucía, etc., la cosa parece haberse puesto clara en aquella pregunta que nos hacíamos anteriormente del por qué todos estos seres destetados traumáticamente de niños estaban ahora de mayores, y con tanto afán, metidos todo ellos en la política. La cosa parece ser fácil de entender: La política da para mucho chupar; para mamar a lo grande de la teta nacional; para poder fruir el alma con tales deleites chupadores y matar así el gusanillo que traían en sus almas desde el destete infantil y que, traumáticamente soportaban... Y ahora, ¡¡ahora!!, se podían desquitar mamando a fondo, y, a todas luces, de las “vacas gordas”, que, como se sabe, tienen muchas más ubres que las vacas flacas, que no hay por donde cogerlas para dar chupadas de ninguna clase…

Si buscamos en el DRAE algo sobre mamar para enterarnos de cosas sobre este “arte” de alimentarse, poco hallaremos sobre ello, pues todo se limita escuetamente a aclarar de qué va la cosa y muy poco más, pero dicho de una manera sosa, anodina, pueril, como si no tuviera más importancia. Más, sin embargo, si buscamos chupar, chupón y chupóptero, por ejemplo, aunque las definiciones siguen siendo escuetas en todas estas palabras, por el contrario, resultan muchísimo más vivas expresivamente en significar inteligente; mucho más saladas, más vivas, con chispa... Veamos, pues, estas tres palabras:

1)- “Chupar. (Voz onomat.). 1. tr. Sacar o traer con los labios y la lengua el jugo o la sustancia de algo. U. t. c. intr. 4. tr. coloq. Chupar del bote. (loc. verb. coloq. Sacar indebidamente provecho material de un cargo, una situación, etc). 7. tr. coloq. Ir quitando o consumiendo la hacienda o bienes de alguien con pretextos y engaños”.

De esta definición, chupar, podríamos hallar, además como sinónimos, aquello de “desjugar”, dejar sin jugo; hacer la misma labor del vampiro que seca a sus víctimas a base de chuparles la sangre. También lo de “exprimir”, que según el DRAE es: “2. tr. Sacar de alguien o algo, todo el partido posible. 3. tr. Explotar a alguien, abusar de él”.

2)- “Chupón, na. 1. adj. Que chupa. 2. adj. coloq. Que saca dinero u otro beneficio con astucia y engaño. U. t. c. s”.

Los sinónimos de chupón, serían, también: Vampiro. m. Persona codiciosa que abusa o se aprovecha de los demás. Sanguijuela. f. coloq. Persona que va poco a poco sacando a alguien el dinero, y otras cosas. Sablista. adj. coloq. Que tiene por hábito sablear; es decir, sacar dinero a alguien dándole sablazos, esto es, con petición hábil o insistente, y para comer, vivir y divertirse a costa ajena. Sableador. m. y f. coloq. Persona hábil para sablear o sacar dinero a otra.

3)- “Chupóptero. m. coloq. Persona que, sin prestar servicios efectivos, percibe uno o más sueldos”.

De chupóptero, tendríamos como sinónimos, los siguientes: Parásito (Del lat. parasītus, y este del gr. παράσιτος, comensal). 1. adj. Biol. Dicho de un organismo animal o vegetal: Que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo. 3. m. Piojo (‖ insecto hemíptero, chupador de sangre). 4. m. Persona que vive a costa ajena. Gorrón. (De gorra). 1. adj. Que tiene por hábito comer, vivir, regalarse o divertirse a costa ajena. (Más o menos, como el piojo…)

Luego, aunque no viene en el DRAE, tenemos que tener en cuenta algunas posibles nuevas definiciones que nos darían la clave en forma de palabra, para el significar de también nuevas formas de contemplar, no sólo la evolución progresiva de la gramática y la lingüística, sino también el cómo puede evolucionar la cosa sintáctica al poseer nuevos elementos de unión clarificadora en el discurso, mediante palabras hasta ahora no habidas pero que, en las actuales condiciones culturales y políticas, parecen imprescindibles en su pronto aparecer; por eso yo propugno, ya que hablamos del tema, la siguiente palabra, que enlaza perfectamente con todo lo ya dicho:

Chupando. adj. Persona que está próxima a convertirse en “chupador” o en chupóptero, bien porque está estudiando para ello, o bien porque está a punto de serle conferido tal cometido social o político, donde es más habitual lo último… Por ejemplo: Fulanito, es un chupando…

Esta palabra, aunque es homónima del gerundio del verbo chupar, no es sin embargo en su significar una acción gerundia, en ningún caso, sino precisamente un adjetivo que califica al estudiante de chupador, cuándo está ya para recoger la titulación de su doctorado. Luego, esta palabra también puede ser usada como sustantivo, dadas sus magníficas condiciones para ello, ya que en su significar bien caben ambos los dos criterios…

Debemos también considerar, que tratándose aquí la cosa, de chupar, y referido a la teta como acción propia del subúber afanoso en mamar, pero indefenso y dependiente de ella (en este caso, la teta) para su alimento más alible, templadito y tierno de digerir, el idioma, para casos ya mucho más especiales y para personas adultas, ha permitido, al evolucionar, descubrir o inventar, la palabra mamandurria, derivada, sin duda alguna de mamar, y mamar con afán, acción verbal que significa “chupar de la teta”, pero ya a lo grande, como para personas adultas, como es el caso. Y, mamandurria, según ya habíamos mencionado anteriormente, bastantes párrafos atrás, en el DRAE nos viene descrita bajo esta “adulta manera” de presentarse la significación:

“Mamandurria. (De mamar). f. Sueldo que se disfruta sin merecerlo; sinecura, ganga permanente”.

Pero, atendiendo a las razones antes dadas de que el idioma debe de evolucionar y nuevas palabras para este menester significativo deben de ser añadidas al diccionario, con respecto a la palabra mamar, verbo, además a propósito para permitir grandes chupadas personales, (como cuando uno recita, “yo mamo”, por ejemplo, y que también podría cambiarse por la correspondiente del verbo chupar: “yo chupo”) para el caso de la palabra mamar, quisiera pues, propugnar la siguiente variante significativa de la futurición percibida por la técnica representada en la expresión de la palabra propuesta, que es:

Mamancia o mamancía. (De mamar y el gr. manteia, adivinación). Adivinación del futuro por los que maman; es decir, adivinación del futuro de un país, (como España, por ejemplo) por el número de sus mamones o de los que tiran de la teta patria; es decir otra vez, de las mamandurrias nacionales…

Como se ve, al leer la definición, esta palabra, dicha de la una (mamancia) o de la otra (mamancía) manera, hace alusión directa a varias cosas: Una científica adivinación; un futuro a conocer en breve; un país, (en nuestro caso, España); un número alto de mamones; una teta patria, y, como colofón, las mamandurrias de la nación… Palabra, plúrima, pues, esta de mamancia, o mamancía, no solamente en significados expresivos de conceptos enlazados en perfecta “armonía” simbiótica-socio-patrio-política, sino también en esperanzas de futuro, además de significados científico-técnico-físico-metafísicos, lo cual es mucho representar y significar, a la vez, para una sola palabra que es, al caso, bien corta en su soma gráfico de representación visual…

Y aquí creo que debo dar por acabado ya este artículo que ha tratado sobre aquello “De llorar, mamar, crecer y tener afán” que creo que la cosa quedó bien claramente explicada para todos los públicos: Subúberes; infantes pequeños; medios infantes; adultos pequeños,(los que se portan como niños); adultos grandes,(en tamaño corporal) y también para los adultos viejos, que, en lo que es afán, lo tienen como los más niños en esto de chupar del bote, de la teta patria, o de lo que se tercie, si se tercia terciar, o lo que haga falta en ello…

Con todo, querido lector, no olvides el consejo final, que ya constaba al principio: “El que no llora, no mama, que dice el refrán”…



Xosé Gago.
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