La cosa de la "eme", y la importancia que tiene... (Cuando hablar manso y suave, conviene...) 5 Dicc 2013

La más "limpia" reflexión sobre el "montón" de cosas que por la vida hay, y uno se encuentra, al andar por ella...


La "eme", es la decimocuarta letra del moderno alfabeto español, y, de hecho, no tiene ninguna particularidad aplicada fuera del ser simplemente usada para construir palabras dentro de las normas del idioma. No tiene, como, por ejemplo, la letra o, (no confundir con el cero, dígito del nada o digito de la multiplicación, según los casos) de la cual letra o, por ejemplo, en mi famoso PALABRARIO,(no publicado, todavía) dice de ella lo siguiente:

O. Letra redonda que se llama o, y que se pronuncia o, y que se escribe o, sin otras connotaciones de adornos laterales, como sucede con otras letras, (como la eñe, por ejemplo que necesita una e por delante y otra por detrás, además de una tilde tumbada, para poder vestirse como tal, cuando se la pronuncia) ni como la letra, p, que necesita una e lateral derecha (como si fuera cosa del futbol) también para vestirse correctamente al hablarla o decirla… La o, por ser redonda y simétrica, no se sabría donde colocarle adornos equilibrantes, por eso no lleva nada, ya que es totalmente “redonda” en su significar mismo, lo que signifique, en su adecuada posición en la palabra...

Como se ve, la descripción de la letra o, es brillante, clara, equilibre y contundente en señalar las particularidades de esta singular letra…

También la letra p, por ejemplo, tiene cosas en sí que la hacen ser particular en algo propio sólo de su posesión, por ser letra pe, tal como también se explica en el PALABRARIO, si bien , de manera más sucinta y escueta. Así:

P. Letra que se lee Pe, pero donde la e no se pronuncia y sólo está para decir que la letra P, es pe, pero nada más…

Y, de igual forma y manera, podríamos hablar de la letra Q, (mayúscula) o q, (minúscula) ya que, de particular, tiene lo siguiente, también según mi PALABRARIO:

Q. Letra que se lee cu, pero sin la ce (c) ni la u; es decir, Q (mayúscula) ó q, (minúscula) y sanseacabó. Sirve para decir QQ, ó qq, sin tener que decir CUCÚ o cucú, que es incorrecto para decir QQ ó qq, y sin embargo define igual el canto del cuco, pero más abreviado y conciso, ya que nadie ha visto al pájaro de marras emplear la forma cucú sobre la qq, por ejemplo. Y sabiendo que el cuco es un pájaro muy, muy ahorrador que hasta se ahorra hacer el nido y cuidar de sus hijos, por mismísima lógica transcendente tenemos que admitir que, siendo tan ahorrador en todo, no lo fuera también en ahorrar letras para su canto. Por lo tanto, por lógica deductiva mismo, no habiendo otro método científico de saber la verdadera grafía de su canto, y conociendo sus pautas de abreviación y ahorro de todo tipo, es normal que también su canto sea, en vez de CUCÚ, ó cucú, más bien QQ ó qq… ¡Pero nadie usa la lógica para escribirlo! ¡¡Ni los mismos Académicos de la Lengua!!... (Con todo debemos aclarar que, posiblemente QQ sea el canto de los domingos y fiestas de guardar, donde por proceder, el canto es y debe ser mayúsculo, y qq sea el canto de los demás días de la semana, en que no importa que este sea minúsculo y de más vulgar acento…)

Y ya, como último ejemplo, para que se vea como ciertas letras sí, tienen particularidades que las convierten en letras singulares y de gran importancia en su forma somática o cuerpo de letra, ponemos la descripción que también, en el PALABRARIO, se hace de la letra U, (mayúscula) o u, (minúscula), para que se sepa y se aprecie esta apreciación tan poco apreciada de la tal…:

U. Letra que sólo quiere decir u. La emplean mucho los búhos, normalmente repetida, pero los tebeólogos en sus ilustraciones de comics siempre le ponen una hache que los búhos nunca pronuncian, cuando decimos que dicen ¡hu-hu!…(Respecto a esto de cómo dicen los búhos eso del ¡hú-hú!, si fuera con hache, tampoco sabemos cómo es exactamente, ya que, no sabiendo ellos, nada de gramática, es de suponer que otros muchos búhos digan ¡uh-uh!, en vez de ¡hu-hu!, sin que pase nada y sin que les tachen de ignorantes, por ello…). El sonido de la u, por ser simple y un poco seco, no tiene virtudes admirativas o exclamativas, por sí solo, ni tampoco interjectivas, por lo cual para ser usada, la u, como letra que indique asombro, sorpresa o admiración y mismo para asustar, hay que acompañarla siempre de una hache, que es lo que entonces sí, hacen los búhos, cuando quieren asustar a alguien, y, en tales casos dicen ¡¡Hu!!, o bien dicen ¡¡Uh!!, porque no sabemos cómo emplean la hache... Pero sólo usan la hache en estos casos, nada más, téngase en cuenta…

Así que, una vez aclarado que algunas letras del abecedario español tienen cualidades propias singulares y específicas en sus propios cuerpos o somas gráficos y expresivos, esto nos puede ayudar a comprender la importancia particular de estas ciertas letras singulares, (algunas de las cuales, como, por ejemplo, la che (ch) la elle (ll) y la erre (rr) son plurales, si bien las dos primeras se han descalificado como tales) importancia que para el lenguaje y la significación sintáctica en general tienen…

Ahora bien, la letra "eme", (m) tan modosita ella, pues, que no tiene ninguna particularidad sobresaliente asociada como las anteriormente dichas de las letras comentadas en el PALABRARIO, es, sin embargo, una letra a la que se le ha “encargado” la misión importantísima de ser “portavoz” de indicar, eufemísticamente; es decir, con diplomacia extrema, pero con firmeza inexorable y poder convincente seguro, estable y apodíctico, de que uno deje de molestar, incordiar, hartar, empalagar, importunar, fastidiar, enredar, disgustar, contrariar, amargar, desesperar y otros muchísimos más y abundantes “ar” que por el estilo hay y andan por la vida, indicando que, el que sea, (como sujeto) cuando se le mande "a la eme", se vaya exactamente al mismo lugar en que se fue, por ejemplo el día anterior, para que allí, pueda hacer "más montón" de lo mismo, si le place, y no seguir con el incordio que el que le manda a tan formal y escusado sitio, trata de quitarse de encima…

¡Así de eficaz, rotundo y apodíctico, es el uso de la eme en este cometido, pero, además, breve, conciso y delicadamente ordenado o sugerido, según sea bien o mejor, el hacerlo, cuando la necesidad lo requiera!... (Y aquí, lo de la “necesidad”, es referido a la exigencia u obligación de librarse uno, mediante la orden de que el otro se vaya "a donde lo han mandado", sin otras connotaciones que, sin embargo, el amigo lector igual cree incluidas. Pero, no: no es necesario que haya también tal requisito por parte del que tiene que irse "a donde lo hayan mandado", que, en este caso, es "a la eme", precisamente…)

Por lo tanto, la cosa de la eme, en todos los sentidos, es cosa importante también, en todos los casos. Porque, primero, nos puede librar de un pelma que nos está dando la lata de manera impenitente y tremendamente pesada y cargosa; de segundo, porque nos permite continuar la vida con los horizontes libres de ese ingrato incordio que representaba el pelmazo que tuvo que marcharse, con prisa o sin prisa, para no acabar posiblemente llegando a las manos con el importunado, que ya estaba perdiendo la paciencia, y de tercero, (en cuestión de “servicios” prestados por la cosa "de la eme" en su enviar a ella) porque ello contribuye al bien natural de la Naturaleza al prodigar para la misma un montón de materia orgánica que siempre sirve para el ministerio ecológico en las acostumbradas formas biológicas de procesar y reciclar los campos, praderas, sotos, bosques, florestas, jardines y demás tipos de ecosistemas habidos y por haber…

La eme, pues, si bien es letra (m) sin connotaciones singulares en su somático ser grafico y representativo fonético de letra que representa en pronunciación, sí, tiene, gran importancia como, por ejemplo el señalar significativamente, "el lugar" a dónde el mandado a ella, o mandando, tiene exactamente que ir para cumplir el cometido de la orden de ir allí, precisamente, y no a otro lugar cualquiera. Y esto mismo de no mandar a otro lugar cualquiera, a cualquiera que fuere mandado allí, precisamente, nos habla de la gran precisión con qué, el mandar "a la eme", conlleva en su propio ser ordenante, que es inequívoco y exacto en señalar, es conminativo,(siempre se hace exclamando con fuera y vehemencia, como por ejemplo: ¡¡Vete a la eme!!...) y es, además, no conmutativo o permutante en caso alguno, por lo cual, su eficacia como palabra "de fuerza", es de grandísima fuerza, y, a veces, hasta es palabra "de fuerza mayor", cuando se dan, además, ciertas circunstancias concurrentes para que así sea… ¡y amén!...

De esta manera tan sencilla, pues, de significar, que tiene la letra eme (m) cuando se la pronuncia,(porque, sin pronunciar sólo es m, cuando, pronunciada es, sin embargo eme) de ello se deduce que es una de las más importantes letras del abecedario español, y que conlleva en su ser fonético una tremenda fuerza ordenativa, pero en, al menos, dos sentidos: Uno el que ordena, como a la manera militar, conminando u obligando a ir "al tal sitio", en concreto, y el otro, es el sentido de arreglar la cuestión en el entendimiento lógico de “colocar las cosas en el sitio que les corresponde”, tal y cómo dice el DRAE de la palabra "ordenar", en su tercera acepción, según la necesidad que, el cumplir la orden conlleva, (por ser orden, exigencia y requerimiento expreso del ordenante que tal orden expresa, expresa) por necesidad misma, perentoria y urgente, de exigirla, para no acabar, mismo, de los nervios…

Por otro lado, el mandando, el que se habrá de mandar "a la eme", cuando llegue el caso de que lo manden, por la razón que sea, también le será de "necesidad" el irse rápidamente al susodicho lugar (a la eme, donde quiera que sea, en su caso concreto) para no acabar acometido por el ordenante de mala y tundente manera, lo que pudiera ser el caso si la desobediencia persiste luego de repetir la orden un par de veces, porque, ya se sabe también lo que el refrán popular dice que, "a la tercera, va la vencida"… ¡Y ello es grave; grave, por necesidad!… Y la "necesidad" de obedecer y hacer tal cosa ordenada, debiera ser, y es, precepto de obligado cumplimiento para que la cosa quede pues, como asunto o problema, acabado… Y, hablando de "necesidad", de nuevo, ello también nos recuerda aquella frase hecha de: "Obedecer a la necesidad", que, como bien sabemos, significa, (y así consta, además, en el DRAE): “Obrar, como exigen las circunstancias”… Y, precisamente, “obrar como exigen las circunstancias”, en estos casos de que manden a uno "a la eme", es, por “necesidad”, obrar de aquella y "necesaria" manera, atávica, y ya clásicamente sabida de todos...

Pues bien, llegados a este punto y con todo, (o al menos, casi todo) explicado sobre el asunto de la letra eme, como letra, (m) que por un lado, ocupa el decimocuarto lugar del abecedario español, y que por otro lado es la letra que fonada o hablada, sirve para enviar “levemente”, con suavidad, con diplomacia y hasta ternura, por su gran poder eufemístico y su gran delicadeza, a la mierda directamente a uno que parece que lo está pidiendo con su actitud, cuando la actitud es la propia para el caso…

Y la cosa es que, por la sonoridad sintáctica complementaria, que la frase en sí adquiere al decirla con la energía característica y lógica que el asunto requiere, y con su correspondiente señalización gramatical al llevar, por su emocional forma de pronunciar la susodicha y socorrida frase de “¡¡vete a la eme!!”, la cosa en sí nunca se toma verdaderamente en mala parte, sino incluso como una deferencia hacia la persona de uno, lo que, por otro lado, hasta resulta agradable el pensar que el otro, el que tal manda, tiene esa deferencia clara y específica de ser condescendiente y amable con uno… ¡¡ Lo que puede hacer el eufemismo, por el prójimo, bien mirada la cosa!... (Aunque bueno, "la cosa", es mejor no mirarla, creo yo…)

Pues sí: el eufemismo, es la suavidad en persona, mismamente, dicho en términos lingüísticos metafísicos y figurados; y una frase tal como la que estamos enfrascados en explicar en todas sus connotaciones y circunstancias, tal y como en el párrafo anterior se comenta, resulta, casi siempre, tomada en buena parte, y con hasta agradable sonrisa, con cierta buena disposición del alma (en cuanto al cuerpo, depende mismo, de sus "necesidades" del momento) y de manera hasta agradecida por la, como antes decíamos, supuesta deferencia y delicadeza (que la cosa la tiene, ¡si señor!) con que "la cosa" es mandada hacer… Además, la frase hasta se puede tomar como admirativa por ser enfática y llena de poderosa pronunciación, pues, como sabemos siempre se dice con mucho énfasis, con viva entonación, con fuerza expresiva notable, que en escrito se nota en que lleva al menos dos signos de admiración al principio y fin de la frase dependiendo su fuerza total de que tales signos ortográficos vayan a pares, o a tríos, aplicados en la frase al pronunciarla para ordenar el asunto a cualquiera, quien sea a quien se manda a la mierda, directamente, pero mediante tan singular y forma casi poética de decirlo.

Porque se puede decir, en el caso de menor fuerza, con dos y dos signos ortográficos de admiración, que, en el primer caso, es así: ¡¡Vete a la eme!!, por ejemplo; y en el segundo caso, con más energía puesta en ello, se dice más bien así: ¡¡¡Vete a la eme!!!... Por supuesto, para casos superlativos, se puede recurrir a más número de signos ortográficos de admiración, como por ejemplo: ¡¡¡¡¡Vete a la eme!!!!!, pero, para estos casos, también se alza mucho, o muchísimo más la voz (cuanto más superlativamente se diga, más alta debe de ser la voz, por supuesto) y aunque fonéticamente; es decir al pronunciarlo, tal cosa no se aprecia, al escribirlo, para ser correctos, hay que señalar la cosa, pues, con letras también de mayor tamaño, como por ejemplo: ¡¡¡¡¡VETE A LA EME!!!!!, o, más alto todavía, así: ¡¡¡¡¡¡¡VETE A LA EME!!!!!!!, como es preceptivo dar a entender…


Pues bien, como ya llevamos diciendo de todo esto que nos incumbe dar a conocer sobre el asunto de la letra eme (m) y su importancia en el idioma y en el lenguaje, la importancia mayor que la letra (la m) adquiere, es en su forma pronunciada cuando se aplica contundentemente a la frase de marras en aquello de “mandar a la eme a alguien”, por la causa que sea, sin que ello pueda nunca resultar ofensivo por la belleza poética y hasta por el lírico tono que adquiere la frase cuando, con templada y tremulante voz, por el sentimiento contenido y tremendamente estremecido por las instilaciones hormonales de adrenalina que de la cosa devienen, (cosa también que es fácil de deducir si en el escrito se añaden los signos ortográficos de admiración consecuentes al énfasis que se aplique al dicho y al tamaño o grandor de la letra; y que en el pronunciamiento se nota en la emoción y temblor característico de la voz…) el "emeador",(el que manda a la eme, no "el que mea en la eme", como se podría entender mocosuena) apostrofa al "emeando" (ténganse en cuenta las iguales consideraciones que en el entreparentesis anterior) con la tal frase archisusodicha enésimamente, y con ello deja subsiguientemente liberada su alma de tensiones, y, sobre todo, si el emeando se va efectivamente "al correspondiente lugar" al que se ha mandado, o, al menos, eso es lo que uno (el emeador o mandador a la eme) siempre quiere creer del otro; es decir, del emeando…. (Del que se va, o debe ir, a la eme).

Conque, llegados a este punto y con todo, o al menos, casi todo explicado sobre el asunto de la letra eme, como letra,(m) que por un lado, ocupa el decimocuarto lugar del abecedario español, doy por concluido este interesantísimo artículo, esperando que la cultura de la idiosincrasia española en sus letras de todo tipo, puedan ser de provecho, tanto intelectual, como psíquicamente en nuestro entender la vida nacional, al menos de todos nosotros los que somos de estos patrios lares, y de aquellos otros que en ellos, temporal o ya definitivamente, por aquí se hallen asentados…

¡¡Para que se sepa, pues!!...


Xosé Gago.
Derechos reservados.


Nota: Mis ralos conocimientos sobre el ordenador y sus funciones, no me permiten resaltar en negrita ciertas siglas y palabras que se hallan en el original, pero como el lector es inteligente, podrá captar tales resaltes significativos con su habitual perspicacia y buen saber...


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