Emunción, emundación y emuntorio. ( De limpiar va la cuestión, y no, mismo, en el purgatorio...) Feb 2014

Reflexiones que uno se hace pensando, a veces...¡cuando piensa!...


En este artículo nos toca a examinar y a considerar una ración de palabras que están totalmente relacionadas con la limpieza, si bien, en términos elevados de decirlo o presentarlo significativamente, pues las palabras que nos toca a razonar con ellas, son también, todas ellas, palabras técnicas; palabras del lenguaje de los biólogos, los anatomistas, los médicos, etc., pero que, una vez las hayamos examinado y usado en su lógica congruencia gramatical y sintáctica, nos darán una mayor libertad de expresión y un más amplio modo de enriquecer nuestros discursos y conversaciones al conocerlas y saber añadirlas en el sintáctico lugar que les corresponda, para que hagan así manifestar también nuestra erudición y buen hacer en el significativo campo de la significación significante del lenguaje escrito y hablado. Porque ello habla también de luces, lo que indica, a la vez, que las claridades de uno son claras, precisamente, porque tiene muchas luces, y además, muchas palabras con las que manejarse y dar así, y también, luz abundante a sus ideas, razonamientos, consideraciones, y hasta a sus especulaciones, teorías y reflexiones, y cuantos otros “•ones” hubiera que manejar o sacarse de la manga, si ello fuera menester, en caso de terciarse la cosa…

Así, pues, vamos allá, y comenzaremos, como siempre, por orden, Y en orden corresponde, primero, ver y considerar la palabra emunción:

Emunción, (del latín emunctus, limpio) en términos biológicos, significa excreción. O, dicho en términos más vulgares y cotidianos, (fuera de la erudición de los entendidos), es la "cagada", la deposición humana de los excrementos, lo cual deja el cuerpo limpio, por dentro, y, además, por razones puramente científicas sobre la gravedad, más "liviano", y, por lo tanto pudiendo incluso valorar cuanta limpieza efectiva o emunción uno tuvo, simplemente pesándose primeramente, antes, y segundamente luego, después de emuncionar... Y esto de: “luego, después de emuncionar”, dicho propiamente como un semieufemismo y en lenguaje técnico-biológico, si queremos pasar por cultos, elegantes y entendidos. Porque la cosa también se puede expresar mismo como: “después de la cagada”, dicho entonces en términos no eufemísticos en absoluto, y más bien completamente vulgares y soeces; pero eso sí: entendibles por la más popular audiencia de la vecindad y amiguetes de taberna, lo cual, además de entenderlo, puede "jugarse" con ello, si se tercia apreciarlo, decirlo e incluso discutirlo. O mas incluso todavía, "jugar" a hacer apuestas sobre cuanto emunda cada uno, por ejemplo, mismo, mismo, justo antes de ir al tabernario encuentro, luego de comer abondo para hacer mayor la diferencia, a fin también ello de hacer más rentable la apuesta, si cabe…

Emundación, (del latín emundatĭo, -ōnis) en cambio, solamente es la acción de limpiar. Y, como en el DRAE no se nos explica si se trata de limpiar el interior del cuerpo, por expulsión, al no hacer constar que se trate de expulsión alguna, tenemos que entender, por "fuerza" (se haga poca o mucha, que alguna siempre se hará en ello) que lo de la acción de limpiar que el DRAE dice, es la limpieza del exterior de algo; y, si ese algo se trata del cuerpo humano, entonces “la cosa” sólo puede referirse a aquello tan moderno de los países occidentales de usar adecuadamente el papel higiénico, o bien a aquello otro de los países orientales (que consideramos un tanto anticuados en costumbres sociales "limpias") en donde la cosa solamente también, puede referirse adecuadamente al uso de "la mano de limpiar", como ellos dicen, que es la mano izquierda y por lo cual siempre los consideramos como "zocos", "zocatos", "zurdanos", "zurderos", "zurdelinos" o mismo "zurdolanos", donde la última palabra la inventó de manera involuntaria un aldeano payés que lo que quería decir realmente, en forma despectiva, (aunque por causas algo diferentes) era “zurdo del ano”, o bien “zurdo del culo”, lo cual de haberlo dicho de esta última manera hubiera quedado, para el lenguaje aldeano, rústico y vulgar, como "¡¡zurdol’culo!!". ¡Y sanseacabó!… Claro que, para definir a tales personajes orientales que tal usan la mano izquierda, no faltan tampoco otras palabras ya habidas en los diccionarios, pues servirían igual y perfectamente para el asunto, los vocablos "siniestro" (con sus connotaciones de malo y oscuro, características), "sinistrómano", (de mano siniestra, y que, además, acaba en “ano”, como también zurdano y zurdolano) y quizás alguna palabra más por ahí olvidada o no encontrada, simplemente…

En cuanto a emuntorio, (del latín emunctorĭum, de emungĕre, limpiar) en lenguaje técnico, es la palabra que en anatomía significa conducto, canal u órgano excretor del cuerpo de los animales por donde se liberan estos (los animales) de las cargas producto de las digestiones y que quedan en aquello que hemos dado en llamar "desechos orgánicos" en eufemístico, o, simplemente, "mierda", en lenguaje soez y vulgar, pero igual de correspondiente a la misma materia por lo común maloliente y fétida en mayor o menor grado, según el animal, sus mixturas estomacales y su disposición digestiva en reciclar de mejor o peor manera y aprovechamiento, toda la leve o pesada carga alimenticia que entra por la boca, y tras el procesado tubodigestivo acaba en una pasta espesa semicompacta e igualitaria de todos sus elementos…

Emuntorio, pues, según lo acabado de explicar quedamos en que es, en lenguaje técnico-anatómico, y de manera más general de entenderlo, el ano; el órgano excretos situado en el polo aboral del cuerpo; es decir, en el culo mismo de los animales… (Y lo de decir “de manera más general”, va para aclarar aquello de que también se conocen como conductos emuntorios las glándulas de los sobacos, de las ingles y detrás de las orejas, si bien con un carácter “técnico” ligeramente restrictivo, pues cuando es así siempre se dice el lugar a qué corresponde la cosa o el asunto. Por ejemplo: en el caso de percibir un fuerte olor a sobaquina de alguien que ronda al lado de uno, uno le puede decir de buenas maneras y por lo bajinis, para que lo sepa y ponga remedio, si quiere, a la cosa, lo siguiente: “¡te huelen los emuntorios de los sobacos; quizás te haya abandonado tu desodorante!”… Ahora bien: Cuando no se especifique el lugar o el sitio, generalmente se entiende que la cosa o el asunto es referida al ano, simplemente, y entonces, más bien, ¡la cosa "va de culo"!…)

Y se explica la cosa, en el párrafo precedente de manera tan rotunda y contundente para así poder dar entendimiento completo, efectivo y redundante (porque se redunda "en ello", a menudo) a tal palabra técnica, emuntorio, para que quede grabada en nuestras mentes, sin posibilidad de olvido alguno con el tiempo… Y, así cuando por cualquier causa, escrito, conversación, insulto, interjección despectiva, etc., haya que usar este tipo de vocablos que definen al extremo aboral del cuerpo, lo ideal es que, en vez usar las palabras vulgares culo o ano, que en ciertas circunstancias hasta pueden resultar soeces, poco finas, y, a veces, hasta indignas de nombrar por bocas refinadas, el recurso más agradecido como sustituto impepinable de las tales, e indudablemente muchísimo más limpio, culto, elegante, y “noble”, y con la misma igualdad de precisión en todos los sentidos, pero en fino; es decir, con máxima sutileza y fililí, entonces, en vez de cualquiera de tales inelegantes voces indicadas, (culo, o ano) se use el refinamiento, la delicadeza, la exquisitez y la distinción de vocablo emuntorio…

Así, por ejemplo, cuando uno, enfadado porque su equipo de futbol ha perdido por dos a cero porque el guardameta no ha parado esos dos chuts que acabaron dentro de la red, y le comenta al otro hincha tan mala actuación, en vez de referir la cosa vulgarmente de forma baja y soez como cualquier patán del pueblo que diría: “¡El portero del culo nos ha fastidiado el partido!”, podría quedar por muchísimo más culto, sabio, entendido, considerado, y hasta con delicada tendencia a indulgir por naturaleza compasiva, al menos de manera insinuada por su lenguaje en este caso, comedido y puro, si dijera, sin embargo: “¡El portero del emuntorio, nos ha fastidiado el partido!”… ¡Que no es lo mismo decirlo de la una, que de la otra manera, ¿¡eh!?!...

También, en el caso de que uno anduviera muy, muy enfadado con alguno, por también alguna cosa sucedida entre ellos que les haya puesto los ánimos de punta a ambos, el uno, por ejemplo, cuando para despachar la cosa de mala manera con despecho, rabia, tirria, animadversión, antipatía y todas esas otras cosas que se tienen todas juntas en momentos así, en vez de decirle al alguno (que, en este caso es el otro, como ya sabemos nosotros) aquello tan soez de: “¡¡Vete al culo!!”, le suelta más amablemente, eufónicamente, rimbombantemente, finamente, y comedidamente, (cinco “entes” dichos por un solo ente, ¡un record!) aquello otro más eufemístico, digno, noble, meritorio y con casi, casi, indubitable fililí lingüístico, de: “¡¡Vete al emuntorio!!”, le hubiera dicho exacta y exactísimamente lo mismo, pero hubiera quedado, no obstante, como "un caballero" en la cosa de usar el lenguaje y la sintáctica contextura de la gramática más precisa, primorosa y delicada… ¡¡Hay que saber ser señor, para todo, ¡si señor!!...

Podíamos incluso buscar más situaciones que nos colocaran en contexto para aprender y memorizar en qué situaciones tiene ese noble y elegante uso la palabra emuntorio, a más de las situaciones que ya hemos nombrado; pero creo que el amigo lector, inteligente él, sin duda alguna, ya habrá entendido el mecanismo, total (el lingüístico y el sintáctico) en donde la tal palabra siempre cae bien a los espectadores de la cosa, aunque quizás no tan bien al recibendo, (el que la recibe) si la entiende. ¡Pero la vida es así!…

Luego de todo lo dicho, la cuestión, pues, de esta ración de palabras que nos ha tocado a analizar, compartir, reflexionar y relacionar en este artículo, espero que haya quedado clara y "limpiamente" entendida en todos sus significares, decires (cuando se diga) y hablares, (cuando se hable) para que la cosa pueda ser aprovechada en todas sus facetas expresivas y significativas, lo cual nos permitirá a todos una mejor comunicación y una mejor perfección de entendimiento a nivel global, en nuestras sociedades y relaciones públicas pertinentes…

Y esto de adecuar el lenguaje a las situaciones todas en que nos toque comunicarnos con nuestros prójimos, nos habrá de favorecer a todos, sin duda alguna, y, sobre todo, en aquello del entendimiento mutuo, donde es importante la relación expresiva lo más completa posible para un mejor vivir, entendernos y comunicarnos sin trabas ni malentendidos…


Ahora, pues, que tenemos tanto conocimiento de todo, en general, gracias a aquello que ha hecho por completo realidad aquello otro que ya hace muchos años que se decía, pero que nunca fue tan cierto como hoy, de que "el mundo es un pañuelo", no retrocedamos tampoco en el lenguaje, pasando de lo común, (que no vulgar) a lo indecoroso; ya que el eufemismo, si es negativo, en vez de resultar positivo, no lo resulta, por lo cual resulta sin embargo dos veces negativo, y ello no es bueno, pues puede a alguien, "hincharle la narices", como (esto sí) se suele decir vulgarmente…

Y la cosa de decir lo que anteriormente se dijo en el párrafo anterior de que "no retrocedamos en el lenguaje", viene a cuento de que, algún chistoso, basándose en las serias y prudentes reglas dadas para lenificar con carácter eufemístico-lenitivo las palabras duras o desabridas para "quedar como un caballero" en asuntos de significar culta y elegantemente expresiones que no lo son (y propias del hombre soez, malcarado y ruin) ahora aproveche este mismo mecanismo para invertir frases suaves, en frases sucias, lo que nunca debe dejarse hacer y donde el amigo lector debe de tomar nota de ello, para corregir al impenitente que lo haga o lo quiera hacer delante de su presencia. Porque, a lo mejor, el listillo de turno queriendo hacer una gracia, por ejemplo en vez de decir aquello (cuando viene a cuenta) de que: “¡El mundo es un pañuelo!”, pueda decir aquello otro de “¡El mundo es un moquero!”, ya que todos sabemos que esto, mismo, mismo, ¡no lo es!… ¡¡En absoluto!!

¡¡Pues eso!! ¡¡Para que se sepa!!...


Xosé Gago.

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