Sobre las emulsiones y los reveladores, y la inteligencia humana.. (Parte I)

Ensayo sobre la cosa fotográfica a nivel organizativo interno, donde se compara su "sabiduría", con la del hombre...





LA EMULSIÓN FOTOGRÁFICA
Y ALGUNAS DE SUS INTERIORIDADES.
En una emulsión fotográfica, y tras la llamada fase de precipitación, se produce la maduración por calor para que los cristales crezcan y adquieran una mayor sensibilidad. Normalmente, luego las emulsiones se gelifican y se lavan con agua helada para eliminar los productos solubles que podrían cristalizar sobre los soportes no absorbentes (placas de cristal, acetatos, poliésteres, etc.), y luego se someten a una segunda maduración (o digestión, como también se dice) en donde los cristales ya no crecen, y aguantan las dimensiones adquiridas en la primera maduración, pero en donde se forman ahora ´GÉRMENES DE SENSIBILIDAD sensibilidad que acrecientan la capacidad sensible general de la emulsión así tratada. Estos gérmenes metálicos (normalmente átomos de plata atómica, sulfuro de plata y en ocasiones trazas de oro u otros metales preciosos) son lugares “estratégicos” dentro de la emulsión en donde por sus cualidades potenciales de captación de luz y codificación de imagen se llaman CENTROS DE IMAGEN LATENTE, y después de la exposición a la luz se convierten directamente en CENTROS DE REVELADO, pues será ahí, precisamente sobre estos gérmenes activados de alguna misteriosa manera, por la luz de exposición, en donde el revelado dará comienzo con preferencia a cualquier otro lugar o estado de la red iónica cristalina del haluro de plata.

La plata en estado iónico (Ag+) que representa el haluro argéntico de una emulsión fotográfica, viene a ser plata metálica a la que le falta un electrón para volver a ser plata atómica de tipo neutro. Se halla precisamente en estado de ion positivo (o polo positivo de plata, también podríamos decir), a falta de ese electrón, partícula negativa que ha perdido, y que de hallarlo de nuevo le devolvería su neutralidad para que pudiera pasar de nuevo al estado metálico ordinario de la plata común.


EL REVELADOR Y SU
FUNCIÓN DECODIFICADORA DE IMAGEN
Y en el caso de la fotografía, el revelador no es más que un dador de electrones específico que puede ceder electrones de manera diferencial y perfectamente controlada, al haluro de plata, y que posee, además, la propiedad selectiva de enviar a sus electrones precisamente hacia el blanco o diana que son los iones plata que, por haber recibido el poder de la luz en fracciones de energía porcentuales, también se acoplan porcentualmente, según su receptividad electrónica, para poder formar átomos de plata metálica de manera creciente hasta formar densidades y equidensidades en forma de masas visibles de filamentos enmarañados que conforman la plata metálica de todas las imágenes fotográficas negativas o positivas, aunque tales filamentos no se puedan contemplar a escala de la visión humana.

De la imagen latente no sabemos, en realidad, gran cosa, excepto que se halla de alguna manera codificada en esos gérmenes o motas de imagen latente que forman los centros de revelado tras la exposición a la luz de la emulsión a través de un objetivo modulador de imagen. La imagen latente, en función de algunas investigaciones llevadas a cabo en la década de los años 60 del siglo XX es tan insignificante que convertirla en imagen visible mediante el revelado significa una ampliación de unos mil millones de veces de no sabemos qué energías condensadas en esos centros de revelado de tan exiguo y ridículo tamaño.

La secuencia, en notación científica del evento del revelado tiene lugar de esta manera:

Ag+ + reductor →(e) = Ag + reductor oxidado.


Esto se traduce en significar más o menos así, en el lenguaje ordinario: ION PLATA POSITIVO, MÁS ELECTRÓN QUE CEDE EL REDUCTOR, IGUAL A PLATA METÁLICA, MÁS REVELADOR OXIDADO. Porque en efecto, todo revelador se oxida a si mismo mientras reduce, o transforma en plata metálica, el haluro de plata previamente expuesto a la luz


EL PERÍODO DE INDUCCIÓN.
Y sabemos que el revelado no tiene lugar de inmediato tras bañar la película en el revelador, sino que tarda un tiempo en producirse el primer indicio visible de reducción del haluro a plata metálica. Los electrones no se transfieren instantáneamente a los iones plata positivos, sino que hay un tiempo de tardanza entre la llegada del electrón y su acoplamiento químico al polo positivo de plata. Según el tipo de agentes reveladores, este tiempo de transferencia puede ser muy corto, medio-corto o ligeramente largo. Esto se debe, al menos, a dos circunstancias principales:

1)- Que el período de inducción del agente revelador implicado sea corto o largo, como sucede con los agentes reveladores de una sola carga, (metol y p-aminofenol, por ejemplo, de tipo rápido) o de dos cargas, como la hidroquinona, o el pirogalol, de tipo lento.

2)- El tiempo en que el baño revelador alcanza el grano después de empapada la emulsión puede ser distinto en algunos baños reveladores por su contenido en productos densificantes o que den capas más penetrantes, como cuando llevan espesantes o dan capas más viscosas porque llevan compuestos aglutinantes, o por el contrario porque llevan agentes tensioactivos enérgicos o compuestos aceleradores como los amonios cuaternarios, trazas de yoduros, etc. que ayudan a romper la barrera de carga inicial por efectos fisicoquímicos o catalíticos.

A todo esto también hay que añadir que un revelador cualquiera puede revelar más rápido si se halla concentrado que estando muy diluido, (aunque puede haber excepciones, como en el caso de altos contenidos de agentes antivelo en el concentrado), y también hay que contemplar que una película muy expuesta se revela inicialmente también antes que una ligeramente subexpuesta.


LAS FASES DE REVELADO SEGÚN EL TAMAÑO
DE LA POBLACIÓN DE GRANOS DEL HALURO DE PLATA
El revelado, cuando empieza a manifestarse en la formación de plata metálica, trae consigo una variación de reducción porcentual ante los granos más iluminados y los menos. El PERÍODO DE INERCIA, o PERÍODO DE INDUCCIÓN, como también se dice, es mayor para los granos menores y los menos iluminados, que para los tamaños mayores, o los granos más iluminados. Estos dos últimos grupos (los granos mayores y los más iluminados), tienen una menor inercia química, y son los primeros tipos de granos que comienzan a revelarse tras el contacto revelador-haluro de plata. Porque en una emulsión expuesta hay granos gruesos poco iluminados, por caer en zonas de bajas luces, y hay granos pequeños bien iluminados por pertenecer a zonas de la imagen comprendidas en las altas luces. El período de inducción, pues, no afecta por igual a todos los granos grandes y pequeños, aunque los granos grandes y bien iluminados se revelen antes que los pequeños con igual límite de iluminación.

En cualquier revelado normal, el tiempo de revelado es igual para todo tipo de granos, ya que no se puede dar tiempo parcial para ninguna fracción independiente de la población de granos totales de una emulsión cualquiera. El tiempo de revelado, óptimo, corto a largo, siempre es el mismo para todo tipo de granos de una emulsión sensible. Sin embargo, la fase de revelado que alcanza cada tamaño de grano en particular (fino, medio o grueso) de una emulsión, y dentro del mismo tiempo de revelado, resulta ser que no es nunca la misma, ya que los granos más grandes o los más iluminados alcanzan fases más adelantadas de reducción general que los granos menos sensibles o los menos iluminados. Todo lo más que podría suceder, es que granos de menor tamaño, pero fuertemente iluminados alcanzaran una fase de revelado efectiva igual que la de granos mayores con un cierto porcentaje menor de iluminación, pero ahí se quedaría la cosa. Y esto es así porque los granos de una emulsión no sólo son revelables por el tiempo de permanencia en el revelador, sino por la intensidad de luz que hayan recibido; por eso que un grano medio bien iluminado puede alcanzar la misma fase de reducción que un grano grueso mucho menos iluminado. El uno, de menor sensibilidad, alcanza la fase igualitaria por cantidad de iluminación mayor, y el otro por una sensibilidad mayor que le permite alcanzar la misma reactividad con una iluminación proporcionalmente menor. De no suceder las cosas así, no habría gradaciones tonales en las películas negativas ni en las copias positivas, o bien tan sólo se podrían dar tres escalonamientos progresivos diferenciados de gradación tonal, pero no más. (Aunque en las gradaciones influyen, además de estos dos factores mencionados, otros que tal vez consideraremos más adelante si se diera el caso).

Si cada tamaño de una población de granos fuera exactamente iluminado de forma totalmente igualitaria, y respondiera también de manera igualitaria ante el revelador, una película de grano fino normal que tiene una población efectiva de relación aproximada 1-80 ó 1-100, más o menos (80-100 gradaciones), de las cuales las más próximas entre si entre los granos menores y las más próximas entre si entre los granos mayores apenas se disciernen visualmente por la proximidad de su coloración y densidad, y que habría que considerarlas como sólo una donde hay realmente tres, nos hallaríamos que tan sólo se podrían percibir la mitad de las mismas por parte del ojo humano, que es más o menos lo que viene a suceder con las copias (en los negativos es imposible saber en dónde comienza una y termina la otra), ya que la relación de gradaciones de las copias rondan alrededor de 25-50, ya que no “caben” más normalmente en los papeles de copia, y además difícilmente el ojo humano puede discernir ya un número superior sin un adiestramiento especial. Por contra, una emulsión de grano fino (25 ISO) tiene una relación mucho menor que puede estar entre 1-25 ó 1-40 entre su población total de granos, pero esta relación es precisamente la que más o menos puede admitir un papel fotográfico, por lo cual, los negativos de esta relación de tamaños de grano dan mayores densidades (por ser de granos menores y menos sensibles, requiriendo mayor cantidad de luz para ser expuestos y siendo también más reactivos químicamente por ser partículas de gran finura) que las relaciones de mayor amplitud como las de 1-100 de las películas estándar. Las películas de 400 ISO, (con relaciones de 1-200 ó 1-300 normalmente), dan densidades mucho menores todavía, aunque su escala de gradaciones es muchísimo más amplia. Y las películas de tipo ortocromático para reproducción y las películas de línea, cuya relación puede ser de 1-15 o 1-10, dan contrastes muy superiores a todas las otras mencionadas y escalas de gradaciones muy restringidas también por este motivo, pero resultan ideales cuando e quiere incrementar el contraste de imágenes por reproducción, o cuando hay que reproducir para “recuperar” imágenes muy perdidas por el tiempo o amarillentas por descomposición fisicoquímica de la plata metálica constituyente de la imagen


SOBRE LAS GRADACIONES
FOTOGRÁFICAS, EL TAMAÑO DEL GRANO,
LAS DENSIDADES, Y EL CONTRASTE GENERAL
De hecho, si cada tipo de tamaño de grano fuese iluminado igualmente en su totalidad, igualmente sería atacado con la misma intensidad por el revelador, con lo cual, en vez de hallar una imagen con su típico claroscuro, sus perfiles y sus gradaciones de amplio rango, sólo obtendríamos una escala de grises proporcional a la población general de tamaños de granos según la sensibilidad general de la emulsión. Y dado que la superposición de granos grandes y pequeños en la heterogeneidad de su distribución no sería un producto discriminatorio ni por parte de la luz, ni por parte del revelador, teóricamente la escala de grises se podría reducir a tres grandes perfiles o escalones superpuestos de un gris claro para los granos pequeños, un gris medio para los granos medios, y un gris oscuro o un negro, para los granos gruesos. Los granos intermedios que deberían dar perfiles intermedios, se hallarían, por su cercanía de tamaño, enmascarados por la superposición de todos ellos. Esto es cosa que no puede ocurrir por las razones que se exponen según el siguiente esquema:

1)- Porque la luz llega a la película distribuida como una imagen con muy diversas intensidades de luz que afecta diferencialmente a toda la población de granos, pequeños y grandes. La luz, aunque incide con la misma intensidad sobre el sujeto, no incide en todo lugar de la misma manera ni con la misma fuerza, ya que es apantallada por salientes, sean pequeños, grandes o minúsculos, y reflejada de manera discriminada por los diversos poderes de absorción y reflexión de las superficies que toca, reflejándose hacia la cámara con distintas potencias energéticas que afectarán de manera desigual y en proporciones diversas, a los granos de la red cristalina fotosensible

2)- Porque el revelador discrimina entre granos más sensibles o menos en su poder reductor, y también discrimina entre su carga de luz efectiva según la energía relativa con que cada grano en particular ha sido “cargado” por la luz de exposición para revelar antes o después a cada grano en particular según esta potencialidad adquirida y su propia sensibilidad inherente

3)- Porque los granos se revelan unos total y otros parcialmente en función de su sensibilidad relativa, su iluminación porcentual, y su localización interna o superficial en el grosor de la capa de emulsión.

Para una misma cantidad de exposición a la luz radiante, los granos expuestos en diferentes zonas o lugares de la imagen, incluso los de tamaños iguales, se revelan en diferentes lapsos de tiempo dentro de período de inducción total, y luego siguen revelándose al mismo ritmo diferencial hasta el término del tiempo óptimo o normal de revelado. Si se prosiguiera el revelado más allá del punto óptimo general, los granos mayormente ya revelados se volverían inertes y podrían no seguir revelándose si el revelador es de tipo superficial y de bajo potencial revelador, con lo cual se estancaría su crecimiento más allá de este punto. Entretanto, si se sigue el revelado, los demás granos menos revelados y todavía activos químicamente, seguirían revelándose a su ritmo característico, con lo cual, al cabo de cierto tiempo, algunos granos, (en un tiempo extra de revelado), o incluso todos (en un revelado hasta gamma infinito), acabarían por quedar al mismo nivel gradacional de densidades iguales, por lo cual se podrían perder algunas gradaciones antes habidas (en el primer caso de revelado óptimo) o quedarse bloqueadas todas ellas por completo, en el caso del revelado a gamma infinito, como suele suceder. En este último caso la película quedaría inservible, prácticamente

La influencia, pues, del tiempo de revelado para una misma exposición (supongamos óptima) es causa de variación importante en la escala tonal sobre la transición de las gradaciones en mejor o peor porcentualidad práctica y efectiva, y en el tamaño final del grano revelado, además de una importante variación del contraste general, y, por supuesto, en la densidad básica obtenida en la estructura de la plata revelada.


EL TAMAÑO DEL GRANO.
FACTORES QUE INTERVIENEN EN SU ENVERGADURA.
Si se interrumpe el revelado en una gamma baja; es decir, cuando el revelado es ligeramente incompleto en densidad con respecto al punto óptimo, (por no cumplirse el tiempo normalizado), pero en donde ya están formadas todas las gradaciones posibles, el tamaño del grano en tal caso equivale porcentualmente a una fracción concreta del tamaño real del cristal correspondiente del haluro de plata. Este valor fraccionario depende, también en parte, de la exposición dada a la película, además del tiempo de revelado, ya que una emulsión ligeramente subexpuesta tendrá siempre un grano de menores dimensiones que una película ligeramente sobreexpuesta. Pero resulta curioso que en estos casos de revelado a gamma baja a pesar de que el tamaño del grano es porcentualmente más pequeño que el tamaño original de los cristales de haluro, que son el verdadero tamaño del grano, (por ser el “molde” donde el grano se genera),en las copias este tipo de grano es visualmente mayor casi en todos los casos, que cuando se revela a una gamma ligeramente superior o a gamma media .Esto es porque hay otras razones específicas, (independientes de que el grano se revele parcialmente y de menores dimensiones físicas), por las que una película sobreexpuesta, o sobrerrevelada, puede mostrar menor grano que una subexpuesta o subrevelada, cuestión ésta que debatiremos más adelante.

Si en vez de interrumpir el revelado a una gamma baja se prosigue hasta completar el tiempo normalizado, (gamma media), el grano incrementa su tamaño en todas las zonas de imagen, y el “diámetro” medio de los granos que se puede hallar en comparación con respecto a un revelado a gamma baja (por el mayor tiempo de revelado necesario para ello) es en todos los casos de mayores dimensiones estadísticas en toda la población general. (Aunque en un revelado a gamma baja el incremento del tamaño del grano está ligado a la intensidad de la exposición, en parte, por el contrario, cuando el revelado se lleva hasta gamma infinito el tamaño del grano, o su “diámetro” medio, deviene a ser independiente entonces, de la exposición, y sólo depende en este caso del tiempo extra de revelado).

Y es que cuando se revela a un valor gamma intermedio, que más o menos corresponde a un revelado de tiempo “normal”, resulta que se halla que los granos devienen a una mayor diversidad de tamaños que a gamma baja porque un revelado ligeramente incompleto sólo revela los granos superficiales al no dar tiempo al revelador a iniciar la reducción en las capas internas de la emulsión, mientras que el revelado “normal” (gamma intermedia), al durar mayor tiempo, permite revelar parcial o totalmente una porción considerable de granos internos pertenecientes a los cristales de haluro de plata que se hallan a una cierta profundidad sobre la capa superficial. En las capas internas el revelador es menos activo porque el período de inducción es más largo en la mayoría de los casos, (hay que exceptuar los reveladores ácidos al clorhidrato de diaminofenol, conocido como Amidol, que pueden revelar primero los granos hundidos que los de superficie por razones fisicoquímicas), y al dar el tiempo de revelado normal se tiene en cuenta este factor de retraso para poder alcanzar así la gamma normal o intermedia.

En el caso de un revelado a gama intermedia, el revelador tiene tiempo de alcanzar y reducir los granos internos de la emulsión, y estos resultan, al cabo, en ser siempre más finos que los granos superficiales por haber comenzado a revelarse más tarde, por un lado, pero también porque recibieron algo menos de luz al ser esta “filtrada” primero a su paso por los cristales de la superficie de la capa de haluros, y en función de estas dos razones siempre se revelan menos. Y por otro lado hay que constar también que el revelador que se viene difundiendo desde la superficie del haluro llega ya algo gastado a los granos interiores, y su poder revelador puede hallarse algo disminuido, excepto en aquellos casos en los que un revelador poco sulfitado no pueda eliminar los productos de oxidación que representan reductores muy enérgicos como las quinonas y semiquinonas. Pero estos reveladores no son nunca reductores de gamma baja, por eso no podemos contemplarlos en este caso concreto.

El tamaño final de los granos revelados a gamma baja depende, (además del tiempo de exposición), del tiempo total de revelado, pues una capa de haluro más expuesta que otra (sobreexposición) en revelados de gamma baja da granos de diámetro mayor que una menos expuesta para un tiempo de revelado proporcional. Y, como se dijo antes, si el revelado se lleva hasta gamma infinito, entonces el tamaño final del grano, o su diámetro relativo, es independiente de la exposición y sólo depende del poder reductor del baño a causa del mayor tiempo de revelado. (Un revelador muy enérgico o un tiempo muy grande de revelado pueden producir filamentos de plata más largos, que sobresalen del molde que forma el cristal del haluro, mostrando entonces tal emulsión un grano muy grueso)

Todo esto tiene que ver, en parte o en todo, con el hecho de que el número total de granos del haluro de plata revelado por unidad de superficie en la capa de emulsión, crece por efecto de la exposición. Cuanta más luz llegue a la capa, cuantos más granos son activados. La densidad media de granos revelados viene a ser proporcional a la densidad final de plata metálica que resulta tras el revelado: Si se revela poco, la densidad media decrece; si se revela mucho, la densidad media crece. Así de simple.

Pero hay más cosas: La llegada del revelador al cristal de haluro de plata, como ya se ha sentado antes, es rápida en la superficie de la emulsión, y algo más lenta en el interior de la misma, ya que el líquido revelador tiene que penetrar a las capas interiores por difusión a partir de la capa superficial. De esta manera, el pequeño desfase entre el contacto del revelador con el haluro superficial y el tiempo inicial de reducción del grano, (retraso que conocemos como PERÍODO DE INDUCCIÓN; o INERCIA DE REVELADO), es algo mayor para los granos internos, que para los superficiales.


ORDEN DEL REVELADO DEL GRANO EXPUESTO.
Por otro lado, tenemos que un revelado a gamma baja con un revelador muy diluido (o con reveladores superficiales, ya de gamma baja), los granos que primero se revelan son los granos más sensibles, bien iluminados, que son también los de mayor tamaño. Así pues, en la superficie de la emulsión se revelan mayormente los granos gruesos, luego los medios seguidos de una porción importante de los más pequeños, y, posiblemente antes aún de que se revelen los granos superficiales más pequeños de todos, allá en lo profundo de la emulsión comiencen ya a revelarse los granos gruesos internos. Si en este instante se para el revelado, nos hallaremos con una emulsión revelada a gamma baja que tiene abundancia de medios tonos, pero baja densidad de plata revelada. Esto es así porque todos los granos reducidos en poco o mucho grado, no alcanzaron en este tiempo a revelarse en todo su espesor, y su media estadística de densidad real es equivalente también a su media estadística de plata reducida; es decir, la imagen revelada de esta película está formada por una capa de plata metálica de bajo nivel cubriente y de una opacidad menor ante la luz de la que alcanzaría a poseer si se hubiera revelado a una mayor gamma. El tiempo de revelado corto requerido para una gamma baja, no ha permitido revelarse más que de manera parcial a los granos de mayor sensibilidad o a los de algo menor tamaño, pero mejor iluminados, sin haber afectado a los granos de menor tamaño aun. La gamma baja en un negativo es, pues, un producto de la carencia suficiente de plata revelada por falta de tiempo de reducción.

Por lo que podemos suponer de un caso así, acertaremos completamente si afirmamos, pues, que tales negativos revelados a gamma baja con este tipo de revelados ligeramente incompletos, es que nos darán copias de gran compensación tonal, alta definición de imagen y un contraste muy equilibrado, y que positivan bien con tiempos muy cortos de exposición en la ampliadora. Sin embargo también hallaremos que proporcionan un grano bastante notable ya en ligeras ampliaciones, pues no resultan ser reveladores de grano especialmente fino excepto en aquellos casos en que puedan llevar añadidos productos disolventes del haluro de plata y se hayan sobreexpuesto las películas de manera adecuada para compensar el efecto disolvente del baño. Esto es así porque en tales casos, los granos finos de la emulsión que permanecen en las capas internas no han llegado a poder revelarse, por falta de exposición suficiente para un tiempo ligeramente corto de revelado, y tan sólo los granos grandes, (más expuestos por ser más sensibles), son los que se han revelado realmente.

Por otro lado tenemos que con el ligero subrevelado los granos mas finos revelados no se han podido aglomerar y soldar entre si con los granos de mayores dimensiones, por lo cual se presentan todos los tamaños de granos gruesos, medios y finos que alcanzaron a revelarse, completamente aislados los unos de los otros, sin intermedio alguno entre ellos que haya podido ser cubierto de granos finos que podían enmascarar tales “huecos”. Este aislamiento o separación espacial entre granos es lo que proporciona ese grano grueso visual (aunque de baja densidad), por la falta de enmascaramiento que podrían proporcionar los granos finos al rellenar los intersticios que han quedado al descubierto. Este efecto es típico de los reveladores de baja o media densidad cuando se efectúan revelados ligeramente cortos buscando una gran compensación tonal y contrastes muy equilibrados. También sucede empleando reveladores de media-alta densidad muy diluidos que no pueden desarrollar todo su verdadero potencial reductor para proporcionar el revelado de la totalidad de los granos internos de la capa de la emulsión


SOBRE LA BARRERA DE CARGA.
En cuanto a qué es la barrera de carga, (“culpable” del periodo de inducción antes considerado), o en qué consiste realmente, no hay demasiados acuerdos entre autores dedicados a esta investigación específica, ya que unos la atribuyen, (con cierta lógica teórica), al exceso de iones bromuro negativos adsorbidos que rodean al grano y que por ser del mismo tipo de polaridad que los electrones que cede el revelador, se repelen mutuamente de manera proporcional a la carga de los iones implicados, hasta que por algún mecanismo aun no dilucidado claramente, se rompe esa barrera potencial y da comienzo a la reducción del haluro expuesto. Esta teoría no explica como el poder reductor es totalmente selectivo, ya que una rotura de carga electrostática nada más, debería dejar que todos los granos se revelasen sin diferencias, cosa que no sucede en la práctica, así que debe de haber algo más implicado en el asunto.

Otros investigadores, por el contrario opinan que la barrera de carga es debida a que en los centros de revelado, el revelador es absorbido a gérmenes de plata metálica junto también con iones plata igualmente adsorbidos simultáneamente, con la formación de un complejo que en cuanto se activa hace de catalizador para la reducción selectiva continua. El periodo de inducción viene a ser en este caso el tiempo que se tarda en formar y activar tal complejo de adsorción GENTE REVELADOR-ION PLATA-CENTRO DE REVELADO. El complejo, una vez activado puede seguir adsorbiendo revelador a bromuro de plata y seguidamente dar un nuevo triple complejo como REVELADOR-ION PLATA-PLATA ATÓMICA DE REVELADO, de tipo auto catalítico que hace proseguir la reacción hasta que se ponga término al revelado mediante enjuague o baño de paro.

Hay todavía otras teorías pero son más o menos parecidas, sólo que se realizan mediante otros mecanismos teóricos,. Como por ejemplo: en que el agente revelador se adsorbe primeramente a plata en los centros de revelado adquiriendo así una carga negativa por cesión de un electrón al propio centro de revelado. Este centro de revelado con carga negativa por haber adquirido un electrón, puede ahora atraer hacia si a un ión positivo del cristal del haluro y lo reduce a plata atómica. Esta teoría se conoce como LA TEORÍA DEL ELECTRODO porque en la zona superficial del centro de revelado, considerada imagen latente, la reacción es anódica, mientras que en la parte interna entre el ion plata positivo y el centro de revelado, la reacción es catódica. Los filamentos de plata atómica serian “extruidos”, en este caso desde el interior del centro de revelado hasta el exterior, lo que concuerda hasta cierto punto, con lo observado.


¿OTRA TEORÍA SOBRE EL PERÍODO DE INDUCCIÓN?:
SOBRE EL ELECTRÓN Y SU ONDA DE PROBABILIDAD.
Pero la barrera de carga de los reveladores se podría explicar también mediante otro tipo de mecanismo que puede no tener nada que ver con las cargas negativas del bromuro de plata y la de los electrones cedidos por el revelador, aunque tal mecanismo estuviera directamente relacionado con los electrones mismos. Se trata de su función de onda. Sabemos que los electrones son partículas físicas con dimensiones bien definidas por la ciencia, con carga eléctrica medida y conocida, y que tienen espín, (un tipo de giro peculiar propio de muchas otras partículas cuánticas), y son poseedores de masa. Definitivamente, son partículas en el amplio sentido de la palabra.

Sin embargo, los electrones son “cosas” que no podemos contemplarlos cono si fueran balas de cañón redondas o bolas de billar, pues tienen asociados a si mismos una virtud de ser duales en sus manifestaciones físicas y químicas: Porque el electrón además de ser una partícula, es, de forma fundamental, una onda de probabilidad estadística que se mueve misteriosamente de manera aún no conocida y que sólo se puede calcular su movimiento o su posición a consta de una incertidumbre matemática.

El electrón cabalga siempre sobre su propia onda de probabilidad, y su identidad es la misma onda que le promueve, y esa misma onda es la entidad que le mueve y hace existir. El electrón, en ausencia de su propia onda simplemente no existe, porque la ausencia de la onda es la misma ausencia del electrón. Donde esté el electrón, estará su onda de probabilidad; donde no esté la onda de probabilidad del electrón, el electrón no estará tampoco. Es una simbiosis que no puede existir de otra manera.

Las propiedades ondulatorias del electrón le dotan de una capacidad sensitiva intrínsecamente propia para sentir cada uno en particular la presencia y cercanía de cualquier otro electrón. Esto es debido a que sus propiedades ondulatorias crean patrones de perturbación interferencial cuando algo se interpone en su camino, y sobre todo cuando el obstáculo es en forma de rendijas múltiples o con estructuras de índole parecida. La onda del electrón, en tales casos, se bifurca para atravesar tales barreras, y más allá de ellas se recombina de nuevo consigo misma en forma de crestas y vientres. Si pudiésemos ver tales perturbaciones hallaríamos la tan característica figura de interferencia que los científicos nos han dado a conocer sobre las partículas duales.

En su camino, donde quiera que vaya, el electrón codifica toda su información sobre el universo a través de su onda de probabilidad, y sus bifurcaciones y sus recombinaciones son su propia forma de almacenar toda la información que va hallando a través de su trayecto. Su “sabiduría” queda así codificada y guardada para cuando tenga que servirse de ella. Hablar del electrón largamente no es el propósito de este ensayo ahora, por lo que recomiendo al lector que quiera saber más que adquiera y lea EL MISTERIO DEL REVELADO, ensayo que ha sido publicado en el Foto/Extra del Nº 277-278 de la Revista FOTO del 1/2/2006.

Aquí sólo quiero resaltar que el electrón posee la propiedad de “sentir” a otros electrones dentro de su campo de perturbación propio, manteniéndose alejado prudentemente cada uno del otro, guardando así una distancia mínima de seguridad que preserve su privacidad y su vida íntima. Y esta “repulsión” de mantenimiento de su espacio privado sin que otros inunden su campo de intimidad propia, es algo que se da de forma independiente a su repulsión polar (polos iguales se repelen) por la carga eléctrica…La interferencia creada por la emisión de las crestas y vientres de la onda de probabilidad de cada electrón, se superpone e interfiere con las crestas y vientres de cualquier otro electrón que se pueda hallar en las proximidades lo que basta para que los tales se alejen unos de otros en busca de la distancia de seguridad preceptiva. En tales casos, podría ser que la fuerza eléctrica no fuera el medio de repulsión ordinario en el mundo cuántico de los electrones. Quizás en otras reacciones químicas la repulsión electrostática pueda ser la causa de fenómenos conocidos, pero en otros casos tal vez la repulsión eléctrica estaría injustificada.


MOGOLLÓN DE PREGUNTAS.
¿Qué es lo que pasa realmente en el mundo interno de la red cristalina del haluro de plata? ¿Qué es lo que pasa verdaderamente allá en el mundo del revelado químico de los haluros de plata ante la reducción de la plata iónica a plata metálica? ¿Es acaso el período de inducción un fenómeno electrostático de polaridades que se repelen, simplemente? ¿Podría ser el período de inducción una consecuencia de la interferencia de las ondas de probabilidad de los electrones libres anclados en intersticios o mantenidos en puntos de nucleación de manera esporádica?

Sabemos que durante la exposición de la luz, el haluro de plata moviliza en sus entrañas una cantidad ingente de electrones libres y medio-libres anclados en diferentes trampas de la red cristalina, además de todos aquellos que se movilizan por causa de la incidencia de los fotones sobre el bromuro de plata al que le arrancan literalmente montones de electrones, y se produce bromo libre… Después de la acción de la luz, algunos electrones se sabe que se recombinan con el bromuro para formar de nuevo iones bromo. Pero ¿qué pasa en el seno de la red cristalina con todos los miles de electrones que han sido liberados del bromuro y que no se recombinan? ¿Se acoplan todos a iones plata positivos? ¿Quedan parte de ellos formando barreras de carga eléctrica repulsivas? ¿O se pueden quedar en semilibertad, sujetos por las fuerzas internas de la red en sus fisuras y cepos a falta de una energía liberadora que les expulse de tales trampas? ¿Son acaso estos posibles electrones semilibres, no asociados a ningún polo positivo de plata ni a otras estructuras más estables los que pueden emitir a cierta distancia señales de ondas de perturbación que capten los electrones emitidos desde el revelador y se retrasen en penetrar en el haluro y proceder a la reducción de los centros de sensibilidad? ¿Cuánto puede influir la carga eléctrica en el caso de que la cercanía de polos iguales negativos alcance un cierto valor mínimo? ¿Por qué luego de un tiempo se produce la reducción del haluro, si hay repulsión eléctrica luego de haber las perturbaciones interferenciales primero, caso de ser así?...


LOS DOS "MISTERIOS"
Una cosa que es a la vez onda y partícula, es realmente un misterio. Y en fotografía, tratamos, al menos, con dos misterios: La luz, y el electrón. La luz es la que “hace” la imagen latente en los sistemas de plata iónica; el electrón, posiblemente, es quien luego la mantiene en estado latente, y también es quien posteriormente forma la imagen visible de plata metálica revelada. La realidad corpuscular de estos dos entes tan peculiares, (luz y electrón), parece ser que no se puede negar sin enfrentarse a muerte con la ciencia actual. Y la realidad ondulatoria de los mismos ambos entes, es también indeclinable y apodíctica.

Se acepta, académicamente, que cuando la luz incide y rebota en cualquier objeto material, cada punto concreto del mismo desde el cual la luz se refleja puede considerarse, a todos los efectos prácticos, como un emisor directo de ondas esféricas de luz que se esparcen en todas las direcciones. Y si nos atenemos a la teoría ondulatoria, cuando un foco luminoso emite su onda esférica de luz, esta debería perderse en el espacio diseminándose de manera progresiva. Sin embargo se puede comprobar que esto no es realmente así, puesto que aun después de que el rayo de luz haya recorrido enormes y largas distancias puede llegar a producir (y de hecho produce), efectos fotoquímicos notables y también efectos de carácter fotoeléctrico sobre otros elementos. Por supuesto tales fenómenos no se podrían manifestar si no hay en juego una determinada cantidad de energía. Y se puede observar que los fotones la tienen.

Los fotones son partículas o corpúsculos asociados a una onda, es decir, a un movimiento ondulatorio. Son como proyectiles que constan como granitos muy diminutos de energía, y que, generalmente se aceptan como indivisibles. Aunque teorizando sobre ciertas leyes estadísticas parece que se puede “hipotizar” que el fotón o partícula de energía de la luz puede ser realmente la asociación de dos corpúsculos aún más diminutos por cuanto los fotones siguen la estadística conocida como de Bose-Einstein de tener un espín de tipo par, o nulo, se puede conjeturar también que pueden estar constituidos por dos corpúsculitos de medio espín, al contrario del electrón, que tiene espin semientero y que sigue la ley estadística de Fermi-Dirac, lo que implica que una partícula puede quedar en un estado de ser, tan característico, que no puede compartir su estado singular con ninguna otra partícula. Por eso, dos electrones, nunca pueden compartir una misma órbita. Esto es conocido como el PRINCIPIO DE EXCLUSIÓN, DE PAULI. Sin embargo, y a pesar de estas hipótesis de que el fotón pudiera estar constituido por dos corpusculitos de medio espín cada uno, de hecho se acepta que el fotón es un todo indivisible, y que la luz está formada por este tipo de partículas que son discontinuas e independientes, y que todo movimiento corpuscular actúa como una serie de valores enteros discontinuos; es decir, a saltos bruscos de impacto. Esto nos permite deducir que, si las partículas de luz, como, proyectiles, no se pueden fraccionar, sólo una concepción corpuscular de la radiación lumínica puede llevarnos a la noción de esta energía que produce cambios químicos en la materia y que es transportada por el fotón como si fuera un “grano” de luz. Si la luz no estuviera compuesta por CORPÚSCULOS-PROYECTIL, ese resultado de hacer cambios fotoquímicos y efectos de carácter fotoeléctrico, no se podrían producir.

La luz, pues, parece tener una naturaleza discontinua, al igual que la que tiene la materia, la cual consta normalmente de fragmentos enteros, pero independientes, tales como los electrones, los átomos y las moléculas. Pero sin embargo, y por otro lado, un rayo de luz puede contornear un obstáculo y no rebotar o embutirse en el obstáculo mismo como lo haría un proyectil, cuestión ésta que indudablemente afirman los fenómenos de la refracción y la interferencia que puede mostrar un rayo de luz. Y esto nos lleva a poder asegurar el carácter también ondulatorio de la luz, además de su carácter corpuscular, o de partícula-proyectil. Solo una onda puede rodear obstáculos. Los proyectiles o bien rebotan, o bien se embuten en el obstáculo, pero nunca lo pueden rodear.


LA DUALIDAD:
ESTADO DE GRACIA, CUÁNTICO.
Como un estado sólo de los dos no podía explicar ciertos fenómenos que la luz produce, ni como se conduce, se acabó por “descubrir” y aceptar que la luz posee un carácter dual-unitario que, según las circunstancias permite a la luz obrar como partícula en unas ocasiones y como onda en otras ocasiones específicas. Así es como las dos teorías, la corpuscular y la ondulatoria dejaron paso a una “criatura” que se concibe ahora como dual, pues posee las dos personalidades asociadas y actúa a su entero parecer eligiendo, bien ahora una, o bien ahora, esta otra, según vea la cosa a lo largo de su camino… Al electrón le pasa otro tanto de lo mismo, y deben de tener un alto grado de parentesco asociado de alguna manera, pues bien sabemos que la luz pertenece al espectro electromagnético; es decir que participa de ciertas asociaciones eléctricas y magnéticas para desarrollarse y ser como es.

Y aunque aceptamos de buen grado y sin rechistar lo que los escientes y sesudos hombres de ciencia nos dicen acerca de la luz y de los electrones, lo cierto es que esto de ser dos cosas diferentes, a la vez, es algo complicadillo de entender aunque resulte tan fácil de creer como nos resulta la cosa…

Y aquí me paro, al hablar de la luz y de los electrones, sobre su dualidad y su desdoblamiento de conducta y comportamiento, porque si continuamos este camino de filosofación sobre la actuación ondulo-corpuscular de la luz e ídem del electrón, podemos meternos en un berenjenal de ideas tan complicado que en vez de filosofar con ciencia, “cienciaríamos” con filosofación, lo cual, por lo complicado del asunto, es mejor dejarlo como está.

Volvamos pues a nuestro tema, y conformémonos con saber que en fotografía siempre trabajamos, querámoslo o no, sepámoslo o no, con dos misterios, tal como ya anteriormente se dijo: La luz, (lo que sea), y el electrón. (Lo que sea también).


Continuará...

NOTA:
Continúa en: "Sobre las emulsiones y los reveladores, y la inteligebncia humana" (Parte II)

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