Sobre las emulsiones y los reveladores, y la inteligencia humana. (Parte II)




(Continuación...)


LA BARRERA DE CARGA
Y EL HALURO EN ESTADO INTERMEDIO.
La barrera de carga, sea esto lo que sea o lo que pueda representar a nivel atómico dentro de una emulsión, no ha sido todavía completamente explicada por la ciencia. Sin embargo, sabemos que, cuando un electrón se tropieza con un ion plata positivo, se acopla a él y ¡zas!, se forma un átomo de plata metálica de revelado… La imagen visible no es más que un acoplamiento masivo de millones y millones de electrones a los iones plata positivos que la luz iluminó y dejó en un estado de activación específico y singular. Pero dado que existe el llamado período de inducción, es decir un retraso entre la llegada del revelador a la emulsión y la aparición de la plata metálica en forma de imagen física, cabe suponer que el acoplamiento del electrón al ión plata positivo no se realiza de manera instantánea. Por otro lado, también sabemos, debido a este período de inducción que existe una cantidad de plata intermedia en el estrato general del haluro de plata, causado por el inicio de la reducción por el revelador, y que cada ión plata positivo al no pasar de manera instantánea a plata atómica, tiene que irse formando y transformando en ella paulatinamente, por etapas de transición. Por lo tanto hallaríamos este esquema de transformismo durante la reducción del haluro de plata, a plata metal:


1)- ION PLATA POSITIVO Y ELECTRÓN QUE SE LE ACERCA

2)- COMIENZO DEL ACOPLAMIENTO Ag+ Y ELECTRÓN: Ion plata positivo que va dejando su estado iónico y ya no es todo ion plata, pero tampoco es todo plata metálica. (Compuesto intermedio todavía, pero aún más ión que plata),

3)- AVANZA EL ACOPLAMIENTO: El ión plata es cada vez menos ión y más plata metálica

4)- ACOPLAMIENTO TOTAL: Átomo de plata completado. La plata ahora es perfectamente metálica…

Como estos supuestos cuatro pasos se dan a la vez en miles de millones de polos positivos de plata, es así como la insignificante y casi inexistente imagen latente, (potencia virtual en origen, pero sin existencia física comprobada como correspondiente punto por punto con el original), se ve impelida a mostrarse como imagen visible de plata de revelado tras un impresionante y espectacular aumento de al menos un factor de entre 100.000.000 a 1.000.000.000, a 1, con respecto a las motas de átomos de plata iníciales como CENTROS DE SENSIBILIDAD primeramente, luego CENTROS DE IMAGEN LATENTE, y al final CENTROS DE REVELADO.

Así que, como vemos, hay al menos teóricamente cuatro etapas consecutivas en la reducción del haluro de plata a plata atómica. Pero precisamente esto nos indica que no hay un acoplamiento instantáneo del electrón al ion plata positivo. Si lo hubiera, o bien no habría período de inducción, (teorizando de una manera), o bien tras el período de inducción el revelado sería verdaderamente instantáneo. (Teorizando de otra manera).

Sin embargo, el cambio no es nunca instantáneo, ni durante el período de inducción, ni tras él. Y esto nos da pié y confirma el que podamos teorizar el revelado como algo que se puede esquematizar tal como se hizo más arriba, al menos en cuatro pasos de acción. Pero esto también significa que durante ese período de acoplamiento paulatino y creciente, se forma una cantidad importante de producto de plata intermedio entre ser haluro de plata y ser plata atómica de revelado, pero sin llegar a ser ni una cosa (pues ya se dejó de ser haluro de plata puro) ni la otra. (Pues aún no se llegó a ser plata atómica, todavía…).

Este estado intermedio de la emulsión en curso de revelado, no siendo ya haluro puro ni habiendo llegado a ser todavía plata atómica, es lo que se da en llamar PLATA DE TRANSICIÓN. Y también este estado intermedio es el que nos permite filosofar sobre cosas tan profundas e incomprensibles como la dualidad onda-corpúsculo del fotón, por un lado, (uno de los misterios de la fotografía), y del electrón, por otro lado. (El otro misterio de los dos con los que trabajamos día a día los fotógrafos, aun sin saberlo)

No quiero explayarme ahora en estas filosofaciones tan complicadas que acabamos de comentar, sobre los fotones y los electrones, pero dejo caer esta idea para que se tenga presente que la fotografía pide mucha investigación para entender su quisicosa; su intríngulis particular e inherente, y que no se trata sólo de apretar el disparador y luego simplemente copiar bajo la ampliadora y ya está…


EL PROCESO POSITIVO DE BLANCO Y NEGRO.
Vayamos pues, ahora, con las copias sobre papel fotográfico de blanco y negro: Casi todo lo que se ha vertido en este ensayo, hasta aquí, es común a la fotografía, en general, pudiendo ser aplicado a emulsiones de color o de blanco y negro, porque muchas cosas son inherentes a todo lo fotográfico, sean negativos o sean imágenes positivas sobre papel, tal como la formación de la imagen latente previa, la reducción del haluro argéntico a plata metálica durante el revelado, el período de inducción, el contraste y la densidad, y otras ciertas cosas más que devienen “automáticamente” por obra y gracia de la naturaleza del propio sistema. En el proceso de color, hay ciertos aspectos de las emulsiones que resultan diferentes, tal como los acopladores de color, y en los reveladores igualmente hay ciertas diferencias como los generadores cromógenos y algunas otras cosillas más. Por otro lado, el color, aunque se puede hacer de manera artesanal, normalmente se realiza mediante procesos mecanizados de alto rendimiento por medio de máquinas automáticas con programaciones mediante computadoras. Pero no queremos aquí hablar del procedimiento fotográfico de color, sino del procesado en blanco y negro manual, fuente de satisfacciones para el usuario experto, pero una tremenda pesadilla para el que no lo es…

Porque positivar en blanco y negro para producir copias de gran calidad técnica y estética, es cosa harto difícil en todos los sentidos, ya que sin tener conocimiento profundo del entresijo de acciones, reacciones y demás “ones” físicos y químicos que afectan a la fotografía, lleva muchísimo tiempo aprender y dominar a la plata iónica para transformarla en aquello que, como imagen, deseamos que tenga y posea las más altas cualidades de valores técnicos, estéticos y emocionales.


EL APRENDIZAJE EMPÍRICO.
Una persona que no sepa nada de los procesos químicos internos que suceden a nivel atómico o molecular dentro de una emulsión cualquiera, negativa o positiva, sólo puede aprender mediante el conocidísimo e insoslayable principio del ensayo error-acierto; es decir, mediante la práctica empírica de probar, y si sale mal repetir hasta que salga bien, con lo cual se acumula conocimiento y experiencia con el tiempo de práctica y dedicación al asunto. Pero esto quiere tiempo; mucho tiempo, para memorizar todas las variantes y posibilidades que es necesario conocer para logar ser un buen positivador.

Cuando se conoce al menos algo de los mecanismos físicos y químicos de la fotografía y se está en posesión de ciertas claves del cómo y el por qué de ciertas pautas inherentes al proceso fotográfico en el interior del haluro, y se posee también, aunque sea en cantidad mínima conocimiento de cómo interacciona el revelador con la red iónica, sus productos de oxidación, sus formaciones de complejos coloreados o incoloros y otras muchas pequeñas cosas que permitan teorizar y derivar otras reacciones útiles, entonces el fotógrafo puede alcanzar a positivar de manera magistral en un período de tiempo corto, y, además, prepararse él mismo los reactivos que harán posible una imagen personalizada y singular, pero también lo puede conseguir incluso trabajando con reactivos comerciales, que son menos especializados. Además tal conocimiento le hará saber cuándo y cómo utilizarlos de manera racional para obtener resultados espectaculares y no esos resultados vulgares y normalizados de la gran mayoría de los que, de alguna manera, trabajan en esto de la fotografía de blanco y negro desde el principio (la toma) hasta el fin.(El positivado)


SOBRE LAS EMULSIONES
DE HALUROS DE PLATA POSITIVAS
Las emulsiones para negativos casi todas ellas dan (y normalmente se espera que sea así) plata metálica de coloración gris, más o menos densa, y de tipo más o menos neutro, por lo general. Raramente se buscan negativos de tonalidad cálida (aunque se pueden hallar) ya que esta tonalidad u otra cualquiera no se puede transmitir sobre el papel de blanco y negro, ya que éste no registra los colores, sino sólo el tono, y además considerando éste como una escala de grises; es decir, como tonalidades escalonadas de grises crecientes o decrecientes que forman el claroscuro de la imagen.

Sin embargo, los papeles fotográficos de blanco y negro, aunque no pueden registrar ningún color como tal, y sólo pudiendo transformar los colores en gama de grises, pueden sin embargo producir coloraciones de imagen que son independientes de las longitudes de onda de la luz, y que dependen exclusivamente de las coloraciones que puede presentar la plata en ciertos estados atómicos de muy finísima división.


LOS TRES TIPOS DE EMULSIONES USUALES.
De los tres tipos generales de emulsiones de papel fotográfico positivo que se elaboran, unas constan de SÓLO BROMURO DE PLATA, otras de CLOROBROMURO DE PLATA, y las otras, (actualmente de manera muy escasa y especial) AL CLORURO DE PLATA PURO, o al CLOROCITRATO DE PLATA. Estas últimas emulsiones (cloruro y clorocitrato), no se pueden emplear para hacer ampliaciones por ser muy lentas, y sólo se usan para copias por contacto. Una emulsión de este tipo es la Centennial, de la casa Kentmere

En las emulsiones al clorobromuro de plata, hay al menos dos tipos de ellas, que difieren entre si, al menos por el contenido químico en el porcentaje relativo de los haluros: Unas llevan proporcionalmente más bromuro que cloruro y se catalogan como EMULSIONES AL CLOROBROMURO DE PLATA RÁPIDAS, y las otras llevan proporcionalmente más cloruro que bromuro y se califican como EMULSIONES AL CLORURO DE PLATA, LENTAS. Estas últimas pueden ser entre cinco y diez veces menos sensibles que las rápidas, pero también constan de grano más fino y poseen una mayor facultad para promover cambios físicos visibles en la estructura de la plata atómica, en forma de coloraciones diversas (independientes de las longitudes de onda de la luz) y que influyen directamente en la estética final de la imagen.

Las emulsiones al bromuro de plata, normalmente proporcionan tonalidades de plata revelada de tipo negro neutro en las sombras, y gris neutro más o menos oscuro en las zonas medias y altas luces. En ciertos casos, algunas emulsiones que llevan aditivos especiales pueden mostrar coloraciones de negro frío, con tendencia azulada, que puede ser mas o menos notoria según el fabricante, y también según el revelador empleado para su logro.

Con respecto a las emulsiones al clorobromuro, todas ellas tienen tendencia a mostrar plata revelada de coloraciones cálidas que pueden ir desde un negro cálido discreto, hasta negros cálidos muy notorios. Según los tipos de reveladores empleados para procesar tales papeles, algunas imágenes pueden incluso mostrar coloraciones amarillentas, en algunos casos con “insinuaciones” verdosas, y pueden fácilmente producir marrones de diverso matiz e incluso, en algunos otros casos tonalidades francamente sanguinas o próximas a ellas. Este tipo de coloraciones, como ya se dijo, son independientes de las longitudes de onda da la luz de la ampliadora o de los colores del negativo, y tienen que ver con el tamaño y las estructura física de la plata atómica revelada de una cierta y particular manera por los reductores.

El que los papeles al clorobromuro de plata puedan desarrollar coloraciones cálidas tiene que ver con el tamaño inherente del grano de haluro de plata, es decir, con el tamaño general de los cristales que forman la red iónica cristalina de este tipo de emulsiones, que son de tamaño diminuto. (Por eso, este tipo de papeles pueden ser entre cinco y diez veces menos sensibles que los bromuros). Los clorobromuros lentos, por poseer un tamaño de grano mucho más fino que los clorobromuros rápidos, siempre rinden coloraciones más vivas y cálidas, y también pueden derivar más fácilmente a otras coloraciones intermedias de gran impacto visual mediante el uso de formulaciones reveladoras especiales. Los tiempos de revelado con este tipo de papeles siempre son normalizados; es decir, rondan entre los dos y los cuatro minutos por lo general.

Los papeles al bromuro, por ser de grano muy grueso (y por ende muy sensibles) no pueden nunca rendir tonalidades cálidas mediante el revelado, dando siempre coloraciones de gris neutro o frío, a menos que se revelen con reveladores especiales de tipo disolvente que reduzcan el tamaño del grano de forma tan drástica que sea éste llevado a las dimensiones del que tienen por naturaleza los papeles al clorobromuro. Pero esto siempre significa trabajar con largos tiempos de revelado (15 o más minutos cuando lo normal con estos papeles en no pasar de los dos minutos) y con reveladores muy diluidos y además cargados de productos disolventes del haluro, tales como los carbonatos y bromuros de amonio, que son los más frecuentemente utilizados para estos casos.

La labor de un buen fotógrafo que positiva su obra o la de terceros, es estar en posesión de un amplio conocimiento experimental que le haya permitido acumular en su memoria una serie de “leyes” en forma de recursos de conocimiento que utilizará a la hora de positivar, para obtener aquellos resultados que haya previsto de antemano al examinar el negativo y teorizar sobre qué imagen final desea obtener del mismo. Sin embargo, si su conocimiento del medio fotográfico a nivel químico es escaso, sus posibilidades tácticas para el manejo creativo de la imagen se verán muy mermadas con respecto a otro fotógrafo que sepa de qué va la cosa fotográfica a nivel reactivo.

El saber que una determinada emulsión es al clorobromuro rápido o lento, o al bromuro, le permitirá elegir un tipo de papel con preferencia sobre otro para conseguir un efecto determinado que otro papel no le permitiría obtener. Por otro lado el saber que un papel al clorobromuro lento reacciona con ciertos agentes reveladores de una cierta manera concreta que no permiten otros papeles, (ni siquiera al clorobromuro rápido), le otorgará la posibilidad de obtener una copia completamente distinta en presentación visual y en su capacidad emotiva, pues la atmósfera, la perspectiva aérea de la imagen, nunca será la misma si el papel al clorobromuro es de tipo lento, y además revelada con un revelador que solo reaccionará de una cierta y concreta manera física y química con el mismo, pero nunca lo hará así con otro tipo de papel cualquiera…


LA IMAGEN DE AUTOR O LA
PERSONALIDAD IMPLÍCITA: EL ESTILO DELATOR.
Un buen fotógrafo, un buen positivador, con oficio y experiencia, es capaz de imprimirle a las copias que procesa su propia personalidad, su propio estilo, de tal manera que quien conozca su obra por muy poco seguimiento que le haya dedicado, conocerá, de alguna manera, la mano del positivador que ha realizado tales obras; es decir, conocerá la autoría del positivador, aunque la toma sea incluso de terceros. Porque un buen positivador elige cuidadosamente los materiales con los que trabaja para cada imagen que positiva, a fin de que cada una en particular sea perfecta en sus valores técnicos y estéticos hasta el mayor grado de perfección y transmisión del mensaje fotográfico que lleva impreso

Porque a la hora de influir sobre la estética visual de una imagen fotográfica cualquiera, no sólo basta con elegir un tipo de papel determinado, sino que también hay que saber elegir qué tipo de revelador proporcionará aquella imagen que se está buscando allá en lo profundo del pensamiento creativo mientras se observa y examina el cliché para, consciente o inconscientemente, teorizar sobre cómo se quiere presentar la imagen final. Pero claro, esto está, como es comprensible, supeditado al conocimiento que realmente tenga el fotógrafo de recursos técnicos, por un lado, y de conocimientos químicos sobre el hecho fotográfico a nivel molecular y atómico, por otro lado.

Porque, tan importante es, a la hora de incidir sobre la estética visual de la imagen terminada, el saber escoger el tipo de papel, como el saber como redistribuir los valores de luz y sombra del negativo mediante tapados, viñetas o plantillas, así como tan importante es decidir en la elección del grado del papel (o del filtro de contraste) para valorar las densidades, como de la misma manera es igual o más de importante el conocer que un tipo de revelador puede proporcionar tonalidades de una cierta singularidad, gradaciones de un cierto nivel, o una drástica reducción o ampliación de escala de grises o cualquier otra alternativa que pueda hacer valorar a la imagen en una magnitud peculiar de impacto gráfico que no puede buscar aquel fotógrafo que no conozca tales otras posibilidades de manipulado creativo.

Además, una copia fotográfica, puede ser “autovirada”, es decir, puede adquirir una tonalidad francamente cálida en coloraciones parecidas a las de los virados con viradores al sulfuro o al selenio, pero sin que en ello intervengan los agentes viradores como tales: simplemente usando reveladores conocidos como de tipo “autovirante”. Las tonalidades de las imágenes, es tales casos, están formadas por un tipo de plata de revelado que no se halla en un estado monoatómico, sino que tales imágenes están configuradas por plata atómica en múltiples estados de compactación y pueden mostrar matices de tal diversidad que tan sólo el subconsciente puede apreciar y valorar adecuadamente, pero donde el consciente se da cuenta de la diferencia neta de tales copias con respecto a cualquier otra copia virada con viradores al sulfuro o al selenio, o incluso al oro o al platino. Normalmente estas copias son tan bellas que nadie las suele virar. Y si alguien llegara a virar una de ellas esperando mejorar la imagen, se llevaría el gran chasco de su vida. La razón de ello es que el virado unifica el estado atómico diverso de la plata de una copia “autovirada” y hace que sus múltiples estados de plata atómica diversos pasen de golpe y porrazo a un único y sólo estado general, perdiéndose esa infinita variedad de sutiles y delicados matices de coloraciones que sólo el subconsciente es capaz de captar. Tras el virado, esa particularidad de matices desaparece y, en este caso el consciente se da plena cuenta de la pérdida de belleza de la imagen anteriormente lograda mediante el revelado “autovirante”.

Por otro lado, casi todo fotógrafo avezado sabe que si una copia se vira, tanto puede ganar en belleza, como perderla. Todo depende de cómo se haya revelado la copia primeramente, además de que lo que en ello puede influir el tipo de tema que presente la misma. Una copia sobreexpuesta y poco revelada, casi nunca resulta bien al virarse, independientemente de qué tipo de virado se le aplique. Normalmente, el fotógrafo experto, suele decidir de antemano si la copia final que quiere ha de ser virada o no, y luego la revela en consecuencia. El fotógrafo principiante, o el no experto, normalmente hace la copia, y, si no le convence, luego la vira a ver si mejora. Pero, de manera general, la copia que no se ha premeditado para ser virada, aunque llegue a mejorar con el virado, nunca será una buena copia: Un buen fotógrafo no deja el resultado final de sus copias al azar usando el virado como un recurso para salvar copias que no le convencen…Esto podría funcionar alguna vez, por razones estadísticas, pero la estadística lo que nos dice y confirma, generalmente, es que, obrando así, todas las copias son malas. O, al menos, que no son lo buenas que debieran ser si se positivaran previendo de antemano que iban a ser viradas. Porque las copias para que reciban una buena coloración de virado deben de ser reveladas a fondo, pero, además de esto, debe de elegirse el papel fotográfico en consonancia al fin buscado, teniendo en cuenta que es lo que rinde cada tipo de papel ante un tipo de virador dado, y hacer todo el proceso en consecuencia habiendo hecho esta previsión de entrada, con sabiduría y buena teorización.


LA COMPLEJA COMPLEJIDAD DE LAS
INTERIORIDADES FISICOQUÍMICAS FOTOGRÁFICAS
Allá en el interior de las emulsiones de los papeles fotográficos de copia se esconde ese mismo mundo entrecruzado de cosas físicas que se tienen que soportar químicamente dentro de la red iónica cristalina del haluro de plata. El haluro de plata siempre es haluro de plata, se halle en una emulsión negativa o en una positiva. Sin embargo puede haber algunas diferencias importantes, ya que las emulsiones negativas rápidas suelen contener a veces algunos tipos de productos que no llevan las negativas. Normalmente, las emulsiones negativas, sobre todo las de alta sensibilidad, llevan una cierta cantidad de yoduro de plata que ayuda a su rapidez. Por otro lado, también las emulsiones de alta sensibilidad pueden llevar pequeñas adiciones de complejos químicos de oro o de rodio que mejoran el rendimiento y la sensibilidad de las emulsiones que los portan.

Normalmente, aunque las emulsiones positivas son más sencillas que las negativas, cualquier emulsión fotográfica es un algo enormemente complejo allá en sus interioridades moleculares. La intrincación de iones que forman la red cristalina: las impurezas, naturales o muchas veces inducidas (para dar más sensibilidad) que hacen falsear el edificio cristalino; las fisuras o dislocaciones causadas por las impurezas y todo tipo de interpenetraciones causadas por las tensiones mecánicas de la gelatina al secarse, con sus poderosas maclas interpenetrándose mutuamente aquí, allá y acollá, y deformando aún más esa red iónica tan singular, así como aquellos electrones libres atrapados en cepos o bucles, (como se llaman ciertas fisuras e imperfecciones), donde también constan atrapados, además, y en otros acomodos ciertos iones plata intersticiales, hacen que el edificio iónico de la red cristalina sea de una complejidad inusitada, imposible de imaginar con los sentidos racionales humanos, por muchos conocimientos científicos sobre la cosa esta, que uno tenga.


LA COMPLEJA "SABIDURÍA" DEL BAÑO REVELADOR
Sin embargo, el revelador, que no tiene en absoluto sentidos racionales, como los humanos, y que, según la lógica más coherente no entiende nada de nada con respecto a nosotros, éste sí que entiende perfectamente cómo debe de comportarse allá dentro de la red cristalina iónica del haluro de plata para, actuando eficazmente sobre ese complejo y deformado edifico iónico, “edificar” con parte de sus intrincados y complejos elementos, una imagen perfecta en escala, y correspondiente en todos sus valores, punto por punto, con la forma, y figura de un original cualquiera, transcribiendo fiel y completamente su claroscuro, su volumen visual, y sus detalles más finos y sutiles…. ¿Cómo lo hace?

Claro que el revelador es también otra cosa compleja en grado sumo, a pesar de que pudiera parecernos, por el contrario, algo sencillo y escueto por la simple razón de que no es nada difícil de preparar partiendo de tan sólo cuatro o cinco compuestos químicos específicos, nada más. Sin embargo, la complejidad química de un revelador fotográfico es también difícilmente imaginable por la mente humana al no poder ver, desde su interior, su estado molecular y atómico. El revelador fotográfico no se puede hacer sino con muy, muy pocos de los muchos y heterogéneos compuestos químicos existentes. La razón es sencilla de explicar, y en parte también es sencilla de comprender: Un producto revelador debe de poder discriminar entre la plata expuesta a la luz, y la no expuesta, para oscurecer proporcionalmente, (restituyendo cantidades porcentuales de plata metálica), todas y cada una de las porciones de plata iluminada según la potencia de la luz que incidió sobre ellas. Pero aquí se acaba toda la sencillez de cualquier explicación sobre el haluro de plata y el revelador, y también su entendimiento. Todo lo que hace el agente revelador en el seno de la red cristalina del haluro de plata, y todo lo que el revelador cambia en su mismo interior a medida que penetra e interacciona con la red iónica argéntica, es parte del gran misterio de la fotografía que está sin aclarar a pesar de sus más de 150 años de historia.

Por otro lado, la simplicidad aparente de un revelador, incluso el más simple, de tan sólo cuatro componentes (conservador, revelador, acelerador y retardador, si procede) no nos podemos imaginar lo compleja que puede ser en su forma de actuar sobre el haluro de plata a partir de sus propias “disposiciones” de estado atómico y molecular una vez que hay contacto revelador-haluro expuesto, durante la operación de revelado:


UNA RETAHÍLA DE PREGUNTAS.
¿Como “suelta” los electrones el revelador, y en qué orden, o disposición, para que vayan directamente a los puntos críticos de los centros de revelado de la emulsión expuesta y allí discriminen las porciones expuestas de las no expuestas a fin de ejercer el poder reductor selectivo? ¿Cómo pueden los electrones que devienen del revelador selectivizar tan pequeñísimas y exiguas porciones de plata iónica como para formar a partir de ellas, las partes visibles de plata metálica de finísimas y delicadas cadencias en las zonas más débilmente reveladas de las altas luces difusas de los negativos o los positivos? ¿Como el revelador, no siendo inteligente, ni mucho menos, puede explicarle a sus electrones que penetren en la emulsión de una cierta y especial manera y decodifiquen una imagen latente que no pueden ver ni siquiera los más potentes microscopios electrónicos? ¿Cómo puede el revelador, sin haber ido a clases de dibujo artístico o industrial, dibujar con tal belleza y precisión, a base solamente de reconstituir plata iónica en plata metálica mediante finísimos filamentos entrelazados y distribuidos en escalas de equidensidades crecientes o decrecientes para formar los contornos, los perfiles, los sombreados y los brillos de las imágenes que la luz ha codificado sobre el haluro? ¿Cómo puede el revelador conducirse en la demanda de electrones que posiblemente le viene dada desde las zonas en reducción para no quedarse sin revelar o hacerlo mal si los electrones no llegan a un ritmo adecuado al caso, o en cantidad suficiente como para poder reducir toda la particular y local porción correspondiente de haluro expuesto?

Porque, el ministerio del dar electrones lo poseen muchísimos compuestos químicos. Están dotados, por naturaleza, para poder ejercer este don, y al parecer, lo hacen con facilidad, con buena disposición y con liberalidad, incluso, la gran mayoría de ellos. Cierto que otros necesitan ser “calentados” primero, y otros incluso “torturados” para ello. Pero toda la química existente se basa en la disposición de transferir electrones de unos elementos a otros, y de esta “bondad” de los muchos elementos disponibles, depende, sin duda alguna, nuestro bienestar y comodidad de vida actual.

Pero el misterio que encierra el ministerio de los agentes reveladores, esos productos químicos singulares en dosificar electrones a la medida de la demanda de una acción que la luz dejó establecida sobre una emulsión de plata iónica fotográfica para que se pueda formar plata atómica por niveles de equidensidades y en escalas de finísimas gradaciones, aunque parece aclarado en parte, y estas aclaraciones pueden constar como ecuaciones matemáticas simples o complejas, lo cierto es que nadie sabe el cómo ni el porqué los agentes reveladores actúan de esa manera tan singular y propia de si mismos; acción ésta que es francamente limitada en el mundo de los compuestos químicos, aunque quizás haya centenares que tengan estas propiedades. Pero centenares tan sólo en el tremendo y exagerado número de todos los existentes, significa una particularidad muy exigua y ciertamente selectiva.

Cierto que también se puede revelar con cosas tan cotidianas y vulgares como con el café o el té, que tienen ácido cafeico (agente revelador); también se puede revelar con agua oxigenada si se alcaliniza con hidróxido sódico, pasando ésta de oxidante enérgico a agente revelador; igualmente, algunos vinos añejos alcalinizados por la acción del tiempo pueden mostrar aptitudes reveladoras por acción de los taninos y otros componentes, y también es cierto que ciertos azúcares de tipo reductor, como la glucosa o la lactosa también pueden revelar en ciertos casos. Pero todo esto no representa sino un pequeñísimo número de sustancias que, aun pudiendo tener esta singular virtud de formar imágenes por revelado, no son lo suficiente útiles ni precisas como para salir del rango de curiosidades experimentales, que resultan simpáticas y divertidas, pero que no sirven para dar calidad ni eficiencia al sistema de revelado artístico o comercial, y por lo cual no se usan excepto como experimento...


OTRO MISTERIO QUE SUBSISTE.
El misterio del revelador, el misterio de como envía, distribuye y actúan sus cargas eléctricas sobre el haluro de plata expuesto para decodificar una imagen compuesta por patrones de luz distribuidos en intensidades diversas sobre la red cristalina iónica de plata, sigue siendo un misterio a pesar de todo cuanto se sabe y se comprende sobre este hecho del haluro expuesto y el revelado, Porque se sabe que un fotón puede desalojar electrones de los iones bromo de una emulsión, y estos electrones luego irse a acoplar a los iones plata de las cercanías formando átomos de plata en forma de motas como puntos de imagen latente; también se sabe que durante el revelado el revelador cede un electrón al ion plata positivo y se forma plata metálica sobre la emulsión y a la vez queda revelador oxidado que pasa a la solución, según el esquema ya dado al principio, y que repetimos aquí:

Ag+ + reductor →(e) = Ag + reductor oxidado

Es decir: ION PLATA POSITIVO, + ELECTRÓN QUE CEDE EL REDUCTOR, = a PLATA METÁLICA, + REVELADOR OXIDADO.

Y así sabemos muchísimas cosas que pueden hacernos creer que ya no hay nada sin aclarar en esto de la cosa fotográfica y sus interioridades, en cuanto a lo que concierne a la emulsión y al revelador; y sin embargo, lo mucho que nos parece conocer no significa ni un escaso 0,99% de todo lo que realmente significa y pasa en el complejo y nanométrico mundo de la cosa fotográfica esta…

Porque, al hacernos la retahíla de preguntas hace apenas unos seis párrafos más atrás, sobre el revelador y sus múltiples capacidades, sus “inteligentes” disposiciones, y sus acciones logísticas para administrar y suministrar electrones de manera adecuada a cada necesidad de formación local de densidades de plata atómica precisas y matemáticamente calculadas, estábamos precisamente tratando de aclarar lo que todavía no esta aclarado, y ni siquiera planteado, para su estudio e investigación. Posiblemente, todo esto que consta en tales preguntas, ya nunca más se plantee ni se investigue, ni se conozca su existencia. Todo quedará en el olvido, excepto las preguntas aquí planteadas si una desgracia no destruye este escrito.

Y al igual que pasa con todas estas misteriosas y difíciles cuestiones relativas al revelador y al revelado, también pasa con las cuestiones relativas a los enigmáticos cauces de las interacciones que se prodigan en el seno de las emulsiones, primeramente por acción de la luz formando no sabemos qué tipo de patrones de energía codificados, ni como se codifican tales valores energéticos, ni como se mantienen tales códigos, o en virtud de qué. No hay menos intrigas en el interior de la red cristalina que en el interior de un revelador. Cada cual tiene sus mecanismos particulares de interacción perfectamente logrados; y su “sabiduría” en mantenerlos, cuidarlos y luego en dejar que se puedan mostrar en forma de imagen fotográfica de plata metálica revelada, nos deja, si meditamos en ello, en disposición de poder medir nuestra ignorancia y nuestra falta de habilidad en contraste con la sabiduría y perfección técnica y “mecánica”, de la ingeniería atómica y molecular de la química de la naturaleza. Y lo peor de la cosa es que todos nosotros consideramos también que tan solo nosotros, los seres “inteligentes”, somos verdaderamente inteligentes. Y ahora y aquí, después de meditar en todo esto que se expuso, cabe preguntarse: ¿Inteligentes, comparados con qué?


Xosé Gago.
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