Consideraciones sobre el método fotografico y la búsqueda del negativo perfecto (Julio 2012)

Discurso técnico que una vez tuve que dar...





Hay muchísimos métodos de proceder, de parte de cada fotógrafo, para el trabajo de realizar las fotografías desde su toma hasta su presentación final sobre papel fotográfico. Cada fotógrafo tiene su propia personalidad, y todos quieren que sus imágenes fotográficas adquieran también una personalidad propia que identifique al fotógrafo que las realizó con solamente ver cada imagen, aunque no conste la firma en ella. Pero esto sólo es realmente posible para fotógrafos consagrados que no únicamente han apretado el disparador, sino que ellos mismos han elaborado el positivo y todos sus valores estéticos, técnicos y emocionales.

Cuando las copias las hace un segundo, o un tercero, por la razón que sea, la personalidad de las imágenes resulta un tanto híbrida, y además, muestra en sus valores visibles más personalidad del positivador, que la del propio “cazador”. El apretar sólo el gatillo mete muy poca parte de personalidad en las imágenes; pero el tratamiento del positivador es fundamental para que esa misma imagen tenga unos valores y no otros. Por ejemplo, en manos del positivador está la clave del bien o el mal en cuanto a muchos factores que tienen que ver con la personalidad de la presentación física de la copia, con el acabado técnico, que es muy importante en su influencia sobre la estética (aparte de la estética de la toma, pues la parte técnica puede mejorar o empeorar muchísimo el carácter de la plástica visual) y sobre todo en su influencia emocional sobre el observador.

Factores como el tipo de papel y el tipo de revelador; si virada o no virada; o si virada al selenio, o al sulfuro; o si al hierro o al cobre, etc., influyen muy poderosamente en que al copia final tenga un carácter realmente especial y distintivo. Este carácter especial distintivo siempre proviene más abundantemente de lo que la copia cuenta sobre quien positiva, que sobre quien hizo la toma. Por este mismo motivo, es de entender fácilmente que aunque el que realiza la toma pone su personalidad en el motivo, los valores visuales que puedan influir finalmente esa imagen en el desarrollo sobre los sentimientos y las emociones de cualquier observador, están altamente supeditados, en su mayoría, al tratamiento de copiado, y mucho menos al tema de la imagen. Porque los verdaderos valores que potencian la imagen de la toma, los proporciona la aplicación técnica del positivado que se adecúe al tema.

Cierto que todos creen que es la imagen la que abunda en fomentar los sentimientos que se derivan de lo que tal imagen narra, pero puedo asegurar, con fundamento bien sentado que cualquier imagen que pueda promocionar grandísimos sentimientos y despertar muy altas emociones, no lo hará en tan alto grado, o incluso en ninguno, si su positivado no alcanza un rango de calidad técnica apreciable y diferenciable de las copias corrientes y anodinas: Aquellas que no dicen nada aún conteniendo temas que examinados psicológicamente tendrían por fuerza que llegar al alma de cualquiera que las observara…

Dado que esto (el infundir personalidad a las imágenes) está en el inconsciente de cada fotógrafo, aquellos que se dan cuenta de este detalle y no positivan sus propias fotografías defienden a capa y espada la grandeza de las tomas y defienden las tales con todo tipo de argumentaciones filosóficas, y, si hace falta, incluso metafísicas… ¡pero se las llevan a positivar al mejor positivador que puedan encontrar o pagar! ¿No es un poco contradictorio? ¿No resulta sospechoso que no les valga para positivar sus copias algún amigo aficionado, el fotógrafo del pueblo u otro fotógrafo “normalizado”? ¿Creéis que acudirían a alguno de éstos aun si les hicieran el trabajo a bajo precio, o incluso gratis? ¡Seguro que no! ¿Por qué? ¿…?


La meta de lograr autonomía
En busca de esta personalidad de la que hablamos, pero totalmente propia de uno, sin intervención de terceros, es la meta de muchos aficionados que llegan al campo de la fotografía por los motivos que sean, y sienten verdadera vocación, y les gusta el medio fotográfico hasta tal extremos que no quieren que nadie intervenga para hacer sus copias, aun sabiendo que no saben positivar adecuadamente. Pero quieren aprender y en esta labor ponen todo su empeño y todo su tiempo disponible fuera del que inexcusablemente tengan que dedicar al trabajo diario con el que se gana su pan de cada día. Muchos de estos aficionados llegaron con el tiempo a ser fotógrafos, Unos a lo grande, y otros no tanto; pero todos, tanto los ya consagrados como aquellos que aún no, siguen buscando métodos para mejorar sus imágenes de manera incansable, pues, añadido al placer de poder hacer imágenes y contemplarlas, el usuario enamorado del medio fotográfico disfruta además de sus tejemanejes en el cuarto oscuro: En el recurso de los tapados, las viñetas, los filtrajes; el probar un tipo de papel u otro distinto; en la personalización de sus propios reveladores de negativos y positivos; en la búsqueda de hallar la belleza de los virados, o en cualquier otra posible combinación de factores que pueda ser usada en el laboratorio para dar ese carácter personalizado que apunte directamente a facturar copias con personalidad propia que señalen directamente a un autor aun no poseyendo firma en letra: La firma es ese carácter que señala a ese autor automáticamente por como está realizada la obra de principio a fin.

Pues bien: A través de toda la historia del medio fotográfico, desde sus comienzos hasta nuestros días, no se han dejado de buscar métodos que hicieran fácil la consecución de fotografías de alta calidad técnica y estética con el propósito, además de eliminar escollos en todos los pasos consecutivos que inexcusablemente hay que dar siempre para llegar a la copia final. Muchísimos defectos que hacen, en principio, el no poder llegar a buen término en el deseo de lograr las más bellas y sugerentes fotografías, tienen siempre que ver con el negativo: Exceso de contraste, cielos empastados, negativos con densidades extremas dificilísimos de copiar y otras muchas dificultades técnicas, han sido siempre un infierno para todo fotógrafo que buscaba la libertad de ser preciso en sus meticulosidades técnicas para no perder nunca una imagen, y ,lo más importante, para que sus imágenes poseyeran esa personalidad intrínseca que delatara al fotógrafo por su manera especial y elegante de elaborar sus imágenes para que impactaran fuertemente sobre el observador.

“Inventos” como el sistema de zonas, el revelado a dos y tres baños para negativos, los revelados con pirocatequina, los de ácido gálico (PMK, etc.), las formulaciones especiales para baja densidad de plata atómica (reveladores tipo Beutler, etc.), y otras muchas búsquedas que se hicieron históricamente para obtener negativos óptimos para el logro de las más bellas y sugerentes imágenes fotográficas, y todos los demás manipulados del laboratorio o cuarto oscuro fotográfico, no fueron más que intentos de lograr que la labor del fotógrafo resultara fácil y atractiva, por un lado, y por otro facilitar el positivado en grado alto para no tirar material ni perder el tiempo en experimentos sobre la marcha según fueran yendo las cosas en el cuarto oscuro… ¡La incertidumbre del resultado siempre es un factor a tener en cuanta que todavía hoy está sin solucionar a pesar de todos los avances y conocimientos técnicos!


La búsqueda del método ideal
para el negativo perfecto
Como en principio la calidad visual de las imágenes fotográficas en su estética y en su calidad de acabado técnico (imprescindible, en una buena copia) está ligada a la propia calidad técnica del negativo, y como la incertidumbre sobre estas calidades técnicas inexcusables que necesita el negativo para dar buenas copias es algo aleatorio en la mayoría de los casos por cuanto las condiciones de la toma son enormemente fluctuantes y diversas en la naturaleza, es por eso que cada cual, fotógrafo aficionado o profesional, consagrado o no, se ha dedicado a lo largo de su trayectoria en el medio fotográfico a buscar métodos de trabajo que le permitieran a él hallar la panacea de lograr negativos perfectos de los cuales poder elaborar copias todavía más perfectas y poderosas.

Y con respecto al trabajo de buscar ese negativo perfecto, para armonizar los contrastes y las densidades, (el verdadero problema y dificultad del medio fotográfico en su principio básico) se teorizaron multitud de métodos que, según las ideas y conocimientos sobre el medio, según las extensiones “filosóficas” que se podían sonsacar de ciertos hallazgos, y según aquellas ilusiones que muchos también derivaron de ciertas investigaciones inconclusas, muchos gurús teorizando a su manera, porque tenían necesidad de alguna ocurrencia que salvara sus negativos o simplemente por ganarse el “respeto” de las masas fotográficas si la cosa funcionaba, difundieron cantidad de ideas falsas que, sin embargo, expuestas tal como se teorizaban, parecían funcionar perfectamente en la explicación oral que de la tal teoría se propugnaba como método perfecto de logar esos negativos idóneos, óptimos hasta el límite, para convertirse en el gran fotógrafo que todos querían ser….¡Y así, hasta nuestros días!

Todavía hoy, por desgracia, en las escuelas “oficiales” de fotografía, en las universidades y en los cursos de ayuntamiento, agrupaciones fotográficas, y etc., se siguen difundiendo sobre la fotografía teorías falsas que no tienen nada de verdad (pues sino podrían ser medio-falsas, pero no falsas del todo) y que todavía se creen a pies juntillas, ya no solo por el alumnado, que no les queda más remedio que aceptar lo impuesto, sino por los propios profesores. Y esto aun por aquellos profesores que alardean de poseer grandes conocimientos sobre el medio fotográfico y que pueden soltar tremendos discursos sobre curvas, imágenes latentes, amonios cuaternarios, barreras de carga, potencial de revelado, etc. Por supuesto, se hallan empapados de teoría fácil, teoría de libro (que muchas veces ni es cierta en su totalidad), pero nada más. ¿Cuántos libros de los que se han escrito tienen fundados sus discursos sobre bases fiables y comprobadas? Una gran mayoría de ellos han sido escritos por recopiladores de datos que tampoco han podido discernir cuanto había de cierto o de falso en todo aquello que recopilaban: Hay muy pocos escritos por verdaderos conocedores de los auténticos fundamentaos científicos del medio.



Problemas del negativo
La parte más difícil y delicada de tratar es la del revelado de los negativos fotográficos. Cualquier desajuste, por la razón que fuere sobre la imagen del negativo, proporcionará un cliché difícil de positivar, y, en muchísimos casos, aunque se pueda hacer una copia de buena calidad, esta calidad no llegará nunca al límite de la que se podría obtener si el negativo tuviera sus valores técnicos totalmente correctos en sus distribuciones de densidades, contrastes y escala de gradaciones sin empastes.

En la mayoría de las veces, sobre todo en días de mucho sol o en escenas de muy alto contraste de toma, las emulsiones fotográficas no soportan las enormes diferencias de luminancias que tienen que registrar. Y aunque las películas modernas a este respecto pueden obtener mejores registro de contrastes que las antiguas emulsiones, el problema subsiste igualmente aunque en mucho menos grado. Por lo tanto, basta cualquier imprecisión, cualquier descuido en la medida fotométrica, para que el negativo pierda los valores óptimos que serían deseables. Por otra parte, si por descuido, omisión o avería el negativo se subexpone o sobreexpone, nos hallaremos de nuevo enfrentados a un negativo que no se dejará copiar fácilmente y que puede dar muchos rompederos de cabeza al positivador para obtener una copia de buena calidad. Si por encima el revelador que se use no está en “sintonía” con los desajustes previos del negativo, bien por falta o exceso de exposición, por el tipo de emulsión, o por el tipo de sensibilidad, (las películas de bajo ISO son mucho más contrastadas y densas que las de alto ISO, y las películas técnicas, más aún), el no tener en cuenta estos y otros factores, nos puede dar al traste con la idea o la necesidad de obtener un negativo “ideal”…

Por este motivo, se han propuesto muchas teorías en donde se buscaba el armonizar en cualquier tipo de película las densidades y los contrastes de tal manera que se pudieran conseguir siempre negativos aptos para positivar fácilmente y dando siempre buenas y excelentes imágenes… ¡Pero, hay tantos maestrillos, como librillos!... ¡Y no se han ideado y propuesto pocos métodos de trabajo que predicen que, usándolos, se puede lograr esos negativos óptimos que nunca más nos darán ya quebraderos de cabeza, no: ¡Los hay a montones! ¡Lo malo es que, los que le funcionan a uno, no les funcionan a otro! ¿Por qué será?


Revelado “contractivo”
Por un lado, todos los negativos revelados para contraer la escala de contrastes hasta puntos de densidad que puedan ser copiados con facilidad, ciertamente adolecen de una falta de densidad mínima para obtener negros vigorosos y potentes en las copias, por cual motivo casi siempre se ha de copiar sobre papeles de gradación ligeramente dura (3-4) si se quieren imágenes que resulten brillantes y agradecidas. Cierto que en algunos casos especiales las copias de baja densidad pueden ser muy agradables si conservan un contraste normal, pero conseguir esto último con negativos contraídos requiere el conocer a fondo el laboratorio y saber qué tipo de combinación papel-revelador se debe usar según sea el propio negativo a copiar. Por supuesto, el fotógrafo inexperto puede no llegar a positivar con éxito este tipo de negativos por mucha bondad que se pueda atribuir a las teorías de contracción y otras.

El desconocimiento real de lo que verdaderamente es el contraste en términos de la opacidad real que un tipo de plata negra de revelado puede presentar problemas ante la penetración de la luz al positivar, y el no valorar esta circunstancia de manera real, que no subjetiva, (cosa esta última que siempre hace el ojo humano) da lugar a que se apliquen teorías de copiado que luego hay que ir rectificando sobre la marcha, a medida que las copias no salen conforme a lo que previamente se había teorizado como correcto. Porque el contraste visual de un negativo, no tiene por qué coincidir, precisamente, con el contraste real que tal negativo tiene ante el paso de la luz de la ampliadora.


Filamentos de plata
Y es que la densidad de un filamento de plata no está sólo en función del grosor o finura del propio filamento, sino de la manera en que este, por decirlo así, se “enrolla” a medida que va siendo “extruido” por la fuerza del reductor. Así, un filamento de plata puede estar fuertemente enroscado, aún siendo fino, y no dejar huecos grandes entre sus “espiras” o bucles que va formando, no sólo sobre sí mismo, sino también con los demás adyacentes que se van juntando a medida que el revelado crece y se “extruye” cada vez más plata que se entrecruza y mezcla una con otra. Para entender un poco lo dicho, podemos imaginarnos que la plata “extruída” por el revelador en el acto de reducir el haluro a metal argéntico dentro de cada cristal, adquiere lentamente la forma de un aglomerado que podríamos compararlo, para entendernos, como si fuera un estropajo metálico de cocina o un entrelazado de algas muy finas, o cosa parecida. Si un estropajo metálico de cocina se deja suelto, tal cual es, tiene un tipo de “porosidad” característica, pero si se aprieta se puede reducir su “porosidad” en diversos grados ante el paso de cualquier sustancia.

Esto mismo es lo que sucede con los filamentos de plata de las imágenes fotográficas negativas y positivas: Hay reveladores que proporcionan plata metálica de una cierta estructura muy porosa, independientemente de que sus filamentos sean delgados o gruesos, porque simplemente están muy “flojos”. Otros tipos de reveladores puede proporcionar plata más compacta para el mismo grueso de filamentos, simplemente porque inciden sobre la reducción del haluro de plata a plata metálica de una manera completamente distinta, proporcionando filamentos más apretados no sólo entre sí, sino también porque cada filamento en particular sale más comprimido en sus “espiras”, digámoslo así, al formarse: Así, hay reveladores que forman filamentos que se enrollan fuertemente, y hay otros reveladores que proporcionan filamentos que se enrollan mas ligeramente. Los filamentos de más laxitud, son, por descontado, mas “transparentes” ante la luz de la ampliadora aunque su longitud y grosor sean los mismos que los que dan los reveladores que producen filamentos más apretados

Por supuesto, dos negativos pueden, aún teniendo diferente tipo de plata revelada, ser visualmente idénticos, y el ojo humano no podría discernir con facilidad cual de ellos posee una estructura atómica más compacta que el otro. Sin embargo, la luz de la ampliadora no atravesaría con la misma facilidad aquel negativo de plata atómica más fuertemente apretada en comparación con el de plata más suelta y esponjosa. Por lo tanto, con un mismo tiempo de exposición, cada negativo daría una imagen muy diferente en vigor, gama tonal y profundidad de negros, al ser positivada sobre un mismo tipo de papel y reveladas en el mismo revelador.

Que diferentes reveladores dan plata atómica de compactación distinta, no hace falta explicarlo más a fondo, ni con ejemplos de microscopía electrónica, pues cae de cajón aún para el más ignorante en la materia. Sin embargo, la mayoría de reveladores comerciales, por estar “normalizados”, es decir, por fabricarse para que den resultados muy parecidos a los considerados estándar para positivado ordinario, y que no difieran grandemente de los mejores de la competencia, todos dan, más o menos, (aunque con grandes diferencias, por supuesto), un tipo de plata negra revelada de una esponjosidad, que, aunque variable, cae dentro de los límites de lo “normalizado”. Por eso, por que hay diversos tipos de reveladores que compactan la plata en diferentes estados atómicos unos usuarios tienen una cierta “gran” facilidad para positivar (donde la experiencia influye muchísimo, claro está), y otros se hallan con grandes dificultades (entre otras cosas también posiblemente por falta de experiencia suficiente) para positivar y hacerlo medianamente bien. Pero aun un positivador experto tiene dificultades cuando positiva imágenes para clientes que revelan sus propios negativos, puesto que habiendo sido revelados con reveladores distintos, (aun siendo iguales unos y otros en la apariencia visual de densidad y contraste), luego no lo resultan ser precisamente bajo la luz de la ampliadora.


Todo es aleatorio
Muchas veces, algunos que cambian de revelador de negativos, mejoran sus resultados; pero también, muchas veces, otros que igualmente cambian de revelador de negativos empeoran sus resultados en comparación con lo que venían haciendo… Si hacen todo igual, no cabe duda que hay que atribuir la mejoría o empeoramiento de su “buen hacer”, a cómo actúa el revelador que emplean, sobre la plata revelada de sus películas fotográficas.

De todo esto se deriva, y es fácilmente asimilable, que negativos idénticos visualmente, pero de diferente estructura atómica de plata revelada, no puedan dar imágenes iguales en sus valores de presentación visual, en ningún caso. Y esto es porque el contraste de las imágenes que portan tales negativos de diferente estructura de plata atómica no será el mismo si se revelan sobre un mismo tipo de papel y usando el mismo tipo de revelador. Porque resultará del todo diferente el vigor de los negros y la delicadeza y abundancia de matices en los blancos de la copia, así como también será diferente la extensión y escalonamiento de las gradaciones. La estructura física de la plata nunca es la misma exactamente con el uso de reveladores diferentes, aunque en muchos casos pueda ser muy parecida. Porque hay reveladores que difieren muchísimo de otros en su forma de compactar la plata, por lo cual no se puede estandarizar totalmente el proceso de positivado y siempre habrá una constante aleatoria que sólo puede resolver con éxito la intuición y sabiduría del fotógrafo experimentado.

Porque, en efecto, el negativo que posee plata atómica revelada más compacta, por ser menos esponjosa o “porosa”, dejará pasar a su través menos luz que el otro, y, por lo tanto dará más contraste para un mismo tiempo de exposición, independientemente de que a la vista posean idéntico contraste e idéntica gama tonal y densidad aparente. Porque, en la realidad de la cosa, el negativo de plata más compacta resulta menos franqueable y ofrece una mayor resistencia al paso de la luz, por lo cual necesitará una exposición mayor para hacerse adecuadamente su imagen. Pero, por esta misma razón, con una más larga exposición tendrá una densidad mayor en los negros, alcanzará a poseer una gama tonal mejor separada por un microcontraste de mayor resolución, y además podrá obtener blancos vigorosos, pero completamente matizados. Esto significa, ni más ni menos, que con una mayor información en las sombras profundas y en las altas luces difusas (de tal manera que se creará un ambiente especial), se logrará una atmosfera envolvente que dará profundidad y calidad plástica a la imagen lo que redundará en una elegancia visual que desde el otro negativo no se podrá obtener de la misma manera y calidad, ni con reservas, ni con filtrajes, ni con otras manipulaciones. Así de cierto.


“Parches”, o “cataplasmas”
de andar por casa
Los tratamientos que se han hecho a lo largo de la historia de la fotografía para comprimir la escala de tonos a fin de embutirla toda entera en las copias durante el positivado, no son sino un forma de “cataplasma” o remedio casero para lograr imágenes que resulten fáciles de positivar según la manera que cada uno adopta para la realización de sus copias. La prueba está en que el método que a uno le funciona, no le suele funcionar a otro que tan sólo adopta o cambia “algo” en su manera particular de tratamiento del medio fotográfico que es habitual para él. Y esto sucede porque el que da el “remedio” para otro, no tiene en cuenta que el “otro” no hace nada igual que él, y para que le funcionara bien el sistema adoptado, tendría que realizar no sólo la variable que se le ofrece, sino que tendría que hacer todo lo demás igual a lo que hace el recomendador del cambio…

Sistemas ya se han buscado en la historia, ya, para positivar con facilidad y obtener grandes copias: Revelado compensador, revelado a dos baños, revelado a tres baños, revelado superficial, revelado curtiente, revelado de gran definición, revelado en baño de agua; negativo elástico; sistema de zonas…


Necesidad de expertizaje
Pero, por lo que parece, todos los sistemas que hay y que ha habido, sólo le funcionan bien a los que se vuelven expertos porque le dedican tiempo y tiempo a aprender. Aquellos que empiezan no llegarán a positivar correctamente en menos de 5-10 años si no le dedican tiempo suficiente a la “educación” en el cuarto oscuro. Y aun asistiendo a cursos, másteres, y etc., si no hacen adaptaciones personales de cada método que les enseñan o les recomiendan, (dedicándoles tiempo suficiente,) tampoco llegarán a positivar con holgura en menos de unos cinco años…

Por todo lo dicho anteriormente tenemos que comprender que la química fotográfica, hasta la actualidad, no nos ha permitido a nadie lograr, ni siquiera con mucho esfuerzo y sabiduría, un negativo óptimo: El buen fotógrafo, el buen positivador, es sólo un señor con mucha práctica que tiene memorizados muchos métodos de positivado para según sea el negativo, lo cual implica que también tiene memorizados tipos de reveladores, tipos de papeles y sus respuestas a esos reveladores, y un sinfín de cosas más que ignora casi por completo el que no tenga así una tan larga trayectoria y experiencia en el cuarto oscuro. ¿Negativo perfecto? ¡¡¡Donde!!! ¡¡¡…!!!


Evolución desigual
A lo largo de la historia de la fotografía, las emulsiones han evolucionado. Sobre todo, las de color. Las emulsiones de blanco y negro también han evolucionado. ¡Y mucho! (Aunque no tanto como las de color por aquello de que el color era más rentable comercialmente). Ahora bien las emulsiones de blanco y negro alcanzaron gran perfección tras el descubrimiento de Kodak del tipo de haluro de plata de grano T ó tableta, pues todas las casas fotográficas evolucionaron luego sus emulsiones para que tuvieran grano de este tipo, más o menos, y otras alcanzaron a tener un grano hibrido de excelentes cualidades, con lo cual se mejoró en grado muy alto la calidad de imagen negativa y la facilidad de obtener imágenes con menos esfuerzo por parte de los usuarios, en el laboratorio: Ya no se bloqueaban tanto las altas luces cuando se hacían las tomas con luz de sol fuerte, en verano; ya las densidades no se disparaban tanto en los contraluces o ante las grandes diferencias de contraste como en las películas primitivas, pero… ¡las buenas, las “grandes copias”, seguían y siguen siendo “patrimonio” de los fotógrafos experimentados, de los que llevan tiempo en el oficio!. Y seguimos, a pesar de las nuevas películas evolucionadas, en afirmar que un fotógrafo que empieza no llega a positivar realmente bien hasta que tenga una experiencia práctica de al menos cinco años…

Porque las películas evolucionaron, si, pero los reveladores, no. Y los reveladores, (sobre todo los de negativos), son tan importantes en la búsqueda del negativo óptimo como el propio tipo de emulsión. ¿Por qué? Pues, sencillamente porque, según el revelador pueda conformar atómicamente la estructura de los filamentos de la masa de plata atómica de revelado, el negativo será muy apto, poco apto, o nada apto para ofrecer un positivado de alta calidad técnica y estética, ya que la calidad técnica incide muy profundamente en la calidad plástica de la imagen revelada y presentada sobre el papel fotográfico por sus cualidades de dar negros vigorosos y con información, medios tonos microescalonados de sutiles gradaciones de alta resolución, y de matizar las grandes luces difusas hasta el infinito para proporcionar así, en conjunto, una atmósfera envolvente de gran volumen visual.

Vendría bien, en vista de todo esto, explicar como un negativo compuesto de plata atómica de alta densidad, poco esponjoso, o de baja “porosidad” a la luz, es capaz de contener un sinfín de gradaciones perfectamente escalonadas y finamente separadas por un microcontraste de alta definición. Negativo que puede contener en sí casi la perfección del verdadero negativo óptimo porque no bloquea las altas luces en ningún caso por mucho contraste que haya en la escena original, aunque se trate de fotografiar las vidrieras de una catedral desde el interior en un día de sol… Por supuesto, explicar toda esta materia sería imposible en poco espacio o en pocas palabras, por lo cual se deja para otra ocasión más propicia.


Un paréntesis explicativo
Conviene hacer un paréntesis aquí, al hablar del tema de los ventanales de una catedral fotografiados en un día de sol desde el interior, porque también abría decir aquí que los negativos obtenidos con reveladores tipo Beutler ó Crawley, así como con algunos tipos de reveladores de pirocatequina de tipo muy superficial, ó reveladores del tipo PMK al ácido pirogálico, o los reveladores de fenidona del tipo “pota” (usados en astronomía para reducir el halo de las estrellas muy cercanas, pues ese halo se puede “comer” literalmente media estrella de cada par, o de cada grupo muy apretado), también pueden reducir el halo hasta límites altísimos, y el revelar con ellos carretes que se hayan usado igualmente para sacar las vidrieras de una catedral a contraluz en un día de sol, no tendría tampoco dificultad alguna…

¡Cierto!. Tales reveladores pueden reducir el halo hasta límites desconocidos para los que sólo conozcan o trabajen con reveladores normalizados. Pero los negativos de plata atómica revelada a baja densidad, (no negativos subexpuestos ó subrevelados, ni negativos sobreexpuestos y luego subrevelados, no) con estos reveladores especiales del tipo de los mencionados anteriormente, “trabajan”, aunque de diferente manera, bajo la misma concepción técnica: Se trata de negativos que poseen toda la información en plata atómica de carácter muy superficial, en donde no existe plata profunda alguna revelada, y la imagen metálica se halla muy concretamente localizada en la superficie de la emulsión. De esta manera, resulta muy permeable a la luz (al contrario de la plata configurada a alta densidad atómica) por una parte, (muy importante, además) y por otra parte, (no menos importante en esta técnica) siempre dan tales reveladores negativos compensadísimos en sus contrastes al no haber densidades desorbitadamente altas en unas zonas, y desorbitadamente bajas en otras zonas. Y es que, en efecto, las densidades de estos negativos son muy proporcionales entre sí, y aunque verdaderamente esta proporcionalidad no se corresponde con los verdaderos valores naturales de la iluminación en cuanto a vigor de luces y sombras, brillos y resplandores, por quedar mucho menos pronunciados en sus efectos, sin embargo la proporcionalidad es total, o casi total, y la vista los acepta como reales al observar las copias plasmadas sobre el papel. Y estas copias son verdaderamente muy hermosas porque están completamente detalladas en luces, sombras y penumbras, sin que haya negros de suficiente opacidad para ocultar rasgos delicados en tales zonas.

Pero la verdad es que la imagen, aunque muy agradable a la vista por su proporcionalidad con los valores reales, estos valores se hallan muy disminuidos en intensidad y vigor, y tales imágenes, (como la mayoría de las imágenes fotográficas), el cerebro las admite como “naturales”, aunque aquellos valores mencionados sean de una índole distinta en fortaleza de luces, sombras y penumbras… Por otro lado, lo cierto es que, los negativos revelados con reveladores que proporcionan plata atómica de baja densidad (independientemente también en este caso de que puedan decir más o menos densos a la vista humana por haberlos revelado más tiempo o menos), su densidad real seguirá siendo baja en cualquier caso, si se comparan directamente con negativos revelados con reveladores que proporciones plata de alta densidad; plata más apretada, menos porosa, más fuertemente “condensada”…

Si bien el ojo humano no podría distinguir esta diferencia real de densidad en negativos cuyo parecido visual fuera el mismo, (pero unos siendo revelados a baja ó media densidad, y los otros a plata de alta densidad usando reveladores de los dos tipos), sin embargo al positivar, la luz de la ampliadora sí nos indicaría cuales son unos, y cuales son otros, pues los tiempos de exposición nunca serían los mismos. Y si llegaran a ser los mismos, las copias no se parecerían en nada en sus valores de densidades y contrastes ni en los demás otros valores de separación gradacional microescalonada… Y me he referido al hablar de la comparación óptica sólo a densidades bajas o medias, porque un negativo revelado a alta densidad óptica con reveladores de alta densidad, sí se distinguiría fácilmente de un negativo revelado a alta densidad óptica con un revelador de baja densidad, porque éste último nunca podría dar ópticamente tanta densidad de plata negra como el otro).


Sobre la “baja densidad”
La clave de que se pueda positivar con facilidad y obtener buenas copias con negativos revelados con reveladores especiales para baja densidad de plata revelada (los mencionados tipo Beutler, PMK, etc), deviene en que por ser la plata que dan tan transparente, y por el extremado equilibrio de sus densidades que aunque difieren lo suficiente unas de otras no alcanzan las diferencias tan enormes que se observan en los negativos normalizados, bastan pequeñas o cortas exposiciones en la ampliadora para que el papel reciba luz de cada gradación perfectamente escalonada en su poder actínico: Cuando pasa la cantidad de luz justamente adecuada por la zona menos densa, (la justa para dar un buen negro sobre la copia), también pasa, simultáneamente, la luz de manera precisa, justa y escalonada por los medios tonos para elaborarlos correctamente, y asimismo a la vez pasa también la cantidad de luz exacta que hace falta para modular perfectamente las altas luces… El negativo revelado con reveladores especiales de baja densidad, no admite ningún rango de exposiciones inferior o superior al que necesita realmente, sino la copia o queda sin hacerse, o queda completamente empastada, y no suelen servir en este caso las reservas a menos que el negativo, por alguna causa, esté descompensado (sobreexposición, sobrerevelado, etc.). Sólo la exposición justa para la combinación elegida de papel revelador dará la copia “perfecta”, sin necesidad de tapados, ni filtrajes de ningún tipo. (Cosa aparte es que se quiera tapar o filtrar para alterar, artísticamente, algún valor técnico o estético)

Y en esto (en lo de copiar un negativo sin necesidad de filtrajes ni reservas) es en lo único en que se parecen entre si los negativos revelados con reveladores que proporcionan plata atómica de baja densidad, a los negativos revelados con reveladores que producen plata atómica de alta densidad. En ambos casos, los tapados, las reservas, y los filtrajes, sólo son necesarios cuando los negativos se hallen descompensados por algún fallo de medición fotométrica, por sobrerrevelado, u otras causas anómalas. En el resto, ambos tipos de negativos no se parecen en nada y las copias que se pueden hacer a partir de cada tipo de negativo tampoco se parecen en nada en absoluto ya que los valores de densidades, contrastes, volumen visual, modelado, etc., son por completo diferentes en la presentación estética y en la apreciación emocional por parte del observador.

Porque todo el mundo sabe que los negativos revelados con reveladores normalizados tienen, para cualquier contraste ligeramente alto, (y no hablemos ya de contrastes verdaderamente altos), densidades gradacionales ciertamente dispares y lejanas entre si, de tal manera que nunca se pueden copiar armoniosamente sobre papel sin hacer reservas para evitar blancos excesivos: zonas “lavadas”, sin matices, en las altas luces difusas, e igualmente sin que los detalles de las sombras y las penumbras puedan aparecer directamente sin hacer los correspondientes ajustes de tapados selectivos también mediante reservas, viñetas, plantillas o lo que corresponda…


Volviendo al tema, tras el paréntesis.
Habíamos interrumpido, (para hacer el paréntesis que acabamos de cerrar), la cuestión que estábamos desarrollando y que estaba supeditada, según copio literalmente, a “explicar como un negativo compuesto de plata atómica de alta densidad, poco esponjoso, o de baja “porosidad” a la luz, es capaz de contener un sinfín de gradaciones perfectamente escalonadas y finamente separadas por un microcontraste de alta definición. Negativo que puede contener en sí casi la perfección del verdadero negativo óptimo porque no bloquea las altas luces en ningún caso por mucho contraste que haya en la escena original, aunque se trate de fotografiar las vidrieras de una catedral desde el interior en un día de sol”…

Y es que el saber que la plata de revelado se puede “hacer” más compacta que la que puede proporcionar cualquier revelador normalizado, nos puede dar una pista, tal vez, del por qué se puede cuasi lograr un negativo óptimo para positivar, al cual sólo hay que darle luz suficiente bajo la ampliadora, para qué, en la mayor parte de los casos en que la iluminación disponible en la toma no ocupe la escala verdaderamente extrema del límite máximo del contraste, pueda positivarse en papel de grado normal sin tapados, ni reservas ni filtrados de ningún tipo, excepto si se quieren hacer sofisticadas modificaciones personales en los valores estéticos de la copia, cosa que es natural del espíritu creativo que busca otros valores estéticos que se alejen de lo puramente ordinario y cotidiano. Y para esto último, (además de para copias sin manipular), expresamente, el mejor negativo, el negativo verdaderamente óptimo, es el que se ha revelado con reveladores que proporcionan plata atómica de alta densidad. (Y que requieren algunas otras normas para positivar con ellos).Este tipo de revelador es el único que puede dar negativos verdaderamente adecuados y perfectos para positivado de alta calidad, sin nunca dar demérito para la imagen, la positive quien la positive, porque tal negativo lo contiene todo: Gama tonal extensísima y sin bloquear las altas luces; sombras detalladas hasta el límite; matices de finísima delicadeza, y etc., etc., etc.…


El quid de la cuestión primera.
El revelado del negativo
Normalmente, en donde falla el fotógrafo a la hora de poder producir negativos de cualidad óptima para el positivado, es siempre en el revelado de la película, por cuanto los reveladores, actuales, y los que el fotógrafo suele fabricar o manipular, no están basados en el conocimiento de conseguir que los reductores actúen sobre el haluro de plata para que puedan proporcionar plata de alta densidad molecular o atómica, compacta, poco “porosa” a la luz, que haga respetar en sus verdaderos valores la escala creciente o decreciente de las gradaciones por su estructura perfectamente proporcional de opacidad según los mismos valores de luz que han incidido originalmente y que deberían proporcionar, por ende, copias sin empastes entre gradaciones, sean estas las de las sombras, las altas luces, o de los medios tonos… La densidad de la plata revelada, según el tipo de revelador, condiciona que las gradaciones sutiles de las altas luces, por ejemplo, y los bajos tonos, puedan quedar o no empastadas o bloqueadas por completo. Lo harán fácilmente en un revelador ordinario, que proporciona plata “porosa”, pero no podrá bloquear nunca si la plata es de gran densidad y poco o nada porosa, respetando cada equidensidad porcentual en su punto justo de separación de microcontraste selectivo… Los reveladores que puedan proporcionar plata de media-alta densidad, como el Tonal Plus, por ejemplo, o el Nitifín, darán mejores negativos que cualquier otro revelador comercial normalizado, pero no llegarán a la microseparación gradacional de alta definición de los reveladores que pueden generar plata atómica de alta densidad.

Como resumen de todo esto, tendríamos que insistir en que a los fotógrafos, y sobre todo a los que empiezan, habría que enseñarles con preferencia, la necesidad de revelar en búsqueda de negativos que puedan hacerse con plata de alta compactación atómica, con lo cual se pasaría de tener que enseñarles, o de tener que buscar por ellos mismos métodos de contracción de la escala tonal para poder positivar, (cuando adquieran práctica) copias de una cierta calidad, que luego irán mejorando con el tiempo. Pero nunca es poco, en grado alguno, el tiempo que requiere la práctica de este método ordinario o normalizado de positivar que todos conocemos, poco o mucho, según los casos.

Si el negativo está constituido por plata de alta densidad, aunque tenga una densidad visual baja como la que podría tener en apariencia un negativo falto de revelado o un negativo revelado con un revelador compensador tipo Beutler, por ejemplo, (que es de plata atómica de baja densidad, según ya se dejó sentado), de ese negativo se podrían siempre sacar copias de gran vigor visual, con negros profundos, gama tonal extendida y muy bien separada, y altas luces difusas totalmente matizadas, pero que siguen diciendo blancas, sólo que, con volumen, que es lo que distingue a las buenas copias de las copias con blancos lavados, o “lejiados”, como también se dice. Blancos esos, (los lejiados), que ahora se han puesto de moda, pero no porque resulten de una “nueva estética”, sino porque, en realidad, conseguirlos matizados es francamente difícil, o imposible, si el positivador no es realmente un experto de primera clase… ¡La buena copia siempre es una buena copia, aunque esté de moda lo que quiera que esté!

Todos los métodos de contracción, sean los que sean, siempre darán lugar a negativos defectuosos por muy bien que uno aprenda a positivarlos. Porque, en tal caso, el conseguir una buena copia es simplemente destreza del positivador; experiencia no poca, adquirida a través de un tiempo largo y de dificultades para adaptar el negativo a un método de positivar totalmente personalizado e intransferible a otro positivador inexperto hasta que adquiera experiencia también éste tal… De un negativo de constitución de plata atómica de alta densidad, incluso un inexperto debiera poder hacer una buena copia con sólo usar un buen papel y un buen revelador de positivos, dándole, eso si, el tiempo adecuado de exposición. Excepto en el caso de un contraste extremo en que el negativo pueda tener diferencias también extremas (totalmente máximas) de densidades entre las grandes sombras y las grandes luces, posiblemente no tendría que hacer ninguna intervención para poder lograr una copia con todos los valores propios que conseguiría un gran positivador… ¡Pero hay que cambiar el chip para entrar a trabajar en el laboratorio, ya desde el revelado del negativo! Y mi experiencia es que la gente prefiere trabajar con los métodos de contracción, por muy difíciles que sean, con viejas o nuevas técnicas adaptadas a “armonizar” los negativos para un modelo personalizado de trabajar (lo que requiere, al menos los cinco años ya dichos, de experiencia), que dedicarse a buscar como revelar sus negativos para que les proporcionen plata atómica de alta densidad que mantengan la escala de densidades en sus verdaderos valores de opacidad real, y no aparente, como sucede con los negativos revelados con los reveladores normalizados. Porque en estos negativos normalizados en efecto, sus densidades visuales no son las reales ante la luz; no, no lo son, ya que se empastan numerosas fracciones de la escala gradacional aun con el uso de tapados, reservas y filtrados especiales. Las densidades de los negativos normalizados son pues, aparentes o “virtuales” en gran parte, pues de no ser así, si fueran reales no se perderían tan ampliamente en el positivado; porque, si están, ¿por qué no aparecen luego, sobre el papel? ¿¿…??


De las curvas características y sus utilidades.
Las curvas características, que tanta importancia tienen en la fotografía industrial que debe de ser procesada a través de máquinas con tiempos de procesado rígidos y exactos, no cumplen su función descriptiva de lo que `puede hacer un material fotográfico cuando se hacen trabajos manuales, y en este último caso sólo sirven hasta cierto punto como indicativo de aproximación de qué capacidades puede tener una determinada emulsión si se trabaja con reveladores parecidos a aquellos a los que se han usado para obtener esa curva. Porque cualquier curva característica de cualquier material negativo o positivo, cambia totalmente si se cambia cualquier parámetro de aquella manera específica de hallar tal curva: Cambiar de revelador, o simplemente su dilución de trabajo, su temperatura y el propio tiempo de revelado, puede dar una nueva curva que no se parezca en nada a aquella que da el fabricante o a aquella otra que pueda encontrar cualquier usuario mediante “su” propio método particular de procesado.

Fuera del procesado mecánico, o del procesado manual rigurosamente adaptado a las exigencias de un programa inamovible de procesamiento del material en cuestión, en cuanto a tipo de revelador, dilución de trabajo, tiempo de revelado y temperatura, ninguna curva se parecerá a otra. Y un positivador artesano, un buen positivador, no necesita de las curvas en absoluto para saber cómo obtener una excelente copia de cualquier negativo que cumpla medianamente bien los parámetros de densidad y contraste que se hallen dentro de lo normalizado; es decir, ni negativos débiles , ni muy quemados…


Sistemas de zonas varios…
El ampararse pues, en las curvas para intentar mostrar la bondad de un método de trabajo, sólo hace que el usuario se automatice totalmente y no pueda cambiar su estrategia de positivado, pues, de hacerlo, le cambiará todo el valor de la curva sobre la que dice basarse la bondad de su método. Viene a ser justamente como sucede con el sistema de zonas. Si se cambia cualquier parámetro de los habituales, (revelador, temperatura, dilución de trabajo, etc.), automáticamente ninguna zona cae en el sitio que verdaderamente le corresponde… Y es qué, al fin, el sistema de zonas viene a ser un sistema de “curva característica”, pero sin curva a tener en cuenta, porque cada uno adapta el método a su revelador, a su temperatura y a su agitación, manteniendo el tipo de película, o teniendo una adaptación fija e inamovible para cada tipo de película diferente, y que no valdrá para ninguna otra sin que varíe todo lo demás.

Por otro lado, la forma de positivar tradicional, mediante tapados, reservas parciales, viñetas, platillas, etc., no es sino exactamente un sistema de zonas de laboratorio en el que cada cual tapa, reserva, viñetea, filtra o lo que sea pertinente hacer según las necesidades sobre la marcha, para que cada zona del negativo “caiga” por medio de ese manipulado en la zona que quiere lograr el positivador para su estética particular de copia… ¿Qué es sino eso de tapar para que no sea tan negra esta sombra, o viñetear para que reciba más luz esta otra, o filtrar para que el contraste local o general se ajuste al criterio del positivador? ¿No es eso “sistemazonar”, acaso? Unos lo hacen en la toma, es cierto, y le dan prestigio y elitismo a la cosa, como buenos y exactos fotógrafos, y a lo mejor no positivan ellos, pero alardean vanamente de ser “sistemazonistas”… ¿Y qué de aquellos que lo hacen a diario en el laboratorio? ¿Acaso no son mejores que los otros, pues son los que realmente hacen la copia que ve el observador? ¿Acaso el positivador que tapa, viñetea, filtra y hace otras cosas para logar una buena copia no está realizando un sistema de zonas de laboratorio para que en efecto cada zona concreta de las gradaciones de la imagen “caiga” en aquel valor de la escala de grises que el positivador quiere para su copia? ¿Qué creéis que resultaría de las copias de muchos “sistemazonistas” que se autoprestigian y presumen ampliamente de practicar el sistema de zonas en la toma si tuvieran que positivar sus negativos “sistemazonizados” si no fueran expertos en el cuarto oscuro? ¿Creéis que realmente obtendrían buenas copias por sistemazonar” en las tomas? ¡¡Hombre, por favor!!! ¡Que el sistema de zonas es un sistema de automatización que requiere luego un control de copia tan exhaustivo en el cuarto oscuro como el del positivado normalizado para que cada zona vaya a su sitio correspondiente! ¿O es que sois tan ingenuos como para creeros que los sistemazonistas no tapan en absoluto porque el negativo es perfecto y cada zona cae automáticamente luego al revelar, en sus lugares correspondientes según la escala de grises!... ¡Sabéis que tiene que tapar, ¿no? Entonces, si hay que tapar, viñetear, filtrar… ¿donde está la ventaja del sistema de zonas con respecto al positivado de la toma ordinaria con sus tapados, filtrados y demás?... En la gran mayoría de los casos, un negativo medido normalmente y revelado con un tipo Beutler, o un PMK, darían más fácilmente positivable, (y sin, o casi sin necesitar reservas), cualquier imagen, con excelente factura de acabado técnico, que positivar un negativo realizado por el sistema de zonas, ¡con seguridad! ¿Qué la copia no sería igual? ¡Anda!: ¡Tampoco lo seria igual la de un revelado estándar, y sin embargo la del sistema de zonas hay que taparla y trabajarla de la misma manera en el laboratorio, digan lo que digan!

Por lo tanto, mostrar curvas características para avalar un método de trabajo cualquiera, forzosamente requiere que, el que lo vaya a usar, trabaje como un autómata. Si se adapta a un tipo de negativo en concreto, siempre hará lo mismo, y obtendrá resultados prácticamente iguales en todas sus imágenes. Pero si cambia de tipo de negativo, por sus valores de densidad, y contraste, alejándose de la media estadística de lo que requiere el proceso “automatizado”, ya no podrá hacer las copias con aquellas calidades si no cambia su manera de trabajar. Así, los negativos débiles, los quemados, y los muy quemados, darán curvas que no se parecerán en nada a lo acostumbrado. Si no aprende a positivarlos de otra manera, y quiere aplicar el mismo método, fracasará estrepitosamente. En el sistema de zonas ocurre exactamente igual porque es un sistema automatizado de trabajo: Cualquier cambio, sea tipo de película, sensibilidad, revelador, dilución del revelador, temperatura, o cualquier otro factor, por poco importante que sea, dará al traste con el lugar en donde debería caer cada zona de luz o sombra para crear las densidades pertinentes en este sistema tan elitista, rígido y poco práctico.

No es bueno, pues, automatizar la forma de trabajar en el laboratorio, porque previamente nunca se pueden obtener todos los negativos con iguales valores intrínsecos de contraste, densidad y calidad de la plata revelada, ni siquiera con el sistema de zonas. El buen positivador debe de ser intuitivo, por un lado, y luego, y sobre todo, estar en conocimiento de numerosas posibilidades técnicas aprendidas por experiencia para poder aplicarlas a cada caso concreto, (según se presente el negativo), para adoptar en cada caso el trabajar con un revelador dado, con un cierto tipo de papel sensible (bromuro, clorobromuro rápido, clorobromuro lento) y con otros conocimientos de aplicación práctica que no se pueden adquirir simplemente mirando curvas o zonas de negativos que no cumplen las premisas lógicas de lo normalizado… El buen positivador es un experto en “salvar” negativos malos (hasta un cierto punto, claro) y un gran experto en hacer grandes copias de “grandes” y buenos negativos… ¿Y cuales son los “grandes” y buenos negativos?


De la vida real
Aquí viene a cuento relatar una anécdota que yo mismo he vivido y que tuve parte directa en su aplicación práctica para demostrar una teoría basada en la observación de un negativo normalizado, pero muy bueno en sus valores de densidad visual (densidad aparente, claro), en sus contrastes y en su escala de gradaciones que era muy amplia y muy hermosa ya directamente a la vista:

Allá a finales de los años ochenta o a principio de los años noventa del reciente pasado siglo XX, (¡qué barbaridad! ¡Cómo suena a pasado, rancio y lejano y aún esto fue hace “dos días”, como quien dice!), la casa Agfa entregaba con cierto material de positivar de grado fijo, (papel que no recuerdo cual era) un negativo de paso universal como patrón de positivado para obtener un tipo de imagen como la de una muestra que también incluían, no recuerdo si en papel fotográfico o en una impresión fotomecánica de alta calidad. Su presentación era realmente bella, y hacer copias como aquella era la envidia de cualquier fotógrafo que aspirara al máximo grado. Su factura de acabado técnico era realmente envidiable por su elegancia. (La estética pertenece al fotógrafo, el acabado técnico al positivador, sea fotógrafo o no, y al material que use)

Cuando yo vi el negativo, le dije a la persona que me lo enseñaba que tal negativo (servido por la propia casa Agfa adjunto al material) no podía dar sobre papel del Nº 3 (que era como decían que se había obtenido aquella foto de muestra) aquel tipo de imagen de negros vigorosos y atractivos, medios tonos de amplísima escala y blancos dulcemente matizados hasta el infinito. (¡Qué hermosura de foto!) Mi postura era que sólo en un papel de grado mayor, (un 4 ó un 5), se podría obtener una copia con las mismas o parecidas calidades técnicas y estéticas a partir de aquel negativo patrón.

Tuvimos una pequeña controversia sobre el asunto, pues el otro me decía que Agfa no podía hacer una cosa así sabiendo que ofrecía al usuario con la caja o con el sobre de 30x40 que promocionaba, un negativo patrón. Ante la insistencia de sus objeciones a mi argumentos (bien fundados, además, por mi experiencia en el campo de la investigación fotográfica) sobre la densidad real del negativo, que yo afirmaba que tales densidades no podían dar una copia como la muestra en el papel del Nº 3, afirmando yo, además, que habría que usar al menos un papel del nº 4, le dije si quería probar suerte en el laboratorio y en mi presencia, y aceptó. Fuimos a su casa, y ya en su laboratorio, él mismo se puso a positivar: Una copia, ¡y nada!; otra copia con diferente tiempo, ¡y tampoco nada!...Una tercera copia, ¡y de nuevo nada!...

Prueba, le dije, ahora con un papel del Nº 4. Probó y, ¡¡¡ZAS!!! ¡A la primera!: Una copia clavadita a la muestra que ofrecía la casa con el sobre grande o la caja de 18x24 de 100 papeles…

¡Marketing! ¡Lo de que aquel negativo se positivaba tal cual la copia de muestra en el papel del Nº3, considerado de grado normal por la casa, no era más que marketing!: Un negativo más denso hubiera espantado a los puristas y a otros muchos que consideraban que un buen negativo debía de positivar perfectamente en papel de gradación normal.

Por otro lado, decir que la copia de aquel negativo perfecto a la vista estaba positivada sobre papel de gradación dura, y no normal, no era ni buena idea ni buena estrategia comercial por cuanto si un negativo perfecto, según los cánones “tiene que copiar perfectamente en papel de grado normal” el tener que hacerlo sobre un papel duro podría indicar, no que el negativo fuera malo, puesto que cumplía bien, visualmente, la normalización propia, pero se podría entonces pensar que lo que no era correcto era el tipo de emulsión del papel, con lo cual se hubiera rechazado bastante su aceptación entre los “entendidos”, que harían sentir sus criticas en seguida en las agrupaciones, y demás círculos de influencia… ¿Que hacer pues, para ganar la voluntad de los fotógrafos profesionales y aficionados? ¡Pues eso mismo que hicieron!: La gente probaba, y luego, si no les daba exactamente igual, recurrían al grado siguiente de papel, pues los entendidos se daban cuenta de la cosa en cuanto hacían unas cuantas copias que se aproximaban bastante, pero no llegaban…

En fin, supongo que, visto lo visto, los comentarios sobran. Por supuesto, un negativo con algo más de densidad, hubiera logrado el milagro de copiar sobre aquel papel del Nº 3, tan perfecto negativo. Perfecto a la vista, pero que, sin embargo no era todo lo perfecto que parecía ser a la hora de positivarlo sobre papel del 3. (¡Pero daba sobre el papel de 4, eso sí!)

Demostrada la cosa en el laboratorio, yo me gané un cierto respeto. La verdad es que yo sabía que tenía razón, pero el trabajo del laboratorio lo confirmó ampliamente. ¿Cual es pues, el mejor negativo para positivar? En este caso en concreto, y a nivel universal, (y esta fue la intención al repartir un negativo patrón para positivado por parte de la casa Agfa), el mejor negativo es el que lo tiene todo, pero sin bloquear. Al negativo de Agfa le faltaba algo de densidad. Posiblemente no se la dieron porque no tenían reveladores que pudieran subir más la densidad sin bloquear, y se quedaron en esa densidad ligeramente escasa, para que el bloqueo de los grandes claros no se llevara a cabo. ¡Pero si tuviese ese poquitín de densidad más que le faltaba, sería pues, en este caso, el negativo perfecto, porque copiaría limpiamente en el papel del Nº3! Con esto no estoy diciendo que el negativo perfecto es el que copia precisamente bien sobre papel del 3, sino que lo que simplemente quiero expresar es que un negativo denso que no esté bloqueado, es muchísimo más fácil de positivar, y da copias de unas calidades técnicas y estéticas infinitamente mejores que los negativos que soportan densidades normalizadas, pues estos últimos nunca pueden dar por si mismos excelentes copias sin que el positivador tenga que actuar reservando, viñeteando o filtrando general o localmente, para llevar las gradaciones, densidades y contrastes, a los valores adecuados de compensación visual que hagan merecer la imagen.

Cierto también que, con los negativos normalizados, y aun teniendo el “negativo perfecto”, cada cual quiere adaptar la imagen a su propia idea sobre la estética de presentación que quiere darle, por lo cual la tendencia siempre es a tapar o reservar ciertas zonas para darle ese carácter particular que uno tiene en mente y que el negativo por si no tiene por naturaleza por cuanto la luz y el ambiente a la hora de la toma no era el deseado, y mediante las técnicas de “tapa y reserva” se puede conseguir lo deseado si uno es bueno en el laboratorio. Pero esto ya son cosas personales que uno quiere o desea hacer, aun teniendo un negativo perfecto; es decir, con todas las gradaciones posibles y sin bloqueo alguno de luces y sombras, con las medias tintas perfectamente escalonadas y con un microcontraste que detalle perfectamente todos los pormenores de líneas, contornos y brillos, con perfecta resolución óptica…

Pero, primero, para poder lograr ese ansiado “negativo perfecto”, hay que saber lo que realmente es el “negativo perfecto”: Saber “calibrar” visualmente las densidades finales; saber valorar la gama tonal y sus separaciones; saber estimar si hay bloqueadas luces o sombras; saber si es justo o no el punto de contraste… etc. Cuando se sabe todo esto, porque se conoce el oficio, es fácil buscar un revelador que pueda dar todo esto, y también es fácil saber que revelador usar para circunstancias de luz difíciles o inusuales, para que al negativo no le falte ninguno de los valores antes mencionados, y resulte tener todo lo que debe de tener es esas mismas medidas y valores que nos harán fácil el positivado, y más fácil aún las reservas y viñetas que uno quiera realizar para obtener la imagen final adecuada…

El gran problema, según lo que yo he visto en mi experiencia, es que la gran mayoría de fotógrafos aficionados que no tienen tiempo suficiente en el laboratorio, o que no han sido discípulos continuos durante un tiempo de un buen laborista, solo consideran un “negativo perfecto” a aquel que a ellos les permite obtener una fotografía agradable. Fotografía, por supuesto, que puede estar dentro del ámbito de la media estadística, (y, por lo tanto ser mediocre), pero no ser precisamente la imagen que haría un fotógrafo con verdadero oficio, y que, normalmente, está mucho más allá de la media…

El “negativo perfecto”, pues, no es cosa que no exista. Existe; pero son muy pocos los que lo saben realmente hacer y valorar,y luego, positivar. (Porque, un aficionado cualquiera que considere “perfectos” sus negativos, porque son los únicos que puede trabajar por haberse adaptado a ellos, hará una verdadera chapuza cuando tropiece con un negativo perfecto, incluso cuando, por casualidad, se halle entre los que él mismo ha hecho, pues no sabrá sacarle provecho. Y hasta la cosa acaba rimando en verso y todo. ¡¡Qué bien!!...



Xosé Gago
Febrero 2009



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