Filosofaciones fotonánticas y otras connotaciones fotográficas. Parte II. (Agosto 2012)

¿Qué sucede dentro de una emulsión, cuando le da la luz? ¿Podemos hacernos una idea?





UNA BÚSQUEDA CONCIENZUDA.
Buscamos, pues, revisando palmo por palmo, toda aquella superficie tridimensional del cristal en donde estábamos, por si podíamos hallar, en alguna parte, y de alguna manera, algún tipo de indicio o señal, por muy leve y exigua que fuera, de la imagen latente. Examinamos todo tipo de “cosas” de las que había allí dentro que pudieran mostrar algún cambio respecto al estado anterior a la entrada de la luz, y salvo que el “silencio” cuántico tenía un matiz diferente en su “ronroneo” que denotaba unas frecuencias más sofisticadas, si se quiere, no pudimos observar otra cosa que fuera nueva y diferente, excepto las susodichas motitas de átomos de plata que seguían estando lejos unas de las otras y aisladas en aquel inmenso mar de “cosas”.

Pero, por si se nos quedaba algo atrás que no hubiéramos observado, decidimos, utilizando una tecnología de reserva, optar por el transporte “tecnoimaginológico” que nos podía llevar a cualquier sitio, cercano o lejano, aunque a costa de consumir de nuestra energía propia. Y decidimos hacerlo, y nos pasamos entonces a otro, y a otro y a otro cristal, que estaban a enormes distancia de donde nos hallábamos. Sin embargo ya no esperábamos poder encontrar allí, en ninguno de ellos, rastro alguno que nos indicara que, en efecto había una “línea de boceto”, algún esbozo, croquis o esquema, que, aunque casi imperceptible por delicado y liviano, nos diera indicación de que la imagen latente se codificaba conforme al tamaño de la proyección, punto por punto. Cierto que sabíamos que no podríamos, a la escala en que estábamos, saber a que parte, zona o punto de la imagen correspondería lo que halláramos, pero eso era lo de menos, porque lo único que queríamos era encontrar algún rastro en forma de coloración distinta a todo lo demás, por ejemplo, que nos indicara que, de la imagen latente, al menos cruzaba por allí alguna sombra, alguna tonalidad, alguna gradación, aunque esta sección observada, resultase, a nuestra escala, ser más o menos parecida a cuando se ve una línea de lápiz aumentada fuertemente por un microscopio, en donde se ve una la textura oscura y desvaída del trazo del grafito entre las fibras del papel, aunque se pierde la dimensión misma de la imagen...

¡Más no había trazas de nada que se pareciera a lo que buscábamos! No se hallaba, en ningún cristal de los que visitamos, (aparte de las susodichas motitas de átomos de plata), ninguna cosa que nos recordara o insinuara a algo parecido a un boceto de un dibujo de luz, en algún tipo de marca de diferente color o textura que el resto, y que tuviera la misma extensión escalar que el tamaño que proyectó la imagen del objetivo sobre la película. Y debería ser así, pues la proyección del objetivo tocó, literalmente, casi la totalidad de los cristales, en el haluro de plata. ¡Pero fue un inútil intento, el nuestro, a pesar del tiempo empleado y de la minuciosidad y rigor de nuestras pesquisas! La conclusión fue que, debe de haber (¡tiene que haber!) una imagen latente, pero no se halla codificada a escala de manera igual a la de la proyección, en su extensión superficial, sino que de alguna otra forma queda codificada virtualmente de manera “abreviada”, al igual que los genes codifican, abreviados, a los seres vivos cuando se engendran.

Los ÁTOMOS-GEN parecen una utopía, mas parecen adquirir sentido tras nuestro viaje por el interior de la red iónica después de la exposición a la luz, buscando una imagen latente del mismo tamaño que la proyección del objetivo, pero que no se halla ni siquiera insinuada, por mucho que se aumente y aumente la escala de búsqueda en pos de alguna prueba o indicio de ello. Y a escala humana sucede lo mismo, pues los microscopios electrónicos pueden ver las motitas de átomos de plata, pero ni rastro de algo parecido a una imagen extendida por el enrejado cristalino conforme a la proyección. Otra explicación, podría ser que la imagen latente se codificara, al igual que se dijo antes, como las fotografías Lipmann a base parrillas interferenciales de luz, o bien igual que las imágenes láser, que son también de tipo interferencial, ya que pudimos observar ese efecto de perturbación y recombinación de senos y vientres de las ondas de luz tras las “rendijas” de la red cristalina, allí dentro mismo de ella. Si fuera así, (y cabe esta posibilidad) esto nos daría pié a nuevas filosofías, pues tendríamos que buscar explicaciones ya en el mundo muy poco explorado y conocido, de la mecánica ondulatoria


LA CALLADA ACTIVIDAD “SOCIAL”
DE LOS “HABITANTES” DE LA RED CRISTALINA.
No sabíamos, allí dentro, cuánto tiempo iba a pasar hasta la próxima toma fotográfica, pero estábamos esperando poder salir de aquella estructura gigantesca y deformada de la red cristalina tridimensional del haluro de plata que había en aquella cámara fotográfica, cuando observamos que allí dentro, y mismo también al lado nuestro, seguía en curso la actividad que ya creíamos extinguida: Pudimos entonces comprobar, al dedicarle mayor atención, que aunque se había extinguido la tremenda variedad de interacciones a velocidades vertiginosas que se habían producido al principio, y que casi había cesado del todo el bamboleo oscilante de toda la viscosa estructura iónica, otras interacciones más lentas aun se estaban llevando a cabo dentro de la red cristalina: Algunos electrones que se habían acoplado a iones plata positivos se hallaban como inquietos y disconformes, y hacían esfuerzos por liberarse de los lazos de compromiso que habían adquirido con ellos. Muchos, pues, se iban limpiamente; otros forcejeaban desesperados; otros que, descontentos, pensaban irse, luego sin embargo se quedaban porque algunos iones plata positivos que pasaban por allí acudían a ver qué sucedía y hacían amistad, y así también algunos electrones que vagaban libres sin saber dónde ir se acercaban a curiosear, y, finalmente, decidían entre todos montarse en sociedad para formar núcleos productivos de motitas de plata, y se volvían útiles elementos para la imagen latente, es decir, útiles para la “sociedad” inquieta y variopinta de la red cristalina.



LA ACTIVIDAD RETARDADA.
DONDE EL TIEMPO “MADURA” LAS COSAS.
Y este tipo de actividad parecía que iba a seguir, pues, tras la entrada de la luz en la red iónica, habían quedado muchísimos “huéspedes” libres que tendían, con el tiempo, (después de andar vagando sin rumbo), a intentar mejorar su destino y tener mejor vivir, así como un porvenir más estable y descansado, formando cuerpo, por acoplamiento directo, como por ejemplo lo hacían algunos electrones errantes con iones plata positivos desapareados y que también deseaban mejor estatus “social”… De esta manera podemos comprender que, la imagen latente, sea lo que sea, al contrario de lo que pueda parecer, y al contrario de algunas opiniones, se mejora con el tiempo de “silencio”, dejándola algún tiempo en reposo, si se cuida bien, antes de proceder al revelado. No es, al parecer, la imagen latente tan débil y frágil como pueda aparentar, aunque pueda no durar tanto tiempo en el estado virtual como en el estado físico normal de una imagen revelada.

En razón de esta posibilidad sugerida en el párrafo anterior, alguno podía preguntarse: ¿Mejora entonces, con el tiempo, una imagen latente subexpuesta? Pues, verdaderamente, no lo sé, pero tampoco vamos a permanecer aquí, dentro de la red cristalina del haluro de plata tanto tiempo como para hacer esa indagación de manera incuestionable. Sin embargo, por lógica, si la subexposición fuera pequeña, podría ser posible. En el caso de una subexposición grande resultará difícil saber hasta dónde podría mejorar el tiempo de reposo a esa imagen latente poco hecha, porque aunque realmente mejorase podría no ser suficiente mejora como para salvar una imagen de por sí muy débil. Sin embargo, si la imagen está muy ligeramente subexpuesta, o incluso bien expuesta, en el primer caso podría alcanzar a ser correcta tras un tiempo de “descanso” antes de ser revelada; y si estuviera bien expuesta, sería posible que adquiriera así mayor densidad y gama tonal de la que tendría tras ser revelada de manera inmediata. Pero también podría suceder que, una imagen bien expuesta dejada envejecer como imagen latente durante mucho tiempo, pudiera velarse, por un exceso de maduración, (la maduración se puede ralentizar, pero nuca parar), y resultar así en una pérdida de calidad, por cuanto realmente ya estaba en su punto óptimo de aprovechamiento.

Los fundamentos de estas posibilidades de mejoramiento y crecimiento de la imagen latente con el almacenaje largo, antes de revelar, viene, (en principio), fundado como teoría bastante bien aplicable por el conocimiento de que toda emulsión sigue madurando a través del tiempo, después de ser dada por acabada en fábrica y estabilizada. El ritmo de crecimiento de la sensibilidad por maduración espontánea en el tiempo, es muy lento, pero inexorable. Y sabemos que esto significa un ligero aumento de sensibilidad, pero que, de ser abandonada la película por un tiempo más largo del calculado como de utilidad, esta maduración espontánea acaba por dar velo de revelado por el crecimiento exagerado de los centros de sensibilidad en función de esa misma maduración “natural” en almacén. Puede, sin embargo, este crecimiento leve de la sensibilidad ser útil, cuando un negativo, placa o rollo de película contiene imágenes subexpuestas, ya que esta maduración significa un ligero aumento de la sensibilidad y por lo tanto, un reforzamiento limitado, (pero reforzamiento, al fin), de la imagen latente guardada. En algunos sistemas de imagen de plata fotolítica, como el papel salado, el papel citrato y algunos otros, las imágenes subexpuestas, si no lo están mucho, se pueden salvar con garantía, guardándolas por un pequeño espacio de tiempo antes de proceder a su revelado, y, en efecto se recuperan. El que pueda pasar lo mismo con la imagen latente es un caso diferente, pero, en principio, nada parece oponerse a tal teoría.


POR MOTIVOS DE CURIOSIDAD.
Pero ahora, después de los acontecimientos sucedidos, y después de los datos adquiridos, y luego de ver como regresaba la calma y el silencio a la red cristalina, nos queda la curiosidad de saber porqué el silencio es realmente distinto de aquel otro silencio primero que había en el medio cristalino iónico. Además, ahora tenemos aquí, en este emparrillado iónico tan singular, y según todas las previsiones, (y teorías se han formado, sino muchas, bastantes, sobre el tema), una imagen virtual, latente y literalmente igual que el motivo, pero en miniatura, y a escala perfecta, totalmente acabada en sus detalles, pero que no se puede ver por ningún lado con una extensión igual a la extensión con que fue proyectada por el objetivo durante la toma, y ni siquiera aparecen atisbos de que esto pueda considerarse así .¿Por qué no aparece así nunca, y tan sólo pueden verse motitas de átomos de plata esparcidas a lejanas distancias? ¿Cómo pues, se codifica la imagen latente?

Por lo tanto, la curiosidad nos mueve y nos impulsa a intentar descubrir en donde está, como está, y como se mantiene, además de intentar saber otras muchas cosas que ni nos imaginamos, pero que podrían surgir a la luz si descubrimos alguna cosa nueva que nos permita sugerir ideas o mecanismos de sustentación, mantenimiento y almacenaje, de la información latente codificada.

Daremos pues un gran paseo por las cercanías del lugar que ocupamos en el edificio del cristal iónico transformado de alguna manera por la luz y sus efectos, e intentaremos ver qué cambios podemos observar en comparación con antes del suceso de la exposición. Luego nos iremos alejando del área circunscrita a nuestro alcance óptico de análisis, y haremos asimismo indagaciones, pesquisas y elucubraciones, tratando de llegar a un entendimiento lo más lógico posible del porqué de todas estas cosas que han sucedido, y aun están sucediendo, a ralentí, dentro de la red cristalina después de que la luz hubo entrado a formar imagen.….


LO QUE HAY A NUESTRO ALREDEDOR Y
QUE PODEMOS DESCRIBIR SIMPLEMENTE.
A nuestro alrededor seguimos viendo la red cristalina, en su mayor parte, (y a pesar de haber cambiado, de alguna manera), con la misma disposición original que observamos a nuestra llegada, y vibrando según su propia naturaleza intrínseca. Pero, sin embargo, en algunos lugares cercanos a nosotros vemos esos pequeños montones de átomos de plata que no existían en ningún lugar, a nuestra entrada. Ya hemos hablado de ellos, y ya hemos explicado cómo se formaron, y que son considerados asimismo, como LOS CENTROS DE IMAGEN LATENTE, o CENTROS DE REVELADO, porque serán los primeros lugares que atacará el revelador cuando se halle decodificando la imagen latente, y que se han formado también, justo encima de los lugares que estaban dispuestos como CENTROS DE SENSIBILIDAD por efectos de la segunda maduración. Con todo, en la inmensidad de este lugar, que no llegamos a abarcar con nuestra vista en modo alguno más que en muy pequeñísima escala, hay considerables distancias entre agrupación y agrupación de átomos de plata: No están juntas; no se distribuyen como agrupaciones de agrupaciones, sino que están aisladas, muy aisladas. Cada grupo, se halla ubicado, estratégicamente, en cierta disposición espacial, a distancias, unas veces cortas, pero otras veces muy lejanas; incluso muy, muy lejanas, de las más cercanas. Sin embargo, no hemos hallado por ningún sitio señal alguna de que la imagen latente se halle codificada de manera muy tenue difusa como una imagen repartida por toda la superficie del fotograma que estábamos visitando. Donde quiera que fuimos, en su interior, recorriendo cristales para ver si hallábamos alguna indicación de este fenómeno como alguna línea de contorno, alguna sombra o trazo de sombra, no había ni nada más claro ni nada más oscuro que el color medio estadístico de aquel viscoso y húmedo haluro de plata… Lo único que logramos ver, luego de la exposición, distinto de lo que antes de ella veíamos, eran las motitas de átomos de plata que se formaron tras la entrada de la luz en el fotograma, y el correr y retumbar de los electrones que se ceñían muchos de ellos precisamente a esos lugares de nucleación y que se quedaban allí formando grupúsculos de átomos de plata que en algunos puntos de nucleación eran solamente cuatro o cinco, y en los que más había podían ser alrededor de unos cien. Pero estos, aunque eran de un tamaño considerable con respecto a nuestra pequeñez en el medio, con respecto al medio mismo y a su extensión total, era una verdadera insignificancia repartida en lugares muy pequeños y a muy considerable distancia los unos de los otros. Sin embargo, en esos grupúsculos de átomos de plata de insignificante tamaño con relación a medio, tenía que hallarse codificada la imagen latente, pues ésta no se percibía por ningún lado, por mucho que observamos, miramos y remiramos con todo cuidado y sensatez…

Y todo esto de las motitas de átomos de plata, como se ha dicho, en el total del haluro, son una verdadera insignificancia, que no representa ni siquiera, con seguridad, el 1% de todo lo que aquí hay, pues téngase en cuenta que estamos nosotros ubicados simplemente dentro de un sólo cristal, (y hay más de 25.000 millones de cristales en un negativo de 35 mm, de grano fino), y hay sin embargo grandes planos formados por grandes secuencias de cristales que se repiten hasta el infinito a todo lo largo, ancho y grueso del fotograma que nos ha tocado visitar, aunque todos ellos están muy deformados, llenos de fisuras y trampas oscuras y tenebrosas, y con enormes formas parecidas a bloques separados por planos de tensión, o fuerzas que hay en la red, y que se nos hacen notar tirando de nosotros en diversas maneras, por lo que tenemos que andar agarrados para no perder el equilibrio y ser arrastrados de mala manera hacia no sabemos dónde. No son fuerzas muy grandes, pero sin embargo, a nuestra escala, se dejan notar sensiblemente. Muchas de las separaciones de estos bloques, son fisuras, y otros diversos defectos, como baches, hundimientos, planos irregulares y otras cosas que no tendrían explicación. Y no hablemos ya de la viscosidad del medio, que nos frena al andar y nos cansa sobre manera…


UNA LENGUA MACLAR.
En un cierto punto del cristal en que estamos, se aprecia como una enorme lengua deformada de un material ligeramente opalino que empuja la red cristalina de “nuestro” cristal, entrando por un lado, y se ven enormes planos de tensión a su alrededor. Lo que sea, es algo inmenso, y nosotros tan sólo percibimos muy pequeña parte de esa totalidad que empuja, deforma y a la vez, sujeta, al andamiaje particular de este cristal donde nos hallamos. Después de reflexionar sobre su estructura, su presión (manifestada en forma de tensiones y fuerzas) y observando los efectos provocados en la vecindad, roturas, fisuras, levantamientos, ondulaciones diversas, y la enorme magnitud de la deformación propia y la ajena, (la de “nuestro” cristal), llegamos a la conclusión de que debe tratarse de una sección de la punta de una macla, pequeña o grande (no sabemos, a nuestra escala) que por efectos de la contracción mecánica de la gelatina al secarse, como antes decíamos, interpenetra, empuja, deforma, crea recovecos, pliegues y otras cosas, y a la vez sujeta también los planos de las estructuras ajenas que invade: Es realmente, una acción mutua entre maclas, y creemos que muchas alteraciones gigantescas que hemos visto de ese estilo en ciertos lugares alejados, eran el mismo fenómeno, y deben de ser muy abundantes aquí dentro.


EL ZUMBIDO MOLESTÓN
Y SUS VARIACIONES PERIÓDICAS.
En todo el espacio que se abarca, se halla siempre ese sonido zumbón apagado y grave, que ya hemos descrito, aunque ahora se emite, como ya se dijo, en una clave diferente a como sonaba antes de la entrada de la luz en el enrejado cristalino a causa de la exposición. El sonido existente ahora es más vibrante, pero también más sordo y de mayor frecuencia, unas veces, y sufre variaciones, a veces importantes, sin regularidad alguna, donde estas variaciones son una mezcla compleja de sones diferentes que se acoplan o desacoplan y vuelven a acoplarse, en una variación continua de efectos, silbidos, y zumbidos bajos de impresionante repercusión sonora. Ciertamente, por su insistencia y persistencia, acaba por ser molesto, y en ciertos lugares es verdaderamente insoportable, quizás por las resonancias cruzadas de ecos lejanos o cercanos que no armonizan o no se adaptan a tiempos de compás…No sé, ni sabemos, lo que realmente es la causa.

Cerca de un vértice deformado de la red cristalina, hay unos iones que se hallan puestos “en falso”, por no estar bien sustentados por las fuerzas correspondientes, las cuales se hallan desviadas de su curso por las tensiones del plano deformado; y hallamos que de allí proviene un ruido sordo, tremendamente apagado y en gran manera desagradable, que para dejar de oírlo hay que alejarse bastante hasta que pueda ser absorbido por el zumbido de fondo general, e integrado al mismo…

Por otro lado, en algunos lugares se puede percibir también, como un zumbido grave y solemne, que sobrecoge, pero que resulta, en cierto modo, grato de oír. Hay que estar cerca, sin embargo, y tan sólo en ciertas posiciones es posible acceder a este tipo de sonidos más profundos, graves y agradables, sin que sean interferidos por el sonido zumbón de fondo más ordinario, y posiblemente generado por la suma total de todas las frecuencias que se emiten a causa de las energías de iones positivos, negativos, electrones libres, átomos, fuerzas de tensión y otros muchos elementos que, contribuyendo, suman también sus vibraciones al conjunto. Porque aquí, en la viscosidad de la red cristalina iónica, como al principio se dijo, todo vibra; todo se mueve vibrando, sin casi moverse del sitio, pero sin estar jamás en reposo: Las fuerzas sujetan a las fuerzas, las energías libres casi se neutralizan mutuamente, y todo está, aparentemente, en equilibrio, aunque de cuando en cuando algún ión, algún electrón o alguna otra cosa aquí dentro, pega un respingo y salta, cambia de lugar, y obliga a otras cosas a moverse también, a pelear por un lugar dado, o a neutralizar a algo que no debía de haber salido de su fisura, de su intersticio o de su cepo de aprisionamiento donde estaba o donde había caído…


INTENTANDO ENLAZAR LOS HECHOS.
Llegados a este punto de la aventura, ya podemos enlazar nuestra narración con todo aquello que estábamos comentando al principio mismo de este ensayo, es decir, podemos enlazar con la búsqueda filosófica de que es lo que queda, tras la entrada de la luz en la cámara y afectar a la película, sobre el enrejado tridimensional del haluro de plata expuesto. Los fotones que han llevado la gran revolución al medio fotosensible han tropezado contra grandes cantidades de “cosas”, y, entre ellas con los grandes iones bromuro, a los que les han arrancado un electrón a cada uno de ellos. Y dado que el tropel de fotones fue inmenso, y así mismo era inmenso el número de iones bromuro, de manera proporcional a los fotones incidentes con energía suficiente para hacerlo y también de manera proporcional a los iones bromuro atacados (que fueron, realmente una porción muy grande, pero insignificante dentro del total), así fue de grande y correspondiente la liberación de electrones móviles que invadieron, en un momento dado, el entramado de la red cristalina del haluro de plata fotosensible. Sin embargo, como sabemos, la entrada de la luz y su extinción, fue muy rápida y fugaz. Cierto que sucedieron miles y miles de cosas en ese ínfimo instante de tiempo pasajero. Pero la luz se extinguió, que es lo que queremos dejar sentado, aunque su interacción dejara un mecanismo de actividad rezagada que se fue efectuando hasta que se llevaron a cabo, de manera casi totalitaria, todas aquellas funciones lógicas de la búsqueda de equilibrio para el logro de un estado de reposo eficiente; es decir, para que volviera el “silencio” zumbador típico de las funciones vibratorias “normalizadas” de todo el entramado atómico y molecular del untuoso enrejado tridimensional iónico fotosensible. Cierto también que algunas interacciones, con mucho mayor plazo de retraso, o rezagación, todavía se irán efectuando a lo largo de los días venideros, pero esto es casi una función normal de la naturaleza de las cosas todas a estos planos manométricos de la materia, cosas que ya también se daban antes de la entrada de la luz en el haluro, aunque no se realicen ahora de la misma forma en que lo hacían entonces.


REPITIENDO EL PRINCIPIO PARA SITUARNOS.
Volviendo al principio pues, diremos que la luz de exposición se extinguió. El cambio dado por la luz, se efectuó, y ya está completo. Tenemos pues, una imagen latente, virtual, codificada de alguna manera en el entramado cristalino, (aunque no sepamos cómo), y ésta se halla, de algún modo, cuidada, protegida y mantenida a través del tiempo, yaciendo, invisible, en el seno transformado del entramado iónico fotosensible. ¿Qué sustenta, pues, a esa imagen latente, si la luz que permitió formarla, tras ceder su energía, se extinguió? La luz pues, ya no es la sustentación de esa imagen virtual perfecta. La luz ya no tiene más influencia sobre ella; la luz ya no puede siquiera volver a verla, si lo que se quiere es mantener a esa imagen pura y perfecta...

Pero la imagen latente sabemos que está, que permanece, que se puede hacer visible y que puede, luego, durar un tiempo infinitamente superior al tiempo ínfimo e irrisorio que llevó su formación; tiempo el cual, casi podríamos decir que fue el de la velocidad de la luz…Un segundo después de aquel chorro de luz cegador del que salió reflejado aquel otro chorro de luz que incidió sobre la película tras ser enfocado el motivo y proyectado por el objetivo, los fotones no absorbidos por la materia se hallaban ya a unos trescientos mil kilómetros de distancia..¡Muy lejos ya para permanecer cercanos!...

Sin embargo, en el silencio zumbante de las vibraciones “normalizadas” que funcionan en los medios iónicos cristalinos del haluro de plata, la imagen latente se mantiene respirando, viva, y dispuesta a ser presentada, cuando fuere, mediante el revelado, como una imagen material de plata metálica negra, de precisión sin límites. Ahora bien, la luz ya no es quien cuida y mantiene, en caso alguno, a la tal, y, dentro del haluro de plata, tiene que reinar, además, la oscuridad completa, (con respecto al espectro visible) para que ahora tal imagen pueda conservarse y decodificarse en toda su pureza y vitalidad.

Después de todas las cosas sucedidas, y luego de buscar sin hallar rastros visibles de lo que esperábamos encontrar como debilísimas señales de la imagen latente, ya tan sólo nos resta como cosa importante, saber a qué se debe ese cambio en el “silencio” zumbador del vibrar cuántico dentro de la red iónica cristalina del haluro de plata. Suponemos que la codificación de la imagen latente se ha llevado a cabo con eficacia y rigurosidad matemática, y aunque no hemos visto indicios de su posible existir, la presencia de las motitas de átomos de plata nos sugieren y aseguran que la imagen latente tiene que hallarse forzosamente codificada en ellas, aunque no podamos saber como. Pero no cabe duda de que hay una encriptación virtual con toda la información precisa y contundente que se habrá de desplegar para decodificarla y hacerla visible, durante el revelado.


FILOSOFACIONES “PERSONALIZADAS”.
Examinamos pues, las cercanías, el entorno más próximo a las motitas de plata, para tratar de averiguar alguna cosa sobre la imagen latente:

Al acercarnos a los “racimos” de motitas de plata, comenzamos a notar fuerzas extrañas, distintas a las demás fuerzas con las cuales hemos topado hasta ahora. Pero no sabemos a qué se deben. Al acercarnos más, sentimos presión sobre nosotros mismos. Presión de algún tipo de fuerza “invisible”, y que no podemos describir con palabras. A la vista, no vemos nada extraño ni en los alrededores, ni en los propios “racimos” de átomos de plata. Aparentemente, todo es normal. Sin embargo percibimos como un sibilino zumbido, de muy alta frecuencia, como si algo anduviera “merodeando” a gran velocidad en el ambiente que nos circunscribe, cosa que no sentíamos ni notábamos antes de acercarnos tanto a estas regiones particulares del cristal iónico donde se hallan confinadas las motitas de metal argéntico…

Teniendo en cuenta que no sabemos nada de nada de lo que está pasando, ya puestos a filosofar sobre “cosas”, y dado que estamos, de alguna manera en los lugares en donde creemos que se archiva y codifica la imagen latente, (el entorno mismo de las motitas de plata metálica), se nos ocurre, dado que la imagen latente no ocupa de forma literal la superficie del fotograma, (pues no se puede observar rastro de la misma en ningún lugar), que posiblemente grandes grupos de electrones se hallen, de alguna forma, establecidos de forma permanente en torno a esas susodichas motitas, “suspendidos” como ondas de resonancia continua, y que no se pueden materializar como cuantos de materia por alguna razón para nosotros ignorada, manteniendo así, de manera ondulatoria, una cantidad de información inmaterial acerca la imagen latente. Posiblemente, ese zumbido tan especial y diferente de todos los otros demás sonidos que “ronronean” por aquí dentro, sean precisamente las “funciones de onda” de cientos de electrones que mantienen en suspensión temporal todos los datos pertinentes sobre la imagen latente fotográfica que se formó por la entrada de luz en la cámara en el tiempo de exposición.

Y puesto que sería demasiado largo y prolijo hacer un recuento de todas las posibles interacciones que hayan podido suceder en el enrejado cristalino del haluro de plata, y dado también que los conocimientos químicos actuales tan sólo podrían describir unas cuantas reacciones nada más, tenemos que simplificar de manera drástica todo aquello que creemos que puede estar sucediendo ahora mismo aquí dentro para mantener en suspenso y viva, a la propia imagen latente, por lo cual nuestros datos tan sólo serán filosofaciones basadas en suposiciones, pero que no dejan estas de tener sentido y que pudieran, de alguna manera, hallarse cerca de lo que podría ser la verdad de las cosas aquí dentro mismo, respecto a la “cautividad” y vigilancia de la imagen latente….


ALGUNOS DATOS PRELIMINARES SOBRE EL ELECTRÓN.
Por supuesto, esta parte de la actividad “secreta” del efecto de la luz sobre el enrejado cristalino, deja una impronta especial sobre el haluro y su entorno, que tiene como consecuencia la formación de la presunta imagen latente, deducible por nuestras “lógicas” apreciaciones; pero, aun habiendo un cambio forzoso, seguimos sin saber cómo es o como se codifica la imagen virtual, y mucho menos cómo se dispensa dentro del enrejado iónico. Por lo tanto también seguimos sin saber cómo se mantiene estable esta imagen metafísica durante el tiempo que sea, antes del revelado.

De hecho, hablar de imagen latente significa, de alguna manera, hablar de UN ESTADO ELECTRÓNICO MUY ESPECÍFICO Y DEFINIDO, DE MANERA NATURAL, pero sin embargo nosotros no tenemos ni idea de como se mantiene tal estado, y ni siquiera podemos definirlo ni precisarlo desde nuestros conocimientos actuales, excepto el poder decir todo aquello que ya llevamos dicho: que presuntamente (a falta de más datos), la imagen latente son grupitos de entre cuatro y cien motitas de átomos de plata… Pero, ¿es esto describir a la imagen latente? ¿Es esto explicar qué es la imagen latente y como está codificada? ¡Por supuesto que no!


ESTADOS PARTICULARES.
Tendríamos, pues, que hablar de estados electrónicos muy particulares dentó de la red cristalina después de que la luz dejara su impronta, cual fuera, sobre el haluro de plata del fotograma “atacado” por la radiación actínica. Y sabemos que los electrones no son simples partículas materiales que se comportan como balas de cañón, o como bolas de billar, sino que su estado más verosímil en circunstancias tales como las que concurren en la red cristalina iónica del haluro de plata, es siempre el de una acción guiada bajo el estricto control de una onda de probabilidad que regula su actividad y que obra como una onda de movimiento del electrón, y en donde el electrón mismo es como un ente difuso que siempre va precedido por su propia onda de probabilidad estadística, u onda de movimiento, como se ha dicho. Por supuesto, la onda probabilística del electrón no consiste en nada realmente físico, ni es nada realmente material, sino tan sólo una probabilidad estadística del movimiento del electrón y de su presencia dentro de ciertos límites de su propia perturbación probabilística. No se trata en absoluto, de ninguna entidad material posible: Tan sólo es un MOVIMIENTO ONDULATORIO DE PROBABILIDAD ESTADÍSTICA es decir, una virtualidad que nos permite emitir ciertos juicios de valor sobre la presencia del electrón en determinados lugares, y que asimismo nos permite teorizar con cierta eficacia sobre su comportamiento interactivo. En definitiva, es una ecuación matemática. ¡Nada más! Esta ONDA DE MOVIMIENTO del electrón es realmente una PERTURBACIÓN ANDANTE que puede ser, según los momentos, grande o pequeña, y que lo único que parece realmente representar, es que, si la perturbación es pequeña hay poca probabilidad de hallar allí al electrón, mientras que es más probable hallarle allí donde la perturbación es grande, lo cual nos da, pues, un campo de guía para estudiar y conocer más cosas sobre este ente tan peculiar llamado electrón.

Esta ONDA DE MOVIMIENTO, o PERTURBACIÓN ANDANTE tiene, además, la facultad de interferirse consigo misma y crear campos de fuerza y patrones de información de su propio movimiento que le sirven, a la vez, como guía de su mismo camino, por lo cual podemos “observar” al electrón como un “algo” misterioso y etéreo que sin embargo posee autoinformación sobre sí mismo, además de aquella otra información adicional que haya podido adquirir, y que en nuestro caso, es la información de imagen que recibió tras ser iluminado por la luz de exposición en la cámara, a la cual se suma aquella otra información que adquiere tras su interacción con los “ingredientes” activos del enrejado iónico cristalino del haluro argéntico. Porque el haluro de plata, a nivel atómico de la red cristalina, tiene en si el poder de difractar a los electrones, (así como también a la misma luz, (cosa que hemos visto desde aquí dentro), si bien ésta no parece ser afectada por este parámetro, o, al menos, no es aprovechable su efecto. ¿O sí?), por lo cual forzosamente tiene que suceder el mismo hecho conocido en física como “de las dos rendijas”, en donde, ante estas, tanto fotones como electrones actúan siempre como ondas y no como partículas.


DIRECCIÓN DE LAS PESQUISAS.
De esta manera, tenemos que dirigir nuestras indagaciones dentro de la red cristalina hacia un estado ondulatorio de los electrones bajo parámetros inducidos por la luz de exposición y que los mantienen en alguna forma como archivos de la información de la imagen latente. Pero dado que esta imagen latente no se halla inscrita (aunque si circunscrita virtualmente) en ningún lugar del haluro de plata expuesto, solamente la tal se puede hallar codificada de alguna manera en la disposición ondulatoria de los propios electrones involucrados en el acto de haber sido “atacados” y de alguna manera alterados en su estado “natural” primitivo; es decir, alterados en su estado con respecto a como estaban antes de ser influenciados por la radiación luminosa que recibieron tras la exposición.

Dada la intrincación exhaustiva de la red cristalina, los electrones implicados en la formación de la imagen latente, tras ser cargados de energía, se habrán visto impulsados a portarse de mil maneras entre los microscópicos recovecos de la red cristalina iónica, obrando éstos como rendijas de difracción a nivel atómico, por cuanto cada electrón involucrado se habrá tenido que difractar una y otra vez, posiblemente, y de ello habrá tenido igualmente que adoptar estados diversos en el curso de las reacciones subsiguientes a la interacción de la luz, dentro del haluro, a nivel atómico y molecular. De este hecho tenemos nosotros la propiedad de especular ciertas posibilidades en las propiedades del electrón, sabiendo que siempre éste va asociado a una onda de probabilidad y que, durante sus difracciones se crean campos de perturbación ondulatoria bifurcada que tras superar cada barrera interpuesta, (las múltiples “rendijas” de la red iónica de plata), se recombinarán consigo mismos, de nuevo, en forma de crestas y vientres que proporcionarán (si pudiésemos observarlo, lo veríamos), las típicas figuras interferenciales que son patrimonio de estas “ondulaciones” o andaduras dinámicas del electrón.


TRASCRIPCIÓN DE CÓDIGO A CÓDIGO.
Ahora bien, por lo que sabemos, tras este tipo de interacción perturbatoria, el electrón lo que hizo fue “descomponer” la información recibida en forma de código de radiación, y transformarla en otro tipo de código de escritura que pudiese ser guardado, digamos, en la “memoria” del electrón. Para eso se ha prestado muy bien la propia trama de la red cristalina que actuó como medio de múltiples rendijas para que el electrón, como onda, pudiera bifurcarse, interferirse consigo mismo en una proyección de crestas y vientres, recombinarse de nuevo y crear un patrón de código de interferencias, con lo cual toda la información entrante, traída por la luz, se pudo pasar al código interferencial y ser eficazmente guardado en el único código virtual que podía hacerlo.

Tenemos pues a un electrón que recibió una información lumínica dada y que puso en marcha una interacción entre sí mismo y la red cristalina, dadas las condiciones de ésta en plata halogenada fotosensible. Y, además por ser una red iónica llena de múltiples “rendijas” han permitido al electrón, al ser activado por la información de la luz, a reaccionar de determinada manera (y no de otra), e interactuar con toda la composición química reactiva de la red iónica del haluro: La onda del electrón que recogió la información entrante, en su perturbación se desdobla por la acción de la energía radiante, se difracta para codificar en nuevo código la tal información, y de nuevo se recombina consigo misma, pero ya manteniendo en si la nueva información trasformada a su propia manera de poder archivarla con seguridad.


EL NUEVO ESTADO DE DATOS DE INTERACCIÓN.
En este nuevo estado, si nosotros pudiéramos “leer” al electrón, hallaríamos en él todos los datos de información que le cedió la luz de la exposición además de todos aquellos otros datos que ha recogido en su camino “andando” entre los recovecos de la red cristalina del haluro. Así, de esta manera, el electrón posee sobre la imagen datos como son LA CANTIDAD, LA ESCALA, POSICIÓN, ORIENTACIÓN Y GRADACIÓN, además de poseer aquellos otros datos que el electrón tiene sobre su ser y sobre su propia onda de probabilidad, lo que significa poseer toda la información posible sobre la imagen, sobre sí mismo, y sobre su comportamiento pasado, presente y futuro. En efecto, también el COMPORTAMIENTO FUTURO porque en la onda de probabilidad está codificado, de alguna manera, como el electrón habrá de actuar cuando le alcance el revelador en el preciso momento en que la película se halle revelando… Aquí podríamos discutir que, en ese posible futuro, el revelador podría cambiar algunos parámetros sobre el comportamiento del electrón, y es cierto; pero tan sólo serían modificados algunos de estos parámetros, muy pocos, porque el resto son absolutamente invariables e inamovibles, entre ellos escala, posición y orientación, que resultan ser datos inmutables a todos los efectos.


PARTICULARIDADES DEL CAMPO
DINÁMICO DE INTERACCIÓN ELECTRÓNICA.
Debemos también considerar, y tener en cuenta que las propiedades ondulatorias del electrón, por su efecto de campo dinámico de perturbación, le conceden a éste una cualidad sensitiva intrínseca, de la cual no se puede nunca liberar, y que permite a cada electrón en particular percibir, conocer y saber de la presencia de cualquier otro electrón que se acerque lo suficiente a su vecindad como para que pueda percibir esta perturbación andante. Las perturbaciones crean interferencias en la onda de probabilidad (viceversa también) y cuando las cresas o vientres de un electrón libre interfieren con las de otro cualquiera, estos se “repelen” entre sí, y se separan lo suficiente como para no interferirse en sus caminos fuera de ciertos contextos reactivos donde tengan que compartir orbitales, por ejemplo. Esta “repulsión” es independiente de la repulsión eléctrica, y este caso nos puede dar motivo de nuevas reflexiones, porque de siempre se nos ha dicho que los electrones se repelen por tener cargas eléctricas del mismo signo, mientras que ahora podemos saber que existe un tipo de repulsión que nada tiene que ver con la carga eléctrica y que puede ser sumada o no, a esta otra, según las condiciones interactivas de los entornos en donde el electrón se vea involucrado a tomar parte de alguna reacción, lo cual podría ser importante en la teorización fotoquímica, por ejemplo, en donde algunas reacciones podrían ser debidas a un tipo de mecanismo interactivo no asociado precisamente a las condiciones de una polaridad eléctrica, (aunque estas pudieran en algunos casos participar en ello) por no ser requeridas tales circunstancias.


EL COLAPSO DE LA FUNCIÓN DE ONDA.
Para completar estos pocos datos sobre el electrón, debemos de hablar del COLAPSO DE LA FUNCIÓN DE ONDA, lo cual no es otra cosa que la materialización del electrón en FORMA DE PARTÍCULA MATERIAL, a partir de su propia función de onda. Como onda, el electrón es un ente por completo abstracto e inmaterial, Es simplemente UNA ONDA DE PROBABILIDAD, es decir, UNA ONDA DE MOVIMIENTO, o UNA PERTURBACIÓN ANDANTE, como ya anteriormente se dijo, pero que no es en absoluto algo material y tangible, sino tan sólo una virtualidad, una probabilidad estadística de poder hallar matemáticamente al electrón en donde la perturbación alcance el valor más alto, lo que significa asimismo la probabilidad de no hallarlo allí en donde la perturbación sea de un valor pequeño. Por lo tanto, la función de onda es un “sujeto” inmaterial que sin embargo tiene en sí toda la información que el electrón, (también como sujeto material), puede tener sobre sí mismo y sobre todos los demás electrones que se le acerquen a su campo de perturbación propio, y que, a la vez, a los investigadores nos proporciona datos sobre la presencia del electrón en aquellos puntos donde la perturbación andante es de un valor grande.


SIGUIENDO CON LAS PESQUISAS
EN BUSCA DE LA IMAGEN LATENTE.
Pues bien, después de explicar todo lo anterior, y estando todavía nosotros dentro de la red cristalina de plata iónica, y, además, cerca de un haz de motitas de átomos de plata, podemos seguir hablando sobre lo que se nos permite, de aluna manera, observar y sentir. Y sentimos en efecto, como ya habíamos dicho, una enorme presión, y además tenemos en los oídos un zumbido muy especial, de una frecuencia antes no oída. Y observamos buscado a nuestro alrededor la posible fuente de tales cosas, pero nada extraño parece más extraño que todo lo demás que nos rodea. De cuando en cuando, sin embargo, y sin poder decir cómo, parece que “vemos” o percibimos como unas “presencias” que se ubican en diferentes lugares espaciales en las cercanías de “nuestro” haz de motitas de átomos de plata. Estas “presencias” las notamos cada vez con mayor viveza a medida que estamos más cerca, pero sin embargo nos es totalmente imposible verlas, aunque las podemos percibir muy vagamente, a nivel casi de presentimiento metafísico, (como un conocimiento “visual” telepático), presentadas como “difusiones” etéreas de una incertidumbre con “cuerpo” extrasensorial.

Pensamos y elucubramos pues, sobre lo que sentimos y creemos “observar”, no con nuestros sentidos físicos, sino con nuestras intuiciones perceptivas. ¿Qué pueden ser las “presencias” que percibimos? ¿Qué son las “difusiones” que aparecen y desaparecen como livianísimas gasas de energía inmaterial? ¿Qué son esas evanescencias casi fantasmales que creemos ver y que cuando intentamos captarlas cerebralmente, desaparecen? ¿Por qué las vemos, sin verlas? ¿Por qué las sentimos sin sentirlas? ¿Por qué las oímos, sin oírlas? ¿Por qué…?

Filosofamos sobre ello, pues, sentados en las inmediaciones de “nuestro” grupito local de átomos de plata, y poco a poco se nos ocurren posibles respuestas para todo aquello que presuntamente está siendo, sin ser, a nuestro alrededor mismo…

Posiblemente, tras todas las manifestaciones energéticas que ya hemos comentado de manera muy, muy abreviada tras la entrada de la luz en la red cristalina del haluro del fotograma expuesto, algunas reacciones específicas se llevaron a cabo de manera sencilla, pero otras de manera muy complicada. Unas se habrán efectuado casi instantáneamente, y otras continuarían por un tiempo dado tras haberse cerrado el obturador de la cámara, hasta que se hubiera restablecido el equilibrio perdido por la entrada de energía luminosa. Pero no cabe duda de que ya todo quedó en una disposición física y química, a nivel atómico y molecular, completamente distinta a como era en origen, antes de la entrada misma de la luz. Finalmente, tras todas las primeras reacciones comentadas anteriormente de manera extremadamente compendiada, no cabe duda de que algunos electrones habrán quedado en ciertas orbitaciones resonantes, en donde la resonación posiblemente sea la culpable de su estado de movimiento, no ya como partículas (recordemos que al principio vimos como una lluvia de electrones habían saltado de la nada dentro de la red cristalina, pero esta “nada” eran los iones bromo atacados por el efecto de la radiación lumínica), sino como función de onda, en donde se “diluye” la partícula material, y se queda tan sólo en onda inmaterial de probabilidad estadística. Esta virtualidad dinámica, llamada función de onda, se dispone como una “nube” inmaterial de energía de movimiento que no podrá colapsarse ya como objeto material, porque, de cierta manera, alguna circunstancia específica hará que no pueda adquirir el carácter físico y material de partícula puntual.

Es pues, posible que el electrón en este estado de “limbo “no se halle cómodo y quiera adquirir su ordinario “cuerpo” estable de partícula, (según nuestro general criterio clásico aceptado) y por lo tanto haga todo lo posible por colapsarse de su función de onda. Sin embargo también es muy posible que el electrón en este estado en que se ha visto involucrado por las interacciones habidas en la red cristalina, cuando llegue al punto de la acción colapsante, tal vez por alguna disposición adquirida en propiedad, o por alguna causa externa, independiente de su propia “voluntad” reciba algún eco, algún golpe fresco de energía de resonación, y ello lo devuelva al estado “completo” de función de onda, de nuevo. Y así, una y otra vez, posiblemente, esto sea lo que le ocurra a una cierta cantidad de electrones que han quedado atrapados de una cierta y singular manera dentro de la red iónica cristalina del haluro del fotograma expuesto ¿Tienen algo que ver con este posible mecanismo, las motitas de átomos de plata formadas por la exposición, y que parecen guardar la información de la imagen latente?

En cierto modo es posible que el electrón al término de cada orbitación en un lugar concreto, y debido a unas determinadas circunstancias, reciba un “golpe” de resonancia y posiblemente se forme una onda estacionaria con sus nodos pertinentes. De este modo el electrón estará en continuo movimiento ondulatorio una y otra vez sin hallar estado de posible colapso, por lo cual su función de onda se hallará también en activo conservando una información adquirida virtualmente, pero que no podrá desvirtualizarse hasta que el mismo electrón halle la forma o manera de colapsar su función de onda y manifestarse entonces como partícula (es decir, como cuanto de materia), lo cual daría paso a la decodificación de la imagen latente virtual por la interacción directa con la materia del cristal iónico del haluro de plata.

Porque un ión plata positivo no se convertirá en átomo de plata estable en tanto el electrón se halle sobre él como simple (o complicada) función de onda suspendida. Se supone que el electrón en este estado tendrá su función de onda “indagando” en saber y conocer el estado del ion plata positivo; acción durante la cual nada cambiará, pero sin embargo el electrón “lo sabrá todo” sobre el polo positivo de plata. Más algo sucederá en un instante dado (lo cual será más tarde, en el revelado) por la aportación de energía liberada de alguna reacción, o por la llegada de otros electrones dados por el revelador, o por otras diversas causas, y el electrón “ondulante” comenzará lentamente a perder su función de onda orbitando al ión positivo. Ahora bien, la interacción del colapsado de la función de onda del electrón, aunque pudiera parecer instantánea, no lo es en este caso concreto, y la colapsación se va llevando a cabo poco a poco. Durante esta interacción, el electrón va perdiendo lentamente, en efecto, su estado de onda de movimiento, y se va haciendo cada vez más una perturbación mayor, con lo cual comienza a perder su estado de onda inmaterial y comienza a hacerse “sólido”; es decir comienza a trasformarse en un cuanto material: en partícula sólida. A la vez, (pues los hechos suceden simultáneamente), el ión plata positivo comienza también poco a poco a transformarse en un átomo de plata: El proceso de transformación es porcentualmente inverso, es decir, en la misma medida en que el electrón se va colapsando por pérdida de su función de onda, en esa misma medida el ión plata positivo se va convirtiendo en átomo de plata metálica…

Dado que la función de onda es quien dirige toda la actividad del electrón, el electrón que en este caso es como una “sombra virtual difusa”, resulta ser ciertamente una energía inmaterial que no tiene localización precisa ni velocidad conocida. Pero a medida que la función de onda examina al ión plata positivo y “observa” en él posibilidades de acoplamiento, (por recepción de energía, u otras causas posibles), la función de onda comienza a “desmaterializarse” y a colapsarse a un ritmo determinado; es decir, a medida que se “desmaterializa” la función de onda, se materializa en igual medida la partícula que también es el electrón

Entonces, el ión positivo de plata, como ya se dijo antes, comienza a transformarse en átomo de plata metálica, y por unos instantes, el electrón ni es onda ni es partícula, sino una cosa intermedia, un híbrido medio virtual y medio material, en sentido estricto. Y el ión plata positivo, en ese mismo y simultáneo momento, ya tampoco es ión plata, pero tampoco es aún átomo de plata metálica pues está también “hibridando” en proceso de conversión a ser metal argéntico, aunque sin haber llegado todavía a ello… En este mismo instante, ambos los dos, (el electrón y el ión plata positivo), se hallan en un estado intermedio de conversión, en ese estado hibrido en donde no son ni una cosa ni otra. Son simplemente un “estado de transición” que no ha alcanzado todavía el estado final hacia el que evolucionan, aunque “están en ello”, ¡claro que sí!…

Cuando la función de onda del electrón, (que es quien dirige las acciones de éste y quien lo subordina a llevarlas a cabo) tiene toda la información precisa sobre la posibilidades totales de acoplamiento químico, ésta, (la función de onda del electrón a medio colapsar), se colapsa enteramente, y entonces, de forma súbita y totalmente sincronizada, el electrón toma realmente “cuerpo” como cuanto de materia, y se acopla totalmente al hasta entonces “semi-ión” plata positivo, quedando así éste, simultáneamente, convertido de golpe y porrazo en átomo estable de plata metálica; es decir, en plata metálica neutra, o plata atómica de revelado.

El misterio de la cosa está en cómo y porqué todas estas funciones de onda que corresponden a otros tantos electrones, (en números millonarios), y que se hallan en “suspenso” en el seno del haluro de plata, tras la exposición, no se colapsan de forma directa y tajante (en las emulsiones correctamente formuladas), sobre los iones plata positivos que también se hallan “habitando” el enrejado cristalino del haluro de plata, y que están ávidos de recibirlo. Y antes he dicho “ en las emulsiones correctamente formuladas”, porque, en las mal formuladas, sí que lo hacen, y en ellas se forman cientos de miles de átomos de plata, que, aunque no llegan a ser directamente visibles para el ojo humano, al revelar se muestran como velo intenso y oscuro. Tal efecto sobre las emulsiones, recibe el nombre técnico de “velo de revelado espontáneo” y este tipo de velo está causado, como ya se ha dicho, cuando una emulsión no posee la “carismática” propiedad de seleccionar y restringir de manera adecuada, la formación de un número contenido e ideal de tan sólo determinadas cantidades de grupos de motitas de átomos de plata. Cuando la formación de estos grupos de motitas de plata pasan de un cierto nivel, la acumulación de un excesivo número de átomos de plata proporciona ya la suficiente cantidad de plata metálica para mostrarse como velo de revelado espontáneo, el cual incluso se da, al revelar, aunque la emulsión no haya sido expuesta a la luz.

Por lo tanto, sigue en pié la cuestión de por qué, habiendo tantos electrones capacitados para reaccionar con los iones plata positivos, tras la exposición, (liberados de los átomos de bromo por la acción de los fotones entrantes), en una emulsión bien formulada no hay nunca un número de átomos de plata metálica que rebase aquella proporción ideal requerida simplemente para formar la imagen latente, y nada más…

Por todas estas cosas, como es de suponer, se da así una circunstancia propia como para hacerse peguntas muy interesantes, como por ejemplo:

¿Qué mecanismo hace que en una emulsión correcta, no se colapsen más que ínfimas cantidades de electrones sobre los iones plata positivos para formar átomos estables de plata metálica en tan sólo grupitos aislados, y en haces o en “gavillas” de entre cinco y cien átomos por motita, y que son los lugares en donde supuestamente se codifica la imagen latente?

¿Podrá ser, en efecto cierto que se hallen sobre el haluro de plata expuesto cientos o miles de millones de “funciones de onda” electrónicas suspendidas en el entorno de todo el enrejado cristalino iónico, o bien sobre el entorno más preciso y circunscrito de la localización espacial de las motitas de átomos de plata, sin que haya acoplamiento espontáneo, cuando todo hace pensar que debiera ser así, como lo es en las emulsiones no correctamente formuladas?

¿Son las motitas de átomos de plata formadas tras la exposición, centros de “suspensión” de funciones de onda en donde estas se concentran y “viven” como en un limbo, vibrando y formando nube estable, esperando las condiciones idóneas para poder colapsarse?

En caso de ser cierto el supuesto anterior, ¿son esas funciones de onda la información total o parcial en donde se archivan y se guardan los datos latentes de la imagen fotográfica llegados al haluro a través de la luz de exposición?

¿Y qué las hace estar “suspendidas” y a la espera? ¿Cómo “saben” las funciones de onda del electrón que deben de permanecer suspendidas hasta la hora del revelado? ¿Qué información tienen para ello, y cómo la adquirieron?

Y cuando llega la hora del revelado, al contacto del revelador, ¿cómo saben las exiguas motitas de plata atómica como decodificar su información adquirida y transmitirla solamente a una determinada cantidad parcial de toda la inmensa cantidad general de iones plata positivos que habitan la red cristalina para formar imagen discriminando perfectamente los valores gradacionales, las densidades desiguales y las equidensidades de plata que dan una imagen final con volumen óptico, y “confeccionando” todos esos valores de plata metálica en una estructura física que dan lugar a un sujeto a escala perfecta con respecto a un original cualquiera?

Por otro lado, ¿se reparten a tantos por ciento la información de la imagen latente las motitas de átomos de plata metálica y las funciones de onda de los electrones que están suspendidos en el entorno de las mismas?

¿Significa acaso esa “suspensión” de funciones de onda encima o en torno a las motitas de átomos de plata ya un “acoplamiento virtual” que tan sólo se puede materializar en el revelado?

Dado que ya no podemos abarcar mucho más en nuestras mentes de lo ya simplemente observado, y dado que filosofar con cabalidad sobre la cosa a partir de este punto, no nos es posible hacerlo con sentido común, porque los misterios del quid de la cuestión nos sobrepasan, nos hemos “desembarcado” de nuestra aventura dentro de la trama iónica fotosensible, y hemos “tomado tierra” y vuelto a nuestra estatura normal para darnos un reposo y clarear nuestras mentes y poner en orden las ideas, que están, indudablemente, enmarañadas y revueltas en nuestros neuronales conocimientos. Ciertamente, casi cogemos reúma en aquel lugar tan intrincado y complejo por la cantidad de agua y de humedad que había allí. Pero bueno, aquello ya pasó. Ahora toca, desde fuera, pensar un poco en todo lo observado, poner las ideas en claro, e intentar volver a la red cristalina cuando se vaya a efectuar el revelado de la emulsión expuesta para poder observar entonces que otros fenómenos ocurren en el edificio iónico de la plata fotográfica. ¡¡Volveremos, claro que sí!!



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Ha pasado una semana desde nuestra aventura por las interioridades de la red cristalina iónica del bromo-yoduro de plata de la película en que nos sumergimos, y ahora nos avisan de que se va a proceder a su revelado, por si queremos volver de nuevo allí adentro para poder observar algunas de las cosas que se suponen que pueden suceder cuando el revelador “ataque” a la sal de plata para convertirla total o parcialmente en plata metálica de revelado. Por supuesto, aceptamos la invitación, y nos volveremos a vestir para el caso con nuestros trajes de neopreno halogénico, para poder así estar a tono dentro de la sociedad de la red cristalina iónica de Ag+, Br-, y otros “ionicios” que pueda haber como vecinos fijos o eventuales… ¡Ya os contaremos como ha ido la cosa, luego de que volvamos!



GAGO.
Dicciembre de 2008
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