De la fotografía y sus cualidades y otras zarandajas probatorias... (17 nov. 2012)

Por si a alguien le sirve de algo, o por si fuera de utilidad el saber, al menos, la teoría...



¿ESENCIAL, SI O NO?...
Lo esencial, lo verdaderamente esencial en fotografía, no es simplemente hacer imagen, sino, simultáneamente, hacer imagen artística y documento. Y, si es posible, además, que sus valores plásticos, o artístico-visuales, alcancen a poseer esa belleza que solo poseen las fotografías del fotógrafo consumado, en su buen saber y hace fotográfico…

Porque, si la imagen es sólo y simplemente artística, pierde o puede perder la parte documental; la parte que es de muchísima importancia de cara al futuro, pues ella da cuenta del rigor histórico del asunto, el que fuere, que ha sido fotografiado. Si por otro lado, la imagen es simplemente documental, conserva en sí esta cualidad importante de explicar el pasado en el futuro, pero sin la otra cualidad estética de darle valores plásticos que la hagan agradable, deseable y digna de admirar por sus luces, sus contrastes, sus “atmósferas” y sus paradigmas de presentación estética superior y excelente realización como obra de artista y no de simple operario que maneja una cámara fotográfica, lo cual, lo puede ser cualquiera…

La ciencia de “meter” en una imagen fotográfica esa dualidad de hacerla estéticamente superior y de ser a la vez de manera indubitable documento histórico fidedigno, es un reto que no todos los usuarios de cámaras fotográficas pueden lograr, si sólo son simples usuarios. Pues a la toma hay que añadirle muchos otros factores de elección, que no son ni mucho menos arbitrarios o casuales, sino factores que deben de ser bien pensados, y, si acaso, repensados, para conseguir que la estética, esa plástica “artística” que se pretende para tal imagen documental, sea aquella que pueda ensalzar tales valores hasta la categoría pretendida de belleza visual de gran atractivo y capaz de emocionar y elevar sentimientos con su observación…


DONDE TODO LO QUE SE HAGA,
CUENTA Y TIENE IMPORTANCIA...
Porque, a la hora de hacer la imagen, durante el proceso de positivado, todo, entre muchas cosas a elegir, tiene su importancia capital; y las decisiones a tomar tienen que ser meditadas y aún re-meditadas, como antes se dijo, para que la imagen merezca y sobresalga sobre la media estadística de todas cuantas imágenes se hacen globalmente…. Porque, no es igual para esa imagen concreta, usar un papel de tipo neutro o frío, que usar un papel de tonalidades cálidas. Así mismo, no es igual emplear para ello un revelador suave que uno de tipo enérgico y duro, ya que cada uno, en particular, cambiará la manera física y visual de presentarse la imagen a los ojos del observador, bien por cómo se compacta la plata durante el revelado, o bien por las tonalidades neutras, frías o cálidas que la tal imagen puede adquirir mediante las técnicas fotográficas de laboratorio, que no son pocas ni de poca importancia, para procrastinar....

De igual manera, si el revelador es de tipo neutro o frío, influirá, de manera distinta sobre un papel frío o cálido, así como un revelador de tipo cálido o muy cálido (autovirante, por ejemplo) influirá sobre cómo se hagan las tonalidades más o menos negras de la plata revelada, pudiendo dar tonalidades neutras, frías, muy frías (azuladas) o con ligera tendencia a cálidas, a bastante cálidas, o muy, muy cálidas. Y todo esto, repito, influye grandemente en la presentación visual de tales imágenes, pues no es lo mismo verlas en unas tonalidades que en otras, además de que las “atmósferas” o profundidad psíquico-visual de tales obras cambia radicalmente por la elección conjunta del tipo de papel y tipo de revelador, sin contar en como también influye en ello su dilución o concentración y su capacidad de soportar `pequeñas o grandes exposiciones…


SOBRE EL TIEMPO DE EXPOSICIÓN
Y OTROS DIVERSOS FACTORES A CONSIDERAR...
Porque, el tiempo mismo de exposición conlleva un grandísimo cambio sobre las tonalidades frías o cálidas de la imagen (o neutras), si conocemos el patrón lógico de que las exposiciones cortas siempre tienden a dar tonalidades más frías o neutras, y las exposiciones largas tonalidades más cálidas, y las exposiciones muy largas tonalidades muchísimo más cálidas que todas las más cortas… Claro que, esto, el poder realizar este tipo de variaciones de exposición en grandes escalas sobre los papeles fotográficos en busca de otras formas más raras y difíciles de ver en las imágenes fotográficas, (por haber pocas personas que a esto puedan llegar por tener conocimiento aprovechable de ello) requiere poder disponer de reveladores que puedan aguantar, sobre todo en las grandes y muy grandes exposiciones, la luz que se le ha dado al papel en un grado demasiado alto, o altísimo, comparado con la media de exposición que es típica y ordinaria para los reveladores comerciales, o convencionales que revelan, normalmente, en tiempos de aproximadamente 1,5 a 2 minutos…

Un revelador, para que pueda llegar a cumplir este requisito indispensable para alcanzar a que las imágenes tengan una presentación gráfica muy distinta de la habitual y multitudinaria, (por poder aguantar altísimas exposiciones de luz sobre su superficie sensible) tiene que estar “construido” o diseñado para que la luz acumulada en tal alto grado en el haluro de plata que lo recubre, no se “suelte” repentinamente en el revelador, como es habitual en los reveladores estandarizados.

Esta luz así acumulada en el papel, no debe “dejarse salir” libremente, sino que el haluro de plata del papel debe de retenerla hasta el extremo de poder ir soltándola lentamente, a un ritmo bastante sutil y espaciado para que uno pueda seguir visualmente, bajo la luz roja de seguridad, la evolución de la imagen en el revelador, a medida que se desarrolla la plata metálica de revelado. Y en esta acción, debe de tener un margen más que suficiente de tiempo para decidir, sin prisas, hasta que punto mismo debe uno de llevar a esa imagen, en el revelador, para que obtenga aquella gama tonal deseada y aquellos contrastes más altos o más bajos que la harán ideal al entender o desear del fotógrafo que la está procesando… Y, como este tipo de reveladores dan margen de observación suficiente para el seguimiento detallado y minucioso de todos los detalles de la imagen, ésta se puede seguir con facilidad en su progresión, y detener el revelado sin prisas cuando haya llegado precisamente al punto que uno considere oportuno para su mejor presentación visual… Y ya digo: Sin prisas, porque este tipo de revelador da tiempo a pensar y repensar si la imagen está completamente hecha y a gusto, o debe de esperarse un poco más… ¡¡Curioso tipo de reveladores estos!!

Así, con este tipo de reveladores, también se puede regular fácilmente, entre otras cosas, el contraste de la imagen y sus densidades todas, además de influir decididamente sobre incluso su misma tonalidad, que puede ser más cálida o algo menos, en función mismo de que se revele, (luego ya de estar la imagen completa) por más o menos tiempo extra: Si no se le da tiempo extra de revelado, la imagen será algo más cálida, por lo general, y también ligeramente algo más contrastada (sin que esto signifique nunca que tenga contraste de más, en tal caso) y con unas densidades correctas en sus valores todos. Si se desea que tal imagen sea ligeramente más fría (sin que ello signifique que pueda perder su tonalidad cálida, si la tiene) basta por revelar más tiempo, ya que el revelador posee tal magnitud de compensación y latitud de revelado, que nunca dejará de ser una imagen correcta en su acabado final. El revelar por más tiempo hace que la plata se vaya compactado a nivel atómico, en mayor grado, y esto la va haciendo algo más negra de manera progresiva, con lo cual la tonalidad cálida se va “enfriando” por la adición de nuevas cantidades de plata filamentosa que se van sumando, a la vez que la plata ya antes habida se va compactando cada vez más, volviéndose más negra, como se ha dicho, con lo cual se va enfriando muy, muy lentamente, la imagen, pero sin dejar de ser cálida en absoluto. Simplemente, es algo menos cálida, pero cálida, al fin…

De esta misma manera también se procede si se desea bajar el contraste de una imagen cualquiera, pues al revelar más tiempo (dado al tremendo poder de compensación y latitud de revelado de estos reductore) aparecen detalles que antes no había por no haberse revelado estos, con lo cual se rellenan algunos blancos y avanzan algunos grises, sin llegar a bloquearse nunca. Y de esta manera el contraste general se reduce y la copia aparece mucho más llena que antes, de detalle fino, y también más compensada en general, en lo tocante a su contraste…

Esta manera de proceder es también útil cuando se desean atmósferas de tonalidades bajas, con un ambiente evocador y envolvente, como de muy poca luz, en donde, sin embargo, nunca desaparecen los detalles finos, si bien estos se vuelven más sutiles y delicados al quedar como envueltos en una especie de veladura de sombra que ennoblece la imagen y que la hace parecer como mucho más profesional y artística, si se quiere decir así… Es la imagen “llena”, pletórica de detalles, de sutilezas de luz y de sombra; de suavísimas insinuaciones medio difusas, pero de gran poder evocativo y capaz de elevar emociones y descubrir sentimientos con sus indeterminaciones en ciertos valores de penumbras y sombras en donde la imaginación del observador evoca o puede evocar épocas pasadas o ambientes parecidos de su niñez, por ejemplo…


LIMITACIONES DEL MATERIAL
NORMALIZADO Y COMERCIAL...
Por cierto que, los reveladores normalizados nunca pueden llegar a permitir estos manipulados químicos de la plata metálica de los papeles fotográficos, y, por lo tanto, con ellos es prácticamente imposible llegar a tales excesos de exposición y a tales tiempos largos de revelado requeridos para que las imágenes obtengan esta forma de presentación distinta y singular, en comparación con la forma de trabajar con los reveladores convencionales. Pero lo que es finalmente la imagen terminada, depende todo ello, no de la toma en sí (que es muy, muy importante, no cabe duda) sino que depende exclusivamente de cómo se revele la tal imagen.


DE LA TOMA SOLA, DEL CAZADOR,
Y EL LABORAR LA IMAGEN DEL BLANQUINEGRISTA...
Porque, en la toma, sólo se puede contar con el tipo de luz, de contraste inherente a la escena (diferentes ambos, según la estación de año) y el tipo de película, que puede influir en el contraste y en la gama tonal, pues una película de menor sensibilidad siempre dará más contraste inicial que una de alta sensibilidad. Pero, aparte de esto y de la capacidad del fotógrafo para encuadrar y colocar al sujeto, si se puede, no hay más que se pueda hacer en la cosa de la toma, para mejorar la imagen o darle otros valores estéticos, como la “atmósfera” de revelado, las tonalidades neutras, frías o cálidas, en el papel de blanco y negro, y otras muchas cosas que en el laboratorio pueden hacerse para hacer imágenes de mayor merecimiento que aquellas que se presentan en la simple toma, para la cámara y para quién la maneja…

Sin embargo, en el positivado, según se escoja un tipo u otro de papel fotográfico (frio o cálido), y según se elija un tipo u otro de revelador, una u otra dilución del mismo (la dilución, o la concentración, pueden influir en el contraste, en la densidad y en la tonalidad, al menos) o bien un tipo de superficie de papel rugoso, liso, brillante o mate, todo ello contribuirá a que la imagen se presente ante el observador con valores muy distintos, según tales parámetros se elijan para un efecto dado sobre una imagen cualquiera.

Además de esto hay la posibilidad e virar la imagen con distintos baños viradores para añadir algún tipo de coloración que mejore, (en opinión del artista) esta presentación visual, mediante el virado sepia al sulfuro o polisulfuro; mediante viradores de selenio, directos o indirectos (tonalidades castañas o marrones diversas, o negros violáceos, según que tipos de papeles); mediante virados al oro, (azules en algunos tipos de papeles y rosados, o rojos en papeles previamente virados al sepia o al selenio) o mediante viradores metálicos, como al hierro, (azules); al vanadio, (amarillos); al cobre, (colores teja variables) y un medio largo etcétera de otros viradores que se pueden emplear para ello…

Todo esto, normalmente, es tarea sólo del positivador, que es el verdadero blanquinegrista; el que de verdad “hace” la imagen bajo sus mejores auspicios por conocimiento y practica acumulada…. Y bien sea a instancias del que hizo la toma, o bien lo haga sólo el positivador en sus decisiones personales de hallar lo mejor para las imágenes, la influencia mayor sobre cada imagen en particular, es, ¡siempre! obra única y exclusiva del positivador. Porque no es lo mismo (¡de ninguna manera!) que un negativo dado sea positivado de una o de otra forma… ¡No; no es lo mismo!: ¡¡La diferencia puede ser abismal!!

Y, además, lo que de verdad mira el observador, el que contempla la imagen terminada, es una imagen parte y parte; es decir, en parte, obra del “cazador” y en parte obra del laborista positivador; el blanquinegrista. Pero, los valores técnicos, estéticos, emocionales y evocadores que tal imagen pueda tener, si el positivador no es capaz de metérselos, la obra de “cazador”, por muy buena que sea, poco puede decir por sí sola, y lo que puede decir siempre es una mínima parte de lo que puede decir luego de que un buen positivador le dé sus valores definitivos… Cualquier imagen, sin el procedimiento de positivado que pueda hacer que los valores iniciales registrados en el negativo sean luego técnicamente perfectos y añadidos de la estética pertinente que puede dar la elección del tipo de papel, revelador y virador, si fuere el caso, no merecerá en absoluto, y podrá ser una buena imagen, pero sólo eso: Una buena imagen del montón. Y, en referencia al “montón”… ¡depende incluso de que a qué montón se la compare, sin más!… (Porque montones, lo que son montones, los hay hasta de lo más feo y hediondo…)


DE LOS VALORES TODOS
A TENER EN CUENTA, EN LA IMAGEN...
Es importante pues, no conformarse con obtener buenas imágenes sobre el negativo, ya que, si bien los valores históricos y documentales son un hecho innegable en ellos y de mucho considerar, la belleza estética de las imágenes presentadas puede no ser correspondiente a la belleza documental que tales negativos conllevan como archivos de la historia pasada (Porque, cualquier negativo se convierte en archivo del pasado, nada más ser tomado, ya que mañana, la imagen será distinta, por su tipo de luz o por otras causas, si mismo no ha dejado de existir, que también podría ser el caso…).

De hecho, cada “cazador” de imágenes debiera de aprender a ser también el artífice de las copias físicas de las tales. Y no contentarse con hacer simples escaneos (que, al fin poco pueden servir de cara al futuro por su falta de rigor histórico, si falta el negativo que lo pueda corroborar o la copia fotográfica, -en papel fotográfico, vamos- que también pueda hacerlo). Sólo positivando sus propias copias, uno podría decir con plenitud de verdad que él es el verdadero blanquinegrista; el verdadero artífice de las tales, ya que, de otra manera, el mayor porcentaje de su creatividad y de presencia estética, (de las copias) siempre se le deberán al positivador. Y uno, cuando se engríe o se muestra orgulloso de la obra que otro le positivó, se está enfrentando moralmente a sí mismo, (aunque sea inconscientemente) porque, en el fondo, cuando alguien les alabe su obra, estos (los “autores”) se estarán acordando de quien se las positivó para que tengan tales valores visuales que, por cierto, no son los mismos que uno les hubiera dado, de ser también uno, el positivador. ¡¡Y esto, con plena seguridad!!


¿Y QUÉ DE INTENTAR
COSNSEGUIR ALGO DISTINTO A LO HABITUAL?...
Y sobre los reveladores anteriormente mencionados para el positivado diferente, con valores distintos a los que da un positivado con reveladores estándar, poco tengo que decir para quien esté interesado en la cosa, y ello sólo es asunto de investigación personal y una dedicación de tiempo y recursos que muchos no se los pueden permitir, y sobre todo ahora, en tiempos de crisis económica. Pero quizás pueda dar unas indicaciones que permitan hallar camino por donde comenzar en ello, si a uno le apetece probar el asunto:


DIFERENCIAS FUNDAMENTALES:
EL "TRACTOREVELADOR", O "REVELADOR TRACTOR"...
En primer lugar, ya se ha indicado antes que este tipo de reveladores necesitan tener mucha capacidad de aguantar grandes niveles de luz de exposición dadas a un papel fotográfico que se va a positivar. Tales reveladores necesitan ser lentos en sacar la imagen durante el revelado, pero no por ello deben de ser reveladores débiles, pues en tal caso no podrían luego levantar las densidades adecuadas para que los negros, por ejemplo, acabaran en ser negros intensos y buenos para potenciar la imagen, pues los reveladores débiles pueden no tener fuerza suficiente para llegar a ello. El que se necesite que sean lentos, no quiere decir que sean reveladores débiles, sino potentes, aunque lentos… Es como considerar un coche y un tractor. Un coche cualquiera puede ser muy potente, pero siempre será rápido. Un tractor, sin embargo, puede ser muchísimo más potente que un coche, pero siempre será lento, en comparación… Y aquí está el quid de la cuestión: Un tractor puede mover cargas muchísimo más pesadas que cualquier coche, pero nunca puede correr, incluso yendo vació…

Pues bien, un revelador para los efectos antes indicados, tiene que ser muy potente, pero lento. Y dentro de esa lentitud, puede ser más o menos lento, dentro de una escala dada, de tal manera que, incluso en la forma más rápida de la escala considerada, será siempre mucho más lento que un revelador convencional. No hay muchas maneras de transformar un revelador normalizado en una de tipo lento, ya que los reveladores normalizados están, en principio, formulados para ser como son, y cualquier cambio en ellos poco puede hacer al respecto de conseguir de los mismos aquel tipo de reductor lento pero enérgico que buscamos. Lo ideal sería ya partir de una fórmula teórica que reúna los requisitos buscados, aunque luego haya que adaptarlo a mayor o menor velocidad de revelado. Pero como no hay nada en el mercado que pueda darnos este principio, tendremos que recurrir a una formula comercial publicada para dar algunas indicaciones que pudieran dar un revelador algo más lento de lo que son de norma los habituales, por si alguien pudiera hallarlo mejor, una vez adaptado, para sus tareas de positivador.


FÓRMULA PUBLICADA, DE PARTIDA...
Partiremos de una fórmula muy conocida. Formula usada profusamente en tiempos anteriores, en España, (años 60 a 90 aproximadamente) y que aunque es la fórmula de un revelador de papeles, se usó con bastante éxito, a decir de muchos autores de la época (yo también lo usé allá a principios de 1.970) tanto para revelar papeles como placas de gran formato, dado que posee unas cualidades bastante buenas para ambos tipos de materiales, y el grano grueso que pueda proporcionar en películas de gran formato, no suele ser notorio dado a lo poco o nada que hay que ampliar los tales para conseguir copias...

Se trata del revelador de fórmula, de la casa Kodak, conocido como D-163, revelador este que posee una buena cantidad de poder revelador dadas sus cantidades relativamente altas de agentes reveladores (metol e hidroquinona) como de agente acelerador alcalino (carbonato sódico) que es el que comunica la mayor fuerza dinámica del mismo a los agentes reveladores dichos. Una cantidad de carbonato menos, daría un revelador más lento, y una cantidad mayor daría un revelador más rápido, aunque podría ser excesivamente rápido en tal caso, dadas las cantidades relativas del metol-hidroquinona contenidas. Este revelador D-163 está considerado un revelador M.Q. (metol-hidroquinona) “de contraste”, sin que lo de “contraste” signifique otra cosa, en este caso, que sus densidades son altas, en comparación con algunos otros reveladores que dan densidades algo más bajas en sus negros y grises generales, como sucede con muchos, o, prácticamente, con todos los reveladores a base de solamente metol, como agente revelador único.

La fórmula básica del revelador M.Q., D-163, es como sigue, según publicación de su fabricante (Kodak):

Agua a unos 50 ºC 750 ml.
Metol 2,5 gr.
Sulfito sódico anhidro. 75 gr.
Hidroquinona 17 gr.
Carbonato sódico anhidro 65 gr.
Bromuro potásico 3 gr.
Agua hasta hacer 1 litro.

Las instrucciones del fabricante, para el uso de este revelador, son las siguientes:

Para uso normal, a 1+3 (Una parte de revelador y tres partes de agua)
Para uso vigoroso, a 1+1 (Una parte de revelador y una parte igual de agua)


OBSERVACIONES A TENER EN CUENTA...
Ordinariamente, la velocidad de este revelador es muy similar a la de cualquier otro revelador estandarizado. Para la finalidad que nosotros tratamos de conseguir, (como un revelador lento, pero enérgico) poco podemos hacer, pues no nos conviene reducir las cantidades de los dos agentes reveladores, (metol e hidroquinona) porque luego no obtendríamos bastante energía para levantar los negros. Tampoco podemos bajar el carbonato, para enlentecer la actividad química de los anteriores compuestos reveladores, (metol e hidroquinona) porque la razón es la misma, ya que con ello disminuiríamos la acción generadora de potencia que tales agentes reveladores tienen por naturaleza. Lo único que parece que podemos hacer, es añadir una mayor cantidad de agente retardador, que es el bromuro potásico, con lo cual enlenteceríamos la acción del revelado, sin mermar la potencia reveladora final. Es decir, pasaríamos de tener un coche de buena potencia y gran rapidez, a tener una especie de tractor de la misma potencia, pero de tipo mucho más lento en ejercerla…


DUALIDAD QUÍMICA
DEL BROMURO POTÁSICO,
SEGÚN SE USE EN LA PRÁCTICA...
El bromuro potásico, en los reveladores, se usa con dos finalidades distintas: Una, “como agente antivelo” en reveladores que, bien por su energía excesiva o por usar componentes reveladores demasiado activos, o mismo por fuerza de estar mal “construido” el revelador, éste da velo sobre las películas (si es de negativos) o sobre los papeles. (Si es de positivos). En estos casos se añade la mínima cantidad posible de agente antivelo, para que el velo sea erradicado sin perjudicar la velocidad de reacción; es decir, sin modificar el tiempo de revelado. Por lo tanto, la función del bromuro potásico, usado como “agente antivelo”, sería solamente esta, en casos en los que haya velo de revelado, añadiendo solamente la cantidad mínima y justa para que el velo sea erradicado. Nada más.

Sin embargo, a los agentes antivelo, también se les llama “agentes retardadores” cuando se usan en cantidades mayores de las necesarias para eliminar cualquier posible presencia de velo, o cuando se añaden a reveladores que ya por sí no dan velo de origen, cuando se quiere que su actividad reveladora; es decir su velocidad de revelado, se retrase por alguna causa o necesidad técnica en los mismos. Por ejemplo, si se necesita un mayor contraste del que un revelador cualquiera necesite, se añade una cantidad mayor de antivelo que, por su función especial de retrasar la imagen en los puntos de menor iluminación con respecto a los más iluminados, aumenta de esta manera el contraste entre las zonas claras y las más oscuras, haciéndolo a la vez sobre todas las áreas intermedias. Dado que en estos casos no se intenta eliminar un velo que no existe, el producto se usa solamente como retardador, y así se le llama, en vez de ser llamado “agente antivelo”, pues no se usa en tales casos para eliminar velo (que no hay) sino, simplemente, para que el retardo en revelarse las zonas menos iluminadas confiera, entre otras cosas, mayor contraste de que daría sin llevar este producto, a las zonas de mayor exposición.

De esta manera, todos los productos químicos conocidos generalmente como “agentes antivelo”, si se usan en reveladores que no den velo, reciben, técnicamente, en su uso, el nombre (genérico, también) de “agentes retardadores”. Y es solamente por esto, por lo que se diferencia técnicamente el uso de todos estos mismos productos capaces de eliminar el velo de revelado, entre antivelos o retardadores: Solamente por el uso que se les da, y no porque unos sean una cosa y otros otra, ya que se trata siempre de los mismos productos, bien en solitario, o bien en conjunto. Porque, como capacidad de eliminar el velo, cuando es mucho, lo hacen mejor mezclas de estos mismos entes químicos, que uno solo. Por ejemplo algo de bromuro potásico y muy poco de benzotriazol (casi el segundo agente antivelo o retardador más conocido entre fotógrafos, luego del bromuro potásico) tiene un mayor poder antivelo que uno solo de ellos en mayor cantidad. Y, como antivelo solo, es de mayor poder en cantidades menores, el benzotriazol, que el bromuro.


ALGUNOS QUÍMICOS DUALES
(ANTIVELO-RETARDADORES) DE USO FOTOGRÁFICO...
Pero agentes antivelo, y retardadores, si se usan con este fin, hay multitud de ellos, entre los que se cuentan además de los antes mencionados, el bencimidazol, el nitrato de 6, nitobencimidazol, el benzotiazol, el tetrazol y el tiazol por ejemplo, entre otros muchos que existen y que se utilizan en fotografía casi siempre con los mismos fines, si bien en diferentes cantidades y para distintos tipos de velo; pues no es lo mismo eliminar velo de revelado, que de oxidación aérea, que de materiales muy caducados, donde, estos últimos, tienen un límite imposible de superar una vez llegados a cierto punto de vejez. Y esta vejez puede llegar de diversas maneras, sea por tiempo, o por condiciones anormales de almacenamiento en calor excesivo o por estar sometidos a vapores químicos como el de las pinturas demasiado frescas, o los del formol, por ejemplo, emanados de ciertos tipos de maderas o de chapas encoladas con resinas de fenol-formaldehido, y etcétera…

Pero volviendo al tema que nos ocupa de transformar el revelador rápido en uno algo más lento, si no se procede ya teóricamente de formulación y hay que adaptar una formula publicada, lo más normal es que en muchos no se pueda modificar nada excepto la cantidad del antivelo que, en este caso se usará, sin excepción, como retardador, exclusivamente. Para ello, la cantidad tiene que ser bastante mayor de la que lleva en origen. En nuestro caso, y para el D-163, sólo podemos recurrir a los antivelos disponibles en el laboratorio o a los que podemos encontrar en el comercio local, o a los que se puedan pedir por encargo a casas especializadas en productos químicos.


TONO CALIDO...¿POR QUÉ?...
El bromuro tiene la ventaja como producto inorgánico, de permitir que el revelador pueda seguir dando tonalidad cálida, cuanto más retraso pueda causar en el tiempo de revelado. A mayor retraso, se necesitará mayor tiempo de exposición, y el tiempo de exposición generoso, es lo que más tonalidad cálida genera, mucha más que la que el propio revelador puede dar. Y ello no es causado por el bromuro, sino por el hecho simple que el retraso del revelado, permite dar largas exposiciones. Y es importante recordar esto: No es que el bromuro potásico de imagen de tonalidad cálida por sí mismo, sino porque, por el retraso que puede causar en el revelado, permite que, para compensar tal retraso haya que dar largas exposiciones. Y es la exposición larga, lo que permite los tonos cálidos: Cuanto más larga se pueda dar la exposición, más cálido también será la tonalidad de la imagen…

Como en la descomposición del haluro de plata del papel fotográfico en el revelado, se libera bromuro potásico al revelador, a la vez que la parte de sal de plata correspondiente (bromuro de plata en el papel bromuro o bromuro y cloruro de plata en el papel clorobromuro) se transforma en plata atómica de revelado o plata metálica, durante el tiempo de revelado el revelador se recarga pues, de este tipo de producto (bromuro potásico) que hace que las imágenes cada vez tarden más en salir al hacer más de una o dos copias. Esto obliga al operador fotográfico a compensar ese desfase del tiempo del revelado y el vigor de la imagen, que decae, con un pequeño exceso de exposición para que la demora producida (o la falta de vigor de la imagen, dada por este mismo hecho del retraso de revelado) puedan recuperarse. Sin embargo, siempre se aumenta, con este hecho, ligeramente la calidez de las imágenes sucesivas, que, si el revelador ha sido muy usado, puede dar notables cambios visuales en las tonalidades de las últimas imágenes reveladas, comparadas con ls primeras, por la calidez notoria de estas últimas… El retraso del revelado y el consiguiente prolongar la exposición para compensar, son los culpables de la tonalidad más cálida de tales imágenes, y no otra cosa atribuible al hecho… ¡¡Sépase, pues, de una vez por todas!!


¿UNA PRUEBA
PRÁCTICA, TAL VEZ?...
En cualquier revelador en solución de trabajo, una exposición larga, cuanto más larga sea, más tonalidad cálida puede dar en comparación, en las imágenes, independientemente de cuál sea el revelador. Incluso en un revelador normalizado, uno puede hacer un experimento para comprobarlo: Si se hace, en un revelador cualquiera normalizado una copia normal, bien hecha y en los tiempos normales de revelado, si luego en el mismo tipo de papel y con el mismo negativo se aumenta bastante el tiempo de exposición luego, al revelar, la imagen, en este caso, vendrá muy rápida y hasta puede que se empaste mucho y no sirva para nada, excepto para probar el concepto que estamos debatiendo, ya que en este tipo de revelador normalizado y rápido, no se puede esperar otra cosa. Pero, sin embargo, si se comparan estas dos imágenes, se verá claramente que hay una gran diferencia en la calidez de la última, aunque empastada, porque simplemente recibió una gran exposición, y no por que el revelador fuera de tono cálido, pues esto mismo sucede incluso con los reveladores de tono neutro o frío: Las copias muy sobreexpuestas, adquieren mayor tonalidad cálida que las bien expuestas, en todos los casos…

Ahora bien, cuando un revelador se modifica para que pueda permitir mayores exposiciones de las normales con los reveladores estándar, si el papel ya es de tonalidad cálida, será notable en mayor grado la calidez de la misma, cuanto más se pueda exponer el papel antes de llegar al límite de que se pueda empastar la imagen si corre demasiado haciéndose en el revelador, por un muy grande exceso de exposición, lo cual presenta un límite de exposición máximo para cada revelador en concreto…

El bromuro potásico, pues, en cantidad alta, puede modificar en este parámetro de añadir lentitud de revelado, prácticamente a casi cualquier revelador, siempre que los límites del primer agente de revelado (metol o fenidona) no sean demasiado altos, ya que en tal caso la velocidad, aunque se modifica y se enlentece, no lo hace en grado suficientemente alto como para que el retraso de revelado nos permita grandes sobreexposiciones.


PARA TONALIDADES FRÍAS...
En lugar de bromuro potásico, y con el mismo fin, se puede utilizar el benzotriazol o cualquier otro de los antivelos orgánicos antes mencionados. Pero uno de los grandes inconvenientes de estos productos, aparte de su precio, que es muy superior, es que, normalmente, tienden a enfriar la imagen, de manera que, si se necesita un revelador de tonalidades frías, se puede añadir una pequeña cantidad de benzotriazol, que se podrá ir incrementando hasta un cierto límite (el benzotriazol deprime las densidades en muchísimo mayor grado que el bromuro potásico) para poder conseguir este tipo de resultado frío, de forma acentuada en comparación con cualquier revelador sin este producto .

Con todo, tanto el Bromuro potásico como el benzotriazol y todos los demás antivelos dichos y otros que no se mencionan, poseen en sí otras cualidades contrarias y contraproducentes cuando se exceden ciertas cantidades en el revelador, cual sea. Claro está que, estas cantidades a considerar como contraproducentes a los efectos buscados, son distintas según qué reveladores en concreto, pero todas tienen el mismo inconveniente en cuanto se rebasa un cierto punto de saturación química. El mal que proporcionan sobre los positivos a revelar, es que, una vez cruzado ese límite de cantidad en el revelador, actúan como depresores de las densidades; es decir, no dejan que las densidades de la plata revelada llegue a los límites necesarios de presentarse con la tonalidad potente y hermosa de dar sombras fuertes y macizas, por decirlo así, ni deja que las penumbras se destaquen viendo de las sombras, ni que las medias tintas queden bien separadas del resto, sino que todas ellas se quedan como sin hacer; a medio camino entre el ser y el no ser lo que debieran realmente ser en la función de imagen que les corresponde en su escalonamiento gradacional correcto.

Esto de la depresión de las densidades por exceso de agente retardador en los reveladores, hay que tenerlo muy en cuenta, pues, rebasado un cierto límite, por mucha exposición que se les dé a los papeles para intentar corregirlo, será a todas luces (y nunca mejor dicho) inútil si no se hace un nuevo revelador y se corrige el problema rebajando adecuadamente la cantidad del producto en cuestión. Por eso que, la cantidad añadir no es un número arbitrario cualquiera, sino que hay que ir procediendo por suma creciente, a pocos, tras pruebas iniciales para comprobar la cuestión. El bromuro potásico, deprime menos las densidades, pero lo hace siempre si se supera el límite para cada fórmula de revelador determinado. Y los retardadores orgánicos, como el benzotriazol, lo hacen en mucho mayor grado y con mucha menor cantidad de producto añadido al revelador. La diferencia entre unos y otros es bastante considerable, y el uso de unos y otros es mejor también considerarlo siempre en función de si se prefieren tonalidades cálidas o frías, sabiendo que es más difícil ajustar con los retardadores orgánicos la cosa, que con los inorgánicos como el bromuro potásico…


Y AHORA, LA PRÁCTICA
DEL ASUNTO, A VER SI SALE...
No quiero prolongar más este articulo para no cansar al lector, por lo cual volveremos a repetir la fórmula del D-163 y añadiremos el primer cambio, para empezar a probar el que quiera dedicarle un tiempo a la investigación de la cosa en este terreno de la actuación de los agentes retardadores en los reveladores de formulación casera, para obtener reductores algo más lentos en su manera química de levantar la imagen fotográfica por su forma de actuar sobre el haluro, como “tractoreveladores”, condicionados estos, al menos, por un efecto retardador excesivo, o anormal, dicho en comparación con lo normalizado para el mismo tipo de fórmula considerada…

Agua a unos 50 ºC 750 ml.
Metol 2,5 gr.
Sulfito sódico anhidro. 75 gr.
Hidroquinona 17 gr.
Carbonato sódico anhidro 65 gr.
Bromuro potásico 3 gr.
Agua hasta hacer 1 litro.

Pues bien, teniendo a la vista la fórmula, no cambiaremos, en principio nada más, y simplemente añadiremos, al contenido total de la misma, en vez de 3 gramos de bromuro potásico unos 10-12 gramos del mismo producto, con lo cual la venida de la imagen vendrá al menos algo más lenta de lo que sería ordinario para la formula base. Puede que no llegue esta cantidad para el retraso requerido, o puede que sea demasiado. Por lo tanto, el amigo lector que quiera hacer estas pruebas de partida para luego poder investigar por libre a su manera y con algún conocimiento de causa, le recomiendo hacer la siguiente prueba, que le dará una pauta, al menos, de cómo debe de ir la cosa:


PARA PROBAR,
UN LITRO DE CADA...
Hacer un litro tal cual expresa la fórmula, y hacer otro litro con el añadido de bromuro potásico propuesto; es decir con la cantidad total de 10-12 gramos (esos dos gramos de más o de menos no hará mucho en ningún sentido, seguramente, aunque algo hará), y cuando se decida hacer las pruebas, se prepararan dos cubetas, cada una con el revelador correspondiente, de estos dos estados de la fórmula. El revelador se usará, en principio, a la dilución de 1+3 que es la que considera normal, el fabricante, y según se vea lo que da de sí, se podrá probar también entonces a la dilución de 1+1 para tener una idea de cómo varia la cosa y si es así mejor que de la otra manera, o no. Y, además, fíjese el amigo lector que, entre la dilución “normal” de 1+3 y la “vigorosa” de 1+1, todavía puede contar, para sus pruebas, con aquella intermedia de 1+2, más enérgica que la normal, pero algo menos que la vigorosa… Con todo, las pruebas completas deberían hacerse a la dilución recomendada como normal, de 1+3, por aquello de ahorrar revelador y por aquello otro de no tener que prepararlo tan a menudo… ¡¡Pero, cada cual, que elija!!...

Ya puestos a la cosa y con los reveladores preparados, mediante pruebas, se verá la mejor exposición para obtener una buena copia en el revelador base, o D-163 de fórmula original. Una vez hallado este tiempo, se procederá a averiguar, mediante otra copia (siempre el mismo tipo de papel, por supuesto y a la misma dilución del revelador) y el mismo tiempo de exposición, cuanto retraso trae la copia con respecto a la primera, en este segundo revelador añadido de más bromuro potásico, y cuanto tiempo le puede llevar el alcanzar la misma cantidad de gama tonal que la primera. Cosa esta que, de normal, se puede esperar que no alcance a llegar a ello (a tener precisamente la misma gama tonal) o que el tiempo requerido para lograrlo en el revelador pueda ser tan excesivo que incluso puede quedar manchada. Pero esto dará una idea del retraso entre la fórmula original y la modificada. (Si hay poca diferencia, es que la cantidad de bromuro es poca todavía, y habrá que llegar entonces a los 18-20 gramos, posiblemente).

Si la diferencia es notable y la copia tras un tiempo largo de revelado (cinco minutos, por ejemplo, contra los dos más o menos normales del revelado estándar) no da levantado la imagen, entonces es cuando hay que probar a darle, por ejemplo, el doble de exposición de la que se dio antes, y volviendo a revelar, comprobar así la calidad de la copia, en comparación, así como comprobar en qué tiempo de revelado se hizo por completo. Si se hizo completa en tiempo de sólo dos o tres minutos, hay que añadir más bromuro al revelador. Si la copia requiere más o menos los cuatro minutos, posiblemente el revelador ya no se puede modificar mucho más, aunque se puede entonces el probar a añadir más bromuro y seguidamente a exponer el papel por un tiempo mayor que la segunda copia y ver si en los 4-5 minutos da una buena imagen. El tiempo de revelado ideal, para este tipo de revelador que andamos buscando, debe, precisamente, andar entre los cuatro y los cinco minutos para que las imágenes puedan acceder a esa distinta “fisionomía” o estética especial de sus valores plásticos…

Si se pudiera alcanzar al menos, para ewte revelador modificado, (añadiéndole bromuro, poco a poco al revelador) que la exposición pudiera llegar a ser al menos cuádruple de la que recibió la primera copia que fue revelada en la solución normal, y que el tiempo de revelado rondara los 4-5 minutos, ya tendríamos un buen revelador, no cabe duda, según el patrón que estamos buscando. Pero en esto, es bueno tener siempre estas copias de las primeras pruebas a mano y con apuntes en su dorso, para poder comparar las densidades. Porque, un retraso considerable en el revelado, como significa el de 4-5 minutos contra los dos más o menos habituales de toda la vida, pero con las imágenes con densidades deprimidas donde el negro no llegue a tener la densidad requerida, tampoco será para considerarlo como un buen revelador, en ningún caso


PARA TONALIDADES
MÁS NEUTRAS, O INCLUSO FRÍAS...
Si se desean tonalidades más neutras o más bien frías, en vez de usar bromuro potásico añadido, se añadirá entonces, a la fórmula básica, por ejemplo, de 0,5 a 1 gramo de benzotriazol además de esos 10-12 gramos de bromuro potásico que ya lleva, y se harán las pruebas pertinentes de la misma manera que se explicó antes. Si hay descrecencia de las densidades, (que puede ser el caso) hay que hacer una fórmula nueva, con menos bromuro, (quizá sólo 8-10 gramos) aguantando el benzotriazol, y volver a probar.


¿Y SI DECAE
LA ENERGÍA DE REVELADO?...
Si en caso de hallar que incluso con tiempos largos de exposición la imagen no deviene correcta en tiempos de unos 4-5 minutos y donde las densidades no crecen, (aunque esto pudiera ser por un exceso de bromuro o de benzotriazol, caso de llevarlo) también pudiera darse el caso de que el efecto de deprimirse las densidades fuera por falta de “energía motriz” para un revelador tan retardado. En este caso, y antes de tirar al revelador y hacer uno nuevo con menos retardador, se puede probar a añadir un poco más de agente acelerador alcalino; es decir, de carbonato sódico, (ya que es relativamente barato) para que el índice de velocidad se recupere ligeramente si esta fuere la causa de que la densidad no suba. Pues podría en efecto, quedarse en poco el acelerador alcalino para un revelador que retrase en exceso la imagen por una mayor cantidad de retardadores de las que el acelerador puede contrarrestar. Por lo tanto se probaría en tal caso, (de darse este hecho) y antes de desechar el revelador, a añadirle por ejemplo, unos 10-15 gramos de carbonato sódico además de lo que ya lleva en origen, (o bien la parte proporcional para el resto de revelador base que quede luego de haber gastado en las pruebas anteriores un cierta cantidad del mismo) y probar de nuevo a ver qué tal da en este nuevo caso. Yo no puedo decirle al amigo lector que parámetros le indicarán de qué cosa dependerá el tener que añadir más o menos bromuro o el tener que añadir más agente acelerador alcalino al baño, pues ello dependerá de ciertos factores que solo podría calcularlos de ver por mí mismo su comportamiento para deducir qué es lo que habría que hacer en tal caso. Por lo cual, esto queda, sin tener posible explicación que dar sobre el asunto…

Por otra parte, cierto que todo esto de experimentar por libre conlleva un gasto posiblemente importante de tiempo, y, sobre todo de papel fotográfico; pero el llegar a resultados de gran belleza plástica en las copias, no es cuestión de poco trabajo, en ningún caso, ni, por ende, de poco gasto en investigación sobre el asunto, si bien el precio a pagar es asumible cuando uno aspira, (y se debe de aspirar a ello) a lograr imágenes fotográficas de gran belleza y calidad técnica correspondiente…


OTRAS COSIDERACIONES
A TENER EN CUENTA, A LA VEZ...
Por otro lado, y aparte de todo lo dicho antes, hay que contar en que la ampliadora tiene gran importancia en este hecho y en relación misma a lo que estamos buscando. Pues no es igual el tratamiento de las imágenes producidas mediante una ampliadora de condensadores, que por una de luz difusa, teniendo también en cuenta que para el óptimo aprovechamiento de lo que puede dar cada ampliadora en sí por su tipo de luz (concentrada y puntual, o difusa) también requiere que los negativos se revelen de manera adecuada a este parámetro en concreto… Cierto que, todo ello junto, son muchas variables a tener en cuenta por uno que tenga poca experiencia en el cuarto oscuro, o que, incluso llevando tiempo en ello, sea persona poco ducha en la cosa por tomárselo tan sólo como un entretenimiento sin buscar más allá de lo que la cosa dé, de por sí, y al buen tuntún…

Por mi parte, creo que ya no puedo hacer mucho más hablando de la cosa. Pues, jugando sólo con las palabras en asuntos que requieren técnica visual para entender lo que las palabras no pueden expresar en sus contener lingüístico, (pues lo sintáctico no es lo mismo que lo práctico-visual), posiblemente sería imposible hacer conocer al amigo lector aquellas características que deberían tener tales imágenes según lo antes enunciado que estábamos buscando, para que éste pudiera saber cuándo ha obtenido el resultado correcto de todas estas manipulaciones antedichas sobre el revelador. Pero confío en que, si algo de lo que obtenga, le gusta más que lo que hacía antes, ya es mucho conseguir con poco decir o explicar…

Me gustaría, por otro lado, si a alguien todo esto le acabe por resultar útil, el saberlo, por aquello de llegar a conocer aquello otro de que lo de escribir de estas cosas en estos tiempos revueltos para la fotografía, no sea simplemente escribir en vano. Pero bueno, esto hasta podría ser vanidad, y tal vez no valga la pena ni el saberlo…

Con todo, querido lector de esta página, que la cosa te salga bien, y te sea de provecho, si lo intentas y decides llevar a cabo tales experiencias aquí propuestas a modo de entretenimiento e investigación personal de la cosa…



Xosé Gago.
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