Notas para los alumnos de fotografía (11 de octubre de 2013)

Notas que, en su tiempo, se dieron a los alumnos permanentes de fotografía, Ricardo Alcalde y Roberto carbajo.


APUNTES PARA LOS ALUMNOS
DE FOTOGRAFÍA.
(Notas diversas, sueltas, que se usaron
para responder a diversas preguntas sobre
cosas de fotografía avanzada)



SOBRE EL TAMAÑO
DEL CRISTAL IÓNICO QUE DARÁ EL GRANO REVELADO.

Los cristales de haluro de plata, en el revelador, se empiezan a oscurecer a partir de aquellos puntos en que se hallan los llamados “gérmenes de plata” o “centros de revelado”, en la superficie de los granos, o, mejor dicho, cristales de la red iónica de plata. Luego, tales puntos se “amplían” y extienden hasta que todo el cristal se ennegrece. Este ennegrecimiento está formado por filamentos de plata como “extruidos” por la fuerza reveladora. Durante su formación metálica a partir de la sal halógena de plata de que consta la película o papel, mostrándose como grandes masas visibles de plata metálica negra, si bien a simple vista no se pueden ver realmente como lo que son a nivel molecular o atómico. Tales masas de plata filamentosa, que vemos formando la imagen del negativo o del positivo, resultan ser aglomeraciones de filamentos metálico entrelazados como si fuera algo parecido lo que vemos al contemplar un estropajo metálico de cocina.

Algunos investigadores, como, por ejemplo, J.J. James, y J. F. Halmiton, en 1965, han llegado a la conclusión de que el aumento desde los gérmenes de imagen latente producidos por la luz durante la exposición, hasta el tamaño final de la imagen visible de plata atómica ampliada por el revelado, supone un factor de ampliación de nada más y nada menos que de 10-9. ¡¡Un uno seguido de nueve ceros, como número contable!! ¡¡Qué barbaridad!!...

(NOTA: El número dado más arriba como 10-9, es un número exponencial, pero mi ordenador no deja colocar el 9 en su debida posición. Para que se sepa, nada más…)







SOBRE EL TAMAÑO ESTADÍSTICO
DEL GRANO REVELADO, SEGÚN LA EXPOSICIÓN.

La forma general de los granos de plata revelada que forman la imagen, (que eran los cristales de la red iónica de plata, antes del revelado) así como su tamaño, pueden no parecerse al “molde” de los cristales del haluro argéntico original, porque muchos de ellos se habrán revelado en las grandes exposiciones (los “grandes negros” del negativo, o partes más iluminadas del mismo) hasta rebasar los límites del cristal, fundiéndose con los adyacentes, y, sobre todo, con la plata de aquellos otros cristales interpenetrados entre sí en las grandes maclas formadas al contraerse la gelatina luego de su extendido, durante el secado. En cambio, otros cristales, por haber recibido poca o escasa exposición, se habrán apenas revelado o revelado muy poco y ni siquiera habrán alcanzado el tamaño medio del cristal original, por la exigua exposición recibida, en el mismo tiempo de revelado general para todos ellos.

El tamaño final, pues de los granos de plata revelada de una emulsión cualquiera, dependerá de si el revelado ha sido corto para unos, ligeramente corto, para otros, y justo a largo para algunos o muchos otros que la luz afectó más grandemente, ya que, a mayor tiempo de revelado, más crece la producción de plata metálica negra; es decir, la producción de filamentos de plata negra, dentro de cada cristal particular expuesto. La suma de la intermezcolanza de filamentos entrelazados como un estropajo de cocina, que queda al final del revelado, es una combinación muy “fina” de gradaciones visibles mejor o peor escalonadas, según la calidad de la emulsión y la justa y perfecta fórmula del revelador usado para su logro visible. (Con todo, esta “fina” cadencia de gradaciones visuales, a escala microscópica resulta ser una grosera y basta estructura de plata enmadejada de manera complejamente compleja…)










REVELADORES METÁLICOS Y NO METÁLICOS.

Los reveladores normalizados, son todos ellos de tipo orgánico; es decir, derivados de sustancias o cuerpos que lo son. Sin embargo, a nivel experimental se han usado también reveladores inorgánicos, de los cuales el que ha tenido un gran uso en la fotografía clásica antigua (“al colodión” y sus derivados) fue el del sistema iónico ferroso-férrico, basado en el oxalato ferroso como agente reductor específico

Los reveladores inorgánicos, los hay de dos tipos:

El primer grupo es el sistema no metálico, a base de:

A). Agua oxigenada (peróxido de hidrógeno)
B). Hidroxilamina.
C). Hidracina, y
D). Ditionito sódico.
Son estos, reveladores de muy, muy poco uso, y solamente se han usado para experimentación o investigación científica

El segundo grupo, es el de los reveladores metálicos, donde hallamos los siguientes:

A). Oxalato ferroso. (El más usado de todos, sin discusión).
B). Oxalato de titanio.
C). Cloruro de titanio-EDTA.
D). Sulfato de vanadio.

El uso de estos reveladores también es muy restringido e igual que los no metálicos, su ámbito exclusivo es el experimental y científico, si bien el oxalato ferroso fue en sus tiempos un revelador “estándar” para el colodión, y todavía lo sigue siendo hoy entre aquellos que siguen practicando este sistema fotográfico concreto.

El peróxido de hidrógeno, para revelar, necesita ser usado en soluciones muy alcalinas, y su acción puede no ser totalmente regular si no hay un fuerte control de su actividad reductora, por lo cual solamente se usa de manera experimental, a pesar de su interés científico, ya que, cualquier descuido puede estropear los negativos de manera irrecuperable.

La reacción reveladora del peróxido de hidrogeno, se presenta bajo el siguiente esquema, para los que tengan interés en ello:

H2 O3 + OH- + Ag+ (flecha hacia la derecha) H2O + Ag.


La hidroxilamina y la hidracina desprenden nitrógeno y pueden dar burbujas en la emulsión, por lo que también requieren un gran control en el revelado. Actúan en disoluciones alcalinas.

El ditionito sódico, en soluciones neutras, se oxida a bisulfito, y también en las ácidas, durante el curso del revelado. La ecuación que lo representa es esta:

S2O4Na + 2H2O + 2Ag+ (flecha hacia la derecha) 2H2SO3 HNa + 2Ag.

El ditionito sódico es medianamente controlable, pero posee poca estabilidad, y, además, desprende gas sulfuroso, que es un gas irritante para los ojos y la garganta, y por ello resulta incómodo y pesado de manipular por tales causas.











EL VELO EN FOTOGRAFÍA
Y CUESTIONES DERIVADAS.
(Y OTRAS COSAS ASOCIADAS…)

Normalmente, todas las emulsiones fotográficas maduradas, lentas y rápidas, contienen una pequeñísima porción de granos que puede ser revelables, de manera espontánea, sin necesidad de luz, a muy pequeña escala, tanto así que no pueden verse a simple vista. Esto es lo que, en términos técnicos, en la fabricación de emulsiones, se conoce como “velo latente”, si bien tal velo, a simple vista es indiscernible. También se conoce este fenómeno como “velo de emulsión”, porque ya está ahí de manera intrínseca, de suyo, a causa misma de la maduración que la mayoría de las emulsiones sufren para aumentar su sensibilidad natural, y que, como antes se dijo, tal velo de emulsión es totalmente invisible a vista de ojos, antes del revelado, como normalmente sucede con cualquier tipo de velo fotográfico

Otro tipo de velo, es aquel que se produce por causa del oxigeno atmosférico que incide sobre una emulsión humedecida por el revelador, o incluso por el oxigeno del agua del baño de revelado, en algunos casos. Se llama a este tipo de velo, por esta causa, “velo aéreo” y también “velo de revelado”, si bien, como velo de revelado pudiera ser por causa de una mala fórmula del revelador, y no por una verdadera oxidación por el oxigeno del aire o del baño, aunque perdieran contribuir al mismo. (Que siempre lo hace, claro está).

Y en los asuntos de la densidad del velo; es decir, de su mayor o menor cantidad visible final, hay que tener en cuenta que este se puede retardar, en su aparición física, o incluso evitarlo del todo, usando una cierta mínima cantidad de un agente antivelo, como pudiera ser, por ejemplo, el bromuro potásico u otros agentes de este tipo, que también se conocen en lenguaje técnico como “agentes retardadores”, por otros motivos también técnicos.

Por otro lado, este posible velo aéreo, es evitado completamente por muchos reveladores bien formulados, que lo retrasan o impiden gracias a su racional formulación, bien porque incluyan un retardador muy activo en pequeñísima cantidad, o bien porque la fórmula del revelador posee la virtud de desarrollar un “ataque” muy enérgico en profundidad al haluro de plata, para descomponerlo, liberando mucho bromuro de golpe (el bromuro potásico es un antivelo o retardador) pero “suave” en su quehacer sobre los filamentos de plata, con lo cual, sin otras adicciones antivelo, tales reveladores dan esplendidas imágenes, sin pérdida de sensibilidad, como suele suceder cuando hay antivelos añadidos al revelador. Un ejemplo de revelador de este tipo, es el Tonal Plus, que incluso puede forzar dos puntos de subexposición, sin pérdida aparente de calidad en los negativos revelados. Es por esta razón, precisamente, que muchos fabricantes no recomiendan nunca prelavar las películas antes del revelado, para no descargar de ellas ese exiguo “residuo” de bromuro potásico que traen de más, como coadyuvante a la conservación, y que es soluble en agua, y que, por suma al bromuro potásico que se libera durante el revelado al descomponerse químicamente el bromuro de plata, pasa al revelador para impedir el velo totalmente… El prelavado, sobre todo en películas con tendencia al velo, o las ligeramente caducadas, lo que facilita es que el velo se pueda hacer presente, cuando de otro modo no lo haría si un baño previo no eliminara el bromuro soluble residual que todas las películas traen como ayuda a la conservación al tiempo. ¡¡Sépase, pues!!...

Porque, sépase también, durante el revelado, cuando el bromuro de plata, o haluro fotosensible se descompone químicamente para formar la plata metálica negra, durante ese “ataque” el bromuro de plata se descompone en plata atómica, o metálico, por un lado, y por otro se libera el bromuro potásico que se había “amalgamado” previamente con el nitrato de plata al precipitar la emulsión en gelatina. Y ese bromuro potásico que se libera, pasa al baño revelador; y siendo un retardador o antivelo, luego de estar en el baño ejerce esa tal acción sobre el velo que pudiera haber, y lo elimina o lo retarda lo suficiente como para que no aparezca durante el tiempo de revelado. Si el velo de la emulsión tuviera un cierto grado, esa cantidad de bromuro liberado sólo lo puede atenuar, y no eliminar del todo, pero si no se ha lavado la película previamente, y no se eliminó el bromuro residual de conservación, esta pequeña cantidad adicional de bromuro, es aquella que puede completar la acción de eliminar el velo totalmente. Por eso que, el prelavar las películas, no suele ser conveniente, a menos que el fabricante lo indique por alguna razón especial justificada…

Por otro lado, y por la razones ya comentadas, se puede también constatar que una película siempre tendrá mayor cantidad de velo cuando queda subexpuesta, que cuando está correctamente expuesta. Y lo contrario también: Es decir, que una película sobreexpuesta aún puede quedar más limpia de velo, si tuviera alguno, que una película correctamente expuesta.

La cusa de ello es que la película bien expuesta y también la sobreexpuesta, permiten, por la cantidad de exposición mayor recibida, que se descomponga químicamente una mayor cantidad de haluro de plata en profundidad. Esto tiene dos significados. La imagen es más densa, por haber más cantidad de plata revelada, y, a la vez, también es mayor la cantidad de bromuro potásico, o retardador, que pasa al baño de revelado como antivelo. El que haya en este caso más antivelo en el baño, evita en mayor proporción que pueda existir velo en la imagen, y esta es más limpia que, en caso de haber algo de velo, se hubiera descompuesto menos plata, y, por lo tanto, se hubiera liberado menos antivelo, en forma de bromuro potásico, de la reacción reductora, o reveladora…

Esta acción dada a entender en el párrafo anterior de que al haber mayores exposiciones la película posee un haluro (bromuro de plata) más activo químicamente a la acción del revelador, que cuando las exposiciones son menores, nos deja en el entendimiento de comprender también que si se libera más plata metálica en cada negativo, también se libera simultáneamente más bromuro potásico al revelador, lo cual es una ración adicional de antivelo. Sin embargo, saber esto solo, no basta, a veces, para evitar el velo, pues ello también está en función de qué revelador se use para revelar las películas. A saber:

Cuando se descompone el haluro de plata por la acción del revelador, se dan simultáneamente dos actividades “creativas”; es decir, se crean a la vez dos productos que no existen por separado en la emulsión, sino que se hallan amalgamados y formando un solo “cuerpo”. Este solo cuerpo es el bromuro de plata, formado a la vez, por un lado, de bromuro potásico, sobre el que, en origen (durante la fase de la precipitación) se ha vertido una solución de nitrato de plata, donde, al “tocarse” mutuamente, ambos compuestos químicos dejaron de ser lo que eran de suyo, por naturaleza propia, para unirse como un solo “cuerpo”; un solo soma químico que es el bromuro de plata que forma la emulsión fotosensible, final, y que se muestra como una, cristalina, de plata iónica positiva...

Este único “cuerpo” fotosensible que hemos formado con la mezcla de bromuro potásico y nitrato de plata al juntarlos, donde se precipitan como cristalitos microscópicos formando una red de iones de plata (plata positiva o Ag+, a la que le falta un electrón que le robó el bromuro potásico, que ahora es negativo en esta alianza o simbiosis fotosensible, o Br-), volverá a descomponerse durante el revelado, pero solamente en las partes que han recibido luz, y en cantidad proporcional a la energía que la poca luz de unas zonas, o la mucha luz de otras, donde tal proporcionalidad es la que forma las gradaciones tonales de cada imagen fotográfica final, sea negativa, o positiva. Pero, aunque esta simbiosis, que se formó por el “robado de un electrón al nitrato de plata de parte del bromuro potásico, se deshará durante el revelado, la descomposición no vuelve a separar a este “cuerpo” químico en exactamente los dos componentes anteriores, sino que solamente uno de ellos lo es, (el bromuro potásico) mientras el otro queda transformado en plata metálica negra, o plata atómica, en vez del nitrato de plata que en origen dio lugar a tal soma o cuerpo químico fotosensible como bromuro de plata…

Así que, el revelador, en su acción reductora, o “liberadora”, que rompe la simbiosis química susodicha, lo que hace es “confeccionar” un hilado de plata metálica en forma de estropajo de cocina, (o un apretado manojo de algas, como otros lo definen) a la vez que libera el bromuro potásico que, en solución acuosa, había sido “atrapado” y “solidificado” en esa blanquecina o lechosa forma de bromuro de plata fotosensible. El haberle sacado el revelador al conjunto simbiótico el bromuro potásico asociado o amalgamado, por reducción química, la plata también atrapada pasa al estado metálico, y el bromuro potásico recupera su anterior estado líquido en solución, en el revelador, desde donde puede ejercer su acción retardadora mientras revelan los agentes de revelado verdaderos.

Pero también debemos contemplar que, cuando el bromuro potásico, cuando se libera en la acción reveladora por la descomposición química del bromuro de plata, antes de poder pasar libremente a la solución reveladora, lo hace en forma de ácido bromhídrico, que se queda momentáneamente “pegado” a los bordes de las áreas de plata revelada de las cuales ha salido, y no se diluye de inmediato en la solución general reveladora pasando a bromuro potásico directamente. En esta pequeña fracción de tiempo en que el ácido bromhídrico queda literalmente pegada a los perfiles o contornos de las áreas fuertemente convertidas en minúsculas masas de plata negra, que el revelado ha extruido y amontonado, el ácido bromhídrico, por su potente actividad oxidante, oxida precisamente aquellas pequeñísimas porciones de plata que se hayan podido “revelar” como velo aéreo o velo de revelado, y las convierte de nuevo en bromuro de plata, como en origen, retrasando, además su posible revelado posterior, con lo cual tal pequeñísima regresión al origen permitirá luego que el fijador elimine esa sal de plata que constituía el velo aéreo o de revelado, para que no vuelva a aparecer en absoluto al no haberse podido revelar precisamente como velo que era, en principio, si lo había… Luego, cuando este ácido bromhídrico, se convierta en bromuro potásico al pasar a la solución general, hará la función “normalizada” de antivelo, retrasando el revelado de las áreas menos iluminadas de la emulsión, como es de normal en los reveladores que lo llevan de origen o que lo adquieren por descomposición del bromuro de plata, al revelar.

Por otro lado, esta acción de “pegarse” el ácido bromhídrico primeramente a los perfiles de la imagen en fase de revelado y a sus contornos, sobre todo, a los más destacados y notables, es por lo que, en las solarizaciones, o en los revelados exhaustivos de tipo infeccioso máximo, o de tipo contagio, aparece esa línea blanca puramente delimitada y notable que se conoce con el nombre técnico de “línea Mackye” y que provoca efectos de borde de muy exagerados y de gran amplitud. En este caso, los efectos de borde se forman por una exagerada liberación de ácido bromhídrico en la descomposición química del haluro de plata que precisamente ocupa tales contornos de imagen y oxida cualquier tipo de insinuación de velo aéreo o de otro tipo y que, mientras no se difunde en la solución general del revelador convertido ya en bromuro potásico, no deja en absoluto que se revele cualquier posible velo porque lo devuelve al estado primitivo de bromuro de plata por rehalogenado, y luego el bromuro potásico formado sigue con su acción de retardador no dejando que se forme de nuevo ningún residuo de velo posible.

Claro que uno podría pensar que este mismo mecanismo es el que da origen a los reveladores llamados de alta definición, que precisamente actúan bajo un principio parecido. Parecido, pero no igual, pues de otra manera la línea Mackye haría su aparición de la misma “descarada” y muy visible manera en que lo hace el ácido bromhídrico cuando sale con mucha “densidad” a causa de una fortísima descomposición del haluro, cosa que nunca se da en los reveladores de alta definición, pues, en estos, la descomposición del haluro de plata en plata metálica de revelado, es muy lenta y progresiva, tal como demuestran los grandes tiempos de revelado que tales reveladores necesitan para hacer esta labor, que, normalmente, ronda casi siempre un mínimo de 15 minutos, mientras que en el otro caso siempre es en tiempos muy cortos d revelado para poder producirse tal efecto, como sucede en la solarización, o en el “efecto Sabattier”, por ejemplo…

En los reveladores de alta definición, este efecto, de parecidas características, pero de aparición lenta y gradual, se debe a la difusión “lateral” del revelador, que, al agotarse su porción de energía correlativa a la cantidad absorbida por la emulsión, cambia de densidad, y se difunde fuera de la película, mientras vuelve a entrar otra cantidad equivalente de revelador fresco para seguir revelando, en tanto no se agote y esta porción se vuelva a difundir hacia afuera mientras otra porción fresca de revelador entra a revelar en su lugar, y así sucesivamente durante todo el tiempo de revelado. La mayor densidad creada por el revelador fresco en el borde más iluminado de una zona de densidad elevada y la menor densidad creada en una zona de menor iluminación, además retrasada por este “mecanismo” de protección por el revelador agotado y difundido hacia los bordes o perfiles de las zonas de transición tonal, producen el efecto de una serie de líneas claras en los bordes de las zonas densas que es captado por el ojo de manera global, en el inconsciente, pero que es imposible de detectar de manera puntual y selectiva de manera consciente.

El efecto existe, en efecto, y el mecanismo es el descrito; pero resulta un efecto del todo diferente al otro efecto producido de manera mucho más visible y de hecho percibido conscientemente por las visuras del observador directo, que la descomposición rápida y enérgica del bromuro de plata produce cuando el ácido bromhídrico se deposita en los bordes de las masas de imagen y rehalogena o impide, simplemente, que la plata metálica se forme donde se halla tal acumulación de ácido, porque su capacidad oxidante, si bien breve, es muy enérgica e impide que las gradaciones que pudieran formarse para evitar la línea Mackye, no puedan desarrollarse por su poder altamente oxidante e impediente del hecho…

En el revelado de gran definición, este revelador agotado que se difunde fuera de la emulsión por exhaustación o agotamiento energético, se queda también, momentáneamente, en los bordes o perfiles de las zonas de imagen que forman los límites o lindes exteriores de tales áreas, en donde no puede acceder revelador fresco para revelar (si algo que revelar hubiera, como podría ser una muy ligerita capa de velo, o alguna pequeñísima gradación de luz de escasísima potencia) y que, por lo tanto, se revela, en proporción, menos de lo que en realidad debiera revelarse en ausencia de esta misma capa agotada, pero, en donde también, por contener una pequeñísima fracción, primero de ácido bromhídrico en cantidad ridícula comparada con la de un revelado mucho más rápido que se transforma en bromuro potásico y que retarda tales zonas de revelarse, contribuye a “separar” las gradaciones en un mayor grado por esta causa. Causa que, como antes dije, es semejante a aquella otra en que una mayor energía reveladora da lugar a una mayor “descarga” de ácido bromhídrico directamente sobre los bordes de la imagen, y rehalogena, por oxidación, cualquier traza de plata metálica, por muy pequeña que sea, habida como velo latente o velo de revelado, por lo cual se forma una línea de área mucho más gruesa donde no hay revelado en absoluto y que es francamente visible a la vista de cualquier observador…

En el primer caso, (donde la línea Mackye es claramente visible) es la cantidad de ácido bromhídrico el que produce la rehalogenación o retrogradación de la imagen en forma de cualquier posible residuo de plata atómica que pudiera formarse por velo u otras causas. Y en este segundo caso de los reveladores de gran definición, es más bien la causante de la separación gradacional, la cantidad de revelador agotado que al difundirse “protege” tales zonas de que penetre en ellas revelador fresco y pueda revelar a densidades mayores de lo que así lo hace.

La cantidad de ácido bromhídrico que se libera en la acción reveladora de un revelador de gran definición, es tan exigua, que, prácticamente es nula y no puede hacer ningún tipo de rehalogenación de la posible plata residual, sea en forma de velo, o de otro tipo. y el efecto de separación tonal bien definida, deviene de esa “protección” que el revelador gastado y sin energía proporciona para que no entre revelador fresco a seguir el revelado en tales zonas, aumentando así la diferenciación entre las zonas más expuestas, que se revelan más, y las menos expuestas que aún se revelan menos de lo que debieran, en realidad, revelarse... Y, si tales reveladores de alta definición no dan nunca velo, es simplemente por su atípica poca energía, que no lo permite, sin más.







SELECTIVIDAD DEL VELO DE REVELADO.

La selectividad del velo de revelado viene dada, en parte, por cuanto antivelo contenga o no el revelador, y, a la vez, por cuanto bromuro potásico pase al baño de revelado por la descomposición del bromuro de plata al revelar, y por aquel que queda momentáneamente sobre la película en esta descomposición, el cual finalmente acabará tambien en el baño de trabajo.

De hecho, la selectividad del velo de revelado, es la relación entre el crecimiento de la producción de plata negra de la imagen, y el progreso más o menos selectivo del velo durante el mismo tiempo total que el revelado dura en sí mismo. Este desfase es el que permite que los negativos sean bien o mal aprovechables, (según la cantidad de velo que adquieran) y también el quie sean más limpios y transparentes en su base o soporte de plástico, ya que el velo mancha ligeramente de gris, el soporte de las películas…

El bromuro de plástico y otros antivelos (orgánicos o inorgánicos) poseen una mayor tendencia a retardar el velo que a retardar la imagen en su aparición, y esto es lo que se llama selectividad del velo; es decir, que el revelador, en su conjunto, y por su formulación, en comparación con otros, puede retardar la aparición del velo (el que sea: el de revelado, o el de caducidad, por ejemplo, dentro de ciertos límites) por eso esta selectividad , si se ajusta bien el revelador, nos permitirá obtener imágenes perfectamente justas en contrastes y densidades, sin que el velo aparezca, o, cuando menos, sin que sea un estorbo en absoluto para el buen y perfecto positivado de cualquier negativo.

Los reveladores muy activos, suelen dar una mayor cantidad e velo que los más moderados, y por esta razón también pueden ajustarse para variar los contrastes y las densidades sin que haya sombra de velo en ellos,, admitiendo así un mayor margen de manipulado para control, que los reveladores de poca actividad reveladora, que son menos controlables en sus efectos de dar mayores o menores densidades y contrastes por tener precisamente, menos tendencia al velo por su baja alcalinidad, en general.

El tipo de acelerador alcalino y su cantidad en el revelador, afectan directamente al contraste y a las densidades de plata revelada, y también al nivel de velo que puede dar tal revelador, según su fórmula, su concentración en baño de trabajo, y su temperatura de revelado.

Por actividad creciente en el efecto de dar energía reveladora a los baños reductores, la lista de los agentes alcalinos es como sigue: Borax (tetraborato sódico); metaborato sódico (Kodalk); carbonato sódico, e hidróxido sódico o potásico (sosa y potasa caústica).

Hay otros aceleradores alcalinos, además de estos, pero son menos usados, tal como el bicarbonato sódico, el fosfato trisódico, el metasilicato sódico (metso) etc. Para negativos, los más usados son el bórax y el metaborato sódico (Kodalk); algo menos, el carbonato sódico por su tendencia a dar grano algo más grande, (se emplea en los reveladores tipo Beutler, por ejemplo) y el hidróxido sódico sólo para reveladores “normalizados” de gran contraste, para papeles, y de manera especial para reveladores de tipo litográfico para películas de laboratorio.

Por supuesto, con la creciente actividad que proporciona cada uno de estos aceleradores alcalinos mencionados, también se incremente la tendencia a dar mayor cantidad de velo en las películas que se revelen en ellos, por lo cual también requieren mayores cantidades de bromuro potásico como antivelo, a adiciones especiales de otros antivelos como el benzotriazol, por ejemplo, entre otros posibles, como el bencimidadzol, el nitrato de 6-nitrobencimidazol, etc.


Por otro lado, también la creciente actividad de los baños reveladores que se logra mediante la adición de aceleradores alcalinos de más poder activo que el antecedente de la lista dada, además de contribuir al revelado dando una mayor cantidad de velo (que se puede amortiguar con antivelos adecuados) acaban por inducir un mayor tamaño de grano, por lo menos, al nivel visual cuando se amplían los negativos al copiar. Normalmente, el aprovechamiento de una buena cobertura tonal, una baja o nula proporción de velo, y un tamaño pequeño de grano, son cosas no siempre posibles de aunar en una simbiosis de película revelador. Ello se debe a diversos factores que a veces no se pueden controlar todos ellos a la vez, y el lograr tal cosa, requiere mucho conocimiento de cómo es y funciona una película, en sí, y también de cómo es y funciona, en sí un revelador. El asunto de lograr la “perfección” de grano fino, gran cobertura tonal y ausencia de velo de revelado, es cosa delicada de hallar, y requiere muchas pruebas y modificaciones de parte del revelador, para llegar a estos resultados de manera convincente y pródiga en resultados.

Pero, yendo a la cuestión del aumento de energía del revelador mediante la adición de agentes alcalinos de mayor poder acelerador cada vez, al cumplirse ese requisito de mayor poder alcalino del agente revelador, se aumenta siempre el tamaño de grano, si bien el grano casi nunca es mayor que el que de origen tienen el cristal de haluro de plata de la emulsión. Pero la diferencia, aunque pueda ser pequeña, se puede ver “aumentada” de manera singular, por aquello del efecto “de la ley de las bolas”, que es la incapacidad de un revelador dado para disimular el grano en una película revelada por la falta de la propiedad de enmascaramiento que un revelador puede tener por el hecho de proporcionar revelados en que los granos más pequeños de una emulsión no revelen junto a los mayores, tapando literalmente los huecos que quedan entre estos últimos, y disimulando, visualmente, el tamaño de los más grandes. Si bien esto no disminuye nunca el tamaño de esos granos más grandes, ese tal enmascaramiento impide que la vista los perciba al quedar amortiguados por aquellos granos más pequeños que se interpones entre ellos, tapando así los huecos intermedios. Esto es lo que llamamos “la ley de las bolas”, que es el efecto que, se explica “gráficamente” con el ejemplo de que en una caja de bolas grandes, si se meten bolas pequeñas que llenen los huecos que hay entre las primeras, la superficie será más continua y menos “granulosa”, de visu, sin que por ello el tamaño de las bolas grandes haya disminuido ni un ápice… ¡¡Bendita ley de las bolas, pues!!...

Pues bien, un revelador con más agente acelerador alcalino, al proporcionar mayor cantidad de velo debido a este poder energético más notable, necesita, como antes se dijo, ser añadido de mayores cantidades de agentes antivelo para hacer que el velo no caiga por encima de un nivel mínimo en dodne estorbe a la buena presencia del negativo ni a su buena disposición para el positivado de imágenes de calidad.

Pero resulta que, como todos los antivelos son, al fin, retardadores de imagen en el revelado, lo que hacen es incrementar el contraste de los negativos, aunque sea en cantidades ínfimas y casi imperceptibles a la vista (porque, de unas trescientas o cuatrocientas gradaciones de un negativo “estándar” tan solo vamos a copiar unas cincuenta u ochenta como máximo sobre un papel, y además no vamos a percibir más que unas veinticinco o como mucho cincuenta con nuestros ojos) lo que podamos percibir en un negativo, incluso con un buen cuentahílos, no nos da, a la vista, para saber hasta qué límite es bueno, mejor o mejor que mejor, un negativo cualquiera, y solamente la ampliación adecuada pondrá la verdad ante nuestros ojos. La adición de antivelos, pues, a los reveladores de mayor energía debida a aceleradores alcalinos más fuertes como el carbonato potásico en comparación con el bórax o el metaborato sódico, aunque a la vista pueda no parecerlo, nos puede modificar la gama tonal de tales negativos revelados y, por su poder retardador, nos puede dejar espacios intermedios microscópicos al no revelar allí los granos más finos que han recibido muy poca impresión luminosa, y que, sin embargo, hubiera podido revelar un revelador con un acelerador alcalino más débil como el bórax o el metaborato sódico, por el simple hecho de que tales reveladores no hubieran, posiblemente, necesitado de ser añadidos de agentes antivelo, al no darlo por su baja energía reveladora. Al no haber retardador de revelado, estos granos pequeños se hubieran reducido químicamente y como sucede en la caja de bolas grandes que se rellena con bolas pequeñas, los huecos que hacen destacar a las bolas grandes por su tamaño, quedan tapados, y el tamaño de las bolas grandes disimulado al parecer la superficie más homogénea y con menos agujeros entre ellas.

Esto mismo es lo que sucede en las películas, según con qué reveladores se revelen. Y el preparar reveladores que tengan este poder compensador de imagen por el buen conocer y aplicar el “argumento” de “la ley de las bolas” a un revelador cualquiera, es cosa de saber, y de no saber poco, en esto de la cosa fotoquímica a este respecto específico de los reveladores. Normalmente, el que una película de un grano mayor o menor, se debe siempre, a la confección del revelador, y no a la misma composición química de la emulsión. El grano mayor y el menor de una emulsión cualquiera, normalmente nunca se revela a mayor tamaño del que la película tiene como molde original en lo que es el tamaño del cristal de haluro de plata que trae de fabricación. Y el que una película unas veces pueda dar mayor grano que otras veces, es siempre que el revelador enmascara, o no enmascara a este grano mayor, revelando o no revelando a la vez, los granos menores correspondientes que toda emulsión, por la ley de las bolas, trae de fábrica, como termino estadístico de la forma escalonada de la fase de precipitación durante el proceso la fabricación de la misma.

Reveladores del tipo Rodinal, siempre darán grano más o menos grueso, porque tales reveladores van alcalinizados con hidróxido sódico, el más poderoso álcali libre usado en fotografía, ya que es el único que en esas condiciones de fórmula puede mantener disuelto al paraaminofenol, que es el agente revelador del Rodinal. También dan grano grueso, bastante notable, pero algo menos que el Rodinal, los reveladores de tipo Beutler, los cuales siempre van alcalinizados con carbonato sódico, que, aunque en ínfima cantidad (unos dos gramos por solución de trabajo en comparación de los cinco gramos del bórax que lleva el D.76) es suficiente para perder la capacidad de enmascarar los granos más gruesos de cualquier película de 100 ISO, por ejemplo, en cuanto se amplía a unos 24x30 centímetros una copia cualquiera. El D-76, aunque hoy no es el mejor revelador del mundo, da mucho menor grano que estos dos mencionados (Rodinal y Beutler) en parte, porque el D-76 va alcalinizado con bórax. (La otra parte de “disimular” el grano, del D-76 deviene del hecho de llevar 100 gramos de sulfito sódico por baño de trabajo, como disolvente del haluro de plata, lo cual ayuda, y ayuda bastante…)





ANTIVELOS.


Muchos reveladores de negativos, , si son de moderada o baja actividad, pueden no llevar antivelos en su formulación, ya que, con películas frescas y no caducadas, no darán velo de revelado en los tiempos normales en que tales reductores revelan, tal como lo hace el D-76, por ejemplo, que no lleva agente antivelo de ninguna clase.

Sin embargo, para revelar películas ligeramente veladas por caducidad u otras causas, (mala conservación, por ejemplo a temperaturas altas que inducen a una maduración precoz pese a los estabilizadores presentes para evitarlo) es necesario e imprescindible añadirle al revelador alguna pequeña cantidad de un agente antivelo, para, con ello, evitar que durante el revelado ese velo inducido por esas causas, las que fueren, salga manifiesto sobre la película

También es necesario el antivelo en los reveladores más enérgicos, como cuando llevan tales baños reveladores aquellos otros aceleradores alcalinos de mayor poder que el del bórax o el metaborato sódico, como puede ser cuando se aceleran con carbonato sódico o potásico, por ejemplo.

Los antivelos normalmente usados, son los siguientes, por orden de eficacia creciente: Bromuro potásico; benzotriazol; bencimidazol; indazol; benzotiazol; tetrazol, y otros como el 6-nitrato de bencimidazol, por ejemplo

Las concentraciones pueden variar en función del tipo de revelador, su energía de revelado por la cantidad de agente o agentes reveladores, y el tipo de acelerador alcalino que lleve, por su cantidad de energía alcalina, que es distinta a la proporcionada por la cantidad en peso, de los agentes reveladores, y que aún pueden sumarse si procediera, por alguna necesidad, pero con un una mayor necesidad también añadir mayores cantidades de agentes antivelo ya que tal adición conjunta de aceleración reductora, es también acusante de una mayor producción de velo de revelado.

Normalmente, para formulaciones más o menos consideradas estándar, las cantidades de agente antivelo a añadir por baño de trabajo de cualquier revelador, que tenga que llevarlo, son las siguientes:

De bromuro potásico sobre 0,5 hasta 1-1,5 gramos para reveladores de negativos, si bien las últimas cantidades ya son para los más enérgicos y poderosos, como, por ejemplo, para los reveladores para placas de gran formato. Para los de papeles, según las fórmulas, desde 1 gramo, hasta 5 y aún hasta ocho en algunos casos, aunque hay que tener en cuenta que el bromuro potásico es un poderoso disolvente de haluro de plata, y hay que reducir al mínimo en lo que se pueda, su adicción a los reveladores de papeles , porque por su poder disolvente tiene tendencia a reducir la cota de negro máximo que se puede alcanzar en las sombras, pues al eliminar haluro de plata, donde quede menos plata también se limitará la proporción de negro que podría dar si la cantidad de plata fuera mayor. Un revelador excesivamente bromurado, siempre dará negros más débiles que si se le rebaja la cantidad de bromuro hasta el límite justo en que podría empezar a dar velo si se rebajara más.

De benzotriazol, as cantidades a añadir pueden oscilar entre los 0,01 hasta los 0,2 gramos por litro de solución de trabajo de baños reveladores de tipo normalizado, aunque para reveladores especiales puede subir ligeramente esta cantidad. En papeles, el benzotriazol tiene a enfriar las tonalidades en los papeles que dan negro neutro, o de conseguir tonalidades de negro neutro o incluso negro frío, en papeles de tonalidad es cálidas como los clorobromuros lentos, dependiendo de las cantidades relativas que se añadan al baño de trabajo. En papeles neutros, se puede usar con este fin de hacer más fríos los tonos, cantidades de 0,1-0,5 según las fórmulas y el tipo y marca de papel. En los de tonos cálidos, las cantidades pueden oscilar entre los 0,2 y 1 gramo, y subiendo, como suele decirse, pues ello depende también del tipo de papel y su fórmula de fabricación, aunque normalmente nunca es necesario sobrepasar, como mucho, ese límite de 1 gramo, aunque en ello, la fórmula del revelador también influye.

Otros antivelos como el nitrato de 6-benzotriazol, pueden triplicar este poder, y se dice que el nitrato de 6-nitrobencimidazol puede ser eficaz hasta más de mil veces, o superior, pero esto no puedo asegurarlo por mí mismo, pues no he llegado a comprobarlo directamente.







DIFERENCIAS DE REVELADO
USANDO UN REVELADOR DILUIDO
O UN REVELADOR CONCENTRADO.


Según algunos investigadores, cuando se revela una película en un revelador diluido, la imagen e plata metálica se forma por el revelado parcial, o incompleto, de todos los granos revelables por haber recibido exposición mínima suficiente.

Cuando el revelado se hace con un revelador concentrado, entonces la imagen de plata metálica viene a estar formulada por el revelado completo de los granos de la capa superficial de la película, sin que los granos de mayor profundidad sean afectados en esta reducción química que solo afecta en la superficie del haluro de plata.

De ello, los investigadores han concluido que el tamaño final del grano, como tamaño promediado en todos ellos, es menor en un revelador diluido, que en un revelador concentrado.

Esto, sin embargo, no es siempre así, ya que los reveladores de gran definición y de baja energía, como el Beutler, por ejemplo, cuya fórmula corresponde a la de un revelador diluido, muestra más claramente el grano, que muchos otros reveladores concentrados. Quizá la causa de esto sea el que en este tipo de reveladores de baja energía, tipo Beutler, solamente se revelan los granos más expuestos, que son los mayores y de más sensibilidad entre la media estadística de todos ellos, y también, por esto, los más iluminados, y, en contra se revelan muy poco a nada los menores, que, por su baja sensibilidad, son los menos expuestos de entre todos ellos; es decir, los menos o nada iluminados de la misma media estadística de la red cristalina total.

El caso contrario sucede cuando se revela en un revelador concentrado, el cual tiende a revelar, además de los mas y los medio expuesto, gran parte de aquello otros menos expuestos, con lo cual se generan mayores densidad es de plata reveladas en todas las gradaciones posibles, además de haber más gradaciones en general, al revelarse aquellas que, a falta de energía, no se hubieran revelado con un revelador diluido. En este caso, un revelador concentrado, también, si está bien compuesto en su fórmula, tendrá tendencia a dar un grano menor, visualmente por el efecto de la ley de las bolas, ya que las mayores densidades conseguidas, también son producto de que se hayan revelado los granos pequeños de la emulsión que, interponiéndose entre los granos de mayor tamaño, los enmascaran y disimulan al cubrir los huecos entre ellos, cosa que el Beutler y otros reveladores diluidos no pueden hacer si los granos más pequeños de la emulsión, no se revelan. Esto es lo que precisamente sucede en los llamados revelados desatendidos, que son tipos de revelados de películas en los que se diluye mucho el baño revelador, y luego de agitar un rato al principio del revelado, después se abandona este a sí mismo durante una hora, o más, para que se termine el revelado por si solo, por exhaustación o agotamiento del poder revelador a falta de suficiente cantidad de agente revelador para ello y también por el agotamiento del poder alcalino del baño ya muy debilitado de principio por la gran dilución de tales baños de trabajo. Este es el caso, por ejemplo, del Rodinal, el que muchos usuarios usan en esta manera de baño desatendido, y donde el grano (que da ya por sí mismo en los baños “normalizados” recomendados por el fabricante) ya es grande por naturaleza intrínseca de cómo revela este centenario revelador (tiene más de cien años de vida) resulta de apariencia aún mayor cuando se revelan las películas en baño desatendido; es decir, muy diluido y sin cuidado, como antes se dijo…


CONTINUARÁ.



Xosé Gago
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